martes, 14 de febrero de 2017

Los otros: oportunidades de éxito (para todos)

Todos queremos hacer bien nuestro trabajo. Y cuando esto ocurre, nos gusta también que se nos reconozca. Todos nos sentimos agradecidos y reforzados cuando alguien valora positivamente nuestro esfuerzo. Esto no significa que necesitemos siempre la aprobación externa, ni mucho menos. Vivir instalados en la necesidad de alabanza y ensalzamiento constante sería de lo más peligroso. Simplemente se trata de tener nuestro momento de reconocimiento hacia el esfuerzo realizado, ni más ni menos. Así pues, como docentes, queremos que alumnado, familias, compañeros y equipo directivo agradezcan y reconozcan nuestro trabajo y empeño profesional. No se trata, como digo, de trabajar pensando en el reconocimiento del otro, pero trabajamos con gente y, por supuesto, nos gusta que se reconozca nuestra labor diaria.

Pues esto que nos pasa a nosotros, le pasa también a nuestro alumnado, claro. Hay alumnos que lo tienen fácil. Puede que sean buenos (o muy buenos) en tal o cual asignatura, o que sean tranquilos, callados y siempre respetuosos. Puede que tengan habilidades especiales para tal o cual deporte o que sean participativos y siempre estén dispuestos a echar un cable en lo que se les necesite. En cualquiera de estos casos, no va a ser difícil que el profesorado, en su conjunto, reconozca públicamente cualquiera de estos aspectos. No se trata de quitarles mérito, ni mucho menos, pero sí de echar un vistazo y de tener presentes también a "los otros".

Porque hay otro alumnado que lo tiene crudo para acercarse al éxito. Hace tiempo nos referimos por aquí a ellos como los ovejas negras. Por ser tímidos y callados o, al revés, movidos y excesivamente nerviosos; por tener dificultades con las mates o con la historia; por no ser puntuales y estar, además, dormidos en clase hasta mediodía; por ser respondones y estar siempre en todos los fregados; por ser torpes con la pelota en los pies o excesivamente lentos en la carrera. En definitiva, que hay un montón de chicos y chicas que lo tienen verdaderamente difícil para vivir su momento de gloria, su espacio de reconocimiento por nuestra parte o, incluso, por parte de sus compañeros.

No pasa siempre, claro, pero en muchas ocasiones, especialmente en los cursos de graduado en educación secundaria y en los cursos de preparación para las pruebas de acceso, sobre todo a grado medio, el perfil general del alumnado de los centros de adultos coincide con el descrito en el párrafo anterior. Se trata de jóvenes (cada vez más) que por una cosa o por otra no tuvieron un paso por el sistema educativo demasiado productivo, por decirlo de algún modo. Se trata de chicos y chicas que, bien quedaban al margen de cualquier dinámica colectiva, bien vivían instalados en la disrupción perpetua. Podríamos decir, pues, que al menos académicamente (en muchos casos también a nivel personal), hablamos de un alumnado que no ha experimentado en demasiadas ocasiones el reconocimiento y apoyo público por parte de la comunidad educativa.

Se trata, pues, de romper con esta dinámica y de tratar de ofrecer oportunidades de éxito para todos, también para aquellos con mayores dificultades. En nuestras programaciones y proyectos de aula, pero también en el día a día y en los espacios más sociales de nuestros centros. Un refuerzo positivo sincero y constante puede acabar con dinámicas de autoexclusión e inseguridades plenamente consolidadas. Y es que en esto, modestia a parte, en los centros de educación de personas adultas tenemos alguna que otra experiencia.


lunes, 6 de febrero de 2017

Año III and remember

Pues ya hace tres años que publicábamos por aquí el primer post de De vuelta. Desde entonces, casi 200 publicaciones, muchísimas visitas (alucinante la cifra, teniendo en cuenta las expectativas iniciales) y varios centenares de comentarios. Pero lo de menos son los números, claro. Lo más importante, sin duda, es todo el aprendizaje adquirido y, sobre todo, toda esa gente que se ha ido cruzando en nuestro camino y que nos ha ayudado a ser mejores profesionales y, tiraremos de tópico, mejores personas. Pues nada, que seguiremos por aquí algún tiempo más. 

La verdad es que no ha sido un año nada fácil. Es cierto que un servidor ha vivido infinidad de momentos fantásticos, en lo personal y en lo profesional, pero no lo es menos que los malos han sido de los peores que a uno le pueden pasar.  También los buenos, todo hay que decirlo. En cualquier caso, seguir por aquí un año más publicando un post semanal supongo que es una buena noticia. Así pues, para celebrarlo, aquí os dejo algunos de los textos más significativos de estos años (para un servidor, claro). No te cortes en criticarlos (con cariño, eso sí) o en buscar algún otro. Ah, y como siempre, ¡gracias por la lectura!
Y, sobre todo:


martes, 31 de enero de 2017

Asaltantes educativos

Los muros son lo que son, obras de albañilería verticales que cierran o delimitan un espacio determinado. Los hay de todo tipo, condición y materiales, por supuesto. No obstante, su función elemental, sea cual sea su grado de elaboración, es la misma: impedir el acceso o la salida libre de un recinto o espacio en concreto. Metafóricamente, el concepto de muro ya es otra historia. Los maratonianos se refieren al muro como aquel momento, aproximadamente hacia el kilómetro treinta, en el cual los corredores populares piensan que quizá no ha sido una buena idea tratar de recorrer los 42 kilómetros y pico de marras. No existe, en este caso, una barrera real, física, sino que todo está en la mente (y en el organismo, por supuesto), del pobre runner de turno, el cual deberá hacer un esfuerzo por tratar de superar ese angustioso momento.

Ante el muro (metafórico, of course), básicamente, puedes hacer dos cosas: tratar de franquearlo o renunciar a ello. Ambas opciones, con sus matices, significan opciones y actitudes opuestas ante la vida. La primera implica apreciar los obstáculos como retos con los cuales crear y crecer; la segunda, me temo que se trata de una alternativa un pelín menos optimista.

Hay muchas maneras de renunciar a cruzar un muro. Uno puede sentarse contra él y esperar a que, milagro mediante, el muro se derrumbe permitiéndonos el paso. Otra opción es negarse de buenas a primeras a cruzarlo: "nunca nadie lo hizo", "es imposible", "si está ahí, por algo será" son algunas de las frases con las cuales podemos tranquilizar nuestra conciencia ante tal renuncia. Incluso puede ser que utilicemos estas frases como proclamas para convencer a nuestro entorno de la imposibilidad de cruzar el muro. "No lo intentéis, es imposible". Por otro lado, hay gente que tiene un don innato para detectar muros infranqueables en cualquier sitio y momento. Podrían estar en medio de la inmensa estepa americana y seguirían viendo muros y obstáculos insalvables.

Del mismo modo, hay muchas maneras de salvar un muro. Así, por ejemplo, se puede cruzar por la puerta (es raro que no haya ninguna), o se puede abordar de manera salvaje e inconsciente. También puede intentar escalarse o excavar un túnel por debajo, al modo del cine carcelario más clásico. Puede abordarse de manera individual o cooperando con otros, incluso se puede derribar a lo buldócer, esto es, a saco. No obstante, sea cual sea la estrategia seleccionada, intentar salvar el muro lo convierte automáticamente en un reto, en un objetivo. Así pues, podemos equivocarnos en la elección del modo, pero querer pasar al otro lado ya implica la voluntad de movernos, de buscar alternativas para cambiar de escenario.

Supongo que hay quien nace predispuesto a saltar un muro tras otro y quien prefiere mantenerse a este lado de la tapia. Hay gente para todo, claro. Eso sí, no podemos permitir que los muros nos paralicen y nos inmovilicen para siempre en nuestro espacio particular, más todavía en un contexto tan lleno de obstáculos como es el ámbito educativo. Así pues, es genial estar rodeado de gente dispuesta a escalar y saltar muros, por muy altos que estos sean. De vez en cuando nos pegamos algún que otro porrazo, pero el aprendizaje es tal, que volvemos a la carga con el siguiente. Quizá llega el momento de actualizar el currículum para proclamarnos auténticos asaltantes educativos profesionales. Y tú, ¿(a)saltas o no?


martes, 24 de enero de 2017

Educación en venta: "Me lo quitan de las manos"

En una era en la que se comercializa con todo (y cuando digo todo es todo) me temo que la educación no es una excepción. No se trata de ponerse estupendamente progresistas simplistas y negar al ámbito educativo la capacidad de generar espacios de negocio. Nos gustará más o menos, pero es lo que hay. Vivimos en una sociedad de mercado en la cual la educación supone un gran pastel de millones de euros en posibles beneficios. No parece casualidad, pues, el desembarco (al olor de la sardina) de grandes multinacionales en el sector de la educación. Si bien es cierto que esto no es novedad, de un tiempo a esta parte uno tiene la sensación de que este "mercadeo educativo" se ha intensificado de manera notable llegando a producir extraños compañeros de viaje e impregnando todos y cada uno de los niveles del entramado educativo.

Ya no nos sorprendre (o casi) ver a bancos y cajas impartir educación financiera en los centros educativos, o ver a grandes compañías del sector de las telecomunicaciones promover y dirigir sin reparo alguno proyectos de innovación educativa. La última tendencia, aunque quizá tampoco sea tan novedosa, parece la creación de un modelo de "star-system docente" donde (seguro que grandes) profesionales se ponen al servicio de tal o cual empresa y grupo editorial para vender libros-métodos-modelos de negocio a veces totalmente alejados del mundo educativo.

Es genial (imprescindible, diría) que profesionales del ámbito salgan del aula para dar a conocer ya sea su práctica docente, colectiva e individual, bien su experiencia con modelos de gestión que puedan inspirar y ayudar a otros compañeros y centros. Quien dice salir del aula, dice publicar libros, conceder entrevistas, participar en foros... Hacerse presentes, vaya. Y, todo sea dicho, deben cobrar por ello, faltaría más. Cuando viene un tallerista a nuestro centro, además de agradecérselo públicamente nos gusta pagarle por el trabajo, por supuesto.

Por otro lado,  resulta también muy interesante abrir la puerta a ideas y propuestas de otros ámbitos profesionales, ajenos aparentemente al mundo educativo. La escuela y el mundo de la educación en general deben estar en contacto con infinidad de agentes que forman parte de nuestra realidad cotidiana. Quizá no sea mala idea, pues, recoger enseñanzas y propuestas de otras realidades profesionales como la psicología, la neurociencia, el marketing, el coaching y tantos otros. Además, para nuestro trabajo en el aula y en la gestión diaria, precisamos de un sinfín de recursos y herramientas que numerosas empresas pueden poner a nuestra disposición. Nuevas vías de colaboración que, a su vez, generan nuevas perspectivas y oportunidades de negocio, en este caso bien entendido.

Ahora bien, quizá se nos ha ido un pelín de las manos. Sin ánimo de juzgar a nadie, uno ve ciertas cuentas de twitter y blogs educativos y piensa automáticamente en tiendas de todo a cien. Todo está en venta: desde libros y aplicaciones infinitas, hasta juegos de mesa y manuales virtuales de educación emocional. Los programas de afiliados es lo que tienen. Aunque esto, sin duda, es lo de menos. Solo una pequeña parte de la educación se encuentra presente en las redes sociales. El verdadero problema, quizá, radique en un concepto totalmente mercantilista de la educación, donde los centros compiten por posicionar su marca en el territorio y, sobre todo, donde las administraciones educativas están haciendo dejación de funciones y favoreciendo alegremente la entrada de intereses privados en la educación pública, especialmente en los espacios de formación al profesorado.

En fin, que se nos multiplican los chiringuitos educativos. Y a ritmo frenético, además. El miedo que tiene un servidor es que esta creciente presencia del capital privado en lo educativo debilite a un sector ya bastante castigado por los recortes en los últimos años. Bien harían las administraciones en no mirar para otro lado y en reforzar las estructuras educativas del sector público. Me parece que un sector educativo público fuerte y cohesionado podrá aprovechar mucho mejor los recursos y propuestas del sector privado sin el peligro de generar desigualdades y competencia entre centros. Aunque seguro que hay otras maneras de verlo, claro. ¿Cuál es la tuya?

martes, 17 de enero de 2017

Evaluación en movimiento

No es la primera vez que uno escribe por aquí sobre evaluación. De hecho, es uno de los temas recurrentes de este blog y, lógicamente, no es casualidad. En la evaluación se centran muchos de los posts de De vuelta porque es uno de los temas que más me preocupan y en los cuales, hay que reconocerlo, uno se siente más inseguro. Así pues, por aquí hemos reflexionado sobre modelos de evaluación en ¿Big Mac o Guía Michelin?, Y tú, ¿cómo evalúas?, sobre la (no) autoevaluación del profesorado en ¿Autoevaluqué?, o sobre Juntas de evaluación (y el fin del cante Jondo). En fin, que la evaluación ocupa gran parte de mis (por otra parte enormes) Dudas docentes

Y es que en mis clases, de un tiempo a este parte, evaluamos en movimiento. ¿Qué quiero decir? Pues que tratamos de no fiarlo todo a la foto-fija del examen/trabajo final e intentamos que la evaluación sea más flexible, dinámica y, sobre todo, más participativa. Se trata de ceder más espacio al alumnado para promover aquello del "aprender a aprender" y de estar atentos a los procesos de aprendizaje en casi todo momento, no solo al final de cada unidad.  Esto, que hay docentes que lo llevan practicando siglos, uno lo está aplicando en los últimos cursos y los resultados son (moderadamente) satisfactorios. Claro, genera bastante más trabajo pero, en mi opinión, permite una aproximación mucho más real y eficaz a los procesos de aprendizaje de cada alumno/a.

Pero, ¿en qué se concreta todo esto? Básicamente en dos aspectos novedosos respecto métodos de evaluación más tradicionales usados por un servidor tiempo atrás. Por un lado, en el uso de nuevas herramientas de evaluación más variadas y, por el otro, en un enfoque mucho más participativo por parte del alumnado, el cual se ve obligado a tomar decisiones en relación a la evaluación de su trabajo.

Respecto a las herramientas, hemos incorporado el uso de rúbricas de evaluación (¡sencillas!) y mayoritariamente elaboradas por/con el alumnado, el portafolio digital, los diarios de reflexión y de aprendizaje o la coevaluación y la evaluación entre pares, los cuales combinamos también con pruebas de validación más o menos tradicionales (individuales o grupales). Al final se trata de adaptar los mecanismos de evaluación a las nuevas dinámicas de trabajo de una manera sencilla y eficaz. Si trabajamos desde un paradigma que se escapa al modelo tradicional de enseñanza-aprendizaje, no tiene demasiado sentido aplicar estrategias de evaluación vinculadas a tal sistema. En este sentido, no parece mala idea que evaluación y metodología vayan de la mano.

Y en lo que se refiere a la actitud del alumnado ante la evaluación, la idea es que esta sea mucho más participativa, que el alumno deba responder de su trabajo. Además, se pretende también ofrecer espacios para que no solo analice su actividad, sino que también pueda valorar críticamente el trabajo y las propuestas del profesorado. En este sentido, la realización de un diario de reflexión, encuestas de valoración y, sobre todo, las entrevistas individuales son elementos de notable ayuda para fomentar la autocrítica y el intercambbio de información entre alumnado y profesorado.

¿Dudas? Sigue habiendo muchas, por supuesto. Ya hablaremos sobre ellas en futuras publicaciones. No obstante, moderneces varias al margen, creo que evaluar más allá de la foto-fija puede ofrecernos excelentes resultados y, sobre todo, la posibilidad de acercarnos de manera más eficaz y personalizada a los distintos perfiles que, sin duda, pueblan nuestra aula. Seguiremos en movimiento, pues.



martes, 10 de enero de 2017

Hooligans, negacionistas y navajas suizas

Hace unas semanas preparaba unas notas para un encuentro con otros profesores de educación de personas adultas sobre metodologías activas de aprendizaje, concretamente sobre el trabajo por proyectos. Al montar todo el tinglado, reflexionaba sobre el posicionamiento del profesorado, así a lo bruto, respecto a lo que se entiende como metodologías innovadoras de aprendizaje. El adjetivo da un poco de grima, lo sé, pero ya me entendéis: aquellas metodologías que van más allá de la transmisión de conocimientos por parte del profesorado y su evaluación mediante una prueba escrita más a menos tradicional. 

Digo que reflexionaba sobre cómo nos posicionamos ante estas metodologías de aprendizaje innovadoras activas y me salieron tres "especímenes docentes" en función de sus percepciones sobre la utilidad (o no) de tales prácticas metodológicas. Aquí te los dejo y te invito a que completes y/o añadas otros tipos en base a tu experiencia personal.

En primer lugar, tenemos a los hooligans. Los hooligans son fans absolutos de la innovación. No solo no pueden parar de innovar, sino que se encargan de hacerlo público constantemente. Cualquier canal es bueno para iluminar al resto de la comunidad educativa universal con la luz de la innovación. Los reconocerás fácilmente en las redes sociales por su vehemencia y omnipresencia. El ABP, la flipped, la gamificación, la neuroeducación (o cualquier otra práctica molona y moderna) han venido para solucionar los problemas de la educación mundial y los hooligans se van a encargar de que te enteres de ello. No se te ocurra hacer pública tu disconformidad con tal o cual metodología pues corres el riesgo de ser atacado sin contemplaciones por hordas de hooligans violentos que escribirán comentarios desafiantes en tu blog o te enviarán MD amenazadores. Que conste que yo te he avisado.

Por otro lado, están los negacionistas. Los negacionistas, como puedes imaginar, no pueden innovar. Mejor dicho, no es que no puedan, es que se niegan. Pero no se niegan por pereza o por desconocimiento. Se niegan porque no funciona. El ABP (o la flipped, o la gamificación o lo que sea) no funciona en su aula, con sus estudiantes, con su materia, en su centro... Ya se ha probado antes y no funciona. Y si no se ha probado, da igual, no funciona, ellos lo saben. Además, a sus estudiantes no les gusta la innovación, disfrutan y gozan con sus clases magistrales. Nunca se ha documentado un choque en las redes entre hooligans y negacionistas ya que estos últimos no acostumbran a asomarse por "el internet". En los claustros sí que se han producido algunos enfrentamientos y escaramuzas en los cuales la pasión hooligan ha sufrido una derrota sin paliativos ante la condescendencia negacionista. No obstante, se han dado casos de negacionistas contagiados por el espíritu del hooliganismo innovador, aunque sin duda se trata de excepciones que confirman la regla.

Por último, encontramos a las navajas suizas. Las navajas suizas ven cualquier metodología como una oportunidad para conseguir herramientas nuevas con las cuales desarrollar su trabajo. Como buena navaja suiza, intentan incorporar cuantos más gadgets mejor para tener más recursos y más variados. Ese pragmatismo ilimitado les lleva a acumular recursos sin fin. Da igual si usarán tal o cual herramienta, ellas la incorporan y luego ya veremos qué. Las navajas suizas acostumbran a estar presentes en las redes sociales. Admiran en secreto la pasión hooligan pero son incapaces de zambullirse por completo en los procelosos mares de la innovación educativa. Se acercan, pues, con interés manifiesto pero manteniendo claramente las distancias, ¡que ellas no se casan con nadie!

En definitiva, estos son los tres fenotipos docentes que he definido en base a mi experiencia en las aulas y en las redes. Como puedes ver, todo muy científico y documentado. Seguro que tu tienes alguno más, ¿lo compartes en comentarios?

PD. Mensaje para los hooligans: quizá me he excedido un poco con vosotros, así que tenedlo en cuenta en los comentarios al post. ¡Gracias!

miércoles, 4 de enero de 2017

El poder y la alegría de aprender

El poder y la alegría de aprender. Este es el lema propuesto por la Asociación Europea para la Educación de Adultos (EAEA) para el Año Europeo para el aprendizaje de las personas adultas que justo acaba de empezar. Con el objetivo de visibilizar el impacto y los beneficios de la educación de personas adultas, desde la EAEA se invita a organizaciones de todo tipo que trabajen en la educación permanente a sumarse a las celebraciones que se llevarán a cabo por toda Europa durante el año 2017. Una propuesta ambiciosa que supuestamente movilizará a decenas de miles de personas en un gran de número de países.

Pero, ¿es necesario organizar un Año Europeo para la educación de personas adultas? La respuesta es sí, sin lugar a dudas. La educación permanente, a pesar de su importancia y de su enorme potencialidad transformadora, sigue siendo la gran ausente de las agendas educativas de las distintas administraciones de nuestro país. Así pues, la celebración de un evento de estas características puede contribuir a poner en el centro del debate las necesidades de una etapa educativa desatendida y olvidada por unos y otros.

En la celebración de este Año Europeo toma especial relevancia el Manifiesto para la educación de adultos en el siglo XXI. Se trata de un documento publicado por la EAEA y traducido a dieciocho lenguas europeas donde se definen siete ámbitos de actuación en los cuales la educación permanente puede ejercer una notable influencia transformadora en la ciudadanía. Parece evidente que en un contexto tan dinámico a nivel social, económico, político y mediambiental como es la Europa del siglo XXI, la educación de personas adultas puede proporcionar herramientas muy útiles para la adaptación de gran parte de la ciudadanía a estos crecientes cambios. ¿Cuáles son, según el manifiesto, estos desafíos a los que hacemos frente desde la educación de personas adultas?

En primer lugar, hablamos de conceptos tan necesarios en el panorama político actual como los de ciudadanía activa, democracia y participación. La educación permanente puede (y debe) jugar un papel fundamental en la promoción de ciudadanos concienciados, críticos y participativos. De hecho, en no pocos países de Europa (y España es un claro ejemplo de ello) la fundación de centros de adultos ha sido un logro de movimientos emancipadores impulsados desde distintos colectivos. Además, tal y como señala el Manifiesto, existen estudios que establecen una clara correlación entre la confianza en las instituciones y la eficacia política con los niveles de competencias. Cuanto más bajo es el nivel de competencias básicas, más baja es la confianza en las instituciones y, por tanto, más fácilmente estamos expuestos a discursos simplistas y populistas que generan confrontación y conflicto.

Un segundo desafío se establece en el ámbito de las habilidades para la vida de las personas. La participación en programas de formación permanente contribuye a la mejora de las habilidades sociales de las personas participantes. Pero no solo eso. Pueden representar, además, una mejora de las competencias básicas, generar nuevas perspectivas profesionales, promover el aprendizaje de idiomas y de nuevas culturas, establecer estilos de vida más sanos y sostenibles o posibilitar el apoyo de padres y madres a los procesos formativos de sus hijos e hijas. No parece una mala inversión, pues.

Además, la educación permanente contribuye a la cohesión social, la equidad y la igualdad. Siempre se habla de la educación de personas adultas como un espacio de segundas oportunidades. Añadíria de terceras, de cuartas... pero no para el alumnado, sino para el propio sistema. Los países deben dotarse de estructuras educativas que favorezcan la cohesión social y la igualdad y, en este sentido, los centros de adultos pueden jugar un papel relevante en la mejora de las oportunidades de grandes colectivos de personas y en el favorecimiento de su inclusión social.

Un cuarto reto se centra en el empleo y la digitalización. Son numerosos los estudios que establecen una clara correlación entre niveles de formación superiores y tasas de paro más reducidas. Es decir, mejoremos la formación de la ciudadanía para mejorar sus opciones de ocupabilidad. Pero no solo eso. La educación de personas adultas debe ser sensible también a los procesos de cambio tecnológico y, por tanto, promover la competencia digital como una más de las competencias básicas. En un mundo cada vez más digitalizado, la competencia digital se torna requisito imprescindible para un inclusión ciudadana plena. Todo ello, por supuesto, sin abandonar la dimensión social que reclama una sociedad europea en transformación.

Por otro lado, la educación para las personas adultas es una herramienta enormemente eficaz en la gestión de la migración y el cambio demográfico. No solo como proveedora de mecanismos para la formación e integración de las personas recién llegadas, sino también como espacio para la relación intercultural y, por tanto, para el fomento de actitudes de tolerancia y respeto favorables a la integración de los inmigrantes. Además, a nivel demográfico, una formación a lo largo de la vida asegura ciudadanos más activos y sanos a edades avanzadas.
En un contexto energético y mediambiental tan específico como el actual, la educación para la sostenibilidad se convierte en otro de los pilares de la educación permanente. En este sentido, la educación de personas adultas puede aportar interesante información para la promoción de nuevos estilos de vida más sostenibles y creativos.

Por último, el Manifiesto establece que la educación de adultos contribuye al desarrollo e implementación de importantes estrategias en las políticas europeas en términos de crecimiento, ocupabilidad y empleo, innovación, equidad, cohesión social, reducción de la pobreza, cambio climático o ciudadanía activa. Así pues, la educación permanente debe convertirse en un elemento central en las políticas educativas de los países miembros de la UE.

¿Cómo contribuir a la campaña? Pues muy sencillo. Desde la EAEA nos invitan a compartir nuestros eventos relacionados con cualquiera de los ejes definidos por el Manifiesto. La idea es hacer una agenda compartida de actividades para visibilizar el trabajo realizado por los centros de adultos durante todo el año. Para ello se ha creado un hashtag (#YearAE2017), además de otras posibilidades de colaboración.

Animamos, pues, a las instituciones educativas del país a que se hagan eco de esta iniciativa. Invitamos, así mismo, a los centros de personas adultas a aprovechar esta potente agenda europea para potenciar y visibilizar los excelentes trabajos e iniciativas que ya se están llevando a cabo y a generar nuevas actividades y propuestas. De esta manera podremos crear un mapa europeo de experiencias que ponga de manifiesto el poder y la alegría de aprender que constituyen parte esencial del ADN de los centros de adultos. Quizá así 2017 nos sirva de estímulo para recuperar el terreno perdido. Un terreno que ya va siendo hora de conquistar.

Puedes leer más colaboraciones con INED 21 aquí.