miércoles, 21 de junio de 2017

El chiringuito educativo

Esto se acaba queridos colegas. Va llegando la hora de cerrar la paraeta pensando en disfrutar del chiringo estival. Un chiringuito en el que algunos seguirán inmersos en alguna que otra lectura educativa, otros tantos disfrutaran de curso veraniegos y la inmensa mayoría se quedará con la horchata u otras bebidas refrescantes de malta. Por no hablar de los frikis que seguimos de reojo los tuits del personal docente y no docente.

Lo bueno que tiene el chiringuito es que no se puede hablar de competencias básicas o profesionales, de flippeados o innovadores educativos. Cómo mucho, algún veraneante puede sacar a relucir el vídeo de Ken Robinson, lo mal que hablamos inglés por culpa de la escuela, el tema de los dichosos deberes o lo bien que vive el profesorado. En estos casos lo mejor es irse por la tangente, despotricar del sistema y rezar para que el tema derive en la última declaración de renta de Cristiano Ronaldo.

Aún así, si gustas de sentarte solo bajo la sombrilla del chiringuito, siempre puedes llevarte algún ensayo ligero o sesudo sobre educación que confirme tu estado de saturación docente. No es preciso hacer caso a los que te piden desconectar del trabajo; puedes forrar tu libro con alguna revista del corazón o camuflarlo entre las hojas del diario Marca. Eso sí, ubícate lejos de la barra y no se te ocurra saltar cuando oigas a algún progenitor saturado por pasar tantas horas con sus zagales.

Aunque bien pensado, ese chiringuito de manual, de sombra perpetua, tirador de cerveza fresquito y camarero tostado con camisa hawaiana puede convertirse en una auténtica pesadilla. Imagínate esa marabunta untada en cremas y aceites varios apretujados en la barra pidiendo con urgencia su consumición como si no hubiera un mañana; ese desfile de carnes tatuadas y bañadores estridentes (sí, estoy pensando en los marcapaquetes de colorines, o peor aún, ¡blancos!); esos cuñados arreglando el país alrededor de unas bravas de dudosa calidad; y, sobre todo, ese “Despasito” machacando tu cabeza sonando una y otra vez en el hilo musical del chiringo de turno. ¿A que ya no te parece tan sugerente la idea?

Pero tranquilos, docentes, siempre os quedarán los recuerdos imborrables de estas últimas semanas de clase. Semanas trabajando a 35 grados a la sombra, eso sí, pero tiempo bien aprovechado, sin duda. Cuando hayáis tocado fondo en la fase más gris de vuestra experiencia chiringuitera, acudid a esas imágenes imborrables de los últimos días de trabajo guardadas en vuestra memoria: alumnos tristes y deprimidos por acabar el curso; juntas de evaluación provechosas y rebosantes de aprendizaje por los cuatro costados; viajes de fin de curso con la respetuosa y educada chavalada de 16 años al fresquito del sur hispánico; o la burocracia propia del cierre académico, quizá un pelín excesiva, pero totalmente necesaria para el aprendizaje de nuestros estudiantes.

En fin, docente, que eres un privilegiado. Disfruta de tus dos meses de vacaciones y, sea como sea el chiringuito más cercano a tu morada, visítalo al menos un día durante este verano. Busca un rinconcito sombreado, pídete una copa -algo cargadita, si me permites el consejo- y dedica un ratín a pensar en todo lo bueno vivido durante el curso, que seguro que es mucho. Y después descansa, descansa todo lo que puedas, porque (y ahora nos ponemos serios) no tengo ninguna duda de que te lo has ganado. ¡Feliz verano!
 
PD: Este es otro de esos posts perpetrados con el amigo Óscar Boluda, autor de efepeando. ¡Te recomiendo, sin duda, que le eches un vistazo a su blog! 


sábado, 17 de junio de 2017

En busca del alumnado perdido

Se acerca la época de preinscripciones y en los centros de adultos ya empezamos a tomar posiciones para recibir a los futuros estudiantes del año que viene. Si bien es cierto que muchos centros de educación permanente, en especial los ubicados en grandes aglomeraciones urbanas, no tienen demasiados problemas con el volumen de matrículas, sí que existen muchas escuelas de adultos que están viendo mermadas sus listas de inscritos, con la consiguiente preocupación por el tema de ratios, plantillas y posibilidades de recortes varios.

Además, se trata de un tema especialmente preocupante en lo que se refiere a determinados colectivos. Cada territorio y cada realidad es un mundo, pero parece un hecho contrastado que, en general, existen necesidades formativas muy claras y definidas en la población adulta española. Me refiero, especialmente, a los cursos de alfabetización y de graduado en educación secundaria. Todavía existe un contingente importante de personas autóctonas pero, sobretodo, también llegadas de otros países, que requieren de un proceso de alfabetización. Es el llamado analfabetismo funcional, y hablamos de cerca de 700.000 personas en toda España. De estas, poco más de 10.000 están cursando algún estudio para dejar de serlo. Una cifra bastante reducida, la verdad. Por otro lado, el 19% de jóvenes entre 18 y 24 años abandonan prematuramente el sistema educativo habiendo completado como mucho el primer ciclo de secundaria. Es cierto que la tasa se va reduciendo paulatinamente (podríamos analizar cómo y por qué, aunque eso da para un par de posts, mínimo) pero todavía hablamos de un volumen de personas considerable.

Son dos perfiles clarísimos que, en muchas ocasiones, cuesta recuperar para el sistema. Hablaba hace semanas con compañeros de Palma de Mallorca y me comentaban que, estando ubicados en una zona de la ciudad con un importante colectivo de personas analfabetas, la demanda de formación en este sentido era prácticamente nula. Seguramente, podríamos enumerar muchos otros casos y perfiles diversos: idiomas, nuevas tecnologías, accesos a ciclos formativos y a la universidad... En fin, miles de plazas y cursos que quedan desiertos o infraocupados en contextos con necesidades formativas claras y evidentes.

Insisto en que cada centro (y cada ciudad) es un mundo. Existen realidades, contextos y limitaciones, cierto, muy diversas y, en este sentido, resulta imposible generalizar y ofrecer respuestas estandarizadas. No obstante, quizá sí que existen algunas líneas de trabajo que, cada escuela a su manera, podría abordar para conseguir acercarse a ese "alumnado perdido". Así pues, ¿qué podemos hacer desde los centros de adultos para atraer a los "perdidos"?

En primer lugar, podemos tratar de adaptar nuestra oferta a las necesidades del entorno. Es cierto que aquí, quizá, los centros municipales y/o privados pueden tener mayor margen de maniobra, pero creo que, en general, esta debe ser la principal aspiración de cualquier centro de formación de personas adultas que se precie: ofrecer la oferta formativa que necesita el barrio, el pueblo o la ciudad de turno. Y para ello necesitamos conocer nuestro contexto, hablar con las instituciones que lo forman y saber qué necesidades educativas existen para tratar, en la medida de lo posible, de darles respuesta.

Otra línea de trabajo puede ser "ir a buscar" al alumnado. Normalmente resulta mucho más efectivo moverse que esperar que los resultados lleguen por sí solos. En este sentido, de nuevo, el diálogo con el entorno resulta fundamental. Si tenemos un par o tres institutos de secundaria en nuestro distrito, quizá no sea mala idea reunirse con el equipo directivo para explicar nuestra oferta. Quizá, incluso, podamos realizar algunas sesiones informativas con aquellos grupos donde existan estudiantes potenciales. Igual ocurre en los casos de alfabetización: puede ser interesante hablar con los departamentos de inmigración y/o servicios sociales municipales para que nos ayuden a darnos a conocer. Podemos visitar también las asociaciones de vecinos, la biblioteca municipal, hogares de personas mayores... En definitiva, se trata de crear sinergias con aquellas instituciones y entidades donde habitan nuestros potenciales estudiantes para poder hacer llegar nuestra oferta.

En tercer lugar, como siempre, se trata de hacernos visibles. Considero que montar un plan de comunicación, adaptado a las necesidades y recursos de cada centro, es una tarea que debe abordarse sí o sí. Si contamos en el equipo con algún experto en la materia, perfecto. De lo contrario, con un poco de sentido común y planificación, también pueden lograrse resultados muy potentes. Visibilizar el centro pasa por trabajar la comunicación en la web, redes sociales varias y medios de comunicación, pero también en la señalización, actos abiertos a la ciudadanía, folletos, trípticos, etc. Hacernos (un pelín) pesados, vamos.

Por otro lado, podemos tratar de ofrecer algo más que un curso determinado. Se trata de que el alumnado sienta que no solo puede contar con el centro para sacarse la ESO o aprender a leer y a escribir, motivos de sobra válidos para dirigirse a un centro de adultos. No obstante, además de estas formaciones, deberíamos intentar ofrecer un clima agradable, un proyecto compartido y otro tipo de experiencias que complementen la propuesta cursada. Ello va a contribuir a reforzar la cohesión social del centro y a una percepción del mismo por parte de la comunidad educativa mucho más rica y atrayente.

Por último, y aquí pasamos al terreno de la administración, deberíamos iniciar un proceso que aporte prestigio a la educación para las personas adultas. Se trata de poner en valor la oferta desplegada por los centros de adultos, difundiendo su importancia y las enormes posibilidades que ofrecen. Igual que se realizan campañas de comunicación para otras etapas formativas, podría llevarse a cabo una política de visibilización de la educación permanente por parte de las instituciones educativas de turno. Además, algo más de autonomía y, ya puestos, mayores recursos (sobre todo personales) tampoco nos irían nada mal.

En fin, algunas ideas para acercarnos a ese alumnado que, quién sabe por qué, tenemos perdido. Seguro que en tu centro lleváis a cabo otras propuestas para conseguirlo. ¿Por qué no las compartes en comentarios? ;)




miércoles, 14 de junio de 2017

Lo siento, me he equivocado... ¡Y volverá a ocurrir!

La buena gente de la revista Educación 3.0 tuvo a bien invitarme a escribir la tribuna de la revista de verano. La idea era escribir sobre las posibilidades del error como mecanismo de aprendizaje y esto que sigue es lo que ha salido. Desde aquí quisiera agradecerles la confianza y el esfuerzo que hacen para difundir prácticas, experiencias e información educativa de todo tipo. ¡Seguro que volvemos a colaborar! Para acceder a la publicación haz clic en la imagen.

https://drive.google.com/file/d/0BzHovFMzuR_sSTFNTTNOSlIxMjNKVTYtVzdVVHVhWEl5OVdV/view?usp=sharing

jueves, 8 de junio de 2017

Proyectos que cambian las cosas

Lo de hoy es un poco autobombo, lo sé. Soy un firme defensor del autobombo moderado. Y aquí la importancia del adjetivo es vital, claro. La idea es conseguir el equilibrio entre visibilizar el trabajo que realiza toda una comunidad (no un/a profe molón/a) sabiendo que lo verdaderamente importante está precisamente en el impacto que tiene ese trabajo en el entorno y en las personas que lo habitan. Es decir, trabajar para y con la gente y no acordarse de la foto hasta que lo importante ya esté resuelto. En definitiva, saber qué es lo importante pero sin renunciar a comunicar nuestro trabajo, todavía más en una etapa como la educación de personas adultas, casi siempre olvidada a nivel mediático.

En cualquier caso, hoy quería hablar de un proyecto sencillo pero complejo al mismo tiempo. Un proyecto que hemos implementado con mucha ilusión en nuestro centro y del cual estamos muy orgullosos. Sabemos que tiene mucho recorrido y que tenemos mucho margen para la mejora, pero después de dos años de trabajo, creo que ya empezamos a recoger los frutos.

Hace varios años decidimos que, como centro de educación de personas adultas, no podíamos vivir al margen de una de las principales preocupaciones de nuestro alumnado: el acceso al mundo laboral. Mayoritariamente a nuestra escuela acuden jóvenes que no han tenido nunca una primera experiencia laboral. También tenemos otro perfil muy definido, el de personas (en su mayoría menores de 30 años) con situaciones de desocupación de larga duración. Hay un dato bastante clarificador: a inicios de este curso, el 80% de nuestro alumnado estaba en paro. Nuestro centro está en el Baix Penedès, la comarca de Catalunya con más paro porcentual registrado desde el estallido de la crisis. A pesar de ser un territorio con enormes potencialidades, los datos de desocupación son sangrantes y, ante esta realidad tan compleja, como claustro decidimos que debíamos tratar de dar respuesta a esta situación.

Es así como nace el Projecte Ocupa't, un programa de actividades variadas que pretende acompañar a nuestro alumnado en el camino para conseguir mejorar sus opciones de ocupabilidad. La idea es sencilla: además de venir a nuestro centro a conseguir un título y/o una formación específica, queremos ofrecer toda una serie de propuestas que faciliten la transición de nuestros estudiantes hacia el mercado laboral. Estas actividades se agrupan en cinco ejes: charlas y conferencias sobre distintos ámbitos profesionales; visitas a instituciones educativas y a empresas; gestión de la bolsa de trabajo del servicio de ocupación municipal; talleres y formaciones específicas (desde actualizar un currículum hasta usar las redes sociales como vía para encontrar trabajo); y, por último, el desarrollo de prácticas profesionales. Todo ello con la participación activa del claustro al completo.

Si bien estamos orgullosos de todo el proyecto, el asunto de las prácticas profesionales se lleva la palma. Nuestra idea era integrar esas prácticas dentro del currículum del graduado en educación secundaria. Pretendíamos, de este modo, abrir una ventana en el currículum para conseguir acercarlo a los intereses y necesidades del alumnado. Además, veíamos en ello un excelente elemento motivacional y de aprendizaje. La posibilidad de poder trabajar contenidos  fuera del aula y en un entorno profesional REAL nos resultaba muy interesante. Para ello, pensamos que podríamos crear una asignatura de prácticas, a la cual llamamos "Tastets d'oficis" (Catas de oficios), y con la propuesta bajo el brazo nos dirigimos al Departament d'Ensenyament para solicitar su validación. 

Sorprendentemente (ya sabemos cómo funciona la administración), la cosa tuvo aceptación inmediata. Si bien el trabajo administrativo fue bastante costoso, la verdad es que rápidamente se nos autorizó a tirar adelante el proyecto. Con el consentimiento del Departament, lo que necesitábamos era convencer a las empresas del territorio a que se asociaran con nosotros. Por suerte, la predisposición de las empresas ha sido fantástica y ello, unido a que mi compañera Carme es una crack, nos ha permitido conseguir un total de 10 empresas de diferentes ámbitos. Así pues, durante el segundo y el tercer trimestre de este curso, un total de 12 alumnos han realizado 30 horas de prácticas en distintos sectores profesionales (panaderías, restaurantes, cafeterías, talleres mecánicos, atención al público, mantenimiento de instalaciones, etc.), las cuales se han complementado con 5 horas de formación y orientación laboral. Además, el proyecto se ha cerrado con dos contrataciones del alumnado en prácticas por parte de las empresas. Broche de oro, sin duda.

Para cerrar, quisiera destacar dos cuestiones. La primera es la importancia de trabajar para la comunidad y contando con el entorno. El hecho de ponernos en la piel de nuestro alumnado y de tratar de acercarnos a sus necesidades nos ha permitido abrir una línea de trabajo que seguro que va a ofrecer muy buenos resultados en el futuro. Además, todo ello permite abrir la escuela al municipio y establecer sinergias con nuevos agentes, lo cual enriquece nuestro trabajo y potencia nuestro servicio como centro educativo. Y, por otro lado, el hecho de mantener un actitud proactiva y constructiva nos ha permitido dar con soluciones que desde un posicionamiento más pasivo no habríamos contemplado. En este caso, además del resto de actividades, nos ha permitido crear un módulo opcional de prácticas dentro del graduado, cosa que creo que no se había realizado con anterioridad. En definitiva, proyectos (grandes o pequeños) que cambian cosas... ¡proyectos que merecen la pena!



Para acceder a la presentación haz clic en la imagen

sábado, 3 de junio de 2017

Una cuestión de 0,06

Pues sí, 0,06. Eso es lo que le ha faltado a un alumno para poder acceder a un ciclo formativo de grado superior el año que viene. 0,06 puntos. Con esos 0,06 puntos de más podría haber accedido a la puntuación otorgada por el centro, superar la prueba oficial convocada por la Generalitat y así continuar con su formación con un ciclo formativo de grado superior durante los próximos años. No parecía un mal plan. Pero va a ser que no.

Cuando vimos la nota, desde el centro enseguida pensamos en el periodo de reclamación de notas, claro. Hablamos con el chico, un hombre hecho y derecho de treinta y pico años, y nos comento que iría a revisión de examen. Se nos antojó una buena idea, por supuesto. No eran pocos los argumentos para salir del atolladero. En primer lugar, que hablamos de 0,06 puntos. ¿Cómo se consiguen 0,06 puntos? No tengo por aquí los criterios de evaluación pero, ¿a qué equivalen 0,06 puntos?, ¿dos tildes?, ¿un sinónimo?, ¿un acierto gramatical? 

Por otro lado, se trata de un alumno que ha cursado la formación preparatoria y venía avalado por el certificado de superación del curso de un centro oficial. Alguien dirá que no le ha valido para demasiado, cierto. Y quizá no le falte razón. Eso sí, somos nosotros los que conocemos y los que sabemos el esfuerzo que ha realizado para ponerse a estudiar de nuevo, compaginando estudios y trabajo, mientras atendía a un familiar (cercanísimo) gravemente enfermo con trágico desenlace a escasas semanas de la prueba final. Pero nada de eso ha sido tenido en cuenta, claro. Los puristas me dirán que el corte es el corte, claro. El 5 es el límite. Si no lo superas, para casa. Pues eso, para casa.

No sé qué hará nuestro alumno el año que viene. Espero que podamos convencerlo para que continúe estudiando y vuelva a intentarlo. Sería muy doloroso que abandonara después de todo el esfuerzo realizado por una cuestión de 0,06 puntos. Ya hablaremos cualquier otro día sobre las reválidas y pruebas oficiales, lo de hoy era una cuestión de simple desahogo. Y es que manda narices el asunto. ¿Estamos locos o qué?





martes, 30 de mayo de 2017

Reflexiones de futuro (o no) sobre educación permanente

Este mes de mayo he tenido la inmensa suerte de compartir con cerca de treinta docentes de centros de adultos de Baleares varias jornadas de formación. Todavía con los ecos de la última jornada dando tumbos en mi cabeza, aquí van, así, a lo loco, algunas ideas generales sobre lo asimilado durante estos días.

Un amplio colectivo de docentes de la etapa coincidimos en la necesidad de cambio para adaptarnos a una nueva realidad socioeconómica y profesional. El concepto de escuela de adultos tradicional ha mutado hacia nuevas formas y, por tanto, cabe dar respuesta a esta nueva realidad educativa.

Por otra parte, existe una corriente de opinión -hablaría de clamor, casi- que coincide en la necesidad de visibilizar nuestra etapa educativa y de conseguir prestigiar nuestra práctica profesional. Estamos totalmente al margen del foco mediático educativo y esto, además del malestar generado por el ninguneo perpetuo, afecta notablemente a nuestras posibilidades de crecimiento y expansión futuras. ¿Cómo mantener matrículas y luchar contra el absentismo si ni la propia administración nos promociona?

En tercer lugar, creo que, en líneas generales, desde los centros de formación de personas adultas se asume el reto de luchar contra el absentismo y de, en la medida de lo posible, buscar nuevas fórmulas que permitan a nuestro alumnado combinar su formación con su día a día. Mayor flexibilidad, innovaciones metodológicas, promoción de la autoformación o ciertos cambios organizativos pueden ser algunas respuestas al absentismo por parte de los centros. Eso sí, teniendo claro que el día a día del estudiante adulto es el que es y que existen motivos generadores de abandono que no está en nuestra mano atajar.

Otro aspecto importante se centra en la reivindicación de una actualización legislativa por parte de la administración en la que se tenga en cuenta la voz de los profesionales de la etapa. Y es que desde la experiencia del día a día podrían aportarse interesantes soluciones que dotaran a la educación permanente de una flexibilidad y capacidad de adaptación mayor a las nuevas realidades sociales y económicas.

Percibo, además, un compromiso potente por fomentar formas de trabajo compartidas y colaborativas a partir de las cuales establecer proyectos comunes que creen identidad en los centros. Cada escuela es un mundo, pero la realidad es que el profesorado y los equipos directivos presentes en las jornadas me han transmitido esa sensación de querer dar un revolcón a determinadas dinámicas que se producen a diario en nuestros centros educativos.

Quizá detecto también, tras esas ganas de cambio, un cierto pesimismo y descreimiento hacia el papel de la administración en todo este proceso y hacia las propias posibilidades de los centros como agentes de cambio. Me temo, además, que se trata de un factor que puede resultar paralizante. Sin duda que existen motivos para justificar ese pesimismo, pero tengo la sensación de que quizá es el momento de aportar ideas, proyectos y soluciones más que de enzarzarse en discusiones que no llevan a nada.

Por otro lado, me parece que existe una voluntad manifiesta de hacer red, de establecer alianzas entre centros y de buscar soluciones compartidas que permitan, además, aprovechar las experiencias y conocimientos de otras instituciones y profesionales. Será, sin duda, una buena noticia que se potencien las iniciativas ya existentes y se creen nuevos espacios de intercambio.

Intuyo que en todo este proceso las políticas de formación van a jugar un papel determinante para afrontar con garantías de éxito todos estos nuevos retos. Será vital, pues, coordinar planes de formación útiles, prácticos y motivadores que permitan dotar a cada centro de los conocimientos y competencias necesarios para iniciar este proceso de cambio.

Y, por último, percibo la voluntad de los centros de trabajar con y para el entorno, de apoyarse en la comunidad para buscar soluciones y recursos pero también para ofrecer soluciones a las distintas problemáticas que puedan existir.

En definitiva, un mes de mayo de mucho trabajo pero enormemente gratificante y motivador. Seguiremos con mucha atención el devenir de la formación de personas adultas en Baleares y, por supuesto, continuaremos trabajando desde nuestro pequeño rinconcito, también mediterráneo.

Una abraçada a totes!


lunes, 22 de mayo de 2017

Zascas educativos (IV)

"No hace falta decir que existen infinidad de libros con un contenido más profundo y emocionante que los del colegio. Al pasar las páginas de esos libros tenía la sensación, física y real, de que su contenido terminaba por convertirse en mi propia carne, en mi propia sangre. No me quedaban ganas de ponerme a estudiar en serio para los exámenes. No me parecía en absoluto útil memorizar fechas de acontecimientos del pasado, archivar palabras del inglés como si yo fuera una máquina. Los conocimientos aprendidos mecánicamente y no como un todo sistemático acaban por desaparecer y se quedan por ahí enterrados en alguna parte, en un lugar que podríamos considerar la tumba del conocimiento. En la mayoría de los casos no hay ninguna necesidad de retener nada de eso en la memoria.

Lógicamente, es más importante lo que permanece en nuestro espíritu a lo largo del tiempo, pero eso no es un conocimiento que tenga efectos inmediatos. Hace falta mucho tiempo para que dichos conocimientos demuestren su valor. Por desgracia, casi nunca guardan relación directa con las notas de los exámenes, que sí son algo cercano e inmediato. La diferencias entre los efectos inmediatos y los no inmediatos es como la diferencia entre una tetera pequeña y una grande. Las pequeñas resultan muy útiles porque calientan el agua enseguida, pero la enfrian con la misma rapidez. Las grandes tardan en calentarse, pero mantienen bien el calor. No se trata de darles un valor superior por ello, sino de reconocer su uso y pertinencia. Me parece que es esencial reconocer esos usos distintos".

Haruki Murakami, De qué hablo cuando hablo de escribir,  Tusquets editores2015. 

Más zascas educativos aquí.





martes, 9 de mayo de 2017

Show must go on!

Seguro que has visto el vídeo. Pues resulta que un tipo se va a Ferrari Land en la semana de inauguración, se monta en el Red Force (creo que se llama así la atracción estrella del parque, una especie de montaña rusa) y nada más salir del angar, ya a toda castaña, una paloma impacta a toda velocidad contra su cara pringándosela de sangre y, obvio, quedándose frita en el acto. Cuando el chico se de cuenta se la quita de encima como puede y, todavía alucinado con lo que le acaba de pasar, decide, eso sí, que él está allí para pasar un buen rato. Así que, todavía un poco atolondrado por el ataque kamikaze, vuelve a levantar su brazo y se dispone a disfrutar de los segundos de espídica adrenalina que le quedan a bordo de la atracción.

Independientemente de la mala suerte del tipo, cuántas probabilidades hay de que te ocurra algo así, me parece que su actitud es digna de elogio. Muchos de nosotros en su lugar nos hubiéramos quedado acongojados y agazapados esperando que se detuviera la infernal montaña rusa. Y, ojo, tendría todo el sentido del mundo. ¡Coño, que una paloma se acaba de reventar en tu propia cara! No obstante, esa no es la actitud de un héroe. Un héroe (o una heroina, por supuesto) se levanta contra las adversidades y las afronta con orgullo y predeterminación. Si una paloma ha explosionado en tu cara, pues nada, tú a lo tuyo, que te has chupado una cola de tres horas y no está la cosa como para desperdiciar unos segundos de diversión.

Creo que, accidentes al margen, esta es una actitud que deberíamos tomar en nuestros centros ante muchas de las dificultades que nos encontramos a diario. Hay veces que los problemas para desarrollar nuestra profesión pueden llevarnos a la parálisis y al inmobilismo. Y es que, ciertamente, hay situaciones que desaniman a cualquiera. La falta de recursos, el olvido de la administración, las dificultades en el aula y en el trabajo con las familias o la ausencia de apoyo en los claustros pueden ser algunos de los motivos que nos lleven a refugiarnos en el asiento de nuestra montaña rusa particular esperando pacientes a que se acabe el trayecto.

No obstante, me parece una decisión mucho más enriquecedora y constructiva tratar de disfrutar del viaje, aunque este resulte en cierto modo turbulento. Considero que una actitud proactiva y positiva va a resultarnos mucho más útil en la búsqueda de posibles soluciones y alternativas que otra actitud basada en el miedo y la parálisis. Porque, oye, nadie dijo que el camino fuera a ser fácil. Así que, recuerda: ante esa reunión frustrante, ante esa administración educativa sorda e inoperante, ante ese claustro no siempre amable, piensa en el tipo de la paloma, levanta tu brazo y grita conmigo: Show must go on!



miércoles, 26 de abril de 2017

La educación de adultos en (otras) 4 palabras

El otro día, el compañero Josep Miquel Arroyo escribía el post La educación de adultos en 4 palabras. Él usaba estancamiento, invisibilidad, derecho fundamental y justicia para describir su percepción sobre el momento actual de la educación de personas adultas. Sin duda, te recomiendo su lectura. No obstante, aun coincidiendo totalmente con su percepción de la situación, me propuse buscarle una percepción alternativa al asunto. Así que aquí van las mías.

La primera, sin duda, es oportunidad. Ya lo hemos dicho por aquí en más de una ocasión. La educación de personas adultas representa una excelente oportunidad de retomar los estudios para miles de personas en todo el país. Ya sea para mejorar sus condiciones laborales, para mejorar la propia formación o, por qué no, para disfrutar simplemente pasando el rato, las escuelas de adultos son espacios generadores de nuevas (y casi infinitas) oportunidades. Date una vuelta, mira los programas formativos de muchas de ellas y me cuentas.

La segunda es ilusión, claro. Superados los miedos y angustias iniciales y haciendo malabares con la agenda personal, un gran número de personas reencuentran la ilusión por el estudio, la cultura y la educación en los centros de formación de personas adultas. Y es que, a veces, no es fácil compaginar el día a día (trabajo, familia y obligaciones varias) con planes de estudios exigentes como los que se implementan en los centros de adultos. Además, gran parte de nuestro alumnado viene de situaciones de fracaso escolar que no predisponen, precisamente, a crear una percepción favorable para la vuelta a los estudios. Eso sí, superados los primeros envites, la ilusión suele aflorar en la mayoría de los casos.

Y ligado a esta ilusión, el éxito. Solo con conseguir cambiar esta percepción sobre los estudios y la formación me parece que ya podríamos hablar de éxito. Si además añadimos todos los "éxitos académicos" logrados cada año, todos los títulos obtenidos y los aprendizajes realizados considero que, en general, éxito sería una palabra que podríamos usar para definir el trabajo realizado en los centros de adultos. Esto no significa, por supuesto, que no tengamos mucho trabajo por delante. No obstante, poner el foco en lo positivo (que es mucho) puede ser enormemente interesante para destacar el trabajo realizado en los centros de adultos.

Por último, elijo comunidad. Porque, independientemente de las características de cada centro, el trabajo en comunidad debe ser uno de los puntos fuertes de esta etapa educativa (quizá de todas). Y no solo me refiero a la comunidad educativa, que también, si no al conjunto del territorio: empresas, asociaciones, instituciones públicas y privadas, colectivos varios... Los centros de adultos deben de estar atentos a los recursos del entorno y tratar de sacar el máximo provecho de cualquier oportunidad de aprendizaje que se genere fuera del centro. Ligar el "mundo real" a la dinámica diaria de los centros puede ser uno de nuestros principales objetivos y, en este sentido, el trabajo en comunidad es, sin duda, una garantía de éxito.

En definitiva, que yo elijo oportunidad, ilusión, éxito y comunidad para describir mi particular visión de la actualidad de los centros de educación de personas adultas. Seguro que tú tienes las tuyas propias. ¿Las compartes conmigo?


jueves, 20 de abril de 2017

Abuelas, robots y educación

Hace unas semanas los compañeros del CEPA Sierra Norte organizaron las I Jornadas de programación y robótica en educación de adultos. Se trataba, a mi entender, de un evento académico-festivo desde donde, por un lado, difundir los trabajos realizados por el alumnado en este campo tecnológico mientras que, por otro, permitía poner de manifiesto el vigor de la educación permanente y, por supuesto, del propio CEPA como núcleo organizador de experiencias educativas innovadoras. El evento fue un auténtico éxito en términos de participación. Alumnado y profesorado del propio CEPA, pero también personas ajenas a la propia comunidad educativa e incluso docentes de centros de adultos de otras comunidades autónomas, siguieron con atención la jornada.

La verdad es que un servidor no anda muy interesado en robótica y programación, para qué nos vamos a engañar. Y no es solo a causa de un cierto analfabetismo científico, al cual se intenta poner remedio poco a poco, dicho sea de paso. Y es que son otros los campos que atraen mi atención e intereses. No obstante, ello no resulta obstáculo para apreciar el poder transformador y educativo que la robótica y la programación pueden tener en un centro educativo y, por supuesto, también en los centros de adultos.

Revisando los materiales de la jornada encontré varios vídeos en los cuales, alumnado de los grupos de neolectores y alfabetización, señores y señoras de edad avanzada, mostraban orgullosos sus “creaciones robóticas” en distintos ámbitos. Más allá de la calidad de los trabajos, intuyo que más que notables, y de la propia robótica como disciplina más o menos de moda, lo verdaderamente significativo, en mi opinión, era apreciar la ilusión del alumnado por su trabajo. Hombres y mujeres, en principio alejados de tal disciplina por una enorme brecha digital y generacional, volcados absolutamente en el aprendizaje y en la creación de sus propios robots superando etiquetas y prejuicios de todo tipo y condición.

Así pues, me parece que la jornada organizada por el CEPA Sierra Norte resulta una clara muestra del poder transformador y de la fuerza educativa de los centros de educación de personas adultas. En este caso se trató de robótica y programación, pero podría haber cualquier otra disciplina o materia de estudio. El caso es que, una vez más, se pone de manifiesto que una comunidad educativa que rema en la misma dirección es capaz de organizar eventos y experiencias de aprendizaje tan potentes como las presentadas por los compañeros del Sierra Norte. Y ello, por supuesto, también en los centros de adultos.

Me gusta pensar, pues, que si mi abuela hubiera sido alumna del CEPA Sierra Norte podría haber enseñado a su nieto un par de trucos con su propio Arduino. De hecho, estoy convencido que, a día de hoy, algunos nietos continúan alucinando por la Sierra madrileña con los trabajos realizados por sus mayores. ¡Muchas felicidades a toda la comunidad educativa y, por supuesto, muchas gracias por el ejemplo! ;)

lunes, 10 de abril de 2017

Out of the office

Pues como es habitual por estas fechas, paramos unos días para disfrutar de un merecido descanso en familia. ¡Nos vemos en unos días DE VUELTA!



viernes, 7 de abril de 2017

El deseo de aprender (y II)

Escribíamos hace unos días sobre el "deseo de aprender" destacando el valor en cuanto a aprendizaje de un sinfín de situaciones que, a priori, no resultaban demasiado deseables. No obstante, concluíamos que, a pesar de todo, optar por favorecer el deseo de aprender no parece una mala estrategia dentro del aula aunque, eso sí, sin cargarnos de la presión derivada de planteamientos tan categóricos como el "solo se aprende cuando se quiere".

Así pues, ¿cómo hacer para favorecer el deseo de aprender de nuestro alumnado? Aquí van algunas propuestas a las que un servidor trata de contribuir en nuestras clases:
  • Adaptar los tiempos y los contenidos a la realidad del alumnado que tienes delante. Considero que propuestas de trabajo realistas y adaptadas al grupo favorecen un clima mucho más propicio para el aprendizaje.
  • Dar poder de decisión al alumnado escuchando su opinión sobre asuntos importantes. No pasa nada porque los estudiantes tomen decisiones sobre aspectos importantes (calendario, modelo de evaluación, etc). No se trata, en ningún caso, de dejación de funciones, sino de crear espacios de trabajo pactados con el alumnado y, por lo tanto, más eficaces. No obstante, me consta que hay a mucha gente a la que esto le pone nerviosa. Y es que parece que todavía hay  muchas "Cosas que no se negocian"...
  • Tratar de generar sitaciones de aprendizaje ligadas a la realidad y a los intereses del alumnado. Cuando el trabajo en el aula (o fuera de ella) revierte en la realidad del centro y del alumnado todo cobra mucho más sentido y, sin duda, resulta mucho más motivador.
  • Ofrecer espacios reales para que el alumnado autoevalúe y coevalúe su trabajo. Se trata de ofrecer tiempo de calidad y, sobre todo, otorgar valor a la opinión de nuestro alumnado sobre su trabajo y el de sus compañeros. Para ello procuramos favorecer la participación activa en los procesos de evaluación y el ejercicio de la autocrítica (también docente) en los mismos.
  • Mostrar una actitud motivadora. Todos lo hemos vivido en nuestras carnes. Ver entrar por la puerta a un docente que derrocha energía, vitalidad y ganas puede contribuir a situarnos en un plano de trabajo mucho más proactivo que detectar que el profesor o la profesora que tenemos delante no tiene demasiado interés por lo que hace. No siempre funciona, por supuesto, pero una actitud motivadora y enérgica puede ser un gran gancho para atraer a ese alumnado más reacio al trabajo.
  • Ser transparente y cercano en nuestras decisiones. Mostrarnos empáticos y ser claros y transparentes en nuestras decisiones puede favorecer un clima de trabajo mucho más proactivo y cómodo en el aula.
  • Favorecer la "creación de cosas". Porque gran parte del aprendizaje se obtiene desde un plano práctico. Así pues, hagamos "cosas" que, a ser posible, nos permitan traspasar las fronteras del aula y situarnos fuera de eso que llaman nuestra zona de confort.
  • Ser variado. Porque no podemos hacer siempre lo mismo y de la misma manera. Intenta "no tener método" o si lo tienes, que este sea lo más variado posible. Intuyo que tu alumnado lo agradecerá.
  • Promover el juego. Y es que jugando se aprende. Tampoco hace falta que te líes con insignias y badgets de multinivel y tal. O sí, tú mismo. El caso es que podemos usar el juego no solo para desengrasar nuestra práctica docente, sino también para aprender un montón. 
  • Y, sobre todo, cultivar el sentido del humor, establecer unas buenas relaciones personales con el alumnado  y promover la cohesión del grupo. Y es que aprender en un espacio donde uno no se siente cómodo no parece la mejor opción posible.
En resumen, aquí van solo algunas idea para favorecer eso que se ha llamado el "deseo de aprender".  Sin volvernos locos pero tratando de incentivar planteamientos de aprendizaje alternativos más ricos y variados. Seguro que tu tienes tus propias estrategias, ¿te animas a compartirlas en comentarios?



miércoles, 29 de marzo de 2017

El deseo de aprender (I)

Dicen por ahí que si no se quiere, no se aprende. Que si no existe una verdadera motivación detrás del aprendizaje, este no puede existir. No puedo estar más en desacuerdo con esta afirmación. De hecho, me parece que a fuerza de repetirla a modo de mantra, en foros más o menos innovadores, se está convirtiendo en un tópico de cartón-piedra cada vez más simple y ramplón.

Básicamente, no estoy de acuerdo (o, al menos, le encuentro muchos matices) porque echo un vistazo a mi propia experiencia y me doy cuenta de que he aprendido infinidad de cosas y he entrenado numerosas cualidades y habilidades personales mediante experiencias y situaciones que no tenía ningún deseo de vivir. Y no solo estoy pensando en profesores y contenidos curriculares muy alejados de mis intereses personales, sino en muchos capítulos de mi vida que, a priori, hubiera preferido vivir de otro modo. No ha habido "deseo de aprender" en muchos de mis trabajos y en muchas de mis experiencias vitales y, en cambio, quizá son de las que más aprendizajes he podido extraer.

Y es que, en mi opinión, me parece que aprendemos siempre, es decir, por defecto. Y que, consciente o inconscientemente, todas las experiencias vividas generan un poso de aprendizaje que va configurando nuestra manera de enfrentarnos a la vida y al propio hecho de aprender. Aun sabiendo que se trata, quizá, de una frase hecha, pretender que el aprendizaje se produce solo cuando existe deseo me parece una exageración que nos pone, como docentes, un punto excesivo de presión que quizá no merecemos. 

Me parece que hay veces en las que hay que hacer cosas "porque hay que hacerlas". Y no pasa nada. Quiero decir, que muchas de nuestras obligaciones (también en el ámbito escolar) muchas veces están alejadas de nuestros propios intereses y deseos y no por ello debemos renegar del aprendizaje que su desarrollo puede generar. Y, además, me parece que este puede ser de gran relevancia, especialmente en términos de responsabilidad, resiliencia, adaptación, autonomía, etc. Ligar aprendizaje a deseo me parece un arma de doble filo que se nos puede girar en contra. Y sé perfectamente que "aprender deseando" no significa renunciar al trabajo y a la responsabilidad, ni mucho menos. Pero olvidar o dejar de afrontar situaciones no deseadas puede provocarnos una enorme frustración cuando debamos hacerlo porque, siento decirlo, tarde o temprano estas van a llegar.

Dicho esto, y puede sonar contradictorio, me autoexijo como docente el hecho de favorecer "el deseo de aprender" de mi alumnado, de generar situaciones de aprendizaje motivantes que faciliten, también, aprendizajes reales y eficaces. ¿Cómo? De eso tratará el próximo post. De momento, aunque suene raro, quisiera romper una lanza en favor de todas esas experiencias que, a priori, no deseamos vivir pero que han generado un enorme aprendizaje en nuestras vidas. ¿Te apetece compartir alguna de ellas?



jueves, 23 de marzo de 2017

Los "días internacionales de" y otras historias

Informamos de nuevas entradas en la página Diccioadultos. Ya sabes que por aquí vamos dejando algunos conceptos clave sobre la formación de personas adultas, aunque muchos son aplicables, por supuesto, a cualquier etapa educativa. Echa un vistazo, pues, y nos cuentas.

A

Aprendizaje-Servicio: Excelente oportunidad para abrir el centro a las necesidades y demandas del entorno. Trabajo en comunidad que enriquece el aprendizaje (de todos). También, por supuesto, en los centros de adultos.

B

Buenas prácticas: Conjunto coherente de acciones que han rendido buen o incluso excelente servicio en un determinado contexto y que se espera que en contextos similares rindan similares resultados. Aunque parezca mentira a tenor de su escasa visibilidad, también presentes en la educación de personas adultas.

D

"Día internacional de...": Práctica habitual en los centros educativos (implementada con la mejor de las intenciones) para celebrar la paz, la infancia y un sinfín de motivos y reivindicaciones. Acompañado de un conjunto de acciones prolongadas en el tiempo puede tener cierto impacto. De lo contrario hablamos de simple postureo. Por cierto, entrada pendiente, la de postureo. Si alguien se anima...

Dislexia: Alteración de la capacidad de leer por la que se confunden o se altera el orden de letras, sílabas o palabras. Una de las grandes necesidades formativas que tenemos en los centros de adultos.

E

Equipo docente: Unidad elemental de trabajo para (tratar de) conseguir resultados integrales. Cuida y refuerza en lo posible el tuyo. Aunque no te lo creas, forma parte de tu red de seguridad y te permitirá mejorar tus resultados.

P

Pensamiento crítico: Habilidad para analizar, entender y evaluar la manera en la que se organiza y/o representa el mundo, especialmente las afirmaciones que suelen considerarse como verdaderas. ¿Lo tienes en cuenta en tu práctica docente?

Ya sabes que puedes hacer llegar tus aportaciones por distintas vías: twitter, comentarios, mail y tal. Para leer el resto del glosario ves a Diccioadultos.


lunes, 13 de marzo de 2017

Proyectos de entorno: 10 motivos para abrir los centros a la comunidad

Este curso, en nuestro centro, tenemos entre manos varios proyectos abiertos a la comunidad. Aun tratandose de proyectos de muy diferentes características, todos tienen en común una idea central: se trata de propuestas de aprendizaje que tienen implicaciones y, por tanto, repercusión en nuestro entorno inmediato. Además, son proyectos que realizamos conjuntamente con otras instituciones y empresas del territorio, lo cual nos obliga a estar en constante contacto con personas de fuera de nuestro entorno académico. En definitiva, hablamos de propuestas que nos obligan (al alumnado, pero también al equipo docente) a salir de nuestra zona de confort y, por tanto, a exponernos a mayores riesgos, aunque seguramente también a un aprendizaje más rico e intenso.

Pero, ¿por qué abrir nuestros centros al entorno? Aquí van algunos posibles motivos:
  1. Porque nos permite incidir en nuestro entorno, aportando soluciones o simplemente haciéndonos preguntas sobre las necesidades de la comunidad.
  2. Porque nos obliga a escuchar a otros agentes del territorio y, por tanto, nos permite tener una visión más completa de la realidad al salir de nuestra burbuja académica.
  3. Porque al abrir las puertas del centro permitimos que "pasen cosas", que se establezca una nueva relación con el entorno que puede ofrecer posibilidades y alternativas que ni siquiera imaginamos.
  4. Porque nos facilita esquivar los roles tradicionales de estudiantes-docentes y nos permite trabajar desde otras perspectivas mucho más enriquecedoras.
  5. Porque originamos propuestas de trabajo transversales y mucho más completas.
  6. Porque al estar en contacto con la realidad de nuestro entorno favorecemos la creación de situaciones de aprendizaje más motivadoras y sugerentes para el alumnado (y para los equipos docentes).
  7. Porque facilitamos el trabajo entre distintas etapas y formaciones, lo cual contribuye, sin duda, a fortalecer la cohesión social y a enriquecer las propuestas de aprendizaje.
  8. Porque nos mostramos como una institución abierta e innovadora, atenta a las necesidades e intereses de la comunidad.
  9. Porque abriéndonos al entorno podemos decubrir (y aprovechar) recursos que quizá no sabíamos que existían.
  10. Y, por último, porque, como hemos dicho, exponiéndonos a nuevas situaciones y retos, corriendo mayores riesgos, nos exponemos a equivocarnos. Y ahí, me temo, está el verdadero aprendizaje.
Sin duda este tipo de propuestas generan y requieren de un notable esfuerzo por parte de todos los agentes del centro. No obstante, parece evidente que los beneficios reportados son mucho mayores que los esfuerzos. Al menos a nosotros nos compensa. Y tú, ¿te atreves a añadir algún motivo más?



miércoles, 8 de marzo de 2017

Dogmas e innovación educativa

Hace unas semanas coincidí con varios amigos en el marco de una formación sobre proyectos de aprendizaje en los centros de personas adultas. Repasando estrategias y herramientas de evaluación, se presentaron proyectos o tareas integradas de distintas características, a veces alejadas del prototipo más o menos rígido de lo que algunos plantean que debería ser un proyecto según el ABP. Recuerdo que en un momento de la sesión planteé mi total desinterés por los "etiquetajes metodológicos", señalando la pereza que me generan este tipo de discusiones y su, en mi opinión, escasa utilidad en términos de aprendizaje. Me alegró enormemente coincidir en mi apreciación con el resto de docentes allí presentes.

No obstante, no es extraño toparse en la red con artículos y publicaciones que marcan el camino a seguir  para aplicar tal o cual metodología o herramienta educativas. Quizá incluso en este blog puedas encontrar alguno que otro (me refiero a los medio serios, claro). Así pues, buceando por la red puedes encontrar los "7 pasos para aplicar el ABP", "Las 10 estrategias que no puedes obviar para gamificar tus clases" o "Las claves para preparar una flipped classroom". No siempre es el caso, por supuesto, pero en muchas ocasiones más que unos pasos, estrategias o claves, los consejos en cuestión se convierten en una especie de libro de fe que debemos seguir a rajatabla, una receta que haya que aplicar paso a paso si queremos que el pastel (educativo, en este caso) salga perfecto. Y es que hay mucho talibán suelto y en seguida que uno no aplica los mandamientos de turno al pie de la letra ya se oye la frasecita de marras: "pero eso no es un proyecto", "esto no es gamificación" o "la flipped es otra cosa". En fin...

En mi opinión, toda metología y/o herramienta educativa tiene sus aspectos positivos y sus limitaciones. No se me ocurre que ninguna metodología pueda funcionar con todo el mundo, en todo momento y en cualquier lugar y etapa educativa. Es por ello que me siento mucho más cómodo con planteamientos flexibles y abiertos, que combinan elementos y/o aspectos de distintas metodologías (sin renunciar a algunas tradicionales) y, sobre todo, diversas herramientas de evaluación. Ya hablamos por aquí en Mi método del miedo que generan, al menos a un servidor, esos profesionales de la educación con método preestablecido, esos docentes de planificación (innovadora o tradicional) rígida, que no tienen en cuenta ni el momento ni las personas con las cuales va a trabajar.

Partiendo de este posicionamiento, no caben en mi práctica docente dogmas de fe. No me inquieto demasiado al combinar herramientas y metodologías de distinto tipo. Es más, considero que un uso de recursos variados puede contribuir enormemente a generar posibilidades de aprendizaje ricas y diversas. Esto no quita que uno se equivoque (más de lo que quisiera), por supuesto, pero, eso sí, huyendo del talibanismo metodológico como de la peste. En mi opinión, se trata de no cerrarse en banda, abrir los ojos y los oídos, y de adaptar las estrategias y recursos al panorama que uno tiene delante. Sin dogmatismo ni rigidez. Así pues, dejemos los dogmas para las personas de fe y flexibilicemos nuestra práctica docente. ¡He dicho! ;)



jueves, 2 de marzo de 2017

Convivencia en los centros de adultos

Los centros educativos son, por naturaleza, espacios de convivencia. Especialmente los públicos, claro. Chicos y chicas de distintas nacionalidades y de casi toda condición social se juntan a diario en escuelas e institutos de educación secundaria para compartir aprendizajes y experiencias de todo tipo. Se trata, pues, de ecosistemas enormemente ricos en cuanto a las posibilidades de aprendizaje, aunque seguramente, me temo, no aprovechamos toda su potencialidad.

Como decimos, esta riqueza procedente de la diversidad de su composición (no hablamos aquí, obvio, de centros que segregan por sexo y/o condición socioeconómica) ofrece enormes posibilidades de aprendizaje. Además, en los centros de adultos, a pesar de su creciente "secundarización", a esta convivencia con gentes de distintas procedencias se le añade el hecho de presentar un abanico generacional mucho más amplio. De hecho, en las aulas de los centros de adultos pueden convivir jóvenes que no llegan a la veintena con personas mayores ya jubiladas hace años.

Por otro lado, y unido estrechamente a esta diferencia de edad, conviven en las aulas de los centros de educación permanente, no solo personas, sino también profesionales de todo tipo y condición. Así pues, en nuestras aulas se juntan también personas con bagajes profesionales muy amplios y ricos con otras que todavía no han tenido la oportunidad de tener un primer contacto con el mundo profesional.  De igual modo, las experiencias vitales y personales del alumnado son  diversas y variopintas. Casados y divorciados, con hijos y sin hijos -muchas veces incluso nietos- comparten aula con chicas y chicas más jóvenes con apenas experiencia en relaciones de pareja.

Al aterrizar en un centro de adultos, un profesor sin experiencia en esta etapa educativa puede tener la sensación de que esta heterogeneidad puede representar un problema a la hora de desarrollar su trabajo. Nada más lejos de la realidad. Bien gestionada, esta diversidad de experiencias y de conocimientos genera un marco de aprendizaje muy rico, del que quizá no estamos sacando todo el jugo posible. De cómo planteemos nuestro trabajo en el aula pero, sobre todo, de cómo enfoque el centro de manera global este trabajo intergeneracional va a depender el aprovechamiento de esta enorme riqueza. Y a un servidor, le da la sensación de que tenemos todavía mucho trabajo por delante.
 

lunes, 20 de febrero de 2017

7 breves consejos para dejar de lado la creatividad en tus clases

Por la red, y también en el mundo analógico, proliferan cursos, talleres, conferencias y demás tinglados formativos sobre creatividad y educación. En ellos se nos inculca que mediante la creatividad nuestras propuestas formativas seran más motivadoras y que, por tanto, nos permitirán acercarnos mejor a los intereses de nuestro alumnado. Creatividad mediante, podremos, además, generar experiencias de aprendizaje innovadoras y sugerentes, las cuales nos permitirán crecer profesional y personalmente. Si eres de los que piensa que la creatividad está sobrevalorada, aquí van unos consejillos prácticos para mantenerte firme en tu decisión de dejar de lado la creatividad en tus clases:
  1. No investigues. También está sobrevalorado, claro. De hecho, investigar y probar con otras metodologías solo puede llevarte a descubrir nuevas ideas, lo cual, como docente reacio a la creatividad, no te está permitido. Aun así, si te apetece leer, prueba con la prensa deportiva (escoge el diario que quieras). Por ahí, precisamente, no corres el riesgo de empacharte de creatividad.
  2. No compartas tu trabajo. Conocer otras propuestas de trabajo y dar visibilidad a las tuyas puede contribuir a abrir una pequeña grieta en tu pequeño búnquer profesional. Grieta por la que, a la larga, puede colarse a chorro la creatividad. Así pues, mejor evitarlo. Aíslate en tu cueva aula y no salgas hasta que acabe el chaparrón (tranquilo, la creatividad no tardará tampoco en quedar desfasada).
  3. No pienses en tu trabajo fuera de horas. Puede ser un error fatal. Nada de pensar en hacer una actividad relacionada con la peli que estás viendo o en aprovechar esa noticia de plena actualidad para montar un proyecto. Céntrate estrictamente en la planificación preestablecida. Además, ¿para qué están los libros de texto?
  4. Deshecha ideas. Esa idea que te ha asaltado mientras oías a tus compañeros comentar su trabajo con los de primer curso no tiene más recorrido. Olvídala, No vale la pena perder el tiempo con tonterías. ¡A ver si no vas a tener tiempo de acabar el temario!
  5. No juegues. Todos sabemos que el verdadero aprendizaje se adquiere mediante el sudor y el esfuerzo (del aprendiz, por supuesto). ¿Qué es eso de jugar en el aula para conseguir medallitas e insignias? Así pues, dale caña al temario y plantifica un examen como dios manda. ¿Se te ocurre, acaso, alguna manera menos creativa de evaluar?
  6. Mantén la rigidez. Para eso planificas, claro. Secuencia bien tus propuestas y no te muevas ni un ápice de ellas. Aplícate de nuevo los consejos del punto dos y evita cualquier contacto, por ligero que sea, con agentes creativos.
  7. Y, por último, niega sin pestañear el poder transformador de la creatividad. Mantente firme y si es necesario no dudes en recuperar mantras del pasado. Recomiendo "la letra con sangre entra". Un clásico que no deja indiferente a nadie. 
Pues nada, seguro que se te ocurre algún consejo más. O, por contra, lo mismo eres un docente muy creativo. ¿Por qué no te pasas por comentarios y me cuentas?

martes, 14 de febrero de 2017

Los otros: oportunidades de éxito (para todos)

Todos queremos hacer bien nuestro trabajo. Y cuando esto ocurre, nos gusta también que se nos reconozca. Todos nos sentimos agradecidos y reforzados cuando alguien valora positivamente nuestro esfuerzo. Esto no significa que necesitemos siempre la aprobación externa, ni mucho menos. Vivir instalados en la necesidad de alabanza y ensalzamiento constante sería de lo más peligroso. Simplemente se trata de tener nuestro momento de reconocimiento hacia el esfuerzo realizado, ni más ni menos. Así pues, como docentes, queremos que alumnado, familias, compañeros y equipo directivo agradezcan y reconozcan nuestro trabajo y empeño profesional. No se trata, como digo, de trabajar pensando en el reconocimiento del otro, pero trabajamos con gente y, por supuesto, nos gusta que se reconozca nuestra labor diaria.

Pues esto que nos pasa a nosotros, le pasa también a nuestro alumnado, claro. Hay alumnos que lo tienen fácil. Puede que sean buenos (o muy buenos) en tal o cual asignatura, o que sean tranquilos, callados y siempre respetuosos. Puede que tengan habilidades especiales para tal o cual deporte o que sean participativos y siempre estén dispuestos a echar un cable en lo que se les necesite. En cualquiera de estos casos, no va a ser difícil que el profesorado, en su conjunto, reconozca públicamente cualquiera de estos aspectos. No se trata de quitarles mérito, ni mucho menos, pero sí de echar un vistazo y de tener presentes también a "los otros".

Porque hay otro alumnado que lo tiene crudo para acercarse al éxito. Hace tiempo nos referimos por aquí a ellos como los ovejas negras. Por ser tímidos y callados o, al revés, movidos y excesivamente nerviosos; por tener dificultades con las mates o con la historia; por no ser puntuales y estar, además, dormidos en clase hasta mediodía; por ser respondones y estar siempre en todos los fregados; por ser torpes con la pelota en los pies o excesivamente lentos en la carrera. En definitiva, que hay un montón de chicos y chicas que lo tienen verdaderamente difícil para vivir su momento de gloria, su espacio de reconocimiento por nuestra parte o, incluso, por parte de sus compañeros.

No pasa siempre, claro, pero en muchas ocasiones, especialmente en los cursos de graduado en educación secundaria y en los cursos de preparación para las pruebas de acceso, sobre todo a grado medio, el perfil general del alumnado de los centros de adultos coincide con el descrito en el párrafo anterior. Se trata de jóvenes (cada vez más) que por una cosa o por otra no tuvieron un paso por el sistema educativo demasiado productivo, por decirlo de algún modo. Se trata de chicos y chicas que, bien quedaban al margen de cualquier dinámica colectiva, bien vivían instalados en la disrupción perpetua. Podríamos decir, pues, que al menos académicamente (en muchos casos también a nivel personal), hablamos de un alumnado que no ha experimentado en demasiadas ocasiones el reconocimiento y apoyo público por parte de la comunidad educativa.

Se trata, pues, de romper con esta dinámica y de tratar de ofrecer oportunidades de éxito para todos, también para aquellos con mayores dificultades. En nuestras programaciones y proyectos de aula, pero también en el día a día y en los espacios más sociales de nuestros centros. Un refuerzo positivo sincero y constante puede acabar con dinámicas de autoexclusión e inseguridades plenamente consolidadas. Y es que en esto, modestia a parte, en los centros de educación de personas adultas tenemos alguna que otra experiencia.


lunes, 6 de febrero de 2017

Año III and remember

Pues ya hace tres años que publicábamos por aquí el primer post de De vuelta. Desde entonces, casi 200 publicaciones, muchísimas visitas (alucinante la cifra, teniendo en cuenta las expectativas iniciales) y varios centenares de comentarios. Pero lo de menos son los números, claro. Lo más importante, sin duda, es todo el aprendizaje adquirido y, sobre todo, toda esa gente que se ha ido cruzando en nuestro camino y que nos ha ayudado a ser mejores profesionales y, tiraremos de tópico, mejores personas. Pues nada, que seguiremos por aquí algún tiempo más. 

La verdad es que no ha sido un año nada fácil. Es cierto que un servidor ha vivido infinidad de momentos fantásticos, en lo personal y en lo profesional, pero no lo es menos que los malos han sido de los peores que a uno le pueden pasar.  También los buenos, todo hay que decirlo. En cualquier caso, seguir por aquí un año más publicando un post semanal supongo que es una buena noticia. Así pues, para celebrarlo, aquí os dejo algunos de los textos más significativos de estos años (para un servidor, claro). No te cortes en criticarlos (con cariño, eso sí) o en buscar algún otro. Ah, y como siempre, ¡gracias por la lectura!
Y, sobre todo:


martes, 31 de enero de 2017

Asaltantes educativos

Los muros son lo que son, obras de albañilería verticales que cierran o delimitan un espacio determinado. Los hay de todo tipo, condición y materiales, por supuesto. No obstante, su función elemental, sea cual sea su grado de elaboración, es la misma: impedir el acceso o la salida libre de un recinto o espacio en concreto. Metafóricamente, el concepto de muro ya es otra historia. Los maratonianos se refieren al muro como aquel momento, aproximadamente hacia el kilómetro treinta, en el cual los corredores populares piensan que quizá no ha sido una buena idea tratar de recorrer los 42 kilómetros y pico de marras. No existe, en este caso, una barrera real, física, sino que todo está en la mente (y en el organismo, por supuesto), del pobre runner de turno, el cual deberá hacer un esfuerzo por tratar de superar ese angustioso momento.

Ante el muro (metafórico, of course), básicamente, puedes hacer dos cosas: tratar de franquearlo o renunciar a ello. Ambas opciones, con sus matices, significan opciones y actitudes opuestas ante la vida. La primera implica apreciar los obstáculos como retos con los cuales crear y crecer; la segunda, me temo que se trata de una alternativa un pelín menos optimista.

Hay muchas maneras de renunciar a cruzar un muro. Uno puede sentarse contra él y esperar a que, milagro mediante, el muro se derrumbe permitiéndonos el paso. Otra opción es negarse de buenas a primeras a cruzarlo: "nunca nadie lo hizo", "es imposible", "si está ahí, por algo será" son algunas de las frases con las cuales podemos tranquilizar nuestra conciencia ante tal renuncia. Incluso puede ser que utilicemos estas frases como proclamas para convencer a nuestro entorno de la imposibilidad de cruzar el muro. "No lo intentéis, es imposible". Por otro lado, hay gente que tiene un don innato para detectar muros infranqueables en cualquier sitio y momento. Podrían estar en medio de la inmensa estepa americana y seguirían viendo muros y obstáculos insalvables.

Del mismo modo, hay muchas maneras de salvar un muro. Así, por ejemplo, se puede cruzar por la puerta (es raro que no haya ninguna), o se puede abordar de manera salvaje e inconsciente. También puede intentar escalarse o excavar un túnel por debajo, al modo del cine carcelario más clásico. Puede abordarse de manera individual o cooperando con otros, incluso se puede derribar a lo buldócer, esto es, a saco. No obstante, sea cual sea la estrategia seleccionada, intentar salvar el muro lo convierte automáticamente en un reto, en un objetivo. Así pues, podemos equivocarnos en la elección del modo, pero querer pasar al otro lado ya implica la voluntad de movernos, de buscar alternativas para cambiar de escenario.

Supongo que hay quien nace predispuesto a saltar un muro tras otro y quien prefiere mantenerse a este lado de la tapia. Hay gente para todo, claro. Eso sí, no podemos permitir que los muros nos paralicen y nos inmovilicen para siempre en nuestro espacio particular, más todavía en un contexto tan lleno de obstáculos como es el ámbito educativo. Así pues, es genial estar rodeado de gente dispuesta a escalar y saltar muros, por muy altos que estos sean. De vez en cuando nos pegamos algún que otro porrazo, pero el aprendizaje es tal, que volvemos a la carga con el siguiente. Quizá llega el momento de actualizar el currículum para proclamarnos auténticos asaltantes educativos profesionales. Y tú, ¿(a)saltas o no?


martes, 24 de enero de 2017

Educación en venta: "Me lo quitan de las manos"

En una era en la que se comercializa con todo (y cuando digo todo es todo) me temo que la educación no es una excepción. No se trata de ponerse estupendamente progresistas simplistas y negar al ámbito educativo la capacidad de generar espacios de negocio. Nos gustará más o menos, pero es lo que hay. Vivimos en una sociedad de mercado en la cual la educación supone un gran pastel de millones de euros en posibles beneficios. No parece casualidad, pues, el desembarco (al olor de la sardina) de grandes multinacionales en el sector de la educación. Si bien es cierto que esto no es novedad, de un tiempo a esta parte uno tiene la sensación de que este "mercadeo educativo" se ha intensificado de manera notable llegando a producir extraños compañeros de viaje e impregnando todos y cada uno de los niveles del entramado educativo.

Ya no nos sorprendre (o casi) ver a bancos y cajas impartir educación financiera en los centros educativos, o ver a grandes compañías del sector de las telecomunicaciones promover y dirigir sin reparo alguno proyectos de innovación educativa. La última tendencia, aunque quizá tampoco sea tan novedosa, parece la creación de un modelo de "star-system docente" donde (seguro que grandes) profesionales se ponen al servicio de tal o cual empresa y grupo editorial para vender libros-métodos-modelos de negocio a veces totalmente alejados del mundo educativo.

Es genial (imprescindible, diría) que profesionales del ámbito salgan del aula para dar a conocer ya sea su práctica docente, colectiva e individual, bien su experiencia con modelos de gestión que puedan inspirar y ayudar a otros compañeros y centros. Quien dice salir del aula, dice publicar libros, conceder entrevistas, participar en foros... Hacerse presentes, vaya. Y, todo sea dicho, deben cobrar por ello, faltaría más. Cuando viene un tallerista a nuestro centro, además de agradecérselo públicamente nos gusta pagarle por el trabajo, por supuesto.

Por otro lado,  resulta también muy interesante abrir la puerta a ideas y propuestas de otros ámbitos profesionales, ajenos aparentemente al mundo educativo. La escuela y el mundo de la educación en general deben estar en contacto con infinidad de agentes que forman parte de nuestra realidad cotidiana. Quizá no sea mala idea, pues, recoger enseñanzas y propuestas de otras realidades profesionales como la psicología, la neurociencia, el marketing, el coaching y tantos otros. Además, para nuestro trabajo en el aula y en la gestión diaria, precisamos de un sinfín de recursos y herramientas que numerosas empresas pueden poner a nuestra disposición. Nuevas vías de colaboración que, a su vez, generan nuevas perspectivas y oportunidades de negocio, en este caso bien entendido.

Ahora bien, quizá se nos ha ido un pelín de las manos. Sin ánimo de juzgar a nadie, uno ve ciertas cuentas de twitter y blogs educativos y piensa automáticamente en tiendas de todo a cien. Todo está en venta: desde libros y aplicaciones infinitas, hasta juegos de mesa y manuales virtuales de educación emocional. Los programas de afiliados es lo que tienen. Aunque esto, sin duda, es lo de menos. Solo una pequeña parte de la educación se encuentra presente en las redes sociales. El verdadero problema, quizá, radique en un concepto totalmente mercantilista de la educación, donde los centros compiten por posicionar su marca en el territorio y, sobre todo, donde las administraciones educativas están haciendo dejación de funciones y favoreciendo alegremente la entrada de intereses privados en la educación pública, especialmente en los espacios de formación al profesorado.

En fin, que se nos multiplican los chiringuitos educativos. Y a ritmo frenético, además. El miedo que tiene un servidor es que esta creciente presencia del capital privado en lo educativo debilite a un sector ya bastante castigado por los recortes en los últimos años. Bien harían las administraciones en no mirar para otro lado y en reforzar las estructuras educativas del sector público. Me parece que un sector educativo público fuerte y cohesionado podrá aprovechar mucho mejor los recursos y propuestas del sector privado sin el peligro de generar desigualdades y competencia entre centros. Aunque seguro que hay otras maneras de verlo, claro. ¿Cuál es la tuya?

martes, 17 de enero de 2017

Evaluación en movimiento

No es la primera vez que uno escribe por aquí sobre evaluación. De hecho, es uno de los temas recurrentes de este blog y, lógicamente, no es casualidad. En la evaluación se centran muchos de los posts de De vuelta porque es uno de los temas que más me preocupan y en los cuales, hay que reconocerlo, uno se siente más inseguro. Así pues, por aquí hemos reflexionado sobre modelos de evaluación en ¿Big Mac o Guía Michelin?, Y tú, ¿cómo evalúas?, sobre la (no) autoevaluación del profesorado en ¿Autoevaluqué?, o sobre Juntas de evaluación (y el fin del cante Jondo). En fin, que la evaluación ocupa gran parte de mis (por otra parte enormes) Dudas docentes

Y es que en mis clases, de un tiempo a este parte, evaluamos en movimiento. ¿Qué quiero decir? Pues que tratamos de no fiarlo todo a la foto-fija del examen/trabajo final e intentamos que la evaluación sea más flexible, dinámica y, sobre todo, más participativa. Se trata de ceder más espacio al alumnado para promover aquello del "aprender a aprender" y de estar atentos a los procesos de aprendizaje en casi todo momento, no solo al final de cada unidad.  Esto, que hay docentes que lo llevan practicando siglos, uno lo está aplicando en los últimos cursos y los resultados son (moderadamente) satisfactorios. Claro, genera bastante más trabajo pero, en mi opinión, permite una aproximación mucho más real y eficaz a los procesos de aprendizaje de cada alumno/a.

Pero, ¿en qué se concreta todo esto? Básicamente en dos aspectos novedosos respecto métodos de evaluación más tradicionales usados por un servidor tiempo atrás. Por un lado, en el uso de nuevas herramientas de evaluación más variadas y, por el otro, en un enfoque mucho más participativo por parte del alumnado, el cual se ve obligado a tomar decisiones en relación a la evaluación de su trabajo.

Respecto a las herramientas, hemos incorporado el uso de rúbricas de evaluación (¡sencillas!) y mayoritariamente elaboradas por/con el alumnado, el portafolio digital, los diarios de reflexión y de aprendizaje o la coevaluación y la evaluación entre pares, los cuales combinamos también con pruebas de validación más o menos tradicionales (individuales o grupales). Al final se trata de adaptar los mecanismos de evaluación a las nuevas dinámicas de trabajo de una manera sencilla y eficaz. Si trabajamos desde un paradigma que se escapa al modelo tradicional de enseñanza-aprendizaje, no tiene demasiado sentido aplicar estrategias de evaluación vinculadas a tal sistema. En este sentido, no parece mala idea que evaluación y metodología vayan de la mano.

Y en lo que se refiere a la actitud del alumnado ante la evaluación, la idea es que esta sea mucho más participativa, que el alumno deba responder de su trabajo. Además, se pretende también ofrecer espacios para que no solo analice su actividad, sino que también pueda valorar críticamente el trabajo y las propuestas del profesorado. En este sentido, la realización de un diario de reflexión, encuestas de valoración y, sobre todo, las entrevistas individuales son elementos de notable ayuda para fomentar la autocrítica y el intercambbio de información entre alumnado y profesorado.

¿Dudas? Sigue habiendo muchas, por supuesto. Ya hablaremos sobre ellas en futuras publicaciones. No obstante, moderneces varias al margen, creo que evaluar más allá de la foto-fija puede ofrecernos excelentes resultados y, sobre todo, la posibilidad de acercarnos de manera más eficaz y personalizada a los distintos perfiles que, sin duda, pueblan nuestra aula. Seguiremos en movimiento, pues.



martes, 10 de enero de 2017

Hooligans, negacionistas y navajas suizas

Hace unas semanas preparaba unas notas para un encuentro con otros profesores de educación de personas adultas sobre metodologías activas de aprendizaje, concretamente sobre el trabajo por proyectos. Al montar todo el tinglado, reflexionaba sobre el posicionamiento del profesorado, así a lo bruto, respecto a lo que se entiende como metodologías innovadoras de aprendizaje. El adjetivo da un poco de grima, lo sé, pero ya me entendéis: aquellas metodologías que van más allá de la transmisión de conocimientos por parte del profesorado y su evaluación mediante una prueba escrita más a menos tradicional. 

Digo que reflexionaba sobre cómo nos posicionamos ante estas metodologías de aprendizaje innovadoras activas y me salieron tres "especímenes docentes" en función de sus percepciones sobre la utilidad (o no) de tales prácticas metodológicas. Aquí te los dejo y te invito a que completes y/o añadas otros tipos en base a tu experiencia personal.

En primer lugar, tenemos a los hooligans. Los hooligans son fans absolutos de la innovación. No solo no pueden parar de innovar, sino que se encargan de hacerlo público constantemente. Cualquier canal es bueno para iluminar al resto de la comunidad educativa universal con la luz de la innovación. Los reconocerás fácilmente en las redes sociales por su vehemencia y omnipresencia. El ABP, la flipped, la gamificación, la neuroeducación (o cualquier otra práctica molona y moderna) han venido para solucionar los problemas de la educación mundial y los hooligans se van a encargar de que te enteres de ello. No se te ocurra hacer pública tu disconformidad con tal o cual metodología pues corres el riesgo de ser atacado sin contemplaciones por hordas de hooligans violentos que escribirán comentarios desafiantes en tu blog o te enviarán MD amenazadores. Que conste que yo te he avisado.

Por otro lado, están los negacionistas. Los negacionistas, como puedes imaginar, no pueden innovar. Mejor dicho, no es que no puedan, es que se niegan. Pero no se niegan por pereza o por desconocimiento. Se niegan porque no funciona. El ABP (o la flipped, o la gamificación o lo que sea) no funciona en su aula, con sus estudiantes, con su materia, en su centro... Ya se ha probado antes y no funciona. Y si no se ha probado, da igual, no funciona, ellos lo saben. Además, a sus estudiantes no les gusta la innovación, disfrutan y gozan con sus clases magistrales. Nunca se ha documentado un choque en las redes entre hooligans y negacionistas ya que estos últimos no acostumbran a asomarse por "el internet". En los claustros sí que se han producido algunos enfrentamientos y escaramuzas en los cuales la pasión hooligan ha sufrido una derrota sin paliativos ante la condescendencia negacionista. No obstante, se han dado casos de negacionistas contagiados por el espíritu del hooliganismo innovador, aunque sin duda se trata de excepciones que confirman la regla.

Por último, encontramos a las navajas suizas. Las navajas suizas ven cualquier metodología como una oportunidad para conseguir herramientas nuevas con las cuales desarrollar su trabajo. Como buena navaja suiza, intentan incorporar cuantos más gadgets mejor para tener más recursos y más variados. Ese pragmatismo ilimitado les lleva a acumular recursos sin fin. Da igual si usarán tal o cual herramienta, ellas la incorporan y luego ya veremos qué. Las navajas suizas acostumbran a estar presentes en las redes sociales. Admiran en secreto la pasión hooligan pero son incapaces de zambullirse por completo en los procelosos mares de la innovación educativa. Se acercan, pues, con interés manifiesto pero manteniendo claramente las distancias, ¡que ellas no se casan con nadie!

En definitiva, estos son los tres fenotipos docentes que he definido en base a mi experiencia en las aulas y en las redes. Como puedes ver, todo muy científico y documentado. Seguro que tu tienes alguno más, ¿lo compartes en comentarios?

PD. Mensaje para los hooligans: quizá me he excedido un poco con vosotros, así que tenedlo en cuenta en los comentarios al post. ¡Gracias!