lunes, 19 de enero de 2015

Alumnos que te callan la boca

Hace ahora un par de años aterrizó en nuestro centro un alumno con la voluntad de matricularse en el curso de graduado en educación secundaria para personas adultas. Su expediente académico era un verdadero drama y la entrevista previa a su ingreso en el centro fue, por diversos motivos, un tanto desconcertante. A pesar de todo, el chico formalizó su matrícula y una semana después estaba puntualmente sentado en su pupitre presto a iniciar una andadura de dos años hacia la consecución de su graduado en ESO.

Los profesores, que en esto (¡!) somos como el común de los mortales, no esperamos demasiado para emitir un juicio sumarísimo sobre el futuro del chaval. Unos, más prudentes, quizá no llegamos a verbalizarlo. Otros, más expresivos, ocuparon varias jornadas a pronunciar su sentencia. Porque, independientemente de la prudencia o expresividad del profesor de turno, la opinión común del equipo era eso mismo, una sentencia, y no absolutoria precisamente. Según nuestros augurios el chico no tardaría en abandonar y, en caso que perseverara, difícilmente podría sacarse el graduado en educación secundaria. Pues eso, visto para sentencia.

El pasado viernes firmé el acta de módulos del GES que debemos remitir a inspección trimestralmente. En ella estaban las calificaciones de las últimas asignaturas que nuestro alumno en cuestión debía superar. No es necesario decir que, no solo no abandonó a los cuatro días como muchos esperábamos, sino que durante su itinerario en nuestro centro mostró una implicación, una perseverancia y una capacidad de superación que todos pusimos en duda desde un principio. Prejuicios se llaman, creo.

En mi opinión, cometimos dos grandes errores. El primero fue poner en duda nuestra propia capacidad de trabajo y de favorecer la generación de oportunidades para el aprendizaje. Cuestionando  sus posibilidades de éxito, demostramos (sin saberlo y sin pretenderlo) muy poca confianza en nuestra capacidad como profesores y, en definitiva, en nuestra profesión. El segundo error, sin duda el más importante, fue dudar de la capacidad de nuestro alumno simplemente por una serie de prejuicios basados en una opinión inicial totalmente superficial e incompleta. Ni un expediente académico, ni una entrevista (por detallada y profunda que sea), ni siquiera un mes de trabajo en el aula con un alumno puede permitir generar opiniones, juicios y sentencias como las señaladas más arriba.

Tenemos trabajo por delante: alfabetización emocional, empatía, colaboración, paciencia, comunicación... Todos ellos elementos que deben permitir acercarnos a nuestro alumnado para, trabajando conjuntamente, sacar lo mejor de todos nosotros. ¿Por qué encasillamos a nuestros  alumnos?, ¿Cuántas etiquetas repartimos a diario en nuestras aulas?, ¿Por qué tenemos alumnos de 6, de 0 y de 10? Recuerdo la junta de evaluación en la que cerramos el acta que generaba la tramitación del título de nuestro alumno. Alguien dijo: "Aquí hay alguien que nos ha callado a todos la boca". Bendito bofetón en todos los morros. ¡Gracias y felicidades, T.!

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14 comentarios :

  1. Me ha encantado tu reflexión, muy acertada en todos los sentidos! Siempre que tengamos alguien delante (sea un estudiante o cualquier otra persona) la debemos ver como un libro en blanco que se irá construyendo a medida que lo vamos conociendo, sino corremos el riesgo, sobre todo en educación, de caer en el efecto pigmalión.

    Tus reflexiones me han recordado un post que escribí hace un tiempo, te lo dejo por si puede ser de tu interés: http://www.demayorquieroserformadora.com/2013/01/etiquetas-al-inicio-de-cada-curso.html

    Un saludo!

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    1. Gracias, Anna! Sí, como apuntas en tu post es fácil caer en el "etiquetaje" del alumnado, con todo lo que eso conlleva. Mejor mantener altas las expectativas y trabajar con empatía y positividad. Trabajo tenemos... Un saludo!

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  2. Genial y certero el post, Ramón. Conozco muchas situaciones como las que expresas, de hecho el año pasado con el PQPI, viví alguna que otra sesión de evaluación bastante durilla al respecto. Uno de aquellos alumnos, está este año en 1º de bach. y no le va del todo mal. Hay que intentar creer en ellos.

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    1. En la última sesión de evaluación apunté algunas de las expresiones desafortunadas respecto el alumnado pronunciadas por nosotros, los profesores. Salieron unas cuantas... Tenemos trabajo por delante... Un abrazo, María José! ;-)

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  3. Muy bueno....
    "Las etiquetas" perjudican siempre.
    Un saludo

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    1. Eso creo, Blanca! Gracias por pasarte por aquí! Saludos!

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  4. Hola soy alumno de espa , y tengo 54 anos , me gustaria decir que los centros para adultos que imparten la espa son a mi entender demasiado AUTORITARIOS e cuanto a los alumnos que hemos superado 45 anos...

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    1. Hola, Tomás. Me atrevoma decir que no es nuestra realidad. Los centros de adultos que conozco son muy flexibles y abiertos a las necesidades específicas de nuestro alumnado. Otra cosa es que dispongamos de los recursos necesarios... En fin, ánimo y un abrazo.

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  5. Cuánta razón y sabiduría en tu post.Me recuerda mucho a una situación personal en el cole. ¡Felicidades a T.!

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    1. Etiquetas para todos! No tenemos remedio! :(
      Gracias por pasarte por aquí!
      Saludos

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  6. Me encanta ver por escrito la idea que tantos años tengo siempre "el la boca". Ningún maestro está "en posesiones de la verdad" y por supuesto ninguno tiene una bola mágica que le permita ver el futuro (en caso de que la tuviera haría mucho mejor en dedicarla a otros menesteres ). Cuando una persona retoma el estudio, el pasado es eso,"pasado" , y lo importante es lo q haga desde ese momento❗️

    Un saludo, pp4mnk

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    1. Cierto! Cómo nos gusta etiquetar, ¿verdad? Gracias por pasarte por aquí. Un saludo!

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  7. Muy bien dicho! Que más da lo demás si una persona tiene la verdadera intención de querer aprender.
    Las etiquetas y los perjuicios no deberían frenarnos!
    Felicidades por el post

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