domingo, 27 de diciembre de 2020

La escuela actual: ni "Templo del Saber" ni "Hogar de las Emociones"

Leo estos días por la redes, una vez más, descripciones de dos modelos de escuela que no conozco. Es como si los quince años que llevo ejerciendo como docente los hubiera pasado en un microcosmos de irrealidad, una especie de universo paralelo. No sé, lo mismo no me entero del asunto y voy muy perdido, pero leo opiniones y análisis de según qué perfiles y tengo la sensación de que mi día a día nada tiene que ver con lo que unos y otros describen, normalmente, desde posicionamientos maximalistas. Me explico.

Para unos, la escuela, ese "Templo del Saber" (sic) antaño fecundo y empoderador, se ha desmontado por completo. Y es que en la nueva escuela ya no hay lugar para el conocimiento verdadero. En ella los contenidos han sido arrinconados por esas "nuevas" metodologías tan en boga al servicio del neoliberalismo y del mercado, donde el rigor y la excelencia han sido erradicados para rendir culto a la mera atención emocional del alumnado. El resultado de este nuevo modelo es un alumnado acrítico, manso y muy poco preparado que nada tiene que ver con las generaciones formadas en planes educativos anteriores.  

En cambio, los otros, argumentan que la escuela sigue siendo un lugar oscuro y rancio, donde los  docentes torturan al alumnado con un modelo de aprendizaje bulímico. Los chicos y chicas son obligados a memorizar contenidos totalmente fuera de contexto, los cuales se limitan a repetir en un examen para, a renglón seguido, olvidarlos en cuestión de horas. Se trata de un modelo donde no se atiende la individualidad del alumnado y donde no se presta atención a sus necesidades emocionales. Un modelo, pues, que genera un aprendizaje descontextualizado y banal que no aporta nada y "que no tiene sentido en la sociedad del siglo XXI" (sic).

Pues a ver, como decía más arriba, un servidor lleva ejerciendo casi quince años como docente y no ve ni rastro de ninguno de los dos modelos. Bueno, miento. Veo conductas de ambos pero que coexisten en la red de centros públicos e incluso en un mismo centro. Me chirrían enormemente esas lecturas apocalípticas (en uno y otro sentido) de la escuela pública, cuando cualquiera con una percepción mínimamente objetiva podría concluir que nos movemos en un espacio de grises donde, eso sí, se nos presentan enormes retos y problemas que solucionar. 

¿Eran las "escuelas EGB" Templos del Saber? Vamos, por favor. Seamos serios. Las escuelas  de nuestra época eran espacios donde convivían, igual que ahora, proyectos y docentes muy diversos y con resultados muy dispares. Estoy enormemente agradecido a la educación pública por todo lo allí aprendido, sin duda adquirí conocimientos que jamás hubiera adquirido en mi entorno doméstico y social, pero se trataba de un modelo que generaba también un fracaso importante. No creo que idealizar un pasado, con una realidad social totalmente distinta, dicho sea de paso, aporte demasiado al debate.

Por otro lado, ¿son las escuelas de hoy en día espacios de aprendizaje memorístico aislados de la realidad de nuestro tiempo? Quién afirme semejante barbaridad, en mi opinión, tiene una visión muy parcial de nuestro modelo educativo. En la escuela pública actual, aun reconociendo enormes problemas (de esto podríamos hablar largo y tendido) existen fantásticos proyectos y profesionales que atienden debidamente al alumnado y que desarrollan proyectos de aprendizaje rigurosos y que aportan conocimiento y valor al alumnado.

Así pues, una vez más, nos quedamos en el debate de trinchera que no aborda las graves problemáticas del sistema educativo público. Un debate, a mi modo de ver, estéril y maniqueo que ya cansa y que solo contribuye a dividir y a generar más ruido. Un debate que genera tráfico y likes en redes sociales pero que me temo que no contribuye a mejorar nuestros centros educativos.



1 comentario :

  1. Buen artículo, porque revelas una realidad dañina para todos. En el debate sobre la Educación impera la demagogia no solo política, también ha calado en gurús, opinadores y profesores con sus intereses, y gente de la calle que opina desde la ignorancia.

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