domingo, 4 de agosto de 2019

Porno y educación: algunas certezas para iniciar el debate

Leo el capítulo "Sontag sobre el porno: cincuenta años después" (La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres, Siri Hustvedt, Seix Barral, 2016) y no puedo menos que reflexionar sobre el papel que la pornografía juega en la vida de nuestros alumnos y en el día a día de los centros educativos. Aunque quizás aquí sería más preciso señalar el papel que el porno NO juega, dada su escasa presencia en los programas educativos y curriculares. Si bien el artículo de Hustvedt no analiza la pornografía desde el punto de vista educativo -se trata más bien de un análisis artístico, específicamente literario- la autora norteamericana introduce toda una serie de reflexiones sobre el porno que creo que pueden ser útiles para dar el pistoletazo de salida a un debate sereno y profundo sobre el papel de la pornografía en nuestra sociedad y, reitero, sobre el papel que los centros educativos y el cuerpo docente debemos jugar en el asunto.

Recientemente, además, he leído dos grandes aportaciones sobre el tema en el fantástico blog de reflexión educativa de @salvaoret (léase Menores y porno. ¿Miramos para otro lado? y Menores y pornografía II). Coincido prácticamente en todos los puntos señalados por el autor: consumo creciente a edades cada vez más tempranas, dificultad para tratar en las aulas un tema cuanto menos espinoso e inexistencia de la cuestión en los programas de educación sexual desarrollados en los centros educativos. A todo ello, además, cabe sumar una mayor presencia mediática del porno en los últimos tiempos. Así pues, proliferan artículos analizando el tema desde una múltiple perspectiva: vinculación del consumo de pornografía con conductas sexuales agresivas, reflexiones sobre el porno y la seguridad tecnológica, acceso a datos privados, etc.  

Sin duda, como decíamos, se trata de un tema espinoso que cada vez con mayor frecuencia aparece  en algunos corrillos docentes. ¿Cómo afrontarlo desde una perspectiva educativa sin generar malentendidos, sin crear alarma y, por qué no decirlo, sin salir escaldado de la empresa? Señala Sontag que "la pornografía enfrenta la virtud al vicio en una lucha ética". El concepto general del porno presente en la opinión pública se encuentra, cuando menos, alejado varias millas del concepto de virtud del común de los mortales. Ya por ahí vamos encontrando pistas de lo difícil de acercarse al tema sin levantar ampollas, herir susceptibilidades ni, por supuesto, banalizar la cuestión.

Un servidor considera que podría ser interesante plantear a modo de ideas generales algunas de las  certezas que tenemos sobre el porno. Quizá algunas parezcan simples obviedades y perogrulladas. Seguramente así sea. No obstante, considero que establecer un marco general común podría resultar útil para afrontar un debate profundo y sereno sobre cómo debemos (si es que debemos hacerlo) incorporar la cuestión al día a día de los centros educativos. Aquí van, pues, algunas de las certezas que un servidor ha recopilado leyendo de aquí y de allá:
  • La pornografía ha cambiado el concepto de educación sexual. Cada vez existen más jóvenes (menores muchos) que acceden a imágenes de contenido sexual explícito antes de tener relaciones sexuales. Este hecho, sin duda, debe ser tenido en cuenta en los planes de educación y formación sexual.
  • El porno es un grandísimo negocio que, además, ha dejado de ser clandestino. El acceso al porno cada vez es más sencillo e, impulsado por el capitalismo salvaje, se trata de una industria que genera miles de millones en beneficios. 
  • Cada vez se accede antes a la pornografía. Recientes estudios (ver aquí) señalan que en España el acceso al porno se ha adelantado a los 8 años, aunque su uso se generaliza a los 14.
  • No es territorio exclusivo de hombres.  Aunque todavía se queda en un 26% del consumo total según datos de un estudio elaborado por el portal Pornhub, el consumo entre las mujeres se está incrementando en los últimos años.
  • Hay muchos tipos de porno. Pues sí, en general, como dice Sontag, el porno es cutre. Aún así, aparecen nuevas tendencias que parecen querer dar un giro al modelo clásico y generar nuevas posibilidades en el mundo de la pornografía. Sin duda, Erika Lust se ha convertido en una de las representantes de este "porno alternativo" que pretende un acercamiento menos grosero y tosco (véase entrevista a la directora aquí).
  • (Aunque parezca mentira) el porno también tiene una tradición clásica. Sade, los surrealistas, Freud, numerosos pintores y artistas son claros exponentes de esta tradición, la cual podría ser (o no) un punto de partida interesante para acercarse a la cuestión desde una óptica menos basta y, sin duda, más intelectual. Insistimos, el porno no siempre es cutre y, además, en muchas ocasiones ha estado estrechamente ligado al mundo del arte. ¿O no podrían ser catalogadas como pornográficas gran parte de las obras de Schiele?
  • (Aunque parezca mentira, también) sobre el porno se investiga. Existen innumerables estudios que quizás podrían permitir aproximaciones "científicas" a la cuestión.
  • Y por último, los humanos, como el resto de primates, tenemos una intensa vida sexual. ¿Cómo obviar un mundo, el de la pornografía, que genera tal interés, controversia y conflicto en nuestra propia especie?
Se me ocurre que pueden ser algunos puntos para iniciar el debate y, sobre todo, para empezar a pensar en propuestas concretas para afrontar el tema en nuestros centros y aulas. ¿Algún/a valiente se anima? ¡Aquí un servidor se suma sin dudarlo! ;)


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