sábado, 2 de mayo de 2015

La escuela contra el mundo

Luri, G, (2008) L' escola contra el món. L' optimisme és possible. La campana. (Disponible en versión en castellano)

Acabo de leer con mucho interés La escuela contra el mundo, de Gregorio Luri. Escrito en 2008, el libro refleja con bastante acierto (a mi entender) la situación que atraviesa el sistema educativo de nuestro país aún hoy, siete años después de su publicación inicial. Son muchos los frentes abordados por el autor, aunque quizá quepa destacar su crítica a la pedagogía moderna y a los planteamientos que alejan al profesorado de la posición central en los procesos de enseñanza-aprendizaje. 

Y es que en un contexto como el actual, en el que somos bombardeados (y bombardeamos, de hecho) con conceptos como innovación, nuevas tecnologías, gamificación o aprendizaje basado en proyectos, Luri plantea la puesta en valor de ideas que generalmente asociamos a la escuela tradicional y que las nuevas tendencias pedagógicas parecen arrinconar por su "escaso glamour" y por ser consideradas, en muchos casos, como planteamientos anacrónicos e incluso reaccionarios. Así pues, Luri rescata conceptos como el esfuerzo, la autoridad, la transmisión de conocimientos o la voluntad de trabajo otorgándoles un papel destacado en el proceso de aprendizaje. 

Me ha interesado especialmente la reflexión sobre el concepto de escuela como institución mediadora entre familias y sociedad. De hecho, Luri realiza una crítica abierta a los nuevos relatos pedagógicos basados en modelos líquidos, donde el cambio es constante y omnipresente. Si lo entendí bien, Luri critica el esfuerzo de muchas instituciones educativas por estar a la última, por innovar y adaptarse al cambio constante, dejando de lado la reflexión sobre su contexto y realidad inmediatos y sobre las necesidades reales de conocimiento de su alumnado. El autor destaca, además, el valor del profesorado como recurso pedagógico en sí mismo, haciendo una crítica de la incorporación sin reflexión previa de las nuevas tecnologías o de las modas metodológicas de turno.

Otros temas ocupan también el análisis de Luri. El contraste entre la moral del trabajo y la moral del consumo (o moral fashion como él la llama) presente en nuestros días, el papel de la autoridad menguante del profesor o la confianza como elemento clave de los procesos de aprendizaje constituyen algunos de los temas desarrollados en el ensayo.

Por último, Luri hace un alegato en contra del escepticismo docente y a favor del optimismo en la educación. Y es que, según él, no podemos trabajar en un entorno donde están presentes el escepticismo y la incredulidad hacia nuestra propia labor. Debemos ser optimistas porque, primero, existen motivos para ello y, segundo y quizá más importante, porque es nuestro deber como docentes.

Quizá me parece excesivamente dura la crítica hacia las nuevas pedagogías y, a veces, excesivamente rígida la defensa del tradicionalismo pedagógico antes mencionado. Como el propio Luri apunta, el maestro puede constituirse como un recurso pedagógico en sí mismo. Así pues, en mi opinión, tanto modelos metodológicos más innovadores como aquellos que podrían ser calificados de tradicionales pueden generar aprendizaje o constituir un absoluto fracaso. Es más, no creo que la autoridad docente desaparezca en las llamadas metodologías modernas. De hecho, me parece necesaria mucha autoridad para llevar a cabo proyectos de éxito, aunque quizá el debate esté en el propio concepto de autoridad. Es por esto por lo que me parece que algún planteamiento resulta un tanto rígido. No obstante, me parece una obra muy interesante, la lectura de la cual recomiendo sin duda, aun discrepando de muchas de sus propuestas y análisis. En definitiva, un texto del que aprender mucho.



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