miércoles, 29 de marzo de 2017

El deseo de aprender (I)

Dicen por ahí que si no se quiere, no se aprende. Que si no existe una verdadera motivación detrás del aprendizaje, este no puede existir. No puedo estar más en desacuerdo con esta afirmación. De hecho, me parece que a fuerza de repetirla a modo de mantra, en foros más o menos innovadores, se está convirtiendo en un tópico de cartón-piedra cada vez más simple y ramplón.

Básicamente, no estoy de acuerdo (o, al menos, le encuentro muchos matices) porque echo un vistazo a mi propia experiencia y me doy cuenta de que he aprendido infinidad de cosas y he entrenado numerosas cualidades y habilidades personales mediante experiencias y situaciones que no tenía ningún deseo de vivir. Y no solo estoy pensando en profesores y contenidos curriculares muy alejados de mis intereses personales, sino en muchos capítulos de mi vida que, a priori, hubiera preferido vivir de otro modo. No ha habido "deseo de aprender" en muchos de mis trabajos y en muchas de mis experiencias vitales y, en cambio, quizá son de las que más aprendizajes he podido extraer.

Y es que, en mi opinión, me parece que aprendemos siempre, es decir, por defecto. Y que, consciente o inconscientemente, todas las experiencias vividas generan un poso de aprendizaje que va configurando nuestra manera de enfrentarnos a la vida y al propio hecho de aprender. Aun sabiendo que se trata, quizá, de una frase hecha, pretender que el aprendizaje se produce solo cuando existe deseo me parece una exageración que nos pone, como docentes, un punto excesivo de presión que quizá no merecemos. 

Me parece que hay veces en las que hay que hacer cosas "porque hay que hacerlas". Y no pasa nada. Quiero decir, que muchas de nuestras obligaciones (también en el ámbito escolar) muchas veces están alejadas de nuestros propios intereses y deseos y no por ello debemos renegar del aprendizaje que su desarrollo puede generar. Y, además, me parece que este puede ser de gran relevancia, especialmente en términos de responsabilidad, resiliencia, adaptación, autonomía, etc. Ligar aprendizaje a deseo me parece un arma de doble filo que se nos puede girar en contra. Y sé perfectamente que "aprender deseando" no significa renunciar al trabajo y a la responsabilidad, ni mucho menos. Pero olvidar o dejar de afrontar situaciones no deseadas puede provocarnos una enorme frustración cuando debamos hacerlo porque, siento decirlo, tarde o temprano estas van a llegar.

Dicho esto, y puede sonar contradictorio, me autoexijo como docente el hecho de favorecer "el deseo de aprender" de mi alumnado, de generar situaciones de aprendizaje motivantes que faciliten, también, aprendizajes reales y eficaces. ¿Cómo? De eso tratará el próximo post. De momento, aunque suene raro, quisiera romper una lanza en favor de todas esas experiencias que, a priori, no deseamos vivir pero que han generado un enorme aprendizaje en nuestras vidas. ¿Te apetece compartir alguna de ellas?



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