jueves, 18 de septiembre de 2014

A vueltas con los sueldos en educación...

Es recurrente. Se trata de una noticia que cada ciertos meses suele aparecer en un medio o en otro y que, dependiendo del momento, levanta más o menos polvareda. Hace meses fue la propia secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, la que atizaba al profesorado por llevarse gran parte del presupuesto del ministerio en concepto de sueldos. Ahora es Dirk Van Damme, responsable del informe Panorama de la Educación elaborado por la OCDE, quien señala que los altos salarios de los profesores dejan poco margen para "otras iniciativas" e infraestructuras. El gasto del coste del profesorado se calcula teniendo en cuenta el sueldo docente, el número de años de escolarización y la ratio de alumnos por aula y parece que, en todos esos aspectos, España mejora las medias de los países de la OCDE.

Así pues, la conclusión es sencilla: los elevados sueldos del profesorado son un obstáculo para la mejora del sistema. Claro, hay demasiados profesores con sueldos muy elevados, lo cual elimina recursos para toda una serie de innovadoras iniciativas y propuestas  que no pueden implementarse a causa de los altos salarios de los profesionales docentes. No se trata de ponerse en plan demagogo. Es obvio e innegable que una gran parte del presupuesto del ministerio de educación se va en pagar los sueldos de las personas que desarrollan su actividad en el ámbito educativo. Y resulta que la mayoría son profesores. Supongo que será igual si hablamos de seguridad, de becas deportivas o de cualquier otra actividad: el gasto en personal siempre suele ser el más elevado de los contemplados por el presupuesto de turno.

El debate de los sueldos del profesorado debe afrontarse, es cierto. Pero vincular la mejora de resultados de nuestro sistema educativo a una reducción de los salarios docentes suena reduccionista e interesado. Por contra, sí parece necesario analizar la posibilidad de establecer una escala salarial que acabe con los sueldos planos durante toda la carrera profesional y que genere incentivos al profesorado para la mejora constante. Este es un debate por abrir, mientras que afirmar que los salarios del profesorado no dejan margen a la mejora es, siendo benévolos, una simplicidad interesada. 

Pero hay más debates y vías de actuación posibles para la mejora de resultados: leyes educativas frágiles y cambiantes, planes de formación y capacitación docente insuficientes, currículums académicos alejados de la realidad, estructuras organizativas y administrativas carentes de sentido... Afrontar estas líneas de trabajo con la voluntad de reorganizar nuestro sistema educativo puede ser de gran interés en la mejora de resultados. Por contra, focalizar la problemática educativa en los sueldos del profesorado sólo puede contribuir a generar crispación y a deteriorar, más si cabe, la figura del profesorado. Y, aunque desde determinadas esferas no se lo crean, este es un hecho que ni nuestra sociedad ni nuestro sistema educativo se pueden permitir. 


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