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miércoles, 14 de enero de 2015

rEDUvolution

Voy tardísimo, una vez más, pero es igual. El mes pasado leí rEDUvolution, de María Acaso (ver presentación de la autora aquí). No puedo decir que me pillara por sorpresa su contenido, ya que antes de su lectura había ido picoteando muchas de las ideas expuestas por aquí y por allá. No obstante, a pesar de conocer los planteamientos generales del libro, debo reconocer que ha sido una lectura de lo más estimulante y enriquecedora. En mi opinión, se trata de una obra que debería estar presente en todos los claustros a modo de guía para la reflexión y replanteamiento de nuestro trabajo en el aula. Una guía abierta y flexible, en absoluto dogmática, que puede enriquecer notablemente nuestra práctica. ¿Por qué? Aquí van algunos motivos:
  • Porque le da una vuelta de tuerca al proceso de aprendizaje, considerándolo (aunque algunos nos empeñemos en lo contrario) como un fenómeno abierto donde cada individuo aprende de manera distinta y donde, por tanto, no todo puede ser medido ni controlado.
  • Porque nos insta a promover la verdadera democracia en el aula, no la democracia aparente o formal con la que algunos "trampeamos" en nuestro día a día o la dictadura implacable del profesor de turno como representante de lo más rancio de la escuela tradicional.
  • Porque nos anima a ser creativos en nuestros planteamientos metodológicos y a insuflar esa creatividad a nuestro alumnado (aunque algunos nos contentaríamos con no entorpecerla demasiado).
  • Porque reflexiona sobre nuestra manera de habitar el aula y apunta nuevos caminos y formas para experimentar y vivir el espacio de aprendizaje.
  • Porque nos reta a descubrir el entorno de nuestros centros y a vincular el aprendizaje con la realidad de la comunidad educativa (y de la vida, en general).
  • Porque anima a buscar nuevos mecanismos de evaluación que sitúen el aprendizaje en el centro del proceso y pongan la calificación en el lugar (residual) que le corresponde.
  • Porque busca erradicar el simulacro de aprendizaje a partir del cual (mal)acostumbramos a trabajar para sustituirlo por auténticas experiencias de aprendizaje.
En definitiva, porque seguramente sin pretenderlo nos "pone en nuestro sitio" y nos invita a, de una vez por todas, ponernos las pilas e ir dando pequeños pasos hacia un aprendizaje verdadero, con ritmos sostenibles y, por tanto, mucho más humano. En fin, muchas ideas interesantes planteadas de una manera amena, gráfica y atractiva gracias a las ilustraciones y al diseño de Clara Megías. Totalmente recomendable.



lunes, 15 de diciembre de 2014

Educación a la inversa

Leía el otro día en rEDUvolution sobre la presencia del monólogo (del profesor, se entiende) en la escuela. Señala María Acaso que es común que en los centros educativos predomine el conocimiento académico del docente sobre los conocimientos experienciales del alumnado, los cuales son obviados totalmente de la práctica en el aula. Así pues, dominar la ejecución de cientos de cócteles, reparar una moto o moverse brillantemente en una cancha de baloncesto son, normalmente, saberes considerados inútiles por los centros educativos.

Y es que, aunque nos pese, acostumbramos a funcionar de manera vertical. Se nos llena la boca de democracia, participación, de empoderar al alumno y nosécuántos eslóganes, frases hechas y lugares comunes y acabamos decidiendo nosotros los contenidos, el temario, los sistemas y tiempos de evaluación y las calificaciones. En definitiva, asumimos el mando absoluto de todo el tinglado. No obstante, hay docentes que ya están llevando a cabo prácticas basadas en la horizontalidad y en fomentar una participación real del alumnado en la toma de decisiones. Sin ser un talibán de la rEDUvolution, aprecio enormemente esa idea de comunidad educativa que rompe con la "educación de la trinchera" que separa el espacio de profesores y alumnos.

Acaso mantiene que romper las jerarquías implica romper con el patrón de educación tradicional para establecer nuevos patrones educativos "donde cualquier miembro de la comunidad aprende del otro". Se trata, pues, de una educación a la inversa donde se puede "aprender mutuamente, al mismo nivel, a la misma altura, de manera recíproca, uno del otro, de forma dialógica" generando nuevas vías para hacer circular el conocimiento. Un conocimiento, por otra parte, mucho más rico y variado que el establecido por el currículum de turno.

Y es aquí donde aparecen iniciativas espectaculares como el Banco Común de Conocimientos desarrollado por los colectivos Platoniq y Zemos98 cuya experiencia en el centro educativo Domínguez Ortiz del Polígono Sur en Sevilla queda recogida en el documental La Escuela Expandida. La idea es tan sencilla que resulta revolucionaria: los miembros de la comunidad exponen aquello que necesitan o quieren aprender y aquello que pueden enseñar. Y es que todos tenemos algo que enseñar. ¿Por qué no aprovechar las habilidades de todos los miembros de la comunidad educativa?, ¿Por qué solo quedarnos con las del docente? Os dejo con el documental en cuestión. Una puerta para "invertirnos", aunque sea un pelín...

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sábado, 6 de diciembre de 2014

Dudas docentes

A veces uno coincide con profesionales o lee blogs de otros compañeros y se asombra de la  aplastante seguridad con la que unos y otros ejercen su profesión. Ni un atisbo de duda, al revés: confianza y seguridad absolutas en sus propuestas metodológicas. Hay casos en los que la profesionalidad y experiencia del docente en cuestión es garantía de buenos resultados. No hace falta decir que es un placer ver, compartir y poder aprender de sus propuestas. Aprendizaje total, de hecho.

No obstante, en otros casos, esa supuesta seguridad se debe más a la ceguera profesional que a otra cosa. Normalmente coincide con perfiles muy definidos instalados en la queja permanente o en el pasotismo perpetuo (véase Sobre rehenes, apóstoles, mercenarios y terroristas docentes). Se trata, en definitiva, de perfiles docentes que se escudan en las incapacidades del alumnado, del sistema, de la sociedad o incluso del universo para justificar su inmovilismo y su desgana. Conozco, conocemos todos, auténticos "muros" incapaces de replantearse su trabajo y su papel como docentes.

Y luego están los que, como un servidor, dudamos mucho. No sé si demasiado, incluso. Metodologías, agrupamientos, sistemas de evaluación, temarios, objetivos o indicadores, todo es cuestionado curso tras curso debido (seguro) a las propias incapacidades docentes, pero también para tratar de ajustar la práctica a las necesidades del grupo y de cada alumno. A veces pienso que no compensa tanto análisis y tanta revisión. Pero luego se me pasa y lo tengo claro: la duda mejora la práctica en el aula (o al menos yo me lo creo y todos contentos).

Leía el otro día en rEDUvolution, el genial libro de María Acaso, una propuesta muy interesante para revisar nuestras pedagogías invisibles. Es el llamado método DAT (detectar, analizar y transformar). Se centra, básicamente, en mantener la sospecha constante sobre nuestra práctica docente para detectar posibles incoherencias, las cuales mediante un posterior análisis y revisión puedan ser finalmente transformadas en mejoras significativas. Bueno, pues al final se trata de eso: poner en duda nuestro trabajo para mantener la atención y tratar de ubicarnos en la mejora constante. Quizá no sea tan malo dudar, pues, siempre que tras la incertidumbre vengan el análisis y la transformación. ¿Alguna duda?

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