viernes, 31 de octubre de 2014

¿Qué hacer con los mejores?

El otro día leí un interesante artículo de Francisco Javier Fernández Franco publicado en INED21 titulado "Reloj, no pares las horas". En él, el autor planteaba la cuestión del impacto de la edad del profesorado en los resultados académicos de las etapas de primaria y de secundaria, concluyendo (perdón por el spoiler) que a mayor edad del docente mejores son los resultados de la muchachada. Según Fernández Franco "una explicación probable de este resultado es que los profesores con mayor antigüedad tienen prioridad para elegir colegio. Por tanto, podrían ser capaces de seleccionar los mejores centros dejando los colegios de mayores problemáticas para los maestros más noveles e inexpertos".

Ante esta situación, el autor planteaba si "los mejores profesionales no deberían impartir clase en aquellos centros más necesitados, precisamente, de docentes con calidad y valor añadido" considerando que la actual situación representa "otra falla del sistema que no centra el interés superior del menor sobre cualquier otro tipo de aspiración legítima". La verdad es que así, a bote pronto, uno se hace la pregunta y la respuesta inmediata es "¡pues claro!", "¿cómo no?". Aquellos centros con mayores dificultades deberían contar con los equipos profesionales mejor formados y preparados. Obvio. No obstante, puede que el planteamiento no sea tan sencillo. Y no me refiero sólo a definir quiénes son los mejores profesionales, cuestión que de por sí sola se las trae. ¿Cómo detectar a los mejores profesionales?, ¿Cómo hacer coincidir los centros más necesitados con los profesionales mejor preparados? Puede que no tener en cuenta las "aspiraciones legítimas" de buenos profesionales que están demostrando su valía resulte ser contraproducente, además de injusto. Así pues, ¿qué hacer con los mejores?

Vaya por delante que, en mi opinión, un simple cambio de cromos difícilmente pondrá fin a  las dinámicas negativas de determinados centros educativos. Poner el acento en la importancia del profesorado (que la tiene, sin duda) sin tener en cuenta los numerosos elementos que condicionan la práctica y el día a día de un centro educativo considero que no se ajusta a la realidad. Creo que para mejorar la situación de determinados centros debemos poner el foco de atención en la administración, no en el profesorado. Es la administración educativa de turno la que debe poner a disposición de las escuelas los recursos humanos, materiales y formativos necesarios para el correcto desarrollo de la práctica docente. Es la administración la que debe tomar medidas para evitar la creación de centros de segunda e incluso de tercera categorías, asegurando la igualdad de oportunidades del alumnado (y del profesorado) de toda la red educativa. Y uno tiene la sensación de que no se está haciendo todo lo posible en este sentido, todo lo contrario. En cualquier caso, considero que una política de recursos humanos seria no puede pasar por obligar a los mejores profesionales a ejercer su profesión en determinados centros precisamente por el hecho de ser los más aptos para el desempeño de su profesión. Al final, aquellos perfiles más profesionales y capacitados pueden sentirse "castigados" ya que, precisamente por su mejor valía, pueden perder derechos laborales que otros profesionales menos cualificados podrían mantener y disfrutar.

Con ello no renuncio a la movilidad estratégica del profesorado, pero nunca desde la imposición sino desde el incentivo. En nuestros claustros conviven excelentes profesionales implicados en mil y un tinglados, que dirigen proyectos didácticos innovadores y creativos y que suman al proyecto colectivo con una energía y esfuerzo encomiables, con otro perfil de profesorado mucho más acomodaticio e individualista. ¿Qué incentivos, a parte de la satisfacción personal, están recibiendo esos docentes que "sudan la camiseta" de su centro?, ¿Cómo valora la administración estas diferentes competencias profesionales? Perdón por llevarlo al terreno de lo económico (está feo hablar de dinero, lo sé) pero ¿cómo puede ser que uno y otro perfiles docentes acaben disfrutando de la misma nómina a final de mes cuando los resultados y la eficacia de su trabajo es tan dispar?

Incentivar, pues, puede ser una buena manera de motivar a ese profesorado a escoger centros y grupos más complicados, a asumir riesgos y a huir de la comodidad para afrontar nuevos y motivadores retos. ¿Cómo? Mejoras en el sueldo, permisos, beneficios sociales... creo que existen muchas maneras de poder motivar al profesorado y, sobre todo, de reconocer el excelente trabajo que muchísimos docentes desarrollan en sus centros a diario. ¿Qué hacer con los mejores? Pues eso, ¡cuidarlos mucho!

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miércoles, 29 de octubre de 2014

La casta educativa

La casta está de moda. En estos tiempos de crisis y de cambios socioeconómicos, la casta está en boca de todo el mundo. Entendida como un grupo de personas o grandes grupos empresariales que, de acuerdo a sus propios intereses y de espaldas al bien colectivo, manejan los hilos políticos y económicos del país, el concepto ha hecho fortuna desde un punto de vista político.

Aunque, bien mirado, casta hay en todos los ámbitos profesionales. En el fútbol, en los medios de comunicación o el mundo de la empresa, en general, no es infrecuente ver como unas pocas personas o instituciones ejercen un control casi absoluto sobre su campo profesional valiéndose de su posición de fuerza, de un contexto propicio o de las desigualdades existentes con otros agentes de su entorno. Partiendo de este punto de vista, ¿quién forma la casta en la educación? O, mejor dicho, ¿qué materias forman la "casta curricular" de nuestro sistema educativo?

Una cosa está clara: no es casta la educación musical, una de las principales víctimas de la nueva ley educativa. Tampoco parece que sea casta la educación visual y plástica ni, en general, las disciplinas artísticas, eternas olvidadas de los planes de estudios de la gran mayoría de nuestros centros.  Las ciencias sociales, antaño clase media-alta, parece que están perdiendo su "poder adquisitivo" y viéndose relegadas a jugar un papel secundario en la formación de nuestro alumnado.

Por contra, las áreas de ciencias y de lenguas, especialmente el inglés en los últimos tiempos, ocupan horas y horas lectivas en todas las etapas educativas. Lo del inglés con el auge de los proyectos de centro bilingües está siendo de escándalo. Uno tiene la sensación de que muchos centros educativos quieren "subirse a la ola" del bilingüismo y, quizá en algunas ocasiones de prisa y corriendo, han otorgado una presencia predominante a este ámbito curricular que se le está negando a las disciplinas artísticas en sus diversas manifestaciones: teatro, literatura o música, por poner algunos ejemplos.

Por otro lado está la casta de los profesores que mandan deberes. Una casta alimentada por algunos padres y docentes, supuestamente, para mejorar las competencias de nuestros hijos y alumnos. Si no mandas deberes no perteneces a esa casta de profesores exigentes que demanda nuestra sociedad hipercompetitiva. Fuera de la casta, algo desprestigiados, tildados como frikis o progres, están los profesores que prefieren exprimir el tiempo en el aula y que entienden que no son necesarias tareas repetitivas o simplemente memorísticas. Profesores que prefieren avanzar por otras áreas o materias fuera de la “casta curricular”.

También tenemos la casta de los que alumnos que buscan sólo aprobar. Una casta que el sistema ha perpetuado y acrecentado con el paso del tiempo. Un sistema educativo que sigue “haciendo casta” al priorizar el aprobado y los títulos sobre el placer de aprender. Aquello de “aprobar no es aprender” parece no haber calado lo suficiente entre unos docentes que no han sabido transformar el aprendizaje-enseñanza bulímico. Revolucionar la educación exige minimizar esta casta de los buscadores de aprobados.

Por último, se está conformando la casta de los docentes frikis y enredados que pululan por blogs y otras redes sociales, mayoritariamente en Twitter. Una casta en evolución permanente y que parece haber llegado para compartir y visibilizar su trabajo en el aula. Una casta que apuesta por una enseñanza a través de diferentes metodologías. Una casta a la que se accede por contagio del entusiasmo de sus miembros. Y tú, ¿de qué casta formas parte?

PD: El presente artículo ha sido "perpetrado" a cuatro manos con @oscarboluda, autor de eFePeando. La idea surge de una conversación tuitera sobre la situación de sumisión de una parte del currículum educativo. Nos animamos y nada... ¡habemus post! Para leer más posts de Oscar Boluda haz clic aquí (#recomiendo, #recomiendo).
 
@monparaiso@oscarboluda

jueves, 23 de octubre de 2014

Movilizando las aulas: algunas ideas

Hace algunas semanas asistí a una conferencia organizada por la Fundació Bofill sobre la incorporación de dispositivos móviles en el aprendizaje. La jornada se centró en la presentación de la propuesta del Mobile Learning de la UNESCO (ver presentación aquí) y la descripción de la situación del aprendizaje móvil en Cataluña (aquí). 

Realmente se trata de un tema apasionante. El aprendizaje móvil se está instalando en múltiples ámbitos de los centros educativos. No sólo permite el acceso a mil y un recursos didácticos sino que también potencia la comunicación entre personas e instituciones, permite la generación y difusión de contenidos propios o, incluso, facilita la gestión de las organizaciones educativas. En cualquier caso, parece evidente que el mlearning ha llegado para quedarse, por lo que resulta interesante analizar sus posibilidades y, sobretodo, los obstáculos y resistencias a los que deberá hacer frente para conseguir su plena consolidación y, en definitiva, la mejora de resultados a la que supuestamente debería ir asociado.

Los contenidos presentados por los participantes fueron, en líneas generales, muy interesantes pero, sobretodo, llamaron mi atención las reflexiones e inquietudes de los asistentes (presencial o virtualmente) al evento plasmadas mediante el hashtag #mlearningcat. Seguidamente reproduzco una pequeña serie de cuestiones referenciadas, aunque podéis ver un amplio resumen de la jornada clicando aquí.

Una primera cuestión de interés sería si el mlearning puede ser una herramienta interesante para favorecer el aprendizaje personalizado. Podría serlo, cierto. De hecho, la capacidad para favorecer la interacción y adaptarse a las múltiples realidades del alumnado mediante el uso de las tecnologías de la información y la comunicación parece ser una de las potencialidades más importantes del aprendizaje móvil. No es casualidad que este sea uno de los puntos fuertes destacados por la propuesta de la UNESCO. No obstante, es evidente que para ello será necesario hacer una adecuada inversión en formación y capacitación del profesorado para que éste pueda tutelar los procesos de aprendizaje individualizados y, como apuntaba algún asistente, generar conocimiento y, sobre todo, aprendizaje. 

Por otro lado, algunos participantes planteaban la duda de si el uso de dispositivos móviles en el aula permitirá la generación de nuevas dinámicas y metodologías de aprendizaje o si, por lo contrario, acabaremos haciendo lo mismo pero todo ello revestido con el traje molón que proporcionan las nuevas tecnologías. Así pues, muchos  destacamos la necesidad de no deslumbrarse con los soportes y poner especial atención en los contenidos y, sobretodo, en los procesos de trabajo para generar aprendizajes eficaces y significativos.

Otra cuestión interesante relacionada con esta nueva forma de aprendizaje es el tema de la identidad digital y la reputación on line. Ciertamente, no se trata de una cuestión menor. La competencia digital del alumnado debe hacer frente a este y otros aspectos en un contexto en el que, por desgracia, una parte importante del profesorado presenta notables déficits formativos. Cómo introducir al profesorado en esta nueva dinámica sin dejar de ser referentes debe ser otro de los retos del mlearning.

Por último, otro aspecto importantísimo es la cuestión del acceso a los dispositivos móviles por parte de los centros educativos y del alumnado. Algunos participantes apuntaban que su generalización puede ser una cuestión difícil para determinados centros con escasos recursos económicos.

En definitiva, un tema apasionante el que se nos viene encima con esto del aprendizaje móvil. No obstante, sin pretender ser  aguafiestas, me gustaría acabar con una reflexión de Jordi Martí (@xarxatic) al respecto del fenómeno mlearning. Y es que discutir sobre la aplicación de dispositivos móviles en el aula cuando la gran mayoría de normativas de centro prohiben su uso puede sonar un pelín ridículo. Pues eso, paso a paso...


    domingo, 19 de octubre de 2014

    El peso del currículum

    El currículum pesa. El académico, no el laboral. El segundo también pesa lo suyo, claro, más aún en los tiempos que corren, pero me refiero al primero, al educativo. Son muchas las veces que he oído a compañeros y amigos docentes quejarse por no poder cumplir con las exigencias curriculares. Incluso recuerdo que, como estudiante, muchos profesores nos despachaban algunos temas con cuatro fotocopias para leer en casa sólo con el objetivo de cubrir todo el temario definido por el currículum.

    Y es que la confusión es habitual. El currículum no es sólo el temario y, normalmente, el temario de una asignatura, se ponga uno como se ponga, no va a poder ser todo el que marca el currículum. Al menos hasta que no podamos insertar los contenidos en vena a nuestros alumnos.  Y tampoco es que haya necesidad, oiga. No obstante, con un punto de vista alternativo, quizás el currículum pueda ofrecernos otras vías de aproximación interesantes para ayudarnos a dinamizar el trabajo en el aula y a implicar al alumnado en el proceso general de enseñanza-aprendizaje.

    Hace algunos meses tuve la suerte de compartir una interesante jornada con varios formadores del campo de la educación permanente. Entre ellos,  recuerdo especialmente a dos miembros del equipo directivo de un centro de adultos de la Comunidad Valenciana. Excelentes profesionales con una vastísima experiencia en el campo de la formación y la educación. Hablando sobre el documento de marras, ambos exponían su sorpresa ante la obsesión casi compulsiva de parte del profesorado de su centro por cubrir cada punto del currículum. Ellos, por contra, abogaban por una aproximación mucho más flexible, adaptándolo a las necesidades y requerimientos del grupo en cuestión. La cosa sonaba bien.

    Últimamente he leído varios artículos al respecto que han confirmado esa visión del currículum como una herramienta flexible y útil para potenciar el aprendizaje en el aula. Así pues, el otro día descubría en Didàctium, el blog de Azahara Casas, una aproximación activa al currículo por parte del alumnado que llamó mucho mi atención. La idea es tan sencilla como repasar concienzudamente con el grupo el currículum de la materia en cuestión. Una vez analizado y debatido, es el propio alumnado quien elabora conjuntamente unas "preguntas-objetivo" que son las que determinarán el temario a tratar. Se acaba con la tiranía del libro de texto y, además, se crea una propuesta mucho más activa y sugerente basada en la investigación donde trabajar competencias y contenidos de una manera alternativa. Genial propuesta.

    Es una opción. Seguro que hay muchas otras. La sensación es que, quizá en demasiadas ocasiones, por inercia, improvisación, urgencia u otros motivos más o menos justificados, hemos dejado de lado el currículum depositando nuestra confianza en el libro de texto o en el material de turno como guía absoluta de nuestra práctica en el aula. De hecho, ¿cuánto hace que no le echamos un vistazo al documento que define nuestro trabajo? Con un poco de imaginación (y de cariño), una aproximación al currículum distinta puede y debe ofrecer, de hecho, resultados distintos y seguramente más atractivos para el alumnado. No obstante, tampoco se trata de hacer excesiva alabanza de un documento, el currículum, que seguro merece una revisión a fondo con vistas a su simplificación y aproximación a la práctica docente. Es cierto, el currículum pesa, pero quizá tampoco sea para tanto.

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    martes, 14 de octubre de 2014

    Selfies educativos

    Que levante la mano quien nunca se haya hecho un selfie. No hay más preguntas. Incluso los que normalmente huímos de las fotos como de la peste, en un momento o en otro hemos sentido la tentación de hacernos esa foto cutre y exhibicionista en el baño sacando morritos y con el rollo de papel higiénico apareciendo por allí al fondo. Otra cosa es que luego le demos visibilidad y la colguemos en nuestro muro del Facebook. Por ahí algunos no pasamos, claro. Bromas aparte, me refiero a que vivimos una época de exhibicionismo permanente donde gran parte de la sociedad muestra unas enormes ganas de presentarse (de mil y una maneras distintas) ante la opinión pública. No lo critico, que conste, simplemente lo constato.

    Hace unos meses leí un genial artículo de Oscar Boluda (@oscarboluda) titulado Profesor: ¡hazte visible! por favor donde el autor hacía un alegato en favor de dar visibilidad al trabajo desarrollado por el cuerpo docente. Totalmente de acuerdo. Si bien es cierto que cada vez tenemos más foros y espacios para compartir nuestro trabajo con otros colegas, no lo es menos que legiones de profesores creativos y que desarrollan un trabajo muy interesante viven todavía "dentro del armario". A veces por timidez, otras por autoexigencia o simplemente por desconocer los canales para compartir y comunicar su trabajo, gran parte del profesorado no comparte sus propuestas y proyectos no ya en el mundo 2.0 sino, en ocasiones, tampoco con sus propios compañeros de centro.

    En la era del selfie no puede ser que muchos docentes vivan su profesión "encerrados", sin compartir ni comunicar su trabajo. Sería ideal que como docentes nos "marcáramos" nuestros propios selfies educativos para divulgar y presentar nuestro trabajo e inquietudes profesionales tanto en el mundo 1.0 como en el 2.0. ¿Cómo? Aquí van algunas posibles vías para crear y/o potenciar nuestro particular "selfie educativo":
    • "Claustrear": compartir con nuestro entorno 1.0 el resultado de nuestros proyectos, las claves de la última formación que hemos hecho o nuestras sensaciones en el aula debe ser, en mi opinión, práctica común en el claustro. A veces tenemos a nuestro lado a gente que está desarrollando trabajos maravillosos y no les prestamos ningún tipo de atención. Aprovechemos esa experiencia y conocimientos para crecer como profesionales y dejemos que otros se enriquezcan también de nuestro trabajo.
    • Bloguear: crear un blog donde publicar nuestras experiencias, intereses, inquietudes o propuestas. Puede estar dedicado a temas de reflexión, como diario de clase, como blog de aula... Las opciones son infinitas. Al final se trata de tener espacios de comunicación y de ofrecer visibilidad a nuestro trabajo, a nuestra profesión y, sobretodo, al esfuerzo y trabajo de nuestro alumnado.
    • Tuitear: Twitter es una fuente de información y comunicación fácil, sencilla, práctica y apasionante. Una ventana abierta a mil y un proyectos de todo tipo. La pregunta es: ¿se puede enseñar sin Twitter?
    • Curar: lo de la "curación de contenidos" suena raro, cierto, pero es una estrategia fundamental para filtrar contenidos y acumular información de interés. Existen muchas páginas y dispositivos que nos permiten difundir y almacenar información. La gran mayoría son fáciles de usar y pueden cumplir con esta función.
    En fin, son muchas las opciones para visibilizar el trabajo desarrollado. Sólo hace falta echarle un poco de morro, ganas y romper esa dinámica matadora del "yo me lo guiso, yo me lo como". Así que nada, barriga dentro, morritos fuera y ¡dispara!

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    martes, 7 de octubre de 2014

    Planificación estratégica en educación: retos y oportunidades

    Quizá nunca se ha hablado tanto de educación como hoy en día. La publicación de estudios, análisis, y trabajos de investigación sobre temas educativos es ingente e inabarcable. Cada vez existen más medios de comunicación y plataformas dirigidas a la difusión de contenidos educativos, espacios creados por comunidades de aprendizaje y de trabajo colaborativo, grupos de edición de materiales, secciones en periódicos y programas de televisión y radio, seminarios, cursos y formaciones múltiples... En fin, la lista podría ser inacabable. ¿Qué significa esto? Pues, básicamente, que la educación y el debate educativo están en el candelero, que tienen un público interesado por lo que ocurre en esos espacios cerrados por muros y vallas llamados escuelas.

    Ese interés de la opinión pública se traduce en exigencia, claro. De hecho, puede que nunca se haya sido tan exigente con la escuela como en la actualidad. Uno tiene la sensación que sobre la escuela recaen toda una serie de responsabilidades excesivas, pero eso ya es otro tema. La cuestión es que, por un motivo o por otro, la escuela está obligada, cada vez más, a rendir cuentas ante la comunidad, mostrarse transparente, ofrecer buenos resultados académicos y, en definitiva, atender múltiples nuevas necesidades y requerimientos.

    Es en este contexto de exigencia constante y creciente en el ámbito educativo donde la planificación estratégica se muestra como un recurso interesante dirigido a dotar de sentido y coherencia a la actividad y, sobretodo, a la evolución de los centros escolares. La planificación estratégica requiere, no obstante, de notables esfuerzos por parte de la comunidad educativa. Con mayores niveles de autonomía en la gestión, corresponsabilidad y compromiso de los centros y de la comunidad educativa, los resultados finales de programas enmarcados en planes estratégicos  pueden ofrecer importantes avances y mejoras.

    El plan estratégico no es otra cosa que un plan que sistematiza los objetivos a medio plazo de un centro educativo. Se trata de un documento que muestra las estrategias y caminos previstos para su cumplimiento y describe detalladamente los sistemas de evaluación correspondientes. Así pues, el plan estratégico representa una herramienta de gestión muy eficaz y útil para trabajar con perspectiva de futuro. En este sentido, es importante no dejarse llevar por la vorágine del día a día y reservar espacios y recursos para la reflexión sobre la evolución del centro. Para ello es vital, también, la recogida y procesamiento constante de información sobre la situación actual. Saber en qué punto estamos nos permite contextualizar el punto de partida a partir del cual fijar los objetivos y estrategias a medio plazo.

    En la elaboración del plan estratégico resulta fundamental una reflexión previa y un grado de acuerdo y consenso considerable entre los miembros de la comunidad educativa sobre los planteamientos institucionales del centro. Acordar qué valores rigen la escuela, cuál es su principal razón de ser y hacia dónde quiere caminar es un paso importantísimo hacia la creación de un plan eficaz, prágmatico y ejecutable. Una vez definido quiénes somos y hacia dónde vamos debemos establecer qué queremos hacer y cómo hacerlo. Es el momento de dibujar nuestro mapa estratégico, donde se establecen los objetivos principales de nuestro plan y las estrategias y recursos que destinaremos para conseguirlos. El plan estratégico se desarrolla a medio plazo (4-5 años) por lo que deberá desgranarse en programas anuales que permitan su aplicación progresiva.

    Parece obvia, también, la necesidad de establecer indicadores y mecanismos de evaluación del plan durante su implementación para, en caso que fuera necesario, proceder a su rectificación y revisión. Para mejorar y reconducir el plan necesitamos saber dónde estamos en cada momento y los resultados que están ofreciendo nuestras actuaciones. Será clave, pues, fijar indicadores en momentos clave de la aplicación del plan para poder afrontar la toma de decisiones con garantías de éxito.

    Por último, hay que destacar la importancia de la participación y la complicidad de la comunidad educativa, especialmente del profesorado y de los profesionales que protagonizan su aplicación. Puede parecer una obviedad pero si los encargados de su ejecución no conocen ni comparten los principios y estrategias presentes en el plan su aplicación, no cabe duda, está abocada al fracaso. Así pues, hay que analizar el clima de centro con especial atención y buscar los mecanismos necesarios para crear un grupo de trabajo fuerte y comprometido con el diseño y la aplicación del plan.

    Son muchas las escuelas que trabajan a partir de la planificación estratégica. No obstante, muchas otras se mueven en los terrenos resbaladizos de la inestabilidad, la improvisación y el sálvese quién pueda. Cabe señalar que el propio sistema no ofrece, en muchas ocasiones, las condiciones adecuadas para su generalización. Una formación insuficiente de los cuadros directivos y profesionales, la proliferación de plantillas menguantes e inestables y una excesiva burocratización administrativa son tres de los grandes enemigos de la planificación estratégica. La creación de un grupo promotor estable y cohesionado puede abrir brecha y permitir coger los primásticos para echar un vistazo al futuro. Porque, aunque a veces parezca lo contrario, hay vida más allá del marrón de turno.

    PD: Para más información sobre planificación estratégica podéis consultar la "Guia per elaborar i aplicar un pla estratègic" elaborada por el Departament d'Educació de la generalitat de Catalunya.

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    jueves, 2 de octubre de 2014

    El aula interminable

    Las aulas de mi centro son lugares bastantes mejorables, la verdad sea dicha. No es que sean espacios demasiado incómodos o lúgubres, todo lo contrario: tenemos luz natural, están bien ventiladas y, aunque de dimensiones no vamos sobrados, cumplen con los estándares y la normativa de espacios y usos establecida por la administración de turno. Mesas y sillas en la proporción exacta ajustada al alumnado (y al profesorado), un par de armarios cerrados a cal y canto, una pizarra vileda y la correspondiente conexión wifi, más o menos estable, constituyen el vestido fundamental de nuestras aulas. De hecho, incluso este verano la brigada municipal les ha dado una ligera mano de pintura, así que podríamos decir que, desde un punto de vista tradicional, las tenemos impolutas.

    Entonces, ¿cómo podríamos mejorarlas? Leía el otro día el interesante artículo de José Blas García ¿Podría existir una escuela sin muros? y recordaba la experiencia que desarrollamos en mi centro el año pasado. Fue un pequeño experimento, claramente mejorable en muchos aspectos, pero que creo que supuso un gran cambio en la concepción del espacio escolar no sólo por parte del alumnado sino del propio profesorado. Convertimos el aula de un módulo opcional de la ESO para adultos en un espacio de visita de varios profesionales de nuestro entorno, en un sencillo laboratorio de trabajo con tecnologías de la información y la comunicación y, quizá lo más importante, como punto de encuentro para visitar varios equipamientos culturales de la comarca. Así pues, un espacio limitado y limitador como el descrito más arriba fue transformado en un centro generador de ilusión o (vale, quizá me he pasado), como mínimo, algo más motivador en relación al aprendizaje. 

    Parece evidente que debemos trabajar en repensar y modificar el espacio físico de nuestras aulas. Seguramente debemos crear espacios más versátiles y multifuncionales que los ofrecidos por las aulas tradicionales, usar mobiliario más ligero y polifuncional y adaptar y acondicionar los espacios para el uso y aprovechamiento de las nuevas tecnologías. Todo esto son mejoras que, sin duda, deben acometerse y que, según me consta, en muchos centros de nueva creación ya se están teniendo en cuenta. No obstante, en mi opinión, el verdadero cambio está en la propia concepción del aula como espacio abierto al entorno. Para entendernos, mi aula no se acaba en las paredes que la encierran, ni en los muros del centro. De hecho, con un poco de imaginación, de ganas y de apoyo del centro creo que puede convertirse en un espacio interminable.

    No creo que haya un centro educativo en el mundo que no tenga un entorno del cual enriquecerse. Incluso en las condiciones más desfavorables el entorno, la comunidad, puede ofrecer interesantes opciones para complementar y enriquecer el trabajo en el aula (o fuera de ella). A mí, personalmente, me cuesta bien poco salir del aula con mis alumnos. A veces para visitar tal o cual equipamiento cultural. Otras, simplemente, para hacer un trabajo o una dinámica en el parque vecino. Al final se trata de socializar nuestro trabajo y de abrir espacios para comunicar escuela y entorno. ¿O vamos a quedarnos encerrados en 40 metros cuadrados durante 9 meses? Asomarse al balcón y echar un vistazo seguro que acaba resultando una buena idea.

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    sábado, 27 de septiembre de 2014

    Separados y desiguales

    Está pasando en Estados Unidos, pero quizá la situación en nuestro país no es tan distinta como pudiera parecer. Me explico. El pasado domingo disfruté del interesante espacio que "30 minuts", un clásico de la televisión catalana, dedicó al documental "Separados y desiguales", producción elaborada por Frank Koughan y Mary Robertson para el programa Frontline de la cadena norteamericana PBS. La cuestión racial se ha vuelto a poner en el centro del debate público en los Estados Unidos. El asesinato de un joven de raza negra a manos de la policía en la ciudad de Ferguson durante el pasado mes de agosto generó un estallido de violencia que ha vuelto a ubicar la cuestión racial en el ojo del huracán. En este contexto de confrontación parecería lógico considerar la escuela como instrumento clave en la redirección de estas problemáticas sociales y en la generación de espacios de integración entre las diversas comunidades.

    Pues no. O al menos no desde la perspectiva que uno podría imaginar de un país que declaró ilegales la escuelas segregadas hace más de 60 años. Todo el trabajo desarrollado a lo largo de las últimas décadas basado en la integración y en la coexistencia de las diversas comunidades dentro del ámbito educativo puede saltar por los aires ante iniciativas segregadoras mostradas en "Separados y desiguales" y que se están desarrollando en muchas ciudades estadounidenses. 

    Es el caso de Baton Rouge, en el estado de Louisiana. Un movimiento organizado por grupos de padres de clase media y media-alta, mayoritariamente de raza blanca, intentan segregar los barrios donde residen para convertirlos en nuevas ciudades y así disponer de un sistema educativo hecho a medida. El argumento utilizado es la necesidad de evitar los largos desplazamientos de sus hijos para acudir a las escuelas integradas y multiraciales. Por otra parte, muchos de los estudiantes de estos nuevos distritos educativos, ciudadanos de barrios desfavorecidos, serían expulsados y obligados a cambiar de centro educativo. Así pues, el debate de la mala calidad de las escuelas públicas sirve de excusa para generar esta serie de reivindicaciones que, en caso de prosperar, puede crear distritos educativos diferenciados en función de criterios socioeconómicos y raciales, nunca educativos.

    La pregunta es, ¿hasta qué punto no estamos viviendo un proceso similar en nuestro país? La creación del distrito único, el sistema concertado de educación, la competencia creciente entre centros de una misma ciudad por atraer el mayor número de alumnado posible o la concentración de los hijos de familias con rentas bajas y mayor inmigración en determinados centros son sólo algunas tendencias presentes en nuestra realidad educativa. Quizás es que, simplemente, Baton Rouge y Lousiana no están, ni mucho menos, tan lejos como pudiéramos pensar en un principio. Os dejo con el documental (aquí)... ¿Qué os parece?

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    miércoles, 24 de septiembre de 2014

    No es país para universitarios


    Ni para graduados superiores. Al menos eso parece una vez leídas las conclusiones del informe Panorama de la educación 2014 elaborado por la OCDE. Comparadas las cifras de desempleo de España con las del resto de los países miembros, puede apreciarse que en los niveles superiores de formación el desempleo español es casi tres veces superior a la media de la OCDE. Este hecho demuestra que en España la formación protege menos frente al desempleo que en los países de nuestro entorno. Tampoco es que hubiera que ser un lince para llegar a esta conclusión. La sangría de exiliados universitarios que ha abandonado el país desde el inicio de la crisis ya ofrecía pistas en este sentido. Es cierto que, también en España, los titulados superiores presentan tasas de paro más reducidas que la población menos formada. No obstante, la falta de oportunidades, un mercado laboral raquítico y una sensación de abandono por parte de las instituciones públicas han llevado a decenas de miles de jóvenes a hacer las maletas y poner su talento al servicio de mercados laborales (y sociedades, quizá) más maduros y preparados.

    Por si todo esto fuera poco, el incremento de las tasas universitarias y la reducción de becas no ofrecen un panorama demasiado prometedor para el mundo universitario. De hecho, en los dos últimos cursos el número de matriculados en las universidades españolas ha descendido en 45.000 alumnos. Paralelamente, la formación profesional, generalmente más identificada y vinculada al mercado laboral, ha absorbido una creciente demanda de plazas a lo largo de los últimos años. No obstante, unos y otros, universitarios y técnicos superiores, deben hacer frente a una realidad socioeconómica muy complicada definida por la destrucción de puestos de trabajo de los últimos años y por la precarización generalizada de las condiciones laborales.

    ¿Cómo hacer frente a la actual situación desde la universidad y, en general, desde las instituciones educativas? Creo que puede ser muy peligroso plegarse a los planteamientos economicistas dictados desde determinadas instituciones. Es cierto que hay que acercar el mundo de la formación al mercado laboral para generar experiencias profesionalizadoras que faciliten el tránsito de los estudiantes al mundo del trabajo. Existen, de hecho, numerosas experiencias en este sentido tanto en el ámbito de la formación profesional como en el mundo universitario. Es cierto, también, que hay que reformular determinados planteamientos y metodologías, en muchos casos anacrónicas, todavía presentes en todas las etapas educativas. Hay mucho trabajo por hacer en la esfera educativa. Pero todo ello quedará en nada si no se afronta el que quizá sea verdadero reto de este país: crear un mercado de trabajo versátil y diversificado que absorba en condiciones de justicia social al conjunto de los trabajadores.

    En definitiva, hay que destacar la necesidad de situar la educación en el centro del Estado del bienestar, no por sus implicaciones económicas, sino por su capacidad para generar ciudadanos críticos, bien preparados e implicados con las problemáticas de su entorno. Más allá de los resultados publicados por la OCDE, la prioridad es evitar la consolidación de una generación perdida que se verá abocada a huir y a permanecer en el extranjero o a asumir puestos de trabajo muy por debajo de los conocimientos adquiridos durante su itinerario formativo.  Sin duda que el esfuerzo merecerá la pena.

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    jueves, 18 de septiembre de 2014

    A vueltas con los sueldos en educación...

    Es recurrente. Se trata de una noticia que cada ciertos meses suele aparecer en un medio o en otro y que, dependiendo del momento, levanta más o menos polvareda. Hace meses fue la propia secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, la que atizaba al profesorado por llevarse gran parte del presupuesto del ministerio en concepto de sueldos. Ahora es Dirk Van Damme, responsable del informe Panorama de la Educación elaborado por la OCDE, quien señala que los altos salarios de los profesores dejan poco margen para "otras iniciativas" e infraestructuras. El gasto del coste del profesorado se calcula teniendo en cuenta el sueldo docente, el número de años de escolarización y la ratio de alumnos por aula y parece que, en todos esos aspectos, España mejora las medias de los países de la OCDE.

    Así pues, la conclusión es sencilla: los elevados sueldos del profesorado son un obstáculo para la mejora del sistema. Claro, hay demasiados profesores con sueldos muy elevados, lo cual elimina recursos para toda una serie de innovadoras iniciativas y propuestas  que no pueden implementarse a causa de los altos salarios de los profesionales docentes. No se trata de ponerse en plan demagogo. Es obvio e innegable que una gran parte del presupuesto del ministerio de educación se va en pagar los sueldos de las personas que desarrollan su actividad en el ámbito educativo. Y resulta que la mayoría son profesores. Supongo que será igual si hablamos de seguridad, de becas deportivas o de cualquier otra actividad: el gasto en personal siempre suele ser el más elevado de los contemplados por el presupuesto de turno.

    El debate de los sueldos del profesorado debe afrontarse, es cierto. Pero vincular la mejora de resultados de nuestro sistema educativo a una reducción de los salarios docentes suena reduccionista e interesado. Por contra, sí parece necesario analizar la posibilidad de establecer una escala salarial que acabe con los sueldos planos durante toda la carrera profesional y que genere incentivos al profesorado para la mejora constante. Este es un debate por abrir, mientras que afirmar que los salarios del profesorado no dejan margen a la mejora es, siendo benévolos, una simplicidad interesada. 

    Pero hay más debates y vías de actuación posibles para la mejora de resultados: leyes educativas frágiles y cambiantes, planes de formación y capacitación docente insuficientes, currículums académicos alejados de la realidad, estructuras organizativas y administrativas carentes de sentido... Afrontar estas líneas de trabajo con la voluntad de reorganizar nuestro sistema educativo puede ser de gran interés en la mejora de resultados. Por contra, focalizar la problemática educativa en los sueldos del profesorado sólo puede contribuir a generar crispación y a deteriorar, más si cabe, la figura del profesorado. Y, aunque desde determinadas esferas no se lo crean, este es un hecho que ni nuestra sociedad ni nuestro sistema educativo se pueden permitir. 


    domingo, 14 de septiembre de 2014

    Nuevo curso en los centros de adultos

    En breve comienza el nuevo curso escolar en los centros de adultos. Igual que en el resto de etapas educativas, la nueva temporada se presenta llena de ilusiones y proyectos, a la par que de incertezas y dudas. Creo que puede ser interesante iniciar el curso marcando algunos retos y desafíos como centro que permitan que nuestro alumnado, me atrevo a decir que el más heterogéneo de cualquier etapa educativa, pueda progresar y conseguir sus objetivos de manera satisfactoria.

    Flexibilidad. Los centros de adultos albergan perfiles muy diversos y diferenciados. En la gran mayoría de casos (excluyendo quizá los perfiles más jóvenes) la actividad de nuestro alumnado en el centro es un ejercicio de malabarismo en sus agendas diarias. Muchos de ellos deben sacar tiempo de donde no lo hay para poder reemprender su formación. El trabajo (o en su ausencia, la búsqueda de empleo) y la atención a las familias son las principales actividades a las cuales nuestros alumnos arañan el tiempo posible para progresar en sus estudios. Así pues, desde los centros de adultos debemos estar atentos a estas necesidades y tratar de flexibilizar nuestros planes de estudios para permitir este progreso y aprovechamiento.

    Formación. En muchos casos los profesionales que desarrollamos nuestra actividad en los centros de adultos no hemos recibido una formación específica para trabajar con alumnado adulto. Es importante permanecer en constante reciclaje y establecer planes de formación específicos para mejorar nuestra atención a los usuarios de los centros de adultos.

    Fracaso escolar. Las cifras de fracaso escolar se mantienen altísimas y gran parte del alumnado derivado del abandono escolar vuelve a las aulas mediante los centros de adultos. Debemos estar muy atentos a las necesidades de estos perfiles y procurar no repetir los mismos errores cometidos en etapas anteriores. Cabe establecer una atención muy individualizada y flexible y generar dinámicas muy participativas alejadas de los roles tradicionales en el aula y en el centro. Dotar al alumnado de un rol activo en los procesos de enseñanza-aprendizaje puede ser una estrategia interesante para empoderarlo y convertirlo en protagonista de su trabajo en las aulas.

    Educación y atención emocional. La multiplicidad de situaciones personales del alumnado genera multiplicidad de estados emocionales que hay que gestionar de manera adecuada. Una de los grandes luchas en la formación de adultos es la batalla contra el absentismo y el abandono. Una buena atención emocional, mostrando comprensión y entendimiento por parte del profesorado y del centro ante las distintas situaciones que pudieran producirse, puede ser fundamental para promover la confianza necesaria por parte del alumnado en su trabajo y en la importancia de finalizar su formación.

    Visibilidad. Muchas veces, desde los centros de adultos tenemos la sensación de ser invisibles ante la administración y ante otros agentes de la comunidad educativa y la sociedad, en general. Así pues, uno de nuestros principales retos debe ser dar visibilidad al trabajo desarrollado en nuestros centros. Para ello debemos hacer un esfuerzo en comunicar nuestro trabajo, nuestros resultados, nuestras problemáticas... En definitiva, darle a los centros de adultos la importancia que por su trabajo académico y social merecen sin lugar a dudas.

    En fin, aferrémosnos al timón y, sin más... ¡Empezamos!

    Para más artículos sobre formación de adultos:

    viernes, 12 de septiembre de 2014

    Colaborando con INED 21

    Desde este mes inicio una serie de colaboraciones con INED 21, magazine digital especializado en educación y aprendizaje. Es un placer y un orgullo poder colaborar con una plataforma que ofrece contenidos tan interesantes y útiles en el ámbito de la reflexión y la innovación educativas. Aprovecharemos, pues, para aprender mucho de la experiencia y para contribuir, en la medida de lo posible, a generar y enriquecer el debate y el análisis sobre educación y aprendizaje. 

    He creado una página en este blog donde agruparé todas mis publicaciones en INED 21, las cuales, por otra parte, seguirán versando sobre los temas de actualidad educativa que llamen mi atención. Así pues, seguimos trabajando como siempre pero sumando más contactos y más gente al proyecto. 

    ¡Un lujazo!


    sábado, 6 de septiembre de 2014

    Educación y economía: de Adam Smith a Wert

    Mucho se ha escrito sobre los orígenes de nuestro sistema educativo. La eclosión de la revolución industrial y la necesidad de un creciente volumen de mano de obra debidamente preparada y formada propició el nacimiento y la consolidación de los centros educativos tal y como los entendemos en la actualidad. No resulta extraño, pues, que algunos clásicos del capitalismo, entre ellos Adam Smith, relacionaran estrechamente la educación con el incremento de la productividad. Se establecía, pues, una vinculación directa entre dos ámbitos antaño diferenciados; vinculación que, en adelante, será una constante de nuestros sistemas educativos hasta filtrarse de manera estructural en su ADN.

    Los nuevos cambios socioeconómicos y culturales vividos en el mundo occidental a lo largo de las últimas décadas han provocado alteraciones importantes del mundo educativo aunque, eso sí, sin ser capaces de modificar o alterar esta  estrecha relación entre economía y educación. La especialización laboral y las nuevas necesidades del mercado han propiciado una profunda reflexión sobre cómo enfocar la educación, aunque mucho me temo que no desde un punto de vista crítico para con las condiciones que el propio mercado impone.

    En este contexto la Unión Europea inicia una serie de reformas, cada país con su ritmo y especificidad propia, para convertir y consolidar a la vieja Europa en una de las sociedades más competitivas del mundo. Así pues, tal y como señala Ángel Santamaría "las reformas llevadas a cabo tienen como objetivos la calidad, la eficacia, la empleabilidad y la puesta en valor de la relación entre la educación y el desarrollo económico y la competitividad"(1). Es decir, reformas con una clara y evidente orientación economicista.

    Y es en éstas donde se impone la LOMCE del ministro Wert. La nueva ley aclara en su preámbulo, en la línea de lo comentado anteriormente, cuáles van a ser sus grandes objetivos: "Los principales objetivos que persigue la reforma son reducir la tasa de abandono temprano de la educación, mejorar los resultados educativos de acuerdo con criterios internacionales, tanto en la tasa comparativa de alumnos y alumnas excelentes, como en la de titulados en Educación Secundaria Obligatoria, mejorar la empleabilidad, y estimular el espíritu emprendedor de los estudiantes".

    No se trata de negar la importancia estratégica y económica del sector de la educación. Hacerlo sería de ilusos. Prácticamente todos los países del mundo gastan un dineral en educación y, además, el sector es uno de los grandes empleadores de mano de obra. No obstante, es precisamente esa estrecha relación comentada anteriormente entre economía y educación la que está poniendo en jaque a una concepción educativa más humanística, ética e integradora. 

    Así pues, la situación de crisis actual proporciona una doble coartada a los gobiernos de turno. Por un lado, les permite justificar recortes, reducción de servicios sociales y contención del gasto, en general. Por el otro, se crea un contexto propicio para focalizar el debate educativo en términos puramente economicistas, obviando toda una serie de elementos fundamentales en la formación de las personas como ciudadanos críticos y autónomos. 

    Trabajo tenemos para dotar de contenido social y crítico a esos nuevos conceptos económicos que proliferan en la nueva jerga educativa y que, mal usados, pueden llevarnos a hacernos olvidar de quien es la principal responsabilidad de la situación actual. Así que al tanto con las competencias financieras, la ocupabilidad, la emprendeduría y demás palabros economicistas. Démosles un sentido social o atengámosnos a las consecuencias...

    Quizás también te interese:

    (1) Santamaría, A. (2013) Heducación se escribe sin h, Ed. Debate.




    lunes, 1 de septiembre de 2014

    7 desafíos para el nuevo curso

    Empezamos el nuevo curso y, como cada 1 de septiembre y cada 1 de enero, llegan los  propósitos de enmienda. No hablo de ir al gimnasio o de ponerme las pilas con el inglés, que esas batallas están más o menos ganadas desde hace tiempo, sino de todas aquellas iniciativas, propuestas o nuevos planteamientos que quiero aplicar a mi práctica docente en el aula y, por extensión, al trabajo en  mi centro. Así pues, aquí van los que a partir de hoy van a ser mis principales desafíos durante el presente curso escolar.

    Perseverar en la socialización del trabajo en el aula. El año pasado inicié un proceso de socialización de nuestro trabajo en el aula con el alumnado que ofreció resultados muy interesantes. No se trata solo de abrir las puertas del aula para aprovechar los recursos del entorno, sino de facilitar el trabajo colaborativo entre el alumnado y el propio profesorado. La idea es continuar con esta estrategia de socialización y potenciarla en la medida de lo posible.

    Contribuir a que nadie se quede atrás. Debe ser una de nuestras obsesiones: el progreso de todo el alumnado. Esto está íntimamente relacionado con el aprendizaje personalizado. La idea es evitar establecer unas metas comunes para todo el alumnado para, por contra, atender diferentes ritmos, intereses y capacidades. Para ello abrá que trabajar en equipo, estar bien coordinados y atentos a la evolución de unos y otros. 

    Desburocratizarme el máximo posible. Me agota el trabajo burocrático, me desespera. Pienso reducirlo el máximo posible para poder dedicarme con mayor atención a lo que pasa en el aula (y en el centro, por supuesto). Así pues, "boicot" a la burocracia.

    Perseverar en modelos de evaluación alternativa. La idea es potenciar mecanismos de evaluación alternativos al examen tradicional al final de cada unidad. Ya el año pasado usé algunos modelos (pruebas colectivas, evaluación entre pares, por rúbricas...) que funcionaron bastante bien, eso sí, basados más en la intuición que en un análisis serio del asunto. La idea es, pues, ofrecer modelos más trabajados, eficaces y adaptados a las necesidades del alumnado.

    Generar espacios de trabajo y encuentro colectivos. Trabajar más con mis compañeros y para mis compañeros. No es fácil pero, por suerte, somos un centro pequeño (minúsculo, casi) y creo que podemos colaborar más y mejor para ofrecer una atención más eficiente al alumnado.

    Atender mejor el aspecto emocional del alumnado. Desde mi analfabetismo emocional, intentaré también dar los primeros pasos en este ámbito para mejorar también mi trabajo y atender mejor un aspecto tan importante para el desarrollo académico, social y personal del alumnado.

    En definitiva, como podéis ver, altas expectativas para este curso académico. Éste es, de hecho, el último gran desafío: apuntar alto y ser exigente con el propio trabajo y con el alumnado para, desde la exigencia, mejorar nuestra práctica y favorecer un aprendizaje más completo e interesante. En fin, empezamos...


    jueves, 28 de agosto de 2014

    La utilidad de lo inútil

    Ordine, N. (2013) La utilidad de lo inútil, Alcantilado, Quaderns Crema.

    Cuántas veces hemos escuchado la pregunta del millón: "Profe, ¿esto para qué sirve?". Creo que debemos reconocer que realizada así, a bote pronto, a veces resulta difícil ofrecer una respuesta, al menos convincente, a aquel alumno que (normalmente) está hasta las narices del tema que se esté trabajando. ¿Para qué sirve el latín?, ¿para qué sirve estudiar la revolución francesa?, ¿qué provecho sacamos en resolver una ecuación de segundo grado?

    Para responder a esta y a otras cuestiones similares puede sernos "útil" (perdón por el chiste fácil) la lectura de La utilidad de lo inútil, de Nuccio Ordine. En ella, el profesor italiano aborda la idea de utilidad de todos aquellos saberes alejados según la filosofía imperante de cualquier finalidad utilitaria. Valiéndose de innumerables ejemplos de la literatura y de la ciencia universales, Ordine destaca el valor de aquellas disciplinas que nos "ayudan a hacernos mejores" superando el concepto de utilidad definido por una sociedad organizada en torno a la lógica del beneficio. Es decir, desligando el concepto de utilidad de la capacidad de producir ganancias inmediatas.

    En la primera parte de la obra se recogen toda una serie de ejemplos sobre la "útil inutilidad" de la literatura dando voz a los textos de grandes autores de la literatura universal. Gabriel García Márquez, Tomás Moro, Dante o Petrarca son algunos de los autores que reflexionan sobre el concepto de lo útil y su impacto sobre las gentes. 

    El segundo bloque, para mí el más interesante, reflexiona sobre el planteamiento utilitarista que rige el funcionamiento de las instituciones culturales y educativas. Conceptos como estudiantes-clientes, universidad-empresa y profesores-burócratas resultan fundamentales para comprender los mecanismos y rudimentos del actual sistema educativo. 

    Por último, Ordine da voz a los clásicos para destacar la importancia de los considerados "saberes inútiles" en la configuración de la dignidad humana. Así pues, Hipócrates, Séneca, Demócrito o Montaigne se constituyen en auténticos defensores de la búsqueda del conocimiento y de la verdad por encima del poder y el simple utilitarismo, cosa que en los tiempos que corren siempre va bien recuperar.
     
    Os dejo con la proclama realizada por Víctor Hugo en la Asamblea Contituyente en 1848 ante la propuestas de los ministros franceses de recortar la financiación de la cultura. No se me ocurre un alegato mejor en favor de lo "inútil" en estos tiempos de recortes perennes:

    "Habría que multiplicar las escuelas, las cátedras, las bibliotecas, los museos, los teatros, las librerías. Habría que multiplicar las casas de estudio para los niños, las salas de lectura para los hombres, todos los refugios donde se medita, donde se instruye, donde uno aprende alguna cosa, donde uno se hace mejor; [...] Han caído ustedes en un error deplorable; han pensado que se ahorrarían dinero, pero lo que se ahorran es gloria".

    Pues eso.

    Para consultar más edulecturas recomendadas clica aquí.

    jueves, 7 de agosto de 2014

    Out of the office

    Ahora sí, ya tocaba. Nos vamos de vacaciones unos días o unas semanas, ya veremos... Disfrutad del verano y cargad las pilas, que en septiembre estamos "de vuelta". ¡Un saludo!



    miércoles, 6 de agosto de 2014

    La pretemporada escolar

    Desde niño me ha llamado mucho la atención la pretemporada de los equipos de futbol. Recuerdo que los noticiarios y diarios deportivos explicaban con detalle las palizas a las que el nuevo entrenador de turno sometía a sus jugadores. Otros, en cambio, optaban por un mayor trabajo táctico, potenciando la interiorización de tal o cual sistema por parte de la plantilla. Es decir, los perfiles de unos y otros preparadores podían ser muy diferentes, pero la pretemporada establecía un criterio común para todos y cada uno de ellos: el sudor y el trabajo era innegociables. Parece lógico, pues, que el jugador que llegaba un poco pasado de peso o sin echar una carrera desde el fin del curso anterior lo pasaba mal, muy mal.

    Pero no sólo el trabajo físico es importante en pretemporada. Con mayor o menor carga de trabajo, las semanas previas al inicio del curso son un momento crucial para la preparación del nuevo año. Todo vuelve a empezar: caras nuevas, nuevos métodos de trabajo, nuevos retos e ilusiones... Los equipos que hicieron buen año y que mantienen el bloque tienen muchos números de que la cosa funcione, aunque no siempre es así y cualquier conjunto remozado de arriba a abajo puede dar la sorpresa y colarse entre los primeros puestos. En definitiva, se trata de un momento clave para asentar las bases del futuro curso.

    Pues en las escuelas, lo mismo. Por un lado, está el jugador-docente que se presenta el 1 de septiembre al centro con sus deberes de pretemporada hechos: programaciones revisadas, materiales al día, proyectos e ideas frescos e ilusionantes, lecturas de interés... Incluso puede haber caído algún curso de formación y todo... Mientras que, por otro, está el que llega como llegaba Romario a cada una de sus pretemporadas como jugador (¡)profesional(!), es decir, de cualquier manera: con su libro de texto bajo el brazo, sin revisar  programaciones ni materiales, con la obsesión de su horario personal y sin ninguna voluntad de comprender y de trabajar para los objetivos del club, en este caso la escuela.

    Tenemos la suerte de tener un verano largo donde podemos encontrar tiempo para todo: descanso, análisis de nuestro trabajo el año anterior, reflexión sobre los programas y cursos del futuro, propuestas novedosas, lecturas, ocio... Al final, todo redundará en nuestro beneficio ya que estaremos mucho más preparados para afrontar el largo curso que se nos viene encima y así poder ofrecer un mejor rendimiento ante nuestra particular hinchada -el alumnado- que, como en los grandes clubes, es cada vez más y más exigente.

    En fin, ¡buena pretemporada!

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    lunes, 4 de agosto de 2014

    Las competencias y el derecho a una educación permanente

    Mayo, P. (2014) Las competencias y el derecho a una educación permanente. Elementos para un discurso crítico alternativo, Universidad de Malta. Comunicación presentada en el marco del Laborati d'iniciatives ciutadanes Ettore Gelpi convocado por la Universidad de Barcelona.

    En esta breve comunicación el profesor Mayo plantea interesantes reflexiones acerca del concepto de competencias en la educación permanente y, por extensión, en el resto de etapas de nuestro sistema educativo. Ante el nuevo discurso simplificador del sistema que divide a los seres humanos en dos grandes categorías, productores y consumidores, Mayo reivindica el concepto humanista de la educación y sitúa a la alfabetización crítica en el eje de la actividad educativa.

    En un contexto en el que todo se reduce a la "empleabilidad" parece lógico que se potencien aquellas competencias que, en teoría, deberían capacitar a los individuos a ser más solicitados en el mercado laboral, más comercializables.  Esto implica que, en parte, "la educación deje de ser considerada un bien público para pasar a ser un producto de consumo", señala Mayo. Existe, además, otro pero: empleabilidad no es sinónimo de empleo, así que puede producirse una culpabilización de las víctimas al presentarse la crisis como una carencia de aquellos individuos que no están dotados de las habilidades que requiere la economía.

    Es en este contexto donde cabe reforzar la alfabetización crítica y, en definitiva, las competencias sociales en los procesos de enseñanza-aprendizaje de la educación permanente. Estas competencias incluyen la habilidad de movilizar a las personas en torno a asuntos públicos, de desarrollar habilidades organizativas y de ejercer derechos que, de lo contrario, serían desconocidos para las personas implicadas.

    En definitiva, según Mayo se trata de repensar y de potenciar el componente social de los centros de educación permanente para proporcionar no sólo conocimientos teóricos y/o profesionalizadores, sino también herramientas de comprensión, análisis e interacción con nuestra realidad económica, política y social. No podría estar más de acuerdo. Y tú, ¿qué opinas?





    viernes, 1 de agosto de 2014

    Sobre rehenes, apóstoles, mercenarios y terroristas docentes...


    Hace unos días asistí a una charla de Félix Mayo sobre habilidades directivas para liderar y gestionar el cambio. De hecho, más que una charla fue una dinámica dirigida a descubrir las principales cualidades necesarias en los procesos de liderazgo y de toma de decisiones en los centros educativos. Fue una sesión muy productiva, sobre la cual ya escribiré algún día. Hoy lo que quiero plantear es la curiosa clasificación que, una vez finalizada la dinámica, Mayo hizo de los diversos perfiles profesionales que merodeamos por los centros educativos en función de nuestra implicación con el proyecto de centro y con la propia profesión docente. Aviso del sarcasmo en la descripción de los diversos "especímenes docentes", así que nadie se me ofenda (aunque bueno, quizá alguno sí que debería ofenderse...). Empezamos.

    En primer lugar tenemos al docente apóstol. El docente apóstol es un tipo (o tipa, por supuesto) comprometido con su centro y con su profesión. Le gusta, le encanta lo que hace y dónde lo hace, así que siempre está dispuesto a sumar ideas y esfuerzo para el bien común. Le reconoceréis por ofrecerse voluntario para mil y una tareas y también  por su enérgico apoyo a las propuestas de todos sus compañeros. Habla mucho y bien de su trabajo, el cual, como parece lógico, representa uno de los aspectos más importantes de su vida.

    Una segunda categoría presente en nuestros centros educativos es la del docente rehén. Se trata de un tipo comprometido con su escuela y con su profesión pero que no se encuentra a gusto con el rol que cumple dentro de la estructura de trabajo. Este hecho puede darse por diversas circunstancias: cumplir con cargos por "imperativo legal", trabajar con los grupos más conflictivos, impartir formaciones alejadas de sus intereses o de su especialidad... Se trata, no obstante, de buenos profesionales que creen en el proyecto de centro aunque poco a poco se van alejando de él por no sentirse a gusto y no poder desarrollar en él sus capacidades.

    Una tercera tipología es la del docente mercenario. El docente mercenario es, pues eso mismo, un mercenario que desarrolla su profesión en un centro como podría hacerlo en cualquier otro. El docente mercenario es un profesional de la educación al que le gusta su trabajo pero que, por diversas razones, no siente el centro como suyo ni se siente parte de un proyecto colectivo. En mi opinión, nuestro actual sistema educativo es una verdadera fábrica de mercenarios por diversos motivos: legiones de profesores sustitutos e interinos que no pueden arraigar en un centro por cuestiones obvias, escasos estímulos al profesorado o montañas de trabajo burocrático y administrativo que saturan y sobrepasan a cualquiera (salvo a los apóstoles, claro).

    El cuarto y último fenotipo, el más peligroso sin duda, es el docente terrorista. Para el docente terrorista difícilmente hay vuelta atrás. El terrorista es también fácil de detectar: ni le gusta el centro ni le gusta su trabajo y tampoco se esfuerza mucho en disimularlo. Así pues, vive instalado en la queja perpetua y su participación en el trabajo colectivo brilla por su ausencia (siempre, claro está, que no haya algo que criticar o a lo que oponerse). El terrorista es peligroso porque, como el perro del hortelano, ni come ni deja comer. Es un ser tóxico que no duda en enfrentarse a quien sea y donde sea. Un consejo, si detectas a un terrorista en tu claustro huye sin mirar atrás...

    Mientras escuchaba la explicación de Mayo (a quien desde aquí pido perdón por la libre interpretación de su teoría) pensaba que, si no en todas, muchos de nosotros en algún momento de nuestra profesión hemos formado parte de varias de estas tipologías. Al final, no se trata tanto de pertenecer a una u otra, sino de ser capaz de trabajar colaborativamente, cooperando y compartiendo para tratar de ofrecer el mejor servicio posible a nuestro alumnado. Y tú, ¿qué tipo de homo docentus eres?, ¿se te ocurren nuevos tipos?

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