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lunes, 5 de diciembre de 2016

¿Por qué es importante la educación permanente?

Vivimos en un mundo cambiante y extremadamente competitivo. Por un lado, tenemos un mercado laboral cada vez más precarizado y complejo, a pesar de que algunos quieran tratar de confundirnos con la fuerza y el peso de los datos macroeconómicos. Los contratos por horas se disparan, mientras que el incremento de los salarios ni está ni se le espera. Trabajadores de todo tipo y condición, más o menos cualificados, nacionales y extranjeros, viven pendientes de una posible llamada que les permitirá echar unas horas para ganarse un jornal que a duras penas les permitirá cerrar el mes de manera digna. Por otro, tenemos un panorama político de lo más desolador. Uno atisba un exceso de intereses partidistas en todo el arco parlamentario (autonómico y estatal, aquí no hay distinciones) y una ausencia prácticamente total de eso que todos llaman "sentido de estado". Y esto parece particularmente evidente en la actitud de unos y otros en relación al (no) pacto por la educación.

Ante este panorama dramático complejo, la educación y la formación se presentan como potentes herramientas de mejora de las perspectivas de futuro del conjunto de la ciudadanía. No solo desde una óptica profesional y laboral, también desde una perspectiva ciudadana y cívica. De hecho, me temo que los tiempos en los que tener una formación superior era garantía de ocupar trabajos dignos pasaron a mejor vida. Así pues, ¿cómo puede contribuir la educación permanente a la mejora de esta situación?, ¿por qué deberíamos potenciar y reforzar el papel de la educación de personas adultas en el futuro?

En primer lugar, porque la educación de personas adultas presenta una enorme fuerza como espacio de segundas oportunidades. Son múltiples los motivos que han impedido que muchas personas desarrollen sus itinerarios académicos personales de manera exitosa. Dificultades familiares, personales, económicas o problemas de salud pueden ser algunos de los motivos que hayan truncado la formación de gran parte de nuestro alumnado. Incluso muchas veces ha sido el propio sistema educativo el que no ha podido adaptarse a las necesidades específicas de estas personas para ofrecerles espacios formativos adecuados a su situación. Así pues, los centros de personas adultas ofrecen una nueva posibilidad de finalizar esos estudios inacabados o, incluso, de ofrecer un giro a la formación realizada. En un contexto donde el 20% de las personas entre 18 y 24 años (2015) han abandonado el sistema educativo de manera prematura, no parece una cuestión baladí.

En segundo lugar, porque está demostrado que a niveles de formación más elevados las tasas de paro se reducen de manera considerable. Un claro ejemplo son los últimos datos de desocupación publicados por el Instituto Nacional de Estadística. El tercer trimestre de 2016 recoge unas cifras de paro de 24,90% para personas con niveles formativos inferiores a la ESO, mientras que esta cifra se reduce al 11,55% para personas con estudios superiores. Además, relacionado con el punto anterior, parece demostrado también que a niveles de formación superiores en padres y madres se reducen las tasas de abandono escolar prematuro. En este sentido, datos del Ministerio de Educación para el 2015 muestran que solo el 3,7% del alumnado con madres con estudios superiores abandona el sistema educativo de manera prematura, por un 41% del alumnado con madres con estudios inferiores a la ESO.

Y por último, porque necesitamos ciudadanos formados y preparados para poder ejercer su ciudadanía desde una posición crítica y constructiva. En un contexto socioeconómico tan complejo y crítico, donde el poder de las grandes corporaciones y del capital se expande a pasos agigantados y parece engullirse cualquier atisbo de resistencia ciudadana, se torna imprescindible ser conscientes de nuestros derechos y empoderar a los ciudadanos para promover su reivindicación y salvaguarda. Y parece evidente que, en este ámbito también, la educación de personas adultas puede jugar un papel significativo y relevante.

En definitiva, tres grandes motivos para animar a las distintas administraciones educativas a potenciar la educación permanente y a promover la educación y formación desde los centros de personas adultas. Seguro que se te ocurren otros motivos, ¿los compartes aquí con nosotros?

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lunes, 21 de noviembre de 2016

De sorpresas y supervivientes educativos

El otro día tuvimos una nueva incursión de Salvados en el tema de la educación. Por un lado, como han dicho muchos, se agradece que se hable de la cuestión educativa un domingo por la noche en prime time. Mal no nos va a hacer, la verdad. Todo lo que sea abrir el debate sobre el sistema y los roles y papeles de unos y otros me parece que no está de más. No obstante, son programas que me dejan un poco frío. Me pasó lo mismo con la excursión finlandesa de temporadas anteriores. Todo me parece demasiado superficial, simple, sesgado... No sé, quizá sea un tema personal, pero creo que la cuestión es mucho más compleja y que, claro está, seguramente un programa comercial de poco menos de una hora de duración no sería el espacio más adecuado para dirimir estas cuestiones en profundidad. Y que conste que soy un gran fan de Salvados.

Eso sí, me sorprendió ver en las redes sociales determinadas reacciones, sobre todo por parte de docentes de secundaria, ante los comentarios y reacciones del alumnado entrevistado. La mayoría de chicos planteaban su deseo de conseguir un trabajo estable, formar una familia y tener hijos, incluso pasando por encima de sus deseos y motivaciones personales. Así pues, según pude entender, la mayoría planteaba sus estudios desde una perspectiva utilitarista y pragmática: ¿qué opciones me pueden ofrecer un futuro lo más estable posible?, ¿qué estudios pueden garantizarme un trabajo con unos ingresos más o menos fijos? La idea parecía clara: "estudiamos para sobrevivir", "sabemos que con estudios nuestro futuro puede ser algo mejor, así que a por ello". Todo esto, parece, sorprendió a muchos espectadores.

No diré que me parezca la situación ideal, en absoluto. La idea de una juventud soñadora y luchadora que persigue con ahínco y perseverancia sus sueños me parece fantástica, por supuesto, pero creo que, en líneas generales, se encuentra bastante lejos de la realidad (al menos de la de los jóvenes con los que trabajo a diario). Y no les culpo por ello, que conste. De hecho, me parece injusto exigir a esta generación de jóvenes toda una serie de valores y responsabilidades que muchos de nosotros no hemos afrontado, especialmente en los últimos tiempos. Como adultos hemos aceptado pasar por el aro ante toda una serie de injusticias sociales impensables décadas atrás.  La lista de derechos que han sido pisoteados por las administraciones de turno en las últimas legislaturas es tan amplia y evidente que no voy a enumerar ni uno solo. Me temo que nuestra actitud ante ello, en general, ha sido la de la mera supervivencia. Así pues, no entiendo como alguien se puede sorprender de que nuestros adolescente opten por esa misma actitud. Objetivo, sobrevivir. 

Lo dicho, me cuesta entender este doble rasero para con esta generación de adolescentes. Solo puedo comprenderlo desde dos supuestos. Primero, desde la ausencia total de empatía para con ellos, lo cual me parece especialmente triste cuando esta viene por parte del colectivo docente. Y segundo, quizá más grave, desde el habitual complejo de superioridad que tiene toda generación adulta para con sus jóvenes. Y, no sé por qué, pero me temo que los tiros van por aquí...

lunes, 14 de noviembre de 2016

Resquebrajando el graduado en ESO: un ejemplo de trabajo en red

En las últimas semanas he tenido la suerte de compartir con un puñado de compañeros la elaboración de una comunicación para el IV Congreso Internacional de Aprendizaje a lo Largo de la Vida. El objeto de estudio ha sido una de las enseñanzas troncales de la educación permanente: el graduado en educación secundaria. Se trata, sin duda, de la formación estrella de los planes de estudio de los centros de adultos. Si bien es cierto que cada centro tiene su propia realidad socioeconómica, me atrevo a decir que una gran parte de nuestros estudiantes acuden a los centros de personas adultas para obtener el graduado en educación secundaria, salvoconducto indispensable (o casi) para prolongar su itinerario formativo y/o para acceder al mercado laboral.

No obstante, siendo una enseñanza como digo troncal, existe una sensación generalizada entre el profesorado de los centros de adultos de que, en muchos aspectos, presenta un notable margen de mejora. Y es precisamente aquí donde entra nuestra reflexión. Después de un proceso de análisis y de trabajo colaborativo, proponemos un decálogo para transformar el graduado en educación secundaria en una formación adaptada a los nuevos tiempos y necesidades de nuestro alumnado. Hemos titulado la comunicación "Resquebrajando el Graduado en Educación Secundaria para personas adultas: propuestas para un nuevo GES". Como puedes ver, las sutilezas no van con nosotros. Si eres profesor/a de adultos te pediría que lo leyeras con calma y que aportes tus ideas (o que critiques las nuestras, faltaría más). Y si eres de secundaria, lo mismo te digo. Creo que muchas de las propuestas son aplicables también en tu etapa.

Aunque más allá de las propuestas e ideas de cambio reflejadas en el documento, su verdadero valor radica, en mi opinión, en cómo han sido elaboradas. Docentes de distintos territorios (Madrid, Cataluña, Baleares) y de centros muy diversos en cuanto a composición y estructura organizativa hemos buscado la manera (¡y el tiempo!) de compartir nuestras inquietudes y reflexiones sobre alternativas a los modelos establecidos, en este caso el del GES para personas adultas. Una propuesta elaborada desde nuestra experiencia que seguro que (re)abre la veda para nuevas colaboraciones y trabajos. Y es que no es la primera vez que hablamos aquí de la importancia y de los beneficios del trabajo en red. En SOMOS Escuela de personas adultas, Colaborando sabe mejor... o en Profesores en red, centros en red, ¿por qué colaborar con otros centros? ya hemos reflexionado ampliamente sobre ello. Así pues, ¿te animas a dar el salto?

NOTA: Como es obvio, el enriquecimiento personal y profesional en estas últimas semanas ha sido enorme, así que solo me queda agradecer a los compañeros Josep Miquel Arroyo, Max Alcañiz, Javier Iñiguez, Quim Balaguer y Diego Redondo y a la compañera Anna Tur por dejarme aprender con vosotros. ¡Seguimos!


martes, 21 de abril de 2015

Equidad, ascensores y otras historias

El pasado mes de febrero la Fundación Jaume Bofill publicaba el informe Equidad y resultados educativos en Cataluña dirigido por Xavier Bonal. Mediante un análisis de los resultados PISA de 2012, el documento cuestiona dos premisas fuertemente consolidadas en el debate público respecto el sistema educativo catalán. La primera, que los resultados generales de Cataluña son mediocres respecto otros países y regiones de su entorno. Y, la segunda, que Cataluña ofrece niveles de equidad relativamente elevados. Y es que, según sus autores, lo que verdaderamente distingue al sistema educativo catalán no son tanto sus resultados como las desigualdades sociales existentes en los centros catalanes, tanto a nivel de género, de clase social como de procedencia.


El informe apunta, además, otras conclusiones importantes. En primer lugar, que aquellos países que han mejorado sus puntuaciones entre los años 2003 y 2012 (casos de Alemania, Suiza o Italia) han conseguido reducir las desigualdades de rendimiento en base a los niveles socioeducativos de su alumnado. Es decir, que el incremento de la equidad en su funcionamiento, organización y composición ha permitido una mejora de resultados. No sería el caso de Cataluña, donde el riesgo de fracaso escolar es seis veces superior en el caso del alumnado de niveles socioeconómicos bajos. También resulta especialmente significativa la diferencia de resultados entre el alumnado autóctono y el de origen inmigrado, así como entre chicos y chicas. En definitiva, que tenemos mucho trabajo por delante en términos de equidad y de justicia social.



Más allá de informes, datos y de diferentes porcentajes y resultados de uno u otro territorio, mi sensación personal es que se está abriendo una brecha importante en el sistema educativo. O quizá que se está agrandando la ya existente y resquebrajándose en nuevas fracturas. Y es que, en mi opinión, no es de recibo que centros de la red pública presenten diferencias tan abismales entre ellos en cuanto a recursos, composición de su alumnado, instalaciones, etc. Claro que la realidad del sistema educativo público es diversa y variada, por supuesto. No obstante, a mi entender, debería ser el propio sistema el que proporcionase elementos para equilibrar situaciones de desigualdad derivadas de una determinada estructura socioeconómica del territorio. Y eso no se arregla únicamente con unos cuantos profesores más en nómina.

Una de las funciones tradicionalmente asignadas a la educación es la de ascensor social para los miembros de las clases más desfavorecidas. No obstante, quizá se trate de una metáfora apta para otros tiempos. Si bien las tasas de paro se mantienen más bajas en niveles de formación y educación superiores, parece claro que hoy en día no son garantía suficiente para acceder a modelos de ocupación dignos. Y ello, en gran parte, no es responsabilidad tanto de un sistema educativo que trabaja a marchas forzadas como de un mercado laboral raquítico y menguante en cuanto a derechos, salarios y condiciones laborales de sus trabajadores.

Así pues, debemos trabajar en reducir las desigualdades sociales presentes en el tejido educativo. No obstante, creo que se trata de un esfuerzo que deberían impulsar las administraciones educativas de turno con políticas y recursos a tal efecto. Solo después desde los centros educativos podremos plantearnos actuaciones eficaces de gran calado en favor de la justicia social y la equidad. Y la sensación es que, hoy en día, el funcionamiento está siendo totalmente el contrario: mientras que los centros proponen alternativas, las instituciones se ponen de perfil. Además, el problema seguramente no sea solo educativo, sino de modelo social. En fin, que el ascensor se despeña... El tema es: ¿nos salvamos juntos o sálvese quien pueda?

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martes, 23 de diciembre de 2014

En resumen...

Se acaba el año y con su final aparece esa (enfermiza) necesidad que tenemos los seres humanos de poner orden al caos natural de las cosas. Así pues, hacer balance de lo vivido y marcar los propósitos para el año que empieza se convierte en todo un clásico navideño. La segunda parte, la de los propósitos, vamos a dejarla de lado. Siempre pensé que es mejor hacer que hablar, ejecutar que proponer. En cambio, sí que me apetece hacer un poco de resumen de lo aquí expuesto durante los últimos diez meses, más que nada por recopilar algo de lo aprendido durante este tiempo y recuperar algunas de las ideas y planteamientos generados a partir de lecturas, comentarios en la red o directamente de mi experiencia en el aula o en mi centro. Aquí van algunas de esas ideas, pues.

En DE VUELTA se ha hablado, siempre desde la duda (véase, Dudas docentes), sobre la labor del profesorado. Uno se encuentra en su día a día con muchos obstáculos, problemas y cuestiones sobre las que se ha reflexionado por aquí. Me quedo con la importancia de valorar El lado oscuro del alumnado y, quizá también con ¿De qué se habla en los claustros? por las reflexiones generadas en torno a la importancia del claustro como arma de construcción masiva (o no). Hay también algunas entradas donde se ha reflexionado sobre innovación educativa, signifique eso lo que signifique. Me gustaría destacar 8 mantras para la mejora de la práctica docente, no por nada en concreto, simplemente porque durante este curso representa de alguna manera la pauta de mi trabajo en el aula. Ahora que lo pienso, quizá se ha hablado demasiado del profesorado y poco del alumnado. Habrá que ponerle remedio en en el futuro. ;)

También me preocupan las relaciones entre la educación y el mundo del trabajo. En el difícil contexto en el que estamos y trabajando en un centro de adultos no podía ser de otra manera. De esa preocupación han salido algunos posts que puedes leer aquí. Cambios de tendencia, oportunidades derivadas de la educación o el papel de los centros de adultos en la mejora de la ocupabilidad de las personas son algunas de las cuestiones planteadas en esta serie de posts.
   
Y, por último, hemos hablado, y mucho, sobre formación de adultos. De hecho, visibilizar la educación permanente pretende ser uno de los objetivos centrales de este blog. De ahí su título: DE VUELTA (a las aulas). Puedes ver todas las publicaciones sobre educación y formación de adultos aquí, pero quizá yo destacaría la siguientes. En Orientación en educación de adultos hablamos sobre cómo creemos en nuestro centro que deben ser los servicios de orientación académica de personas adultas. Muchas personas encuentran importantes dificultades a la hora de retomar sus estudios por desconocimiento de las alternativas y opciones a su alcance, así que consideramos que la orientación es un aspecto fundamental de nuestro trabajo en los centros de educación permanente. En De la invisibilidad de la educación permanente... reflexionamos precisamente sobre eso, sobre la escasa repercusión que tiene el trabajo desarrollado en los centros de adultos, mientras que en Tendències actuals en l'educació als centres d'adults se hace un breve balance sobre toda una serie de cambios que se están produciendo en la educación permanente.

Menudo autobombo. Ya paro. Si has llegado hasta aquí simplemente quisiera darte las gracias por tu interés. La verdad es que este blog ha crecido muchísimo en los casi once meses que tiene de vida. Y no me refiero al tráfico de visitantes (totalmente inesperado, por otra parte), sino al aprendizaje de su autor. De hecho creo que esa es la verdadera medida de un blog: el conocimiento o como le queráis llamar que de él extraen tanto sus creadores como la comunidad en la que se inscribe. Y el vuestro no sé, pero mi aprendizaje ha sido increible.

¡Muchas gracias a todos, disfrutad de las vacaciones y nos vemos en enero!


domingo, 9 de noviembre de 2014

Del "ni-ni" al "sí-no": la otra cara de la moneda

El otro día leí en El País un artículo sobre la archimasacrada generación ni-ni, "La apatía de un ni-ni" se titulaba. Digo archimasacrada porque uno tiene la sensación de que se trata de una generación con la que se ha sido especialmente cruel. El texto, que si no estoy equivocado ocupó la portada de la edición de domingo, se ilustraba con la foto de un joven, consola en mano, echándose una partidilla al FIFA de turno. Una información muy rica en matices, vamos.

Negar que existe un perfil de jóvenes con escasa formación, aparentemente apáticos y que no  trabajan ni estudian sería una tontería por mi parte. No obstante, en mi opinión, toda generalización tiene mucho de topicazo barato y, al final, estos estereotipos y lugares comunes acaban estigmatizando y generando clichés y dinámicas que resultan imposibles de modificar. Creo que si se hubiera dedicado todo el tiempo y la energía que han empleado autoridades y medios de comunicación en analizar y visibilizar a los ni-nis a buscar soluciones a sus principales problemas otro gallo nos cantaría a todos.

En fin, a lo que iba. El caso es que leyendo "La apatía de un ni-ni" pensé en toda la muchachada que viene cada día a los centros de formación de personas adultas. Es sabido que los perfiles de los centros de adultos están cambiando radicalmente en los últimos años. Son muchos los jóvenes que están retomando sus estudios básicos o que los amplían preparando pruebas de acceso a ciclos formativos, cursos de idiomas o cualquiera de las formaciones que se desarrollan en nuestras aulas. Lamentablemente, muchos de ellos, la mayoría de hecho, presentan una característica común: no tienen trabajo o, si lo tienen, es tan precario que no merece tal nombre. Son la generación "sí-no": sí estudian, sí se esfuerzan, sí quieren... pero no tienen empleo y difícilmente podrán conseguirlo en un mercado laboral tan restringido y precario como el actual.

Quizá simplemente es que estoy con el modo suspicaz ON, pero lo cierto es que no veo un interés y un tratamiento equitativo de este colectivo por parte de los medios de comunicación en comparación con el foco al cual se somete a los llamados ni-nis. Miles de jóvenes procedentes del fracaso escolar se esfuerzan a diario en mejorar su formación y, en consecuencia, sus perspectivas de futuro mientras que el cliché del ni-ni acaba merendándose cualquier visión alternativa. Esta moneda tiene, al menos, dos caras. Sería bueno no perder de vista ninguna de las dos, ¿no te parece?

Por cierto, no enlazo el artículo de El País por algunos de los motivos que puedes leer aquí. Me temo que tampoco te será demasiado difícil encontrarlo. Dale un vistazo y me cuentas.

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miércoles, 24 de septiembre de 2014

No es país para universitarios


Ni para graduados superiores. Al menos eso parece una vez leídas las conclusiones del informe Panorama de la educación 2014 elaborado por la OCDE. Comparadas las cifras de desempleo de España con las del resto de los países miembros, puede apreciarse que en los niveles superiores de formación el desempleo español es casi tres veces superior a la media de la OCDE. Este hecho demuestra que en España la formación protege menos frente al desempleo que en los países de nuestro entorno. Tampoco es que hubiera que ser un lince para llegar a esta conclusión. La sangría de exiliados universitarios que ha abandonado el país desde el inicio de la crisis ya ofrecía pistas en este sentido. Es cierto que, también en España, los titulados superiores presentan tasas de paro más reducidas que la población menos formada. No obstante, la falta de oportunidades, un mercado laboral raquítico y una sensación de abandono por parte de las instituciones públicas han llevado a decenas de miles de jóvenes a hacer las maletas y poner su talento al servicio de mercados laborales (y sociedades, quizá) más maduros y preparados.

Por si todo esto fuera poco, el incremento de las tasas universitarias y la reducción de becas no ofrecen un panorama demasiado prometedor para el mundo universitario. De hecho, en los dos últimos cursos el número de matriculados en las universidades españolas ha descendido en 45.000 alumnos. Paralelamente, la formación profesional, generalmente más identificada y vinculada al mercado laboral, ha absorbido una creciente demanda de plazas a lo largo de los últimos años. No obstante, unos y otros, universitarios y técnicos superiores, deben hacer frente a una realidad socioeconómica muy complicada definida por la destrucción de puestos de trabajo de los últimos años y por la precarización generalizada de las condiciones laborales.

¿Cómo hacer frente a la actual situación desde la universidad y, en general, desde las instituciones educativas? Creo que puede ser muy peligroso plegarse a los planteamientos economicistas dictados desde determinadas instituciones. Es cierto que hay que acercar el mundo de la formación al mercado laboral para generar experiencias profesionalizadoras que faciliten el tránsito de los estudiantes al mundo del trabajo. Existen, de hecho, numerosas experiencias en este sentido tanto en el ámbito de la formación profesional como en el mundo universitario. Es cierto, también, que hay que reformular determinados planteamientos y metodologías, en muchos casos anacrónicas, todavía presentes en todas las etapas educativas. Hay mucho trabajo por hacer en la esfera educativa. Pero todo ello quedará en nada si no se afronta el que quizá sea verdadero reto de este país: crear un mercado de trabajo versátil y diversificado que absorba en condiciones de justicia social al conjunto de los trabajadores.

En definitiva, hay que destacar la necesidad de situar la educación en el centro del Estado del bienestar, no por sus implicaciones económicas, sino por su capacidad para generar ciudadanos críticos, bien preparados e implicados con las problemáticas de su entorno. Más allá de los resultados publicados por la OCDE, la prioridad es evitar la consolidación de una generación perdida que se verá abocada a huir y a permanecer en el extranjero o a asumir puestos de trabajo muy por debajo de los conocimientos adquiridos durante su itinerario formativo.  Sin duda que el esfuerzo merecerá la pena.

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sábado, 6 de septiembre de 2014

Educación y economía: de Adam Smith a Wert

Mucho se ha escrito sobre los orígenes de nuestro sistema educativo. La eclosión de la revolución industrial y la necesidad de un creciente volumen de mano de obra debidamente preparada y formada propició el nacimiento y la consolidación de los centros educativos tal y como los entendemos en la actualidad. No resulta extraño, pues, que algunos clásicos del capitalismo, entre ellos Adam Smith, relacionaran estrechamente la educación con el incremento de la productividad. Se establecía, pues, una vinculación directa entre dos ámbitos antaño diferenciados; vinculación que, en adelante, será una constante de nuestros sistemas educativos hasta filtrarse de manera estructural en su ADN.

Los nuevos cambios socioeconómicos y culturales vividos en el mundo occidental a lo largo de las últimas décadas han provocado alteraciones importantes del mundo educativo aunque, eso sí, sin ser capaces de modificar o alterar esta  estrecha relación entre economía y educación. La especialización laboral y las nuevas necesidades del mercado han propiciado una profunda reflexión sobre cómo enfocar la educación, aunque mucho me temo que no desde un punto de vista crítico para con las condiciones que el propio mercado impone.

En este contexto la Unión Europea inicia una serie de reformas, cada país con su ritmo y especificidad propia, para convertir y consolidar a la vieja Europa en una de las sociedades más competitivas del mundo. Así pues, tal y como señala Ángel Santamaría "las reformas llevadas a cabo tienen como objetivos la calidad, la eficacia, la empleabilidad y la puesta en valor de la relación entre la educación y el desarrollo económico y la competitividad"(1). Es decir, reformas con una clara y evidente orientación economicista.

Y es en éstas donde se impone la LOMCE del ministro Wert. La nueva ley aclara en su preámbulo, en la línea de lo comentado anteriormente, cuáles van a ser sus grandes objetivos: "Los principales objetivos que persigue la reforma son reducir la tasa de abandono temprano de la educación, mejorar los resultados educativos de acuerdo con criterios internacionales, tanto en la tasa comparativa de alumnos y alumnas excelentes, como en la de titulados en Educación Secundaria Obligatoria, mejorar la empleabilidad, y estimular el espíritu emprendedor de los estudiantes".

No se trata de negar la importancia estratégica y económica del sector de la educación. Hacerlo sería de ilusos. Prácticamente todos los países del mundo gastan un dineral en educación y, además, el sector es uno de los grandes empleadores de mano de obra. No obstante, es precisamente esa estrecha relación comentada anteriormente entre economía y educación la que está poniendo en jaque a una concepción educativa más humanística, ética e integradora. 

Así pues, la situación de crisis actual proporciona una doble coartada a los gobiernos de turno. Por un lado, les permite justificar recortes, reducción de servicios sociales y contención del gasto, en general. Por el otro, se crea un contexto propicio para focalizar el debate educativo en términos puramente economicistas, obviando toda una serie de elementos fundamentales en la formación de las personas como ciudadanos críticos y autónomos. 

Trabajo tenemos para dotar de contenido social y crítico a esos nuevos conceptos económicos que proliferan en la nueva jerga educativa y que, mal usados, pueden llevarnos a hacernos olvidar de quien es la principal responsabilidad de la situación actual. Así que al tanto con las competencias financieras, la ocupabilidad, la emprendeduría y demás palabros economicistas. Démosles un sentido social o atengámosnos a las consecuencias...

Quizás también te interese:

(1) Santamaría, A. (2013) Heducación se escribe sin h, Ed. Debate.




lunes, 4 de agosto de 2014

Las competencias y el derecho a una educación permanente

Mayo, P. (2014) Las competencias y el derecho a una educación permanente. Elementos para un discurso crítico alternativo, Universidad de Malta. Comunicación presentada en el marco del Laborati d'iniciatives ciutadanes Ettore Gelpi convocado por la Universidad de Barcelona.

En esta breve comunicación el profesor Mayo plantea interesantes reflexiones acerca del concepto de competencias en la educación permanente y, por extensión, en el resto de etapas de nuestro sistema educativo. Ante el nuevo discurso simplificador del sistema que divide a los seres humanos en dos grandes categorías, productores y consumidores, Mayo reivindica el concepto humanista de la educación y sitúa a la alfabetización crítica en el eje de la actividad educativa.

En un contexto en el que todo se reduce a la "empleabilidad" parece lógico que se potencien aquellas competencias que, en teoría, deberían capacitar a los individuos a ser más solicitados en el mercado laboral, más comercializables.  Esto implica que, en parte, "la educación deje de ser considerada un bien público para pasar a ser un producto de consumo", señala Mayo. Existe, además, otro pero: empleabilidad no es sinónimo de empleo, así que puede producirse una culpabilización de las víctimas al presentarse la crisis como una carencia de aquellos individuos que no están dotados de las habilidades que requiere la economía.

Es en este contexto donde cabe reforzar la alfabetización crítica y, en definitiva, las competencias sociales en los procesos de enseñanza-aprendizaje de la educación permanente. Estas competencias incluyen la habilidad de movilizar a las personas en torno a asuntos públicos, de desarrollar habilidades organizativas y de ejercer derechos que, de lo contrario, serían desconocidos para las personas implicadas.

En definitiva, según Mayo se trata de repensar y de potenciar el componente social de los centros de educación permanente para proporcionar no sólo conocimientos teóricos y/o profesionalizadores, sino también herramientas de comprensión, análisis e interacción con nuestra realidad económica, política y social. No podría estar más de acuerdo. Y tú, ¿qué opinas?





viernes, 4 de abril de 2014

¿Tienes plan? Formación permanente

En noviembre de 2011, el Ministerio de Educación presentaba el Plan de Acción para el Aprendizaje Permanente Nuevas oportunidades para aprender. El documento, solapado al informe titulado El aprendizaje permanente en España, realizaba un estudio de la situación sociolaboral europea y española y exponía unas líneas generales de actuación con el objetivo de potenciar la formación permanente y mejorar la cualificación general de la población. 

Entre los aspectos analizados en el resumen ejecutivo, hay un dato que llama especialmente la atención y está, de hecho, estrechamente relacionado con los niveles de cualificación. Según el Centro Europeo para el desarrollo de la formación profesional (CEDEFOP), Europa tendrá en el año 2020 235 millones de puestos de trabajo, cuyas necesidades de cualificación corresponderán en un 50% a niveles medios, un 35% a niveles altos y sólo el 15% a niveles bajos. Si tenemos en cuenta que en España predominan las calificaciones bajas (44% en el cuarto trimestre de 2012, según el INE) parece evidente la importancia que la formación permanente va a tener en varias generaciones de españoles.

Así pues, urge potenciar la formación permanente y, en este sentido, el Plan de Acción para el Aprendizaje Permanente establecía ocho ejes estratégicos y un total de 25 actuaciones concretas para afrontar el reto. Las grandes líneas de actuacion establecidas eran:
  1. Facilitar la reincorporación de la población adulta al sistema educativo para obtener el Graduado en Educación Secundaria Obligatoria.
  2. Generalizar el reconocimiento de competencias profesionales, como mecanismo para aumentar la cualificación de la población activa
  3. Establecer nuevas vías de acceso a la Formación Profesional, y hacer compatible el trabajo y el estudio para los jóvenes que lo abandonan prematuramente.
  4. Reforzar la actualización y la adquisición de nuevas competencias profesionales para afrontar con éxito el cambiante mercado laboral.
  5. Promover el acceso de las personas adultas al Bachillerato, a la Formación Profesional y a la Universidad.
  6. Ofrecer educación y formación, formal y no formal, a personas en riesgo de exclusión social como estrategia de apoyo a la superación de situaciones de pobreza y marginación.
  7. Difundir entre la ciudadanía las posibilidades de la formación permanente.
  8. Establecer mecanismos para la evaluación periódica de las políticas relacionadas con el aprendizaje a lo largo de la vida, con participación de todos los agentes implicados.
Por otro lado, El País Vasco concretó hace unos meses muchos de estos aspectos dándoles fuerza de ley con el apoyo de la mayoría de la cámara vasca. Todos los partidos (salvo la abstención de Bildu) aprobaron la Ley de Aprendizaje a lo largo de la vida con el objetivo de favorecer las posibilidades de acceso al trabajo del conjunto de la población. Se trata de una ley que crea estructuras de formación a distancia, que pretende ligar las necesidades del sistema productivo con las necesidades formativas de la población y, en general, que promueve la orientación y la formación de personas adultas.

Que una ley educativa (¡en este país!), se apruebe con un amplio consenso entre gobierno y oposición  es un sorpresón que hay que destacar. Seguramente, la ciudadanía vasca recogerá los frutos de este acuerdo en los próximos años. Mientras tanto, veremos cómo evolucionan las políticas de acción para la formación permante a nivel nacional, aunque vista la actividad desarrollada por el ministerio durante los últimos tiempos no parece que vayamos a tener grandes resultados en los próximos años. Veremos...

viernes, 21 de marzo de 2014

Brechas, salarios y ocupación: motivos para volver a las aulas

El otro día caía en mis manos (entiéndase mi lista de Twitter) una noticia de aquellas que usamos en los centros de adultos para tratar de motivar a nuestro alumnado. La noticia en cuestión, recogida en distintos medios de comunicación -entre ellos El País-, describe el crecimiento de la brecha salarial existente entre los colectivos más y menos formados de nuestro país desde el estallido de la crisis económica.

El estudio Impacto de la formación en las retribuciones, elaborado por La Salle y la consultora Grupo ICSA, muestra la creciente diferencia de sueldo entre los trabajadores con estudios universitarios y los que no los tienen. Mientras que en 2007 esta diferencia era del 49% (de 20.013 euros anuales a 25.678), en 2013 se sitúa en torno al 86% (de 29.773 a 43.761). Otro hecho destacable es la diferente tasa de ocupación de ambos colectivos. La tasa de paro entre los trabajadores sin formación alcanzaba en el último trimestre del año 2013 el 54%, frente a la media global del país, situada en el 26%. En cambio, la desocupación afecta al 4,2% de los doctorados y al 16% de los universitarios. Eso sí, mejor no preguntemos por las condiciones de trabajo de muchos de estos últimos...

Por otro lado, el Anuario 2013 publicado por la Fundació Jaume Bofill, L'estat de l'educació a Catalunya, muestra también mejores tasas de ocupación para los colectivos con mayor formación. No sólo eso, sino que parece que crece la conciencia entre la población joven de que abandonar los estudios para incorporarse a un trabajo es una mala idea. En 2012 un 21% de los jóvenes entre 16 y 29 años habían vuelto al sistema educativo después de haberlo abandonado durante el periodo 2008-2012. Quizá esta sea una de las tendencias más positivas del momento actual: el retorno (aunque "obligado" y parcial) a las aulas de muchos jóvenes que abandonaron sus estudios atraidos por trabajos de poca cualificación generados por el boom de la construcción.

Lamentablemente, hoy en día formarse no garantiza el acceso al mercado laboral. No obstante, en entornos de selección de personal cada vez más competitivos y esquivos parece evidente que a mayor formación no solo existen mayores probabilidades de tener un empleo sino también de que éste sea mejor remunerado. ¡Más motivos para animarse!

jueves, 6 de marzo de 2014

Tendències actuals en l'educació als centres d'adults: oportunitats perdudes?

Arran l'esclat de la crisi econòmica l'any 2008, Catalunya (com la resta del territori espanyol) està vivint una situació econòmica i social molt complicada. Amb un increment del nombre d'aturats de més de mig milió de persones en només 5 anys, a finals de desembre passat 859.000 persones es trobaven en situació d'atur, un total del 23,4% de la població activa catalana. 

Què ha passat als centres d'adults des de l'inici de la crisi? En un context econòmic i social tan canviant, sembla evident que amplis sectors de la població es veuen obligats a repensar el seu itinerari professional per tal de millorar les seves opcions d'ocupabilitat. Es podria pensar, doncs, que el rol dels centres d'adults hauria d'esdevenir fonamental en aquest procés de reclicatge i de complementació de l'experiència i la formació acadèmica de tota aquesta població aturada. Ha estat realment així?

L'estudi de les sèries estadístiques publicades per la Generalitat de Catalunya en relació a la formació de persones adultes no permet afirmar tal fet. Tot i l'aparició de 19 nous centres de formació d'adults en els darrers cinc anys, l'increment d'estudiants no és, ni de bon tros, tan rellevant. L'any 2008, un total de 69.410 persones cursaven estudis als centres d'adults catalans en les seves diferents modalitats. Cinc anys després, l'any 2013, eren 73.366 els estudiants matriculats, un increment de només 4.000 persones. En un període de temps en el qual es destrueixen més de mig milió de llocs de treball, no sembla un augment gens significatiu. En aquesta mateixa línia, tampoc es produeix un creixement rellevant del nombre de mestres i professors d'adults, el qual creix dels 1.614 durant el curs 2008-2009 fins als 1.655 del curs passat.

Les propostes formatives que han viscut un creixement més important són les adreçades a la preparació de les proves d'accés a cicles formatius, amb un augment de pràcticament 5.000 nous alumnes. Per la seva banda, el curs de graduat en educació secundària obligatòria presenta també un increment de matrícules des de les 7.310 realitzades l'any 2008 fins les 10.391 corresponents al curs 2012-2013. Altres formacions que han vist créixer les matriculacions han estat les llengües estrangeres i els cursos d'informàtica. Per contra, la formació instrumental (adreçada a l'alfabetització i l'adquisició de competències bàsiques) ha reduït el seu alumnat en poc més de mil matrícules, segurament a causa del canvi en les tendències migratòries. Saldo final del quinquenni: amb prou feines s'ha produït un increment total de 4.000 alumnes.

Sobta aquest reduït increment del nombre de matrícules, especialment en un context social i econòmic on la formació i el reciclatge acadèmic esdevenen tan necessaris. És cert que existeixen altres vies de formació alternatives a les desenvolupades des dels centres d'adults.  Tot i així, resulta sorprenent que espais creats ex-professo per a la formació de persones adultes no juguin un paper més estructural en el procés de regeneració acadèmica i formativa de tota aquesta població expulsada del mercat del treball. Aquest fet posa de manifest la inexistència de models alternatius impulsats des de les administracións (autonòmiques i estatals) per tal de generar noves iniciatives econòmiques i formatives.

Potser s'està perdent una oportunitat magnífica d'aprofitar el potencial acadèmic i regenerador dels centres d'adults. Potser les autoritats haurien de potenciar l'educació permanent reforçant les escoles d'adults com espais de reciclatge acadèmic generadors de noves oportunitats professionals. Però potser, també, els centres d'adults podrien dur a terme mesures destinades a apropar la seva oferta a les necessitats del mercat laboral i de potenciar l'adquisició de competències professionals que permetin millorar les opcions d'ocupabilitat del seu alumnat. Reptes, en definitiva, que fan dels propers anys un moment clau en la història d'aquests espais educatius.



miércoles, 12 de febrero de 2014

5 propostes per apropar els centres de formació d'adults (CFA) al mercat de treball

Després de llegir l'article de Josep M. Vilalta, Formació i mercat de treball: anem pel bon camí? al Diari de l'educació, em vaig plantejar, com a treballador d'un CFA, quines possibilitats tenim des dels centres d'adults de potenciar la relació entre la nostra activitat i les necessitats del mercat laboral.

Des dels centres d'adults no hem de perdre de vista que gran part de l'alumnat de les nostres escoles ha decidit reprendre o complementar la seva formació per tal de millorar les seves opcions d'ocupabilitat. Així doncs, no té sentit oferir una formació plana simplement orientada a l'obtenció de títols acadèmics sinó que cal fer un esforç per, sense renunciar ni perdre de vista la necessitat de qualificació dels nostres usuaris, intentar vincular aquesta formació a les necessitats pràctiques i canviants del món del treball.

Quines possibilitats tenim de treballar en aquesta línia? Algunes propostes podrien ser:

  • Potenciar l'orientació i convertir els centres d'adults en espais centrals d'assessorament mitjançant la creació i consolidació de serveis d'orientació flexibles i adaptats a les necessitats de l'entorn social i econòmic.
  • Potenciar la formació en emprenedoria com a eina adreçada al foment de l'ocupació i, per tant, de millora de les possibilitats d'ocupabilitat dels usuaris. Tal i com assenyala Jordi Naval (veure Per què no funciona l'emprenedoria a l'escola?) existeixen tota una sèrie de dèficits importants en la relació escola-emprenedoria i, en aquest sentit, l'educació de persones adultes no és una excepció.
  • Incidir en la formació en competències i, especialment, reforçar el desenvolupament de competències professionals de manera transversal al conjunt de formacions desplegades als nostres centres.
  • Adaptar l'oferta formativa a les necessitats de l'entorn oferint programes flexibles que atenguin les demandes de les persones usuàries dels centres d'adults. Això implicarà analitzar mitjançant indicadors fiables el grau d'acceptació de l'oferta presentada i la conveniència, o no, de la seva modificació.
  • I, per últim, treballar per establir sinèrgies entre els centres educatius, les empreses, les administracions i, en definitiva, el conjunts d'agents implicats en els marcs educatiu i laboral. Segurament un dels eixos de la nostra activitat hauria de ser intentar apropar-nos al món laboral mitjançant la realització de pràctiques/estades en empreses, l'establiment de convenis de col·laboració entre el món de l'empresa i els centres, etc. És a dir, dur a terme tot un conjunt d'actuacions destinades a trencar el mur que de vegades ens aïlla del món de l'ocupació. 
Reflexionar entorn aquests punts i tenir-los ben presents en les nostres planificacions com a escola pot permetre'ns no perdre de vista la necessitat de reforçar els vincles dels centres de formació d'adults amb el món laboral.