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domingo, 18 de febrero de 2018

La educación de la estafa

Leo con atención a Moisés Naím en el El País (¿Cuál es la mayor estafa del mundo? La educación) y no dejo de sorprenderme de que discursos tan simplistas y vacíos consigan tanta resonancia mediática y, me temo, tanto aplauso en según qué foros. Plantea Naím, según lo entiende un servidor, que la escuela es un espacio donde se aprende poco, o nada directamente, y que, por si fuera poco, cuesta mucho dinero a los estados. Pues sí, mal que le pese a algunos la escuela cuesta dinero. Hay que pagar a personas para que desarrollen su trabajo y hay que mantener unas infraestructuras decentes para que las personas se puedan formar. Aunque siempre podríamos privatizar el chiringuito, ¿verdad?

Además, como lo tiene clarísimo, el escritor venezolano se arranca y se anima a señalar a los principales culpables de que la escuela se haya convertido en un espacio vacío de contenido. Primero, por supuesto, que "muchos de los maestros son tan ignorantes como sus estudiantes y que sus niveles de absentismo laboral son muy altos". Otra de las causas la ubica en el freno que suponen los sindicatos para la renovación de la profesión. Claro, mucho mejor una educación sin representantes sindicales que torpedeen las innovadoras políticas de los gobiernos de turno. Pero seamos justos con Naím, señala también, de pasada eso sí, que la malnutrición o la falta de medios en según qué países podrían ser también causa del fracaso de la escuela como espacio de aprendizaje.

Y ya puestos, pues se anima a iluminarnos con sus propuestas para solucionar tal desbarajuste. Con un párrafo le basta, oigan. Primero, medir para tomar decisiones. Uno tiene la sensación de que estamos constantemente midiéndonos pero a Naím todas las pruebas, reválidas y diagnósticos del sistema educativo mundial le saben a poco. Es insaciable y quiere todavía más. Como segunda propuesta proclama la necesidad de "darle más peso a la calidad de la educación". No añade mucho más, así que esperaremos un nuevo artículo en El País para ver si profundiza en la idea. Agárrense que para la tercera y la cuarta propuestas que nos permitirán revolucionar el sistema educativo mundial Naím empeña la friolera de tres líneas y media: "Tercero: empezar más temprano. Cuanto más mejore la educación a edades tempranas, más capaces de aprender serán los estudiantes de primaria y secundaria. Cuarto: usar la tecnología de manera selectiva y no como una solución mágica. No lo es". 👏👏👏

En fin, lo dicho, con muy poco Naím se empeña en desprestigiar una institución, la escuela, que sin duda presenta grandes problemas y retos pero que no pueden ser abordados de manera seria con planteamientos tan maniqueos y simplistas como los expresados por el autor venezolano. No negaremos desde la aquí la necesidad de transformación de la escuela en muchos ámbitos, pero responsabilizar al profesorado, sindicatos y a la situación de probreza de determinados colectivos y países resulta una opción muy facilona para alguien del currículum de Naím. Pues eso, lo dicho, mucho ruido para muy, muy poquita cosa.


martes, 30 de mayo de 2017

Reflexiones de futuro (o no) sobre educación permanente

Este mes de mayo he tenido la inmensa suerte de compartir con cerca de treinta docentes de centros de adultos de Baleares varias jornadas de formación. Todavía con los ecos de la última jornada dando tumbos en mi cabeza, aquí van, así, a lo loco, algunas ideas generales sobre lo asimilado durante estos días.

Un amplio colectivo de docentes de la etapa coincidimos en la necesidad de cambio para adaptarnos a una nueva realidad socioeconómica y profesional. El concepto de escuela de adultos tradicional ha mutado hacia nuevas formas y, por tanto, cabe dar respuesta a esta nueva realidad educativa.

Por otra parte, existe una corriente de opinión -hablaría de clamor, casi- que coincide en la necesidad de visibilizar nuestra etapa educativa y de conseguir prestigiar nuestra práctica profesional. Estamos totalmente al margen del foco mediático educativo y esto, además del malestar generado por el ninguneo perpetuo, afecta notablemente a nuestras posibilidades de crecimiento y expansión futuras. ¿Cómo mantener matrículas y luchar contra el absentismo si ni la propia administración nos promociona?

En tercer lugar, creo que, en líneas generales, desde los centros de formación de personas adultas se asume el reto de luchar contra el absentismo y de, en la medida de lo posible, buscar nuevas fórmulas que permitan a nuestro alumnado combinar su formación con su día a día. Mayor flexibilidad, innovaciones metodológicas, promoción de la autoformación o ciertos cambios organizativos pueden ser algunas respuestas al absentismo por parte de los centros. Eso sí, teniendo claro que el día a día del estudiante adulto es el que es y que existen motivos generadores de abandono que no está en nuestra mano atajar.

Otro aspecto importante se centra en la reivindicación de una actualización legislativa por parte de la administración en la que se tenga en cuenta la voz de los profesionales de la etapa. Y es que desde la experiencia del día a día podrían aportarse interesantes soluciones que dotaran a la educación permanente de una flexibilidad y capacidad de adaptación mayor a las nuevas realidades sociales y económicas.

Percibo, además, un compromiso potente por fomentar formas de trabajo compartidas y colaborativas a partir de las cuales establecer proyectos comunes que creen identidad en los centros. Cada escuela es un mundo, pero la realidad es que el profesorado y los equipos directivos presentes en las jornadas me han transmitido esa sensación de querer dar un revolcón a determinadas dinámicas que se producen a diario en nuestros centros educativos.

Quizá detecto también, tras esas ganas de cambio, un cierto pesimismo y descreimiento hacia el papel de la administración en todo este proceso y hacia las propias posibilidades de los centros como agentes de cambio. Me temo, además, que se trata de un factor que puede resultar paralizante. Sin duda que existen motivos para justificar ese pesimismo, pero tengo la sensación de que quizá es el momento de aportar ideas, proyectos y soluciones más que de enzarzarse en discusiones que no llevan a nada.

Por otro lado, me parece que existe una voluntad manifiesta de hacer red, de establecer alianzas entre centros y de buscar soluciones compartidas que permitan, además, aprovechar las experiencias y conocimientos de otras instituciones y profesionales. Será, sin duda, una buena noticia que se potencien las iniciativas ya existentes y se creen nuevos espacios de intercambio.

Intuyo que en todo este proceso las políticas de formación van a jugar un papel determinante para afrontar con garantías de éxito todos estos nuevos retos. Será vital, pues, coordinar planes de formación útiles, prácticos y motivadores que permitan dotar a cada centro de los conocimientos y competencias necesarios para iniciar este proceso de cambio.

Y, por último, percibo la voluntad de los centros de trabajar con y para el entorno, de apoyarse en la comunidad para buscar soluciones y recursos pero también para ofrecer soluciones a las distintas problemáticas que puedan existir.

En definitiva, un mes de mayo de mucho trabajo pero enormemente gratificante y motivador. Seguiremos con mucha atención el devenir de la formación de personas adultas en Baleares y, por supuesto, continuaremos trabajando desde nuestro pequeño rinconcito, también mediterráneo.

Una abraçada a totes!


lunes, 21 de noviembre de 2016

De sorpresas y supervivientes educativos

El otro día tuvimos una nueva incursión de Salvados en el tema de la educación. Por un lado, como han dicho muchos, se agradece que se hable de la cuestión educativa un domingo por la noche en prime time. Mal no nos va a hacer, la verdad. Todo lo que sea abrir el debate sobre el sistema y los roles y papeles de unos y otros me parece que no está de más. No obstante, son programas que me dejan un poco frío. Me pasó lo mismo con la excursión finlandesa de temporadas anteriores. Todo me parece demasiado superficial, simple, sesgado... No sé, quizá sea un tema personal, pero creo que la cuestión es mucho más compleja y que, claro está, seguramente un programa comercial de poco menos de una hora de duración no sería el espacio más adecuado para dirimir estas cuestiones en profundidad. Y que conste que soy un gran fan de Salvados.

Eso sí, me sorprendió ver en las redes sociales determinadas reacciones, sobre todo por parte de docentes de secundaria, ante los comentarios y reacciones del alumnado entrevistado. La mayoría de chicos planteaban su deseo de conseguir un trabajo estable, formar una familia y tener hijos, incluso pasando por encima de sus deseos y motivaciones personales. Así pues, según pude entender, la mayoría planteaba sus estudios desde una perspectiva utilitarista y pragmática: ¿qué opciones me pueden ofrecer un futuro lo más estable posible?, ¿qué estudios pueden garantizarme un trabajo con unos ingresos más o menos fijos? La idea parecía clara: "estudiamos para sobrevivir", "sabemos que con estudios nuestro futuro puede ser algo mejor, así que a por ello". Todo esto, parece, sorprendió a muchos espectadores.

No diré que me parezca la situación ideal, en absoluto. La idea de una juventud soñadora y luchadora que persigue con ahínco y perseverancia sus sueños me parece fantástica, por supuesto, pero creo que, en líneas generales, se encuentra bastante lejos de la realidad (al menos de la de los jóvenes con los que trabajo a diario). Y no les culpo por ello, que conste. De hecho, me parece injusto exigir a esta generación de jóvenes toda una serie de valores y responsabilidades que muchos de nosotros no hemos afrontado, especialmente en los últimos tiempos. Como adultos hemos aceptado pasar por el aro ante toda una serie de injusticias sociales impensables décadas atrás.  La lista de derechos que han sido pisoteados por las administraciones de turno en las últimas legislaturas es tan amplia y evidente que no voy a enumerar ni uno solo. Me temo que nuestra actitud ante ello, en general, ha sido la de la mera supervivencia. Así pues, no entiendo como alguien se puede sorprender de que nuestros adolescente opten por esa misma actitud. Objetivo, sobrevivir. 

Lo dicho, me cuesta entender este doble rasero para con esta generación de adolescentes. Solo puedo comprenderlo desde dos supuestos. Primero, desde la ausencia total de empatía para con ellos, lo cual me parece especialmente triste cuando esta viene por parte del colectivo docente. Y segundo, quizá más grave, desde el habitual complejo de superioridad que tiene toda generación adulta para con sus jóvenes. Y, no sé por qué, pero me temo que los tiros van por aquí...

domingo, 2 de octubre de 2016

(También) soy machista

Leo y recomiendo el artículo "Carta als homes: som masclistes però canviem-ho ja!" y, lamentablemente, me veo  reflejado en muchos de los casos descritos, los cuales se incrustan dentro de una (desagradable a)normalidad absolutamente machista y patriarcal. A menudo se usa el concepto de micromachismo para referirse a muchas de estas situaciones, aparentemente de bajo impacto, que contribuyen a ampliar la brecha de la desigualdad. Me parece que se trata de un concepto que hace más mal que bien a la lucha por la igualdad ya que, en mi opinión, reduce la importancia de gestos tan presentes en nuestro día a día. Un chiste machista entre cervezas, un exceso de efusividad "testoterónica" en una discoteca o un olvido de las implicaciones profesionales de un embarazo (supuestamente en pareja) no me parecen situaciones que puedan describirse mediante un término que empieza por el prefijo micro. No obstante, seguro que habrá especialistas en la cuestión que puedan opinar sobre esto con mucho más fundamento que un servidor.

En cualquier caso, rodeado de mujeres a las que quiero, admiro, aprecio y respeto, especialmente a Pilar, y esperando la llegada de una pequeña que va a crecer en este mundo dominado por el sexo contrario, (el de su padre y su hermano mayor, por cierto), me atrevo a preguntarme qué hacemos los hombres para derrumbar este muro de desigualdad. La respuesta es tan evidente que me la callo. Y da vergüenza escribir sobre esto porque no quisiera caer en el buenismo ni en el postureo masculino que (auto)detecto en muchos ambientes. Así que, mejor callar y ponerse manos a la obra.

Solo unas preguntas más, no me olvido que esto es un blog sobre educación: ¿Qué hacemos en los centros educativos para trabajar esta situación de desigualdad?, ¿cómo contribuimos desde el mundo de la educación, especialmente desde el lado masculino, a romper esta cadena que nos beneficia?, ¿no estaremos atacando la cuestión desde planteamientos superficiales -léase jornadas y/o proyectos puntuales, "días de la mujer" y otras actividades organizadas, nadie lo pone en duda, con toda la buena voluntad del mundo- y olvidando la importancia del gesto y de la práctica diaria?, ¿no contribuimos a olvidar y a silenciar toda una parte del currículo de nuestras especialidades, esa parte que ocupan tantas y tantas mujeres?, ¿y qué hay de los espacios de poder en los centros educativos?, ¿quién y cómo se ocupan y gestionan? No tengo respuestas. Lo que sí tengo es mucho trabajo por delante. Así que, lo dicho, a callar y a espabilar de una maldita vez.

¿Por qué no te sumas, HOMBRE?

PD: Hago mía la PD de Sergi Picazo en el artículo Carta als homes: som masclistes però canviem-ho ja!: "Sóc masclista, sí, i porto patint tot el dia per si aquest article també ho és, o per si he dit alguna cosa masclista sense adonar-me’n, o per si l’article és pur mansplaining".



jueves, 20 de agosto de 2015

Retos para el nuevo curso

Como ya es tradición, llega el momento de plantearse los nuevos retos y objetivos para el curso que empezará en unos días. Durante estas vacaciones hemos tenido tiempo de descansar y desconectar, pero también de reflexionar sobre los aciertos y errores del año pasado a partir de los cuales definir la hoja de ruta para el curso 2015-2016. Aquí van, pues, los retos que un servidor se marca para los próximos nueve meses.

Primero, continuar incidiendo en la atención emocional del alumnado. Aunque la experiencia del año pasado genera buenas sensaciones, pretendo perseverar en el trabajo y la atención emocional en el aula. Se trata, a mi entender, de un aspecto que en muchas ocasiones no atendemos de manera adecuada y que puede reportar enormes beneficios para el desarrollo personal de cada estudiante y en la cohesión de grupo. En los centros de adultos muchas veces recibimos a estudiantes que cargan con una pesada mochila de inseguridades y dudas debido al fracaso de anteriores experiencias educativas o, simplemente, al hecho de llevar tantos años alejados de las aulas. En este sentido, reforzar la autoestima y confianza de gran parte de nuestro alumnado puede facilitar enormemente su vuelta a los estudios. Insistiremos, pues, en ello y mejoraremos nuestra formación al respecto. Dinámicas de grupo, trabajo colaborativo y refuerzo de la atención y seguimiento individualizado de los perfiles más necesitados detectados por los equipos docentes serán algunas de las estrategias para trabajar este aspecto.

Segundo, potenciar el diálogo con el alumnado. Escribía hace unos meses sobre "Cosas que no se negocian" en el aula. Reflexionaba entonces sobre la idoneidad (o no) de dialogar más con los estudiantes y de pactar con ellos determinadas cuestiones fundamentales que afectan al desarrollo del curso. Mejor dicho, en el citado post se apuntaba la posibilidad de ceder la toma de decisiones de importancia al alumnado. Remarco lo de importancia porque tiene su ídem. Considero que tanto sistemas de evaluación como enfoques de trabajo y/o metodologías pueden negociarse con el alumnado. Establecer previamente a conocer a los estudiantes cómo vamos a desarrollar nuestro trabajo y cómo vamos a evaluar el de nuestro alumnos me parece, como mínimo, una decisión bastante arriesgada. Intentaremos, pues, conocer mejor a nuestros estudiantes y establecer espacios para el diálogo y para la toma de decisiones conjuntas.

Tercero, estar atentos a las posibilidades del entorno. La idea es seguir aprovechando las posibilidades del entorno para reforzar el aprendizaje en el aula y para enlazarlo con la vida diaria del alumnado. Este es, quizá, uno de los puntos más flojos en las valoraciones del año pasado así que cabe hacer un esfuerzo por reforzarlo. Continuaremos, pues, con la política de puertas del aula abiertas y estaremos al quite de las opciones que se nos presenten para dinamizar y enriquecer el aprendizaje, que seguro que serán muchas.

Cuarto, improvisar más. Me explico. A lo largo del curso suceden mil y un acontecimientos de relevancia ya sean locales, nacionales e incluso internacionales que deberían traspasar los muros del aula y convertirse, cuando menos, en temas de debate y de estudio por parte de nuestros estudiantes. Así, por ejemplo, si Estados Unidos abre de nuevo su embajada en Cuba seguramente es un buen momento para trabajar la guerra fría, la creación de bloques y la reflexión sobre distintos modelos socioeconómicos. Se trata, en mi opinión, de romper el aislamiento que a veces nos autoimponemos y que convierte el aula en un espacio atemporal y desconectado de la realidad. Crear espacios de debate y de generación de reflexión y de contenidos sobre el día a día es, pues, uno de los objetivos para este curso y, en este sentido, las TIC pueden convertirse en un aliado de lujo para conseguirlo.

Y quinto, divertirnos lo máximo posible. Soy un firme creyente de la máxima "la letra con risa entra". La risa es sinónimo de buen ambiente y no creo que haya nada mejor que un buen ambiente para generar situaciones de aprendizaje. Así que vamos a tratar de pasarlo bien, intentar que todo el mundo se sienta cómodo y, por supuesto, trabajar mucho pero con una sonrisa en la cara.

Pues aquí están mis grandes retos para el curso que viene. Seguro que tú tienes los tuyos. ¿Te animas y los compartes por aquí? ¡En breve empieza lo bueno! ¡Mucho ánimo!

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sábado, 2 de mayo de 2015

La escuela contra el mundo

Luri, G, (2008) L' escola contra el món. L' optimisme és possible. La campana. (Disponible en versión en castellano)

Acabo de leer con mucho interés La escuela contra el mundo, de Gregorio Luri. Escrito en 2008, el libro refleja con bastante acierto (a mi entender) la situación que atraviesa el sistema educativo de nuestro país aún hoy, siete años después de su publicación inicial. Son muchos los frentes abordados por el autor, aunque quizá quepa destacar su crítica a la pedagogía moderna y a los planteamientos que alejan al profesorado de la posición central en los procesos de enseñanza-aprendizaje. 

Y es que en un contexto como el actual, en el que somos bombardeados (y bombardeamos, de hecho) con conceptos como innovación, nuevas tecnologías, gamificación o aprendizaje basado en proyectos, Luri plantea la puesta en valor de ideas que generalmente asociamos a la escuela tradicional y que las nuevas tendencias pedagógicas parecen arrinconar por su "escaso glamour" y por ser consideradas, en muchos casos, como planteamientos anacrónicos e incluso reaccionarios. Así pues, Luri rescata conceptos como el esfuerzo, la autoridad, la transmisión de conocimientos o la voluntad de trabajo otorgándoles un papel destacado en el proceso de aprendizaje. 

Me ha interesado especialmente la reflexión sobre el concepto de escuela como institución mediadora entre familias y sociedad. De hecho, Luri realiza una crítica abierta a los nuevos relatos pedagógicos basados en modelos líquidos, donde el cambio es constante y omnipresente. Si lo entendí bien, Luri critica el esfuerzo de muchas instituciones educativas por estar a la última, por innovar y adaptarse al cambio constante, dejando de lado la reflexión sobre su contexto y realidad inmediatos y sobre las necesidades reales de conocimiento de su alumnado. El autor destaca, además, el valor del profesorado como recurso pedagógico en sí mismo, haciendo una crítica de la incorporación sin reflexión previa de las nuevas tecnologías o de las modas metodológicas de turno.

Otros temas ocupan también el análisis de Luri. El contraste entre la moral del trabajo y la moral del consumo (o moral fashion como él la llama) presente en nuestros días, el papel de la autoridad menguante del profesor o la confianza como elemento clave de los procesos de aprendizaje constituyen algunos de los temas desarrollados en el ensayo.

Por último, Luri hace un alegato en contra del escepticismo docente y a favor del optimismo en la educación. Y es que, según él, no podemos trabajar en un entorno donde están presentes el escepticismo y la incredulidad hacia nuestra propia labor. Debemos ser optimistas porque, primero, existen motivos para ello y, segundo y quizá más importante, porque es nuestro deber como docentes.

Quizá me parece excesivamente dura la crítica hacia las nuevas pedagogías y, a veces, excesivamente rígida la defensa del tradicionalismo pedagógico antes mencionado. Como el propio Luri apunta, el maestro puede constituirse como un recurso pedagógico en sí mismo. Así pues, en mi opinión, tanto modelos metodológicos más innovadores como aquellos que podrían ser calificados de tradicionales pueden generar aprendizaje o constituir un absoluto fracaso. Es más, no creo que la autoridad docente desaparezca en las llamadas metodologías modernas. De hecho, me parece necesaria mucha autoridad para llevar a cabo proyectos de éxito, aunque quizá el debate esté en el propio concepto de autoridad. Es por esto por lo que me parece que algún planteamiento resulta un tanto rígido. No obstante, me parece una obra muy interesante, la lectura de la cual recomiendo sin duda, aun discrepando de muchas de sus propuestas y análisis. En definitiva, un texto del que aprender mucho.



martes, 21 de abril de 2015

Equidad, ascensores y otras historias

El pasado mes de febrero la Fundación Jaume Bofill publicaba el informe Equidad y resultados educativos en Cataluña dirigido por Xavier Bonal. Mediante un análisis de los resultados PISA de 2012, el documento cuestiona dos premisas fuertemente consolidadas en el debate público respecto el sistema educativo catalán. La primera, que los resultados generales de Cataluña son mediocres respecto otros países y regiones de su entorno. Y, la segunda, que Cataluña ofrece niveles de equidad relativamente elevados. Y es que, según sus autores, lo que verdaderamente distingue al sistema educativo catalán no son tanto sus resultados como las desigualdades sociales existentes en los centros catalanes, tanto a nivel de género, de clase social como de procedencia.


El informe apunta, además, otras conclusiones importantes. En primer lugar, que aquellos países que han mejorado sus puntuaciones entre los años 2003 y 2012 (casos de Alemania, Suiza o Italia) han conseguido reducir las desigualdades de rendimiento en base a los niveles socioeducativos de su alumnado. Es decir, que el incremento de la equidad en su funcionamiento, organización y composición ha permitido una mejora de resultados. No sería el caso de Cataluña, donde el riesgo de fracaso escolar es seis veces superior en el caso del alumnado de niveles socioeconómicos bajos. También resulta especialmente significativa la diferencia de resultados entre el alumnado autóctono y el de origen inmigrado, así como entre chicos y chicas. En definitiva, que tenemos mucho trabajo por delante en términos de equidad y de justicia social.



Más allá de informes, datos y de diferentes porcentajes y resultados de uno u otro territorio, mi sensación personal es que se está abriendo una brecha importante en el sistema educativo. O quizá que se está agrandando la ya existente y resquebrajándose en nuevas fracturas. Y es que, en mi opinión, no es de recibo que centros de la red pública presenten diferencias tan abismales entre ellos en cuanto a recursos, composición de su alumnado, instalaciones, etc. Claro que la realidad del sistema educativo público es diversa y variada, por supuesto. No obstante, a mi entender, debería ser el propio sistema el que proporcionase elementos para equilibrar situaciones de desigualdad derivadas de una determinada estructura socioeconómica del territorio. Y eso no se arregla únicamente con unos cuantos profesores más en nómina.

Una de las funciones tradicionalmente asignadas a la educación es la de ascensor social para los miembros de las clases más desfavorecidas. No obstante, quizá se trate de una metáfora apta para otros tiempos. Si bien las tasas de paro se mantienen más bajas en niveles de formación y educación superiores, parece claro que hoy en día no son garantía suficiente para acceder a modelos de ocupación dignos. Y ello, en gran parte, no es responsabilidad tanto de un sistema educativo que trabaja a marchas forzadas como de un mercado laboral raquítico y menguante en cuanto a derechos, salarios y condiciones laborales de sus trabajadores.

Así pues, debemos trabajar en reducir las desigualdades sociales presentes en el tejido educativo. No obstante, creo que se trata de un esfuerzo que deberían impulsar las administraciones educativas de turno con políticas y recursos a tal efecto. Solo después desde los centros educativos podremos plantearnos actuaciones eficaces de gran calado en favor de la justicia social y la equidad. Y la sensación es que, hoy en día, el funcionamiento está siendo totalmente el contrario: mientras que los centros proponen alternativas, las instituciones se ponen de perfil. Además, el problema seguramente no sea solo educativo, sino de modelo social. En fin, que el ascensor se despeña... El tema es: ¿nos salvamos juntos o sálvese quien pueda?

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domingo, 1 de febrero de 2015

Generación C y la educación permanente

Hace unos días leía "Generació C, amb C de contrast", un genial artículo de Teresa Terrades sobre la hornada de "jóvenes de los felices dos mil" que ha vivido un tránsito de la infancia a la adolescencia especialmente convulso. Se trata de la generación, afirma Terrades, mejor cuidada de la historia. Y no le falta razón, al menos en relación al cuidado material y a la protección, quizás excesiva, ejercida por padres y madres de parte de una muchachada alejada de cualquier atisbo de  responsabilidad y obligación. En cualquier caso, parece evidente que es una generación que ha pasado de la infancia a la adolescencia en un momento crítico protagonizado por un cambio de paradigma económico, social y cultural. Una generación, o al menos una parte importante de ella, que ha pasado de vivir en la lujosa comodidad de la clase media del mundo occidental a experimentar situaciones impensables en tiempos de abundancia pasados. Y eso no es moco de pavo.

Pero, ¿qué le pasa a la generación C?, ¿cuáles son sus retos y principales problemas? Las cifras de abandono escolar temprano de los últimos años señalan que aproximadamente uno de cada cuatro jóvenes de la generación C se aparta prematuramente del sistema educativo. Por otra parte, los datos de paro juvenil no ofrecen una perspectiva mucho más halagüeña. Uno de cada dos jóvenes de menos de veinticinco años no tiene trabajo. Y, viendo la evolución del mercado laboral, el futuro no parece demasiado prometedor. Aquella generación que vivió sus primeros años de vida con cierto lujo o, cuando menos, desahogo se encuentra que tiene que adaptarse a una nueva situación para la que no fue educada ni preparada. ¿Cómo exigirles sacrificio y esfuerzo cuando crecieron alejados de ambos?

En los últimos años los centros de adultos están viviendo el desembarco de esta generación del contraste. Estos nuevos perfiles están transformando el propio concepto de escuela de personas adultas para generar nuevos espacios de relación y aprendizaje. Ni mejores ni peores, simplemente distintos. Parte del alumnado es muy joven, apenas dieciséis años. Otros, algo mayores, todavía están muy alejados del concepto tradicional de estudiante responsable, trabajador y disciplinado con el que se acostumbra(ba) a relacionar al alumnado de los centros de adultos. No obstante, unos y otros, han vivido en sus propias carnes el contraste de los años de abundancia con respecto a la difícil situación actual. Es por eso que, en mayor o menor medida, saben que sus opciones pasan por la educación y la formación. Y, aun así, la mayoría son conscientes que la cosa está francamente difícil.

¿Cómo afrontar el día a día con este alumnado en los centros de educación permanente? Es todo un reto, claro. Se trata, en muchas ocasiones, de trabajar conjuntamente en aulas donde comparten espacio miembros de la generación C con padres o madres de familia que superan la treintena y acuden a las escuelas de adultos a finalizar o complementar sus estudios buscando mejorar sus opciones profesionales. Y esa combinación sí que es un contraste. Aprovechar esa riqueza y diversidad puede ser una buena alternativa para generar nuevas dinámicas en este alumnado joven. Pero no basta por sí sola. Acercar los contenidos a su realidad y buscar nuevas metodologías y procesos de trabajo más dinámicos y atractivos deben ser caminos que empecemos a crear en los centros de adultos para hacer frente a estos nuevos perfiles. Y es que mucho me temo que  la tendencia se va a prolongar unos años más. Así pues, habrá que adaptarse para tratar de transformar esa C de contraste en C de curiosidad, cooperación y calidad. Porque ante el precicipio siempre queda alguna alternativa. Vamos a ello.

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lunes, 17 de marzo de 2014

Paraula de consellera

El passat 5 de març al lloc web del Departament d'Ensenyament de la Generalitat de Catalunya es publicava una nota informativa en la qual la Sra. Irene Rigau, consellera d'Ensenyament, destacava la importància que la formació al llarg de la vida haurà de jugar en un futur per tal d'eradicar la figura del "ni-ni". Les declaracions es realitzaven en el marc de la compareixença a la comissió de Joventut del Parlament de Catalunya.

Les bones intencions que es desprenen de les declaracions de la consellera són molt positives. En l'actual conjuntura social i educativa, esdevé molt interessant posar-se les ulleres de l'optimisme i mirar cap al futur amb positivitat per tal d'afrontar els reptes que se'ns presenten. Ara bé, potser els professionals de l'àmbit demanem més concreció sobre les actuacions que es duran a terme per tal de reduir l'elevat índex d'abandonament escolar i per potenciar la formació permanent. Potser m'equivoco, però no tinc la sensació que la resta de la comunitat educativa sigui tan optimista com la Sra. Rigau. Sigui com sigui, l'esmentada nota informativa em genera tres preguntes concretes.

Com s'avançarà en la lluita per reduir l'abandonament escolar? Quines mesures concretes es prendran per tal d'afavorir un major assoliment de la formació bàsica, concretament del graduat en educació secundària? Es parla d'avenços en els últims anys i de la necessitat de perseverar en aquest treball sense detallar quines són les vies d'actuació. Un cop d'ull als pressupostos de 2014, la plantilla de mestres i professors anunciada per la consellera de cara al curs 2014-2015 o la imminent aplicació de la LOMCE són fets que no contribueixen pas a l'optimisme.

D'altra banda, quines mesures s'estan prenent per reduir l'elevat percentatge de joves a l'atur? El sector de la construcció, motor de l'ocupació al país durant els darrers anys, s'ha volatilitzat completament. Què estan fent les administracions per tal de crear nous àmbits d'ocupació?  Quins sectors professionals seran capaços d'absorbir a tots aquells "nous" graduats i professionals tècnics? Com es podrà conjugar formació i treball en un context d'increment de taxes acadèmiques i de dràstica reducció dels salaris?

I per últim, com a professional d'un centre d'adults, em pregunto quin paper s'ha reservat als CFA en aquest procés de potenciació de la formació permanent. Avui dia, els centres d'adults estan jugant un paper fonamental en el reciclatge i en el retrobament amb el sistema educatiu de molts joves sense el graduat escolar (de vegades amb plantilles molt ajustades i sense els recursos disponibles per atendre adequadament el seu alumnat). S'han analitzat adequadament les necessitats de les escoles d'adults per tal de fer front als nous reptes educatius dels propers anys?

En definitiva, preguntes que potser topen amb una autocomplaença excessiva. Confiem que aquest optimisme vagi acompanyat de tota una sèrie de mesures destinades a corregir aquests desequilibris. En això estan... Paraula de consellera.