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martes, 15 de mayo de 2018

Proyectos más allá de las aulas

Me llega este tuit de la compañera María José Chordá y me pongo muy contento:


Si abrís el enlace llegaréis a la pagina del centro de formación de adultos donde trabaja, el FPA Torrent, donde este jueves van a presentar en sociedad "Orienta't i camina" la propuesta en la cual llevan trabajando a lo largo de los últimos meses. Se me escapan muchos detalles del proyecto, pero por lo que sé se trata de una propuesta de trabajo transversal en la que participan distintas asociaciones y entidades de la zona con el objetivo de ofrecer asesoramiento académico, formativo y laboral al alumnado de distintos grupos de su centro de formación de personas adultas. Se trata de una propuesta que ha trabajado codo con codo con @FolGuillermo (me imagino que con mucha otra gente más) y que por fin va a ver la luz este jueves.

Seguro que va a ser todo un éxito pero lo importante, desde mi punto de vista, ya está hecho: conseguir enlazar la realidad de nuestro alumnado (el suyo, mejor dicho) con su entorno y con los recursos necesarios para ofrecer alternativas de aprendizaje. Me lleva esto a pensar en un artículo que publicamos por aquí titulado Proyectos de entorno: 10 motivos para abrir los centros a la comunidad y me permito recuperar estos diez puntos que hacen interesante el hecho de trabajar en paralelo con nuestro entorno:
  1. Porque nos permite incidir en nuestro entorno, aportando soluciones o simplemente haciéndonos preguntas sobre las necesidades de la comunidad.
  2. Porque nos obliga a escuchar a otros agentes del territorio y, por tanto, nos permite tener una visión más completa de la realidad al salir de nuestra burbuja académica.
  3. Porque al abrir las puertas del centro permitimos que "pasen cosas", que se establezca una nueva relación con el entorno que puede ofrecer posibilidades y alternativas que ni siquiera imaginamos.
  4. Porque nos facilita esquivar los roles tradicionales de estudiantes-docentes y nos permite trabajar desde otras perspectivas mucho más enriquecedoras.
  5. Porque originamos propuestas de trabajo transversales y mucho más completas.
  6. Porque al estar en contacto con la realidad de nuestro entorno favorecemos la creación de situaciones de aprendizaje más motivadoras y sugerentes para el alumnado (y para los equipos docentes).
  7. Porque facilitamos el trabajo entre distintas etapas y formaciones, lo cual contribuye, sin duda, a fortalecer la cohesión social y a enriquecer las propuestas de aprendizaje.
  8. Porque nos mostramos como una institución abierta e innovadora, atenta a las necesidades e intereses de la comunidad.
  9. Porque abriéndonos al entorno podemos descubrir (y aprovechar) recursos que quizá no sabíamos que existían.
  10. Y, por último, porque, como hemos dicho, exponiéndonos a nuevas situaciones y retos, corriendo mayores riesgos, nos exponemos a equivocarnos. Y ahí, me temo, está el verdadero aprendizaje.
Me parece que va a haber mucho de esto en "Orienta't i camina". Espero que lo compartáis para aprender, una vez más, de vosotros. ¡Suerte! 😘😘


jueves, 5 de abril de 2018

La dimensión desconocida

Leo L'aneguet lleig (El patito feo), el último post de Joan Padrós, director del CFA Palau de Mar, y no puedo estar más de acuerdo con él. Es una idea que de vez en cuando vamos dejando caer por aquí y que otros blogs como los de los compañeros Josep Miquel Arroyo o Quim Balaguer también reflejan a menudo: la de que las administraciones educativas no acaban de poner la atención y, sobre todo, los medios que necesitamos desde los centros de adultos para desarrollar nuestro trabajo de manera óptima. De hecho, el nombre del blog de Quim es bastante claro al respecto: La germana pobre i lletja (La hermana pobre y fea). Como diría aquel, "no hase falta desir nada más". 

Lo triste es que no solo las administraciones educativas olvidan o relegan a un segundo plano a la educación de personas adultas. También lo hacen iniciativas supuestamente renovadoras e innovadoras, de las cuales cabría esperar algo más de atención y de comprensión, máxime cuando en los centros de adultos acabamos sufriendo de primera mano el fracaso del sistema educativo en sus etapas obligatorias. Y es que cuando te dan constantemente con la puerta en las narices uno se acaba hartando.

También es cierto que hay administraciones que se esfuerzan por apoyar y arrimar el hombro. En Cataluña, por ejemplo tenemos una red de centros municipales que, mejor o peor, con más o menos criterio, hacen inversiones importantes para mantener espacios de formación de personas adultas. Cabe, pues, ponerlo en valor. Pero hay que exigir, también, que esa inversión en recursos se haga de manera sostenible, con criterios estratégicos y dando respuesta a las necesidades del entorno.  Y que las administraciones provinciales, autonómicas y estatales apoyen y den soporte económico y humano a estos proyectos.

Mientras tanto, desde los centros de adultos seguiremos buscándonos la vida para conseguir los recursos necesarios para atender a nuestro alumnado de manera óptima. No podemos hablar de una educación de segunda división, de ningún modo. En la educación de personas adultas, como en cualquier otra etapa educativa, existen excelentes profesionales que desarrollan proyectos pedagógicos y educativos impresionantes y vitales para sus comunidades. Sí, no obstante, podemos hablar de una educación ubicada en una dimensión paralela, donde a menudo no se tienen en cuenta las necesidades ni, sobre todo, las demandas concretas y específicas que realizamos desde los centros de adultos

Pues eso, seguiremos perserverando, dando la matraca y explicando nuestras necesidades y demandas a quien nos quiera escuchar. ¡Seguro que encontraremos a alguien dispuesto a dejarse "enredar"! 😉





miércoles, 28 de marzo de 2018

Tres cosas (más) que pediría al Departament d'Ensenyament para la educación de personas adultas

Hace unas semanas mi amigo Josep Miquel Arroyo escribía este artículo donde realizaba tres grandes peticiones-sugerencias al Departament d'Ensenyament en relación con la formación de personas adultas. Josep Miquel proponía tres grandes ejes de actuación: la remodelación del curso de educación secundaria para adaptarlo a los nuevos tiempos, realidades y perfiles del alumnado adulto; la ampliación de la inversión económica formativa y humana; y, por último (y quizás lo más importante) el compromiso real y efectivo por parte del Departament con el concepto de aprendizaje a lo largo de la vida.

Por supuesto que firmo en todas la propuestas del amigo Arroyo. Sin duda. Seguramente se trata de los tres grandes ejes sobre los que cualquier administración educativa del país podría ponerse manos a la obra. Formación, nuevos recursos y replantearse según qué formaciones no parece un mal plan de trabajo. No obstante, pensaba en proponer otros tres puntos que quizá concreten, complementen y enriquezcan las ideas plantedas por Josep Miquel. Así pues, aquí van las propuestas de un servidor.

En primer lugar, y viendo la deriva cada vez mayor de alumnado derivado desde los centros de educación secundaria hacia las escuelas de adultos, no sería mala idea analizar causas y consecuencias de este desembarco creciente. Es cierto que cada centro es un mundo y que la realidad de la educación de adultos es muy diversa. Seguramente existen entornos rurales donde esta tendencia es prácticamente nula. No obstante, parece evidente que en contextos urbanos, y especialmente en entornos socialmente desfavorecidos, este trasvase está siendo cada vez más destacado. Y creo que, salvo excepciones, no se está trabajando de manera coordinada desde los centros de adultos y desde los institutos de educación secundaria para afrontar esta situación. Quizá sea aquí donde el Departament d'Ensenyament  (o la administración educativa de turno) debiera establecer estrategias para impedir que los centros de adultos se conviertan simplemente en un contenedor donde enviar al alumando que por diversos motivos no finaliza etapa o no consigue cumplir objetivos en los institutos

En segundo lugar, y concretando la propuesta de Josep Miquel de incrementar la inversión en recursos, me parece imprescindible dotar a los centros de educación de personas adultas de equipos de asesoramiento, orientación y apoyo psicopedagógico. No todo, claro, pero una parte significativa del alumnado que llega a los centros de adultos requiere de atención y apoyo educativo individualizado. En muchos casos se trata de estudiantes que no han tenido una experiencia educativa grata en su pasado y que, a menudo, presentan necesidades educativas especiales. Resulta imprescindible, pues, contar con equipos profesionales que detecten estos casos de necesidades especiales y que acompañen a docentes y a estudiantes en su trabajo diario. Me consta que algunos centros cuentan con preofesionales de apoyo, pero se trata, sin duda, de casos excepcionales (al menos por estas latitudes).

Y por último, me parece imprescindible, también, iniciar una campaña de visibilización y, sobre todo, de potenciación de la educación de personas adultas. Y no solo me refiero a anuncios televisivos o campañas en los medios, que también. De hecho,  ya se están llevando a cabo campañas mediáticas, más o menos acertadas, que promocionan la oferta de los centros de formación de personas adultas. No obstante, conociendo la realidad y el trasfondo de varias comunidades autónomas donde esto se está llevando a cabo, me parece que tras esas campañas de visibilización mediática no existe una verdadera política de potenciación de la educación de adultos. Para ello, cabe detenernos a revisar las verdaderas necesidades de la población, disponer los recursos necesarios y trabajar a medio-largo plazo para potenciar la educación de personas adultas como el espacio generador de nuevas oportunidades que, sin duda, ha sido y continúa siendo para miles y miles de personas durante cada curso escolar. Así pues, más importante que cualquier anuncio televisivo o cualquier otra campaña mediática resulta tener claros los objetivos y las necesidades a cubrir y disponer los recursos adecuados para conseguirlos. ¿Visibilización? Por supuesto, pero con trabajo de fondo detrás.

Pues nada, aquí van mis propuestas para la educación de adultos. ¿Por qué no te animas y compartes las tuyas? Hazlo en comentarios o, si lo prefieres, en Twitter con la etiqueta #3cosasfadultos. ¡Lo mismo hasta alguien nos atiende! 😏



miércoles, 24 de enero de 2018

¿Estirando el brazo más que la manga?: el día a día de los centros educativos

Mi abuela lo decía a menudo: no hay que estirar más el brazo que la manga. Donde llegue uno, llega. Y punto. Sin más, porque lo contrario lleva a no cumplir con los compromisos adquiridos, a no hacer bien nuestro trabajo o, peor incluso (según mi abuela, claro), a adquirir deudas que lo mismo no se pueden pagar en un futuro. Así que la mujer lo tenía claro: pasito a pasito y buena letra.

Viene esto a colación de una conversación que tuve con una compañera hace unas semanas. Íbamos a recoger unos materiales a horas intempestivas a una librería de una ciudad cercana y reflexionábamos sobre si no estaríamos estirando más los brazos de nuestro centro que las correspondientes mangas (metafóricos ambos, por supuesto). Era, casi, una pregunta retórica, porque ambos sabemos perfectamente que sí, que el centro quizá lleva un tiempo rindiendo por encima de las posibilidades que ofrecen nuestros recursos. Nos animamos rápido, cierto, y no es extraño que a los objetivos definidos por nuestro plan de trabajo anual vayamos añadiendo nuevas propuestas que nos hacen, quizá, rendir por encima de nuestras posibilidades. Y esto, que (creo que) habla muy bien de nosotros en el sentido de estar abiertos a la vida de nuestro entorno inmediato, también puede ser fuente de cierto "colapso docente".

Obviamente, nosotros no somos ninguna excepción. Esto que percibo con total claridad en nuestra escuela, me parece que se reproduce en la mayoría de centros educativos. Si analizamos fríamente la de actividades, proyectos y programas que se manejan diariamente en los centros educativos y los relacionamos con las condiciones objetivas en las que esos programas se llevan a cabo, lo mismo es que, en general, estamos todos un poco estirando más el brazo que la manga. Y no sé si ello conlleva demasiado beneficio.

Porque quizá:
  • Dedicamos demasiado tiempo a aspectos secundarios que podrían quedarse esperando en cola.
  • Perdemos de vista el objetivo final de todo el tinglado.
  • Creamos una dinámica de trabajo que nos bloquea y nos satura como profesionales.
  • Nos quedamos sin tiempo para la reflexión y para compartir con nuestros compañeros.
  • Promovemos la competitividad (interna, pero quizá sobre todo externa) y no favorecemos la cooperación.
  • Generamos propuestas de poco calado y de escaso valor añadido (se acerca el día de la Paz, ¿cuántas palomas vamos a pintar? 😜)
En definitiva, que me parece que sí, que estamos estirando el brazo más que la manga. Lo mismo deberíamos echar un poco el freno, reubicarnos todos un poco y pensar y reflexionar sosegadamente sobre los programas y actuaciones que estamos implementando. Y, además, propongo reservarnos unas horas para hacer lobby a las administraciones de turno para reclamar unas condiciones de trabajo que nos permitan llevar a cabo todas esas propuestas y mejoras que tenemos clarísimo que serían útiles en nuestros centros. ¡Ese sí que sería tiempo bien invertido!


lunes, 20 de noviembre de 2017

Estudiantes en tránsito: estrategias de acogida en los centros de adultos

NOTA: Artículo original publicado en catalán en El Diari de l'educació. Puedes leerlo aquí.

Si hay alguna etapa educativa que se caracteriza por la movilidad de su alumnado esta es la educación de personas adultas. Es cierto que el perfil de los estudiantes que se dirigen a los centros de educación permanente es muy variado y heterogéneo. Encontramos desde personas que acaban de llegar al país hasta jóvenes expulsados ​​por el sistema educativo (muchas veces, literalmente) antes de conseguir graduarse, pasando por profesionales de diferentes ámbitos que quieren aprender nuevas lenguas, formarse en nuevas tecnologías o acceder a unos estudios que les permitan hacer un giro vital y profesional. Sin embargo, en general, todos estos estudiantes presentan una característica común: son personas que tienen que compaginar su formación con las obligaciones que conlleva la "vida adulta". Es decir, aparte del día a día académico, el alumnado de los centros de adultos debe tener cuidado de hijos, hijas u otros familiares, cumplir con sus obligaciones laborales o, en el peor de los casos, afrontar las preocupaciones derivadas de no tener trabajo, además de otras cuestiones y casuísticas variadas.

Por otra parte, la educación de personas adultas es, generalmente, una gran desconocida para el conjunto de la comunidad educativa. No sólo para las personas que se acercan a informarse sobre las posibilidades que les ofrece la educación permanente, sino también para el resto de profesionales de la educación de otras etapas. Especialmente preocupante resulta esto último en relación con los institutos de educación secundaria, los cuales están representando en los últimos años un potencial foco emisor de alumnado adulto cada vez mayor. Es por ello que se considera imprescindible establecer vínculos y una relación fluida entre los centros de formación de personas adultas y otros centros escolares como los institutos de educación secundaria obligatoria y postobligatoria, aunque no sólo con instituciones estrictamente educativas y académicas.

En cualquier caso, podemos decir que en la educación de personas adultas hablamos de estudiantes "en tránsito": estudiantes que en muchos casos, desgraciadamente, vienen y van; estudiantes que no saben dónde vienen y que, a veces, no saben dónde van; estudiantes que vienen del trabajo o que vuelven directamente de la escuela al tajo; estudiantes que llegan de un instituto de secundaria al que (tal vez) volverán una vez finalizados sus estudios; estudiantes que llegan derivados desde servicios sociales, del servicio municipal de empleo o de otras instituciones sociales. En definitiva, infinidad de situaciones y de casuísticas. Como acoger este alumnado "en tránsito"? Cómo conseguir la integración efectiva de este alumnado en los planes de estudio de los centros de adultos?

Sabiendo que cada centro, cada contexto y cada estudiante son diferentes, quizá podrían establecerse algunas estrategias para dar respuesta a las preguntas planteadas. En primer lugar, parece una buena idea reforzar la comunicación con los estudiantes, pero también con el entorno comunitario donde se inscribe la acción de los centros de adultos. Obviamente, una entrevista inicial en profundidad resulta condición imprescindible para conocer la realidad de cada alumno, sus hábitos, trayectoria, obligaciones, etc. Partiendo de esta información puede trazarse un itinerario personalizado (en la medida de lo posible, por supuesto) que se adapte a sus necesidades. Pero, además, puede ser interesante contactar con aquellas instituciones desde donde se derivan estudiantes de manera habitual para presentar el centro, los servicios ofrecidos y también para conseguir información relevante y de interés para el aprovechamiento de nuestro alumnado. Así pues, institutos de educación secundaria, departamentos municipales de servicios sociales o inmigración, instituciones con programas de calificación profesional y de otras entidades del entorno pueden ser interlocutores muy interesantes con quien promover un trabajo en red que beneficie directamente nuestro alumnado .

Por otro lado, si decimos que la vida del alumnado adulto es compleja, desde los centros educativos de adultos tenemos que intentar adaptarnos en la medida de lo posible a este hecho. Horarios imposibles, obligaciones familiares o problemas puntuales pueden ser obstáculos insalvables para muchos alumnos. Se trata, pues, en la medida de lo posible, de buscar alternativas para que los estudiantes puedan superar las diferentes problemáticas que aparezcan durante su estancia en el centro. Adaptar horarios a las necesidades del grupo, ofrecer tutorías individualizadas fuera del horario lectivo, facilitar el contacto permanente vía correo electrónico o de otras plataformas virtuales, compaginar modalidades de enseñanza presencial con e-learning y otros formatos semipresenciales o promover espacios de autoformación en el centro pueden ser algunas de las estrategias que pueden desarrollarse desde las escuelas de adultos para tratar de acompañar aquellos estudiantes que tienen problemas para asistir a los centros de manera regular.

Otro aspecto clave para facilitar la integración efectiva y el aprovechamiento académico del alumnado en los centros de adultos es el trabajo conjunto de los equipos docentes. Tener información constante sobre su evolución y sus necesidades permitirá atender a tiempo aquellos casos de alumnos que puedan acabar convirtiéndose absentistas o que muestren cualquier otra problemática. Por eso hay que dotarse de una organización flexible y funcional que favorezca estos encuentros y que permita que la información transite adecuadamente entre todos los miembros del equipo y la tutoría del grupo. Huelga decir que la implicación del profesorado es imprescindible en este sentido. Por ello se debe asegurar que la organización no sature los equipos y sea funcional y, sobre todo, práctica.

Y, por último, relacionado con este último punto, puede hablarse de otra estrategia importante ligada, en este caso, a la tutoría. En los centros de formación de personas adultas es necesario, también, establecer programas de acción tutorial que permitan un acompañamiento personalizado del alumnado. De hecho, este seguimiento se hace imprescindible en muchos casos para vencer obstáculos que van más allá de las dificultades derivadas de compaginar vida académica y "vida adulta" y que se centran en cuestiones más académicas, de hábitos de estudio, estrategias de trabajo u organizativas. Ahora bien, no puede hacerse de la tutoría una tarea individual. Hay que apoyarse en los equipos docentes y desarrollar todo un trabajo conjunto que debe permitir atender y facilitar una integración y un aprovechamiento académico reales y efectivos por parte del alumnado.

En definitiva, se proponen el diálogo constante con los alumnos, el trabajo en red con las instituciones del entorno, la flexibilidad en la organización, el trabajo conjunto de los equipos docentes y la implementación de planes de acción tutorial bien coordinados y adaptados a las necesidades de los grupos y del alumnado como algunas de las estrategias para promover una buena acogida e integración del alumnado por parte de los centros de educación permanente. Sin ser ninguna solución definitiva, seguro que pueden convertirse en buenas herramientas que ayudarán a los alumnos a retomar o continuar su itinerario académico en una etapa educativa, la educación permanente, que ofrece enormes posibilidades de presente, pero también de futuro.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Formación horizontal: 11 reflexiones exprés al hilo de #EdcampAdults

Salgo del @EdcampAdults, un encuentro de personas vinculadas e interesadas en la educación de personas adultas, y en el tren camino a casa escribo las siguientes reflexiones en bruto sobre lo compartido esta mañana con los compañeros y compañeras de etapa:
  • Vernos las caras funciona. Poner cara a las personas que trabajan en las instituciones con las que interactuamos sitúa nuestra relación en otra dimensión. Seguramente mucho más provechosa, claro.
  • Los centros de adultos deben tratar de relacionarse con su entorno de manera ágil, flexible y práctica. Por un lado, para llegar a distintos públicos y, por otro, para tratar de ofrecer el centro como espacio generador de respuestas/iniciativas para el contexto local. 
  • La diversidad presente en los centros de adultos es un factor enormemente enriquecedor, aunque se necesitan recursos para gestionarla de manera efectiva. 
  • En ciertos centros existe una preocupación creciente por el desembarco de perfiles de alumnos muy jóvenes (adolescentes), con dinámicas de aprendizaje propias de la educación secundaria.
  • Los encuentros horizontales de docentes resultan una excelente estrategia de formación. Conocer prácticas, recursos y opiniones y puntos de vista de otros compañeros de etapa es enormemente enriquecedor para el aprendizaje personal. Además, resultan espacios mucho más ágiles y flexibles, favoreciende una mayor interacción que los formatos de jornadas tradicionales.
  • Los centros de adultos necesitan recursos para afrontar la inclusión de nuestro alumnado; un alumnado, por cierto, de lo más diverso y heterogéneo.
  • El trabajo en red con otros centros educativos, de la etapa o no, puede ser también enormemente valioso para el crecimiento profesional de todo el claustro. 
  • Podemos apostar por un modelo educativo que compite o por otro que coopera. ¿Cuál es tu apuesta? 
  • Los centros de adultos son, como los centros de todas las etapas educativas, muy diversos y variados. Existe, pues, una absoluta heterogeneidad que cabe respetar y tener en cuenta.
  • Mantener una actitud proactiva, como profesional y como centro, es indispensable para acabar con determinadas situaciones de bloqueo. Quizá la respuesta no deba llegar de  la administración, ¿por qué no intentarlo? 
  • Y, por último, la red de centros municipales de educación de adultos se muestra muy activa y, al parecer, con mayor capacidad para adaptar su oferta al entorno local.
En definitiva, una mañana de lo más productiva e interesante que ha pasado volando. Pido perdón por el desorden y por dejarme muchas ideas que seguro que han aparecido en otros espacios. Si has asistido, puedes adjuntarlas en el apartado comentarios. Seguro que encuentras más información en #EdcampAdults. ¡Felicidades y muchas gracias a todo el equipo organizador!


miércoles, 25 de octubre de 2017

La fantasía de la escuela burbuja

Este post ha sido escrito en colaboración con los compañeros Débora Kozak y Óscar Boluda. La idea era mostrar la relación entre escuela e ideología en distintos contextos. Dale un viztazo a ver qué te parece. Por cierto, podrás encontrarlo también en sus respectivos blogs Pensar la escuela y Efepeando. Te recomiendo, sin duda, que te pases por allí.

La neutralidad imposible
Débora Kozak


Es interesante cómo cada vez cobran mayor fuerza en la difusión de sus ideas quienes piensan que la escuela debe ser un “mundo rosa”, una burbuja a donde nada se “infiltre” desde el exterior. Puede verse la contundencia de este imaginario en las redes sociales. Vemos por ejemplo cómo en Twitter, espacio a donde suelen ponerse de manifiesto algunas situaciones entre terribles y absurdas que se viven cotidianamente en la escuela, los cuestionamientos que aparecen cuando se toca que vincula la escuela con la realidad. ¿Por qué molesta que la escuela sea permeable a lo que sucede en el contexto en el que está inserta?

La vida no es rosa. Parece obvio pero sin embargo el fantasma de la “neutralidad” recorre la escuela como si fuera posible mantenerla al margen del mundo. Tal vez lo más preocupante sea la idea de que deberíamos mantenerlos aislados para “no contaminarlos”. Y en este marco aparece la ilusión del “adoctrinamiento”, como si los alumnos fueran seres totalmente dependientes de los pensamientos y enfoques de sus docentes; como si no tuvieran reflexiones propias; como si fueron “moldeados a medida”.

Quienes creen estas cosas le exigen a la escuela mantenerse callada y al margen. Paradójicamente, en momentos a donde las sociedades requieren de la formación de ciudadanos con herramientas de lo más diversas para hacer frente a múltiples conflictos, es cuando a la escuela se le pide mirar para otro lado.

Si educar sólo se tratara de enseñar contenidos esterilizados, ¿cuál sería la función de la escuela?. En la era donde el acceso a la información resulta más un problema que una virtud tanto por su volumen como por su calidad, dejar de enseñar en las escuelas a analizar, comprender, argumentar y seleccionar esa información podría representar el enorme riesgo de dejar generaciones fuera de su propia realidad. ¿Cuál sería entonces el rol de la escuela y de los maestros y profesores hoy en la formación de ciudadanía?

En principio es necesario establecer que la escuela debería ser, por lejos, el lugar a donde se estimule el diálogo; el debate y el respeto por las diferencias. Resulta imposible pensar que esto es factible reclamándole al docente que sea “neutro”, que no tenga ideología. TODOS tenemos ideología, consciente o no; partidaria o no, pero todos la tenemos. La asociación entre “ideología y peligro” es la base de toda sociedad que ha perdido el rumbo de la democracia. Sembrar sospecha sobre el pensamiento diferente supone así que existe una forma de ver las cosas que es válida y que las de otros no lo son. ¿Cómo es posible construir diálogo si se parte de esta base?

Ahora bien: ¿esto implicaría que los docentes salgan a “adoctrinar” personitas dóciles dentro de su propia ideología? La respuesta obviamente es que no. Sin embargo esto interpela la idea de “neutralidad”, entendiendo que las subjetividades, puntos de vista o visiones del mundo existen de manera inevitable pero que además son el motor de los debates y la búsqueda de argumentos.

En las instituciones educativas debería garantizarse que todos las perspectivas de pensamiento pudieran estar representadas siempre y cuando ninguna de ellas resulte ofensiva o discriminatoria. La garantía de que así sea la darán siempre los docentes, cuyo rol indispensable en este proceso será el de guiar y mediar.

Otro aspecto fundamental para considerar es el lugar que ocupan las familias dentro de la formación de los alumnos. La escuela parte de recuperar lo que traen considerando como pilar que será la diversidad y la heterogeneidad lo que enriquezca y amplíe la mirada de los otros. No se trata de seres que se moldean “a imagen y semejanza” sino de personas en formación que escucharán, analizarán, comprenderán y tomarán cada una sus propias decisiones, más o menos fundamentadas según el caso. Pero el lugar de los enseñantes es el de facilitar y posibilitar que esto suceda.

Las propias teorías del aprendizaje han realizado aportes que confirman esto: se aprende de los problemas, de los conflictos de conocimiento. ¿Se puede aprender entonces cuando se intenta desconocer los problemas que llegan a la escuela desde la realidad misma que los impone?

En Argentina hemos visto con crudeza estos últimos tiempos el cuestionamiento a la escuela y los docentes por el tratamiento del tema de la desaparición de Santiago Maldonado. Chicos de todas las edades que llegaba preguntando por aquello que habían visto, leído o escuchado en medios y redes, sobre lo que intentaban buscar respuestas. Ante esto, el reclamo de silenciar el tema por parte de algunos medios y familias que se hicieron eco de este mensaje, poniendo en tela de juicio la capacidad de los docentes para dar tratamiento a este tema complejo. La figura del maestro “sospechada”, que abrió la puerta para todo tipo de ataques y desconfianzas sobre las escuelas.

Vivimos en un mundo convulsionado. Nuestra responsabilidad es preparar a los alumnos con las herramientas que se requieren hoy para vivir en él. Callar y ocultar lo que la realidad impone no parece ser un camino posible. O por lo menos no uno que posicione a las nuevas generaciones en situación de resolver esta complejidad que les toca vivir.


Doctrina, escuela y patria: ¿y qué hace el docente?
Ramon Paraíso


La situación política en Cataluña ha vuelto a poner la cuestión del adoctrinamiento en las aulas en el candelero. Desde el gobierno central y, sobre todo, desde los medios de comunicación afines se insiste de manera simplista e interesada en la idea de un sistema educativo, el catalán, que se constituye como una verdadera fábrica de independentistas y como espacio irradiador de hispanofobia. Una visión apocalíptica y sesgada pero en absoluto nueva. Recordemos que ya el ex ministro Wert recomendó la idea de “españolizar a los niños catalanes”. Así pues, no se trata de un debate surgido al calor de la situación política actual, sino que tiene un recorrido mucho más largo.

Por otro lado, llama la atención que la cuestión del adoctrinamiento en las aulas en España no dé el salto a los grandes medios de comunicación desde una perspectiva religiosa o de género. Y es que hablamos de un país laico que cuenta con una red de centros religiosos de enorme magnitud donde la religión católica tiene un notable reconocimiento en los planes de estudio, mucho mayor que otros ámbitos de conocimiento que quedan relegados a un segundo plano. Igual pasa con los centros segregadores por género. No se detecta un debate mediático de la magnitud del relacionado hacia la cuestión catalana ante este modelo educativo segregador. En definitiva, parece que lo que no han conseguido religión y segregacionismo escolar sí que lo ha hecho el nacionalismo.

No obstante, e independientemente de la situación política argentina, española o de cualquier otro país, quizá cabría reflexionar sobre el papel de los sistemas educativos y de sus docentes desde una perspectiva mucho más amplia. ¿Adoctrinan los estados a sus ciudadanos a partir de su red de escuelas?, ¿están libres los planes de estudio de doctrina político-social?, ¿cómo debemos actuar los docentes ante este panorama?

Sería ingenuo negar que las administraciones educativas que elaboran los planes de estudio de los distintos estados y regiones del mundo lo hacen de un modo neutral. Parece evidente que, como mínimo, se trata de planes que parten desde una perspectiva nacional y desde un posicionamiento social y económicos determinados.Y no cabe duda, además, de cuál es el modelo imperante, al menos en el mundo occidental. En cualquier caso, estando más o menos de acuerdo, se trata de sistemas y de planes de estudio legítimos, que estados democráticos se han otorgado a sí mismos de manera legal. Ahora bien, ¿significa eso que no hay doctrina en ellos?

Así pues, plantear la idea de una escuela burbuja se torna, en nuestra opinión, un sinsentido. La perspectiva nacional, ideológica y económica que subyace en cualquier modelo educativo contiene en sí misma una nada despreciable dosis de doctrina. Partiendo de ahí cualquier intento de neutralidad ideológica en los centros educativos resulta inviable. Por otra parte, en la escuela trabajan y conviven personas que, afortunadamente, tienen sus ideas y creencias propias y muchas veces además, todavía más afortunadamente, distintas entre sí. Ahora bien, descartada la idea de la escuela burbuja, ¿qué hacer?

Visto lo visto, quizá el gran recurso para el docente, para la escuela y para el propio sistema no sea otro que el diálogo. El diálogo entre distintas ideas, posicionamientos e ideologías; el diálogo para generar debate y, por supuesto conocimiento; el diálogo para, en definitiva, acercar posicionamientos y para evitar los choques de trenes que nos llevan a escenarios apocalípticos donde la Educación, con mayúsculas, acostumbra a ser la gran derrotada.


El docente polícromo
Óscar Boluda


Que la realidad es polícroma según el sujeto que la observa y experimenta es una afirmación que podría ser unánimemente aceptada. La escuela que vivimos, donde trabajamos y donde nuestros alumnos pasan buena parte de su vida actual, también debiera ser igualmente polícroma. No sólo por el bien de un alumno, más enriquecido a la hora de percibir su propia vida, sino para que la misma escuela crezca en un ecosistema donde es necesario un replanteamiento continuo de lo que se hace, siempre mirando de reojo al pasado y con vistas al futuro que nos espera.

Informar, reflexionar, debatir y comunicar son tareas a las que no damos la suficiente importancia en la escuela en contraposición de otras muchas que seguramente no son tan vitales. No se trata de querer influir en el pensamiento del alumno sino buscar la independencia intelectual de unos alumnos en formación inicial y permanente -al igual que debiéramos estar los docentes- prepararlos para la vida adulta.

Cuando en nuestras escuelas buscamos formar profesionales que sepan manejar el futuro, que entiendan lo que la sociedad y el mundo laboral pide de ellos, estamos profundizando igualmente en una concepto que debiera ser trabajado en cualquier contexto: el pensamiento crítico. Sin una capacidad crítica, que no de queja permanente, no podemos crecer como personas ni como profesionales.

En el mundo que a mi me ocupa, la Formación Profesional, muchos tenemos claro que los alumnos tienen su propio criterio que debe ser aprovechado para seguir creciendo junto a otras muchas competencias profesionales. Cada profesor en cada módulo profesional (asignatura) aporta al aprendiz unas competencias técnicas, así como unas destrezas personales, que refuerzan al alumno para que pueda desenvolverse mejor en un futuro empapándose de lo mejor de cada docente. Ahí reside gran parte de la riqueza de nuestra escuela.

No hay mejor alimento para la creatividad que un replanteamiento continuo de nuestra labor y de las rutinas heredadas. El alumno debe ser consciente de lo que hace y revisar, al igual que el docente, cómo ha venido aprendiendo y trabajando hasta el momento actual. Para ello es esencial conectar con otras escuelas, con otros colegas o estudiantes lejanos cultural o geográficamente, y así mirar más a menudo con otras lentes. Como ejemplo este mismo artículo donde compartimos diversas miradas que nos facilitan la evasión de esa angosta burbuja en la que nos movemos habitualmente.

Igual que nadie se escandaliza si buscamos fomentar el esfuerzo de nuestros estudiantes, tampoco debiera ser motivo de discusión ansiar alumnos críticos. Críticos con la sociedad y más aún con ellos mismos. Vivimos en una sociedad lo suficientemente democrática y avanzada para no saber qué valores son universales o qué normas de convivencia debemos respetar para no herir sensibilidades, avanzar en el bien común y no perpetuar el individualismo. Eso sí, también como docentes profesionales, hay que buscar más tiempos para meditar al respecto.

No somos ni burbujas ni neutrales. La escuela y sus docentes seguimos transmitiendo mucho más que disciplinas técnicas, aunque no con la repercusión que muchos calculan. La familia y el contexto socioeconómico son factores que mediatizan en mucho mayor grado -la vida presente y futura del alumno- que la influencia de unos docentes en su mayoría interesados en facilitar que sus alumnos aprendan y sean responsables a todos los niveles. Que esperemos que nuestros alumnos contribuyan a construir un mundo mejor no puede ser nunca un reproche.

Tres colegas, tres contextos, tres realidades... no tantas diferencias.


martes, 27 de junio de 2017

Haciendo inventario

Se acaba el curso y toca hacer valoración final del mismo. Los finales de etapa siempre son una buena ocasión para hacer inventario general de logros pero también de deberes pendientes. No obstante, no quisiera hacer tanto un repaso de los distintos proyectos llevados a cabo (están todos en Mare Vostrum, nuestro blog de aula) como de las sensaciones que el fin del año académico me deja en relación con los objetivos planteados en el mes de septiembre (véase Ahora que empezamos...) En fin, un autoajuste de cuentas para señalar todo lo aprendido y lo no conseguido a lo largo de este curso 2016-2017.

El primer lugar, estoy muy contento del trabajo colaborativo desarrollado tanto en el centro como en el aula. Como claustro hemos llevado a cabo importantes proyectos de manera conjunta que han tenido un impacto brutal en nuestro entorno. Pienso, sobre todo, en la coordinación de la campaña de donación de sangre de abril y en el proyecto de prácticas profesionales dentro del curso de graduado en educación secundaria para personas adultas (véase Proyectos que cambian las cosas). Se trata de iniciativas que considero que hablan muy bien de nosotros como claustro, así que ahí queda eso. Además, también hemos continuado con iniciativas conjuntas de formación entre iguales y seguimos ideando y proyectando propuestas para el curso que viene. En cuanto al aula, pues más de lo mismo. El ambiente ha sido, salvo contadísimas excepciones, muy positivo y ello nos ha permitido concretar proyectos que creo que son muy interesantes y que han generado un notable aprendizaje entre el alumnado.

Por otro lado, y es siempre una de mis obsesiones, hemos salido del aula, aunque quizá menos de lo que nos habíamos planteado en un principio. Si bien es cierto que hemos abierto el centro a nuevas propuestas y agentes, puede ser que nos haya faltado pisar más la calle para aprovechar más recursos educativos y formativos del entorno. No  obstante, hemos establecido sinergias con instituciones educativas de la zona, hemos visitado espacios más que interesantes y hemos abierto una vía de colaboración muy potente con las empresas del territorio, así que creo que podemos darnos por satisfechos.

También hemos "hecho cosas". Me refiero a que gran parte del trabajo en el aula lo hemos enfocado desde un punto de vista activo y práctico. Así pues, hemos creado webs, rutas turísticas, cortos, mapas, guías de viaje, obras de arte... ¡Hemos inventado hasta nuevos países! Aún teniendo muchísimo margen de mejora, creo que se trata de una manera de enfocar el aprendizaje que contribuye a potenciar la autonomía y la iniciativa personal del alumnado. Además, intuyo que resulta también una buena manera de motivar a estudiantes notablemente disruptivos y muy contrarios a metodologías de aprendizaje más dirigidas.

Manteniendo mis eternas dudas en el ámbito de la evaluación, creo haber dado solución a algunos retos surgidos en años anteriores. Para ello, sentido común al poder, he tratado de simplicar los procesos, decidir los aspectos realmente importantes a evaluar, consensuarlos con el alumnado y clarificar todo lo clarificable con los estudiantes. Hemos usado rúbricas, coevaluación, algunas pruebas -aunque más bien pocas-, tutorías individualizadas... En fin, varias herramientas pero siempre al servicio de lo realmente importante: el trabajo y el aprendizaje del alumnado. 

Además, hemos seguido visibilizando la educación de personas adultas publicando nuestras actividades, participando en cuantos eventos nos han invitado y presentando nuestras experiencias en distintos ámbitos. Y ahí seguiremos, haciéndonos pesados para ganar cada vez mayor protagonismo y fuerza para reivindicar las urgentes necesidades de la educación permanente.

Y, por último, hemos iniciado un proceso de formación en atención a las necesidades educativas especiales que esperemos que empiece a dar sus frutos durante el curso que entra. Cada vez contamos con más estudiantes con perfiles especiales por lo cual debemos (y queremos) tratar de ofrecer un servicio de calidad para todo el alumnado de nuestro centro. Avanzamos despacio pero afianzando estrategias eficaces, espero.

En definitiva, un año de muchísimo trabajo pero de resultados muy positivos. Para el año que viene, más y mejor. Y a ti ¿cómo se te ha dado el año en tu centro? ¡Coméntalo por aquí, anda! ;)





sábado, 17 de junio de 2017

En busca del alumnado perdido

Se acerca la época de preinscripciones y en los centros de adultos ya empezamos a tomar posiciones para recibir a los futuros estudiantes del año que viene. Si bien es cierto que muchos centros de educación permanente, en especial los ubicados en grandes aglomeraciones urbanas, no tienen demasiados problemas con el volumen de matrículas, sí que existen muchas escuelas de adultos que están viendo mermadas sus listas de inscritos, con la consiguiente preocupación por el tema de ratios, plantillas y posibilidades de recortes varios.

Además, se trata de un tema especialmente preocupante en lo que se refiere a determinados colectivos. Cada territorio y cada realidad es un mundo, pero parece un hecho contrastado que, en general, existen necesidades formativas muy claras y definidas en la población adulta española. Me refiero, especialmente, a los cursos de alfabetización y de graduado en educación secundaria. Todavía existe un contingente importante de personas autóctonas pero, sobretodo, también llegadas de otros países, que requieren de un proceso de alfabetización. Es el llamado analfabetismo funcional, y hablamos de cerca de 700.000 personas en toda España. De estas, poco más de 10.000 están cursando algún estudio para dejar de serlo. Una cifra bastante reducida, la verdad. Por otro lado, el 19% de jóvenes entre 18 y 24 años abandonan prematuramente el sistema educativo habiendo completado como mucho el primer ciclo de secundaria. Es cierto que la tasa se va reduciendo paulatinamente (podríamos analizar cómo y por qué, aunque eso da para un par de posts, mínimo) pero todavía hablamos de un volumen de personas considerable.

Son dos perfiles clarísimos que, en muchas ocasiones, cuesta recuperar para el sistema. Hablaba hace semanas con compañeros de Palma de Mallorca y me comentaban que, estando ubicados en una zona de la ciudad con un importante colectivo de personas analfabetas, la demanda de formación en este sentido era prácticamente nula. Seguramente, podríamos enumerar muchos otros casos y perfiles diversos: idiomas, nuevas tecnologías, accesos a ciclos formativos y a la universidad... En fin, miles de plazas y cursos que quedan desiertos o infraocupados en contextos con necesidades formativas claras y evidentes.

Insisto en que cada centro (y cada ciudad) es un mundo. Existen realidades, contextos y limitaciones, cierto, muy diversas y, en este sentido, resulta imposible generalizar y ofrecer respuestas estandarizadas. No obstante, quizá sí que existen algunas líneas de trabajo que, cada escuela a su manera, podría abordar para conseguir acercarse a ese "alumnado perdido". Así pues, ¿qué podemos hacer desde los centros de adultos para atraer a los "perdidos"?

En primer lugar, podemos tratar de adaptar nuestra oferta a las necesidades del entorno. Es cierto que aquí, quizá, los centros municipales y/o privados pueden tener mayor margen de maniobra, pero creo que, en general, esta debe ser la principal aspiración de cualquier centro de formación de personas adultas que se precie: ofrecer la oferta formativa que necesita el barrio, el pueblo o la ciudad de turno. Y para ello necesitamos conocer nuestro contexto, hablar con las instituciones que lo forman y saber qué necesidades educativas existen para tratar, en la medida de lo posible, de darles respuesta.

Otra línea de trabajo puede ser "ir a buscar" al alumnado. Normalmente resulta mucho más efectivo moverse que esperar que los resultados lleguen por sí solos. En este sentido, de nuevo, el diálogo con el entorno resulta fundamental. Si tenemos un par o tres institutos de secundaria en nuestro distrito, quizá no sea mala idea reunirse con el equipo directivo para explicar nuestra oferta. Quizá, incluso, podamos realizar algunas sesiones informativas con aquellos grupos donde existan estudiantes potenciales. Igual ocurre en los casos de alfabetización: puede ser interesante hablar con los departamentos de inmigración y/o servicios sociales municipales para que nos ayuden a darnos a conocer. Podemos visitar también las asociaciones de vecinos, la biblioteca municipal, hogares de personas mayores... En definitiva, se trata de crear sinergias con aquellas instituciones y entidades donde habitan nuestros potenciales estudiantes para poder hacer llegar nuestra oferta.

En tercer lugar, como siempre, se trata de hacernos visibles. Considero que montar un plan de comunicación, adaptado a las necesidades y recursos de cada centro, es una tarea que debe abordarse sí o sí. Si contamos en el equipo con algún experto en la materia, perfecto. De lo contrario, con un poco de sentido común y planificación, también pueden lograrse resultados muy potentes. Visibilizar el centro pasa por trabajar la comunicación en la web, redes sociales varias y medios de comunicación, pero también en la señalización, actos abiertos a la ciudadanía, folletos, trípticos, etc. Hacernos (un pelín) pesados, vamos.

Por otro lado, podemos tratar de ofrecer algo más que un curso determinado. Se trata de que el alumnado sienta que no solo puede contar con el centro para sacarse la ESO o aprender a leer y a escribir, motivos de sobra válidos para dirigirse a un centro de adultos. No obstante, además de estas formaciones, deberíamos intentar ofrecer un clima agradable, un proyecto compartido y otro tipo de experiencias que complementen la propuesta cursada. Ello va a contribuir a reforzar la cohesión social del centro y a una percepción del mismo por parte de la comunidad educativa mucho más rica y atrayente.

Por último, y aquí pasamos al terreno de la administración, deberíamos iniciar un proceso que aporte prestigio a la educación para las personas adultas. Se trata de poner en valor la oferta desplegada por los centros de adultos, difundiendo su importancia y las enormes posibilidades que ofrecen. Igual que se realizan campañas de comunicación para otras etapas formativas, podría llevarse a cabo una política de visibilización de la educación permanente por parte de las instituciones educativas de turno. Además, algo más de autonomía y, ya puestos, mayores recursos (sobre todo personales) tampoco nos irían nada mal.

En fin, algunas ideas para acercarnos a ese alumnado que, quién sabe por qué, tenemos perdido. Seguro que en tu centro lleváis a cabo otras propuestas para conseguirlo. ¿Por qué no las compartes en comentarios? ;)




jueves, 8 de junio de 2017

Proyectos que cambian las cosas

Lo de hoy es un poco autobombo, lo sé. Soy un firme defensor del autobombo moderado. Y aquí la importancia del adjetivo es vital, claro. La idea es conseguir el equilibrio entre visibilizar el trabajo que realiza toda una comunidad (no un/a profe molón/a) sabiendo que lo verdaderamente importante está precisamente en el impacto que tiene ese trabajo en el entorno y en las personas que lo habitan. Es decir, trabajar para y con la gente y no acordarse de la foto hasta que lo importante ya esté resuelto. En definitiva, saber qué es lo importante pero sin renunciar a comunicar nuestro trabajo, todavía más en una etapa como la educación de personas adultas, casi siempre olvidada a nivel mediático.

En cualquier caso, hoy quería hablar de un proyecto sencillo pero complejo al mismo tiempo. Un proyecto que hemos implementado con mucha ilusión en nuestro centro y del cual estamos muy orgullosos. Sabemos que tiene mucho recorrido y que tenemos mucho margen para la mejora, pero después de dos años de trabajo, creo que ya empezamos a recoger los frutos.

Hace varios años decidimos que, como centro de educación de personas adultas, no podíamos vivir al margen de una de las principales preocupaciones de nuestro alumnado: el acceso al mundo laboral. Mayoritariamente a nuestra escuela acuden jóvenes que no han tenido nunca una primera experiencia laboral. También tenemos otro perfil muy definido, el de personas (en su mayoría menores de 30 años) con situaciones de desocupación de larga duración. Hay un dato bastante clarificador: a inicios de este curso, el 80% de nuestro alumnado estaba en paro. Nuestro centro está en el Baix Penedès, la comarca de Catalunya con más paro porcentual registrado desde el estallido de la crisis. A pesar de ser un territorio con enormes potencialidades, los datos de desocupación son sangrantes y, ante esta realidad tan compleja, como claustro decidimos que debíamos tratar de dar respuesta a esta situación.

Es así como nace el Projecte Ocupa't, un programa de actividades variadas que pretende acompañar a nuestro alumnado en el camino para conseguir mejorar sus opciones de ocupabilidad. La idea es sencilla: además de venir a nuestro centro a conseguir un título y/o una formación específica, queremos ofrecer toda una serie de propuestas que faciliten la transición de nuestros estudiantes hacia el mercado laboral. Estas actividades se agrupan en cinco ejes: charlas y conferencias sobre distintos ámbitos profesionales; visitas a instituciones educativas y a empresas; gestión de la bolsa de trabajo del servicio de ocupación municipal; talleres y formaciones específicas (desde actualizar un currículum hasta usar las redes sociales como vía para encontrar trabajo); y, por último, el desarrollo de prácticas profesionales. Todo ello con la participación activa del claustro al completo.

Si bien estamos orgullosos de todo el proyecto, el asunto de las prácticas profesionales se lleva la palma. Nuestra idea era integrar esas prácticas dentro del currículum del graduado en educación secundaria. Pretendíamos, de este modo, abrir una ventana en el currículum para conseguir acercarlo a los intereses y necesidades del alumnado. Además, veíamos en ello un excelente elemento motivacional y de aprendizaje. La posibilidad de poder trabajar contenidos  fuera del aula y en un entorno profesional REAL nos resultaba muy interesante. Para ello, pensamos que podríamos crear una asignatura de prácticas, a la cual llamamos "Tastets d'oficis" (Catas de oficios), y con la propuesta bajo el brazo nos dirigimos al Departament d'Ensenyament para solicitar su validación. 

Sorprendentemente (ya sabemos cómo funciona la administración), la cosa tuvo aceptación inmediata. Si bien el trabajo administrativo fue bastante costoso, la verdad es que rápidamente se nos autorizó a tirar adelante el proyecto. Con el consentimiento del Departament, lo que necesitábamos era convencer a las empresas del territorio a que se asociaran con nosotros. Por suerte, la predisposición de las empresas ha sido fantástica y ello, unido a que mi compañera Carme es una crack, nos ha permitido conseguir un total de 10 empresas de diferentes ámbitos. Así pues, durante el segundo y el tercer trimestre de este curso, un total de 12 alumnos han realizado 30 horas de prácticas en distintos sectores profesionales (panaderías, restaurantes, cafeterías, talleres mecánicos, atención al público, mantenimiento de instalaciones, etc.), las cuales se han complementado con 5 horas de formación y orientación laboral. Además, el proyecto se ha cerrado con dos contrataciones del alumnado en prácticas por parte de las empresas. Broche de oro, sin duda.

Para cerrar, quisiera destacar dos cuestiones. La primera es la importancia de trabajar para la comunidad y contando con el entorno. El hecho de ponernos en la piel de nuestro alumnado y de tratar de acercarnos a sus necesidades nos ha permitido abrir una línea de trabajo que seguro que va a ofrecer muy buenos resultados en el futuro. Además, todo ello permite abrir la escuela al municipio y establecer sinergias con nuevos agentes, lo cual enriquece nuestro trabajo y potencia nuestro servicio como centro educativo. Y, por otro lado, el hecho de mantener un actitud proactiva y constructiva nos ha permitido dar con soluciones que desde un posicionamiento más pasivo no habríamos contemplado. En este caso, además del resto de actividades, nos ha permitido crear un módulo opcional de prácticas dentro del graduado, cosa que creo que no se había realizado con anterioridad. En definitiva, proyectos (grandes o pequeños) que cambian cosas... ¡proyectos que merecen la pena!



Para acceder a la presentación haz clic en la imagen

viernes, 19 de mayo de 2017

Proyectos de entorno: 10 motivos para abrir los centros a la comunidad

Este curso, en nuestro centro, tenemos entre manos varios proyectos abiertos a la comunidad. Aun tratandose de proyectos de muy diferentes características, todos tienen en común una idea central: se trata de propuestas de aprendizaje que tienen implicaciones y, por tanto, repercusión en nuestro entorno inmediato. Además, son proyectos que realizamos conjuntamente con otras instituciones y empresas del territorio, lo cual nos obliga a estar en constante contacto con personas de fuera de nuestro entorno académico. En definitiva, hablamos de propuestas que nos obligan (al alumnado, pero también al equipo docente) a salir de nuestra zona de confort y, por tanto, a exponernos a mayores riesgos, aunque seguramente también a un aprendizaje más rico e intenso.

Pero, ¿por qué abrir nuestros centros al entorno? Aquí van algunos posibles motivos:
  1. Porque nos permite incidir en nuestro entorno, aportando soluciones o simplemente haciéndonos preguntas sobre las necesidades de la comunidad.
  2. Porque nos obliga a escuchar a otros agentes del territorio y, por tanto, nos permite tener una visión más completa de la realidad al salir de nuestra burbuja académica.
  3. Porque al abrir las puertas del centro permitimos que "pasen cosas", que se establezca una nueva relación con el entorno que puede ofrecer posibilidades y alternativas que ni siquiera imaginamos.
  4. Porque nos facilita esquivar los roles tradicionales de estudiantes-docentes y nos permite trabajar desde otras perspectivas mucho más enriquecedoras.
  5. Porque originamos propuestas de trabajo transversales y mucho más completas.
  6. Porque al estar en contacto con la realidad de nuestro entorno favorecemos la creación de situaciones de aprendizaje más motivadoras y sugerentes para el alumnado (y para los equipos docentes).
  7. Porque facilitamos el trabajo entre distintas etapas y formaciones, lo cual contribuye, sin duda, a fortalecer la cohesión social y a enriquecer las propuestas de aprendizaje.
  8. Porque nos mostramos como una institución abierta e innovadora, atenta a las necesidades e intereses de la comunidad.
  9. Porque abriéndonos al entorno podemos descubrir (y aprovechar) recursos que quizá no sabíamos que existían.
  10. Y, por último, porque, como hemos dicho, exponiéndonos a nuevas situaciones y retos, corriendo mayores riesgos, nos exponemos a equivocarnos. Y ahí, me temo, está el verdadero aprendizaje.
Sin duda este tipo de propuestas generan y requieren de un notable esfuerzo por parte de todos los agentes del centro. No obstante, parece evidente que los beneficios reportados son mucho mayores que los esfuerzos. Al menos a nosotros nos compensa. Y tú, ¿te atreves a añadir algún motivo más?



miércoles, 26 de abril de 2017

La educación de adultos en (otras) 4 palabras

El otro día, el compañero Josep Miquel Arroyo escribía el post La educación de adultos en 4 palabras. Él usaba estancamiento, invisibilidad, derecho fundamental y justicia para describir su percepción sobre el momento actual de la educación de personas adultas. Sin duda, te recomiendo su lectura. No obstante, aun coincidiendo totalmente con su percepción de la situación, me propuse buscarle una percepción alternativa al asunto. Así que aquí van las mías.

La primera, sin duda, es oportunidad. Ya lo hemos dicho por aquí en más de una ocasión. La educación de personas adultas representa una excelente oportunidad de retomar los estudios para miles de personas en todo el país. Ya sea para mejorar sus condiciones laborales, para mejorar la propia formación o, por qué no, para disfrutar simplemente pasando el rato, las escuelas de adultos son espacios generadores de nuevas (y casi infinitas) oportunidades. Date una vuelta, mira los programas formativos de muchas de ellas y me cuentas.

La segunda es ilusión, claro. Superados los miedos y angustias iniciales y haciendo malabares con la agenda personal, un gran número de personas reencuentran la ilusión por el estudio, la cultura y la educación en los centros de formación de personas adultas. Y es que, a veces, no es fácil compaginar el día a día (trabajo, familia y obligaciones varias) con planes de estudios exigentes como los que se implementan en los centros de adultos. Además, gran parte de nuestro alumnado viene de situaciones de fracaso escolar que no predisponen, precisamente, a crear una percepción favorable para la vuelta a los estudios. Eso sí, superados los primeros envites, la ilusión suele aflorar en la mayoría de los casos.

Y ligado a esta ilusión, el éxito. Solo con conseguir cambiar esta percepción sobre los estudios y la formación me parece que ya podríamos hablar de éxito. Si además añadimos todos los "éxitos académicos" logrados cada año, todos los títulos obtenidos y los aprendizajes realizados considero que, en general, éxito sería una palabra que podríamos usar para definir el trabajo realizado en los centros de adultos. Esto no significa, por supuesto, que no tengamos mucho trabajo por delante. No obstante, poner el foco en lo positivo (que es mucho) puede ser enormemente interesante para destacar el trabajo realizado en los centros de adultos.

Por último, elijo comunidad. Porque, independientemente de las características de cada centro, el trabajo en comunidad debe ser uno de los puntos fuertes de esta etapa educativa (quizá de todas). Y no solo me refiero a la comunidad educativa, que también, si no al conjunto del territorio: empresas, asociaciones, instituciones públicas y privadas, colectivos varios... Los centros de adultos deben de estar atentos a los recursos del entorno y tratar de sacar el máximo provecho de cualquier oportunidad de aprendizaje que se genere fuera del centro. Ligar el "mundo real" a la dinámica diaria de los centros puede ser uno de nuestros principales objetivos y, en este sentido, el trabajo en comunidad es, sin duda, una garantía de éxito.

En definitiva, que yo elijo oportunidad, ilusión, éxito y comunidad para describir mi particular visión de la actualidad de los centros de educación de personas adultas. Seguro que tú tienes las tuyas propias. ¿Las compartes conmigo?


lunes, 14 de noviembre de 2016

Resquebrajando el graduado en ESO: un ejemplo de trabajo en red

En las últimas semanas he tenido la suerte de compartir con un puñado de compañeros la elaboración de una comunicación para el IV Congreso Internacional de Aprendizaje a lo Largo de la Vida. El objeto de estudio ha sido una de las enseñanzas troncales de la educación permanente: el graduado en educación secundaria. Se trata, sin duda, de la formación estrella de los planes de estudio de los centros de adultos. Si bien es cierto que cada centro tiene su propia realidad socioeconómica, me atrevo a decir que una gran parte de nuestros estudiantes acuden a los centros de personas adultas para obtener el graduado en educación secundaria, salvoconducto indispensable (o casi) para prolongar su itinerario formativo y/o para acceder al mercado laboral.

No obstante, siendo una enseñanza como digo troncal, existe una sensación generalizada entre el profesorado de los centros de adultos de que, en muchos aspectos, presenta un notable margen de mejora. Y es precisamente aquí donde entra nuestra reflexión. Después de un proceso de análisis y de trabajo colaborativo, proponemos un decálogo para transformar el graduado en educación secundaria en una formación adaptada a los nuevos tiempos y necesidades de nuestro alumnado. Hemos titulado la comunicación "Resquebrajando el Graduado en Educación Secundaria para personas adultas: propuestas para un nuevo GES". Como puedes ver, las sutilezas no van con nosotros. Si eres profesor/a de adultos te pediría que lo leyeras con calma y que aportes tus ideas (o que critiques las nuestras, faltaría más). Y si eres de secundaria, lo mismo te digo. Creo que muchas de las propuestas son aplicables también en tu etapa.

Aunque más allá de las propuestas e ideas de cambio reflejadas en el documento, su verdadero valor radica, en mi opinión, en cómo han sido elaboradas. Docentes de distintos territorios (Madrid, Cataluña, Baleares) y de centros muy diversos en cuanto a composición y estructura organizativa hemos buscado la manera (¡y el tiempo!) de compartir nuestras inquietudes y reflexiones sobre alternativas a los modelos establecidos, en este caso el del GES para personas adultas. Una propuesta elaborada desde nuestra experiencia que seguro que (re)abre la veda para nuevas colaboraciones y trabajos. Y es que no es la primera vez que hablamos aquí de la importancia y de los beneficios del trabajo en red. En SOMOS Escuela de personas adultas, Colaborando sabe mejor... o en Profesores en red, centros en red, ¿por qué colaborar con otros centros? ya hemos reflexionado ampliamente sobre ello. Así pues, ¿te animas a dar el salto?

NOTA: Como es obvio, el enriquecimiento personal y profesional en estas últimas semanas ha sido enorme, así que solo me queda agradecer a los compañeros Josep Miquel Arroyo, Max Alcañiz, Javier Iñiguez, Quim Balaguer y Diego Redondo y a la compañera Anna Tur por dejarme aprender con vosotros. ¡Seguimos!


miércoles, 19 de octubre de 2016

Decálogo molón para motivar a tu alumnado

Los que trabajamos en formación profesional, ya sea de adultos o específica, solemos coincidir con un tipo de alumno muy heterogéneo. En nuestras aulas concurren alumnos más o menos jóvenes, con una formación u objetivos vitales muy diferentes, con experiencias educativas de distinto tipo; ya sea porque aparcaron en su día los estudios, porque en estos momentos desean un cambio de rumbo profesional o buscan iniciar una nueva etapa vital con mayor o menor voluntad propia.

Ahora bien, ¿están motivados estos alumnos con los que trabajamos diariamente en el aula? ¿requieren prácticas docentes específicas y extraordinarias? ¿podemos aplicar alguna receta prodigiosa que sirva igualmente para otras etapas educativas? ¿cuál es la fórmula para mantenerlos conectados en clase e ilusionados en su futuro laboral o académico próximo?

Nuestros años de experiencia, trabajando con alumnos inclasificables -ni mejores ni peores, sino únicos- nos permiten sugeriros estos diez consejos para mantener esa motivación y espíritu de trabajo perpetuo en el aula. Consejos que no pretenden ser innovadores, tan sólo requieren un entrenamiento agotador, un tacto especial o, en su defecto, un personal coach las veinticuatro horas del día.
  1. Persevera y no te lo creas demasiado. Si un día fluyen las respuestas, a alguno se le cae la baba escuchándote o te felicitan por esa clase excepcional o por ser un monologuista digno del club de la comedia: ha sido todo un sueño. Cada día es diferente y puedes meter la pata o matar de aburrimiento en la clase menos esperada. Esa es la realidad...
  2. Paciencia. Muy relacionada con el punto anterior. Es fundamental armarse de paciencia en cada clase porque siempre algún alumno que te vacilará, te sacará los colores por tu ignorancia sobrevenida o te obligará a morderte la lengua para no responder algo indebido. El mejor remedio: una píldora de pacientin 500 después de desayunar.
  3. Ingenio. Capacidad de cambiar de rumbo en cualquier clase donde el agotamiento sea generalizado, los medio técnicos no acompañen por alguna rara caída del internet o porque te toca dar clase a última hora del viernes previo a un puente festivo. No es válido poner la película del momento en V.O.S.E. y justificarlo con que están aprendiendo inglés.
  4. Empatiza. ¿aguantarías seis horas seguidas sentadas con libros de texto o escuchando a un profesor tras otro? Si a ello le añadimos diferencias de edad, situaciones familiares diversas o la mera búsqueda de una titulación oficial, se nos complica la situación. Si te atreves, disfrázate de chaval y pasa un par de días sentado en cualquier aula de un instituto o colegio durante toda la jornada escolar.
  5. Relata. A casi todos nos gusta escuchar historietas, más aún a los alumnos, ávidos de conocer tu edad, situación civil, domicilio paterno o última salida estival y concierto remember al que acudiste. Siempre funciona contar experiencias en clase que podemos relacionar con nuestra materia a través de anécdotas, discos que escuchamos, películas o series que estamos viendo, algún cómic o novela. No es preciso ser un titiritero o trovador moderno, pero sí va bien soltar algún que otro rollo más o menos íntimo o inventado que nos acerque a su terreno y que demuestre que tenemos vida más allá de la enseñanza.
  6. Cede el poder. No hace falta que impongas tu voluntad constantemente cual monarca absoluto de turno. Tu alumnado tiene una experiencia y un bagaje que merece ser escuchado y tenido en cuenta. No te va a hacer daño abrir espacios para la toma de decisiones colectivas. Tranquilo, siempre te queda decidir cuándo poner el siguiente examen.
  7. Haz cosas. Como diría Rajoy (creador de la famosa sentencia “las mujeres -o los catalanes- hacen cosas”) hacer cosas es positivo ya que traslada el aprendizaje a un plano más real y, por tanto, mucho más motivador para el alumnado. Tampoco se trata de hacer macramé porque sí, pero con un poco de ingenio (ver punto 3) seguro que podemos llevar nuestros contenidos a un plano más práctico y llevadero.
  8. Date una vuelta. Pasarse nueve meses encerrado entre cuatro paredes puede ser, salvo que padezcas de agorafobia, un pelín agobiante. Seguro que en tu centro existen espacios por descubrir y utilizar: un laboratorio, el aula de informática, el gimnasio, etc. Da igual qué enseñes, un gimnasio puede ser un lugar excelente para romper una dinámica rutinaria. Además, también puedes salir del centro y visitar cientos de sitios de interés. Así que, fuera pereza y miedos y sal del aula.
  9. Mira tu agenda. Seguro que tienes contactos que pueden resultar de enorme interés para tus alumnos. Un amigo que no deja de viajar a lugares exóticos, otra que colabora en una ONG, otro que trabaja en una profesión relacionada con una parte del temario… Qué sé yo. Tira de agenda, pues, y abre tus clases a compañeros y/o amigos. Tus alumnos te lo agradecerán por partida doble: por un lado, aprenderán cosas nuevas y, por otro, dejarán de verte el careto durante unos días.
  10. Socializa vuestro trabajo. Implícate con la comunidad, presenta vuestros resultados, intenta resolver un problema del barrio, del pueblo, etc. Intenta que tu alumnado vea que lo que hace en el aula (y fuera, recuerda el punto 8) tiene algún tipo de sentido más allá del maldito aprobado final.
Visto lo visto, podríamos afirmar que el docente que no motiva a su alumnado es porque no quiere. Con este decálogo molón que ponemos a tu alcance lograrás que tus clases se conviertan en ese oscuro objeto de deseo del alumnado de tu centro. Así que tómatelo con calma y no apliques todos los puntos de golpe o tus chicos y chicas te van a perseguir por los pasillos cual estrella del rock. Y al loro, ya has visto lo que ha pasado con Dylan: ¡morir de éxito no es una alternativa!
 
PD: Este es otro de esos posts perpetrados con el amigo Óscar Boluda. Te recomiendo que te des una vuelta por su EFEPEANDO. ¡Será tiempo bien invertido!
 
 

viernes, 16 de septiembre de 2016

Ahora que empezamos...

Ahora que empezamos (los centros de adultos, al menos en Cataluña, inician las clases una semana más tarde que el resto de etapas) un servidor se propone los siguientes objetivos o líneas de trabajo para este curso:
  • "Hacer cosas" en el aula y fuera de ella. Es decir, llevar el currículo al mundo real.
  • Trabajar de manera colaborativa con mi alumnado y, sobre todo, con mis compañeras. Con "las que se dejan" es facilísimo, claro. Con las otras, seguir intentandolo.
  • Aprovechar espacios de aprendizaje fuera del aula (analógica y virtualmente)
  • Recordar que no solo enseño sino que también aprendo.
  • Seguir trabajando el concepto de evaluación para centrarnos en los procesos y no tanto los resultados (idea acorde a mi concepción del tinglado educativo, por supuesto).
  • Priorizar el aprendizaje por encima de la metodología. Es decir, ajustar la una a lo otro, no a la inversa.
  • Perseverar en la visibilización de la educación de personas adultas y potenciar todavía más el trabajo en red con otros centros educativos.
  • Atender debidamente las distintas capacidades y habilidades presentes en el aula.
  • Potenciar la reflexión por encima de la memorización.
  • Meternos a menudo en problemas para tratar de buscar soluciones.
  • Investigar y seguir practicando con el juego en el aula.
  • Ser accesible y tratar de ponerme en el lugar de todo el mundo. Poco a poco vamos mejorando...
  • Reforzar la presencia de elementos de reflexión crítica y social en los proyectos implementados.
  • Y, por último (y sobre todo), tratar de conocer lo máximo posible a mi alumnado para intentar ayudarles en aquello que necesiten
Pues eso, que ya empezamos. ¿Compartes por aquí tus objetivos para el nuevo curso? ¡Que vaya bien!


 

martes, 3 de mayo de 2016

¿Política? ¡Sí, gracias!

No, no me he vuelto loco y sí, yo también estoy un pelín saturado de la política en sus múltiples manifestaciones (léase local, autonómica y estatal). Desde el respeto absoluto a todas las opiniones, me resulta bastante decepcionante el panorama político actual, tanto en lo que se refiere a representantes de uno y otro bando como, sobre todo, a los (no) discursos sobre educación que (no) nos llegan desde todas y cada una de las trincheras políticas. Insisto, seguramente me equivoco, pero me parece que vivimos un tiempo en el cual se habla más de educación que nunca donde, por contra, existe poco debate real sobre educación. Y cuando existe, además, no resulta demasiado educativo que digamos.

Escuché hace unas semanas a Joan Subirats reflexionar sobre la necesidad de politizar el debate educativo. La jornada en cuestión versaba sobre centros de adultos. Como es sabido, una de nuestras principales preocupaciones como docentes de esta etapa radica en visibilizar nuestras necesidades y, por supuesto, en destacar la importancia de los centros de adultos como espacios generadores de segundas oportunidades formativas y educativas. Ante esta preocupación sobre el escaso eco mediático de la educación permanente, proponía Subirats una politización del debate educativo. Es decir, llevar al terreno político (el cual, nos guste o no, es el espacio donde se toman las decisiones) el debate sobre el presente y el futuro de los centros de adultos. Ahí queda eso.

Y pienso yo que no solo los centros de adultos estamos fuera del debate político. Tengo la sensación de que a menudo el debate educativo queda relegado a cuatro o cinco ideas o mantras que unos y otros se lanzan porque toca, es decir, sin demasiada reflexión al respecto. Unos defendiéndose desde un lado de la trinchera, los otros intentando ganar terreno a cualquier precio. Y con esto no digo que todos los discursos sobre educación de los distintos partidos políticos sean iguales, ni mucho menos. Lo que destaco es que en la clase política, a mi entender, no existe un debate en profundidad sobre la cuestión educativa y ese es un tema que me preocupa. No recuerdo que la educación jugara un papel importante en los múltiples cara a cara previos a las elecciones del 20D. Y ahora que tenemos nuevos comicios en el horizonte me temo que la situación no va a ser demasiado distinta.

Quizá el papel que nos toca como ciudadanos y como profesionales de la educación sea ése, llevar al terreno político nuestras demandas, necesidades y preocupaciones para que exista un verdadero debate que genere cambios más allá de la cosmética educativa propuesta por unos y de las barbaridades cometidas por otros. Así pues, propongo una politización del debate educativo desde una voluntad de entendimiento y de trabajo colectivo. Porque es evidente que para conseguir avances significativos se requiere un consenso que va más allá de políticas partidistas. Quizá solo así evitemos aquello de "entre todos la mataron y ella sola se murió".  






martes, 1 de marzo de 2016

Zascas educativos (I)

"La escuela es una institución construida sobre el axioma de que el aprendizaje es el resultado de la enseñanza. Y la sabiduría institucional continúa aceptando este axioma, pese a las pruebas abrumadoras en sentido contrario. Todos hemos aprendido la mayor parte de lo que sabemos fuera de la escuela. Los alumnos hacen la mayor parte de su aprendizaje sin sus maestros y, a menudo, a pesar de estos".

Illich, I., La sociedad desescolarizada. Barcelona: Barral (1974)

#NoHaseFaltaDesirNadaMas




jueves, 17 de diciembre de 2015

Hay plan en Ibiza

El pasado martes tuve ocasión de presentar nuestro modelo de escuela a los compañeros del CEPA Pitiüses de Ibiza. La jornada se enmarcó dentro de un plan de formación establecido por el propio centro y el CEP de Ibiza para definir su proyecto educativo y los objetivos que deben guiar su práctica y gestión durante los próximos años. No hace falta decir que fue todo un honor que pensaran en el CFA Dolors Paul como experiencia de interés para abordar este trabajazo que tienen por delante. De hecho, nosotros este año estamos aplicando el plan estratégico que elaboramos a lo largo del curso pasado, así que nuestra experiencia -a pesar de nuestros muchos errores de principiantes- podía resultar, en este sentido, muy interesante para el CEPA Pitiüses.

Así pues, presentamos por un lado los aspectos más destacables de nuestro centro y, sobre todo, incidimos en el proceso de definición de nuestros objetivos estratégicos y de las estrategias y principales actividades planificadas para el presente curso escolar. No obstante, como siempre, lo más interesante de este tipo de encuentros surge del diálogo con el resto de compañeros, de las discrepancias y de los acuerdos que se producen, del contraste entre diferentes puntos de vista. En mi opinión, algunos de los aspectos e ideas más destacados de la jornada serían los siguientes (perdón por el desorden y los descuidos):
  • Es importante, en primer lugar, definir claramente nuestro planteamiento institucional. Es decir, responder a toda una serie de preguntas relacionadas con nuestra actividad como centro educativo: para quién trabajamos, en qué nos diferenciamos, cómo queremos ser en el futuro... Se trata de poner en común las visiones del centro y del entorno que tienen todos los miembros del equipo. En este sentido, puede llegar a sorprendernos lo variados y distintos que pueden ser los puntos de vista de un mismo equipo. Conocerlos y valorarlos por igual sólo puede contribuir a enriquecer el proyecto.
  • Hay que analizar bien nuestro contexto para detectar nuestras prioridades y necesidades, así como los recursos de los que disponemos. A partir de aquí podremos definir nuestros objetivos estratégicos.
  • Cabe hacer un esfuerzo por implicar al conjunto del equipo, cada uno en la medida de sus posibilidades. Cuanta más gente se implique en la elaboración del plan estratégico mejores, sin duda, van a ser los resultados. Un proyecto elaborado desde dirección sin el apoyo del equipo docente tiene muy pocas posibilidades de tirar hacia delante. De igual modo, un proyecto surgido del claustro sin el apoyo del equipo directivo no lo tiene demasiado mejor.
  • Hay que huir de la burocracia. Si la elaboración de un proyecto educativo cae en brazos del "burocratismo administrativo" estamos perdidos. A lo máximo que podremos aspirar es a que el documento final calce cualquier mesa coja que haya por el centro. Se trata, en mi opinión, de elaborar documentos prácticos, útiles, que sean fuentes de consulta a lo largo del curso. Mi teoría es que un documento de centro que no se consulta con frecuencia no sirve absolutamente para nada.
  • Deberíamos hacer un esfuerzo por concretar la teoría (las palabras bonitas) en actuaciones prácticas. Decir que somos un centro progresista y vinculado al entorno está muy bien, pero lo que hay que hacer es explicitar qué vamos a hacer para demostrarlo en nuestro día a día.
  • Hay que establecer indicadores que nos permitan medir nuestro trabajo y responsables de su ejecución. Durante la jornada comentábamos casos de proyectos y/o actividades bien planificados e interesantes que habían desaparecido (sic) por no tener asignados personas responsables que los ejecutaran.
  • Es igual de importante ser ambicioso que realista, quizá mejor lo segundo. Saber exactamente dónde estamos y qué podemos afrontar nos da un punto de realidad que nos va a ser muy útil en nuestra planificación.
  • Debemos hacer un esfuerzo por trabajar con el entorno. Los centros educativos somos parte importante de la comunidad y es clave que estemos abiertos a sus demandas y a los recursos que ésta nos ofrece. 
  • Hay que ser flexible en el proceso de trabajo. Nuestro día a día está lleno de imprevistos que pueden hacer saltar por los aires nuestros planes. Planificar con flexibilidad nos permitirá adaptarnos a los imprevistos y no frustrarnos cuando se produzcan retrasos que, sí o sí, van a terminar apareciendo. 
  • Y, quizá lo más importante, hay que ponerle mucha ilusión y ganas. En los centros de adultos (y en cualquier otra etapa educativa) tenemos un fantástico y motivador trabajo por delante. Pongámosle ilusión y ganas y los resultados van a ser, sin duda, mucho mejores.
De ilusión y ganas, precisamente, van sobrados muchos compañeros del CEPA Pitiüses. Ilusión, ganas y una amplia experiencia y profesionalidad que seguro que van  a permitir que superen el contexto complicado que tienen delante y que acaben desarrollando y aplicando las muchísimas ideas y propuestas que tienen en mente. ¡Y entonces les invitaremos a que vengan a contárnoslo!

PD: Muchas gracias a Anna Tur por pensar en el CFA Dolors Paul para esta jornada de trabajo, a Iñaki Monge por la confianza y a Max Alcañiz por ejercer de perfectísimo y pacientísimo anfitrión y por cometer el error de invitarnos de vuelta a la isla. ¡Somos muy gorrones, así que te tomaremos la palabra! ¡Besos y abrazos por triplicado!