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lunes, 14 de noviembre de 2016

Resquebrajando el graduado en ESO: un ejemplo de trabajo en red

En las últimas semanas he tenido la suerte de compartir con un puñado de compañeros la elaboración de una comunicación para el IV Congreso Internacional de Aprendizaje a lo Largo de la Vida. El objeto de estudio ha sido una de las enseñanzas troncales de la educación permanente: el graduado en educación secundaria. Se trata, sin duda, de la formación estrella de los planes de estudio de los centros de adultos. Si bien es cierto que cada centro tiene su propia realidad socioeconómica, me atrevo a decir que una gran parte de nuestros estudiantes acuden a los centros de personas adultas para obtener el graduado en educación secundaria, salvoconducto indispensable (o casi) para prolongar su itinerario formativo y/o para acceder al mercado laboral.

No obstante, siendo una enseñanza como digo troncal, existe una sensación generalizada entre el profesorado de los centros de adultos de que, en muchos aspectos, presenta un notable margen de mejora. Y es precisamente aquí donde entra nuestra reflexión. Después de un proceso de análisis y de trabajo colaborativo, proponemos un decálogo para transformar el graduado en educación secundaria en una formación adaptada a los nuevos tiempos y necesidades de nuestro alumnado. Hemos titulado la comunicación "Resquebrajando el Graduado en Educación Secundaria para personas adultas: propuestas para un nuevo GES". Como puedes ver, las sutilezas no van con nosotros. Si eres profesor/a de adultos te pediría que lo leyeras con calma y que aportes tus ideas (o que critiques las nuestras, faltaría más). Y si eres de secundaria, lo mismo te digo. Creo que muchas de las propuestas son aplicables también en tu etapa.

Aunque más allá de las propuestas e ideas de cambio reflejadas en el documento, su verdadero valor radica, en mi opinión, en cómo han sido elaboradas. Docentes de distintos territorios (Madrid, Cataluña, Baleares) y de centros muy diversos en cuanto a composición y estructura organizativa hemos buscado la manera (¡y el tiempo!) de compartir nuestras inquietudes y reflexiones sobre alternativas a los modelos establecidos, en este caso el del GES para personas adultas. Una propuesta elaborada desde nuestra experiencia que seguro que (re)abre la veda para nuevas colaboraciones y trabajos. Y es que no es la primera vez que hablamos aquí de la importancia y de los beneficios del trabajo en red. En SOMOS Escuela de personas adultas, Colaborando sabe mejor... o en Profesores en red, centros en red, ¿por qué colaborar con otros centros? ya hemos reflexionado ampliamente sobre ello. Así pues, ¿te animas a dar el salto?

NOTA: Como es obvio, el enriquecimiento personal y profesional en estas últimas semanas ha sido enorme, así que solo me queda agradecer a los compañeros Josep Miquel Arroyo, Max Alcañiz, Javier Iñiguez, Quim Balaguer y Diego Redondo y a la compañera Anna Tur por dejarme aprender con vosotros. ¡Seguimos!


viernes, 27 de febrero de 2015

"Cosas que no se negocian"

El otro día tuvimos sarao de profes. La cosa estuvo muy interesante, la verdad. Una de esas jornadas de aprendizaje "del bueno". Conocer el trabajo de otros compañeros siempre resulta muy positivo y enriquecedor. Descubrir otras realidades y maneras de hacer aporta nuevas perspectivas que, en mi caso, considero que ayudan a mejorar mi trabajo en el aula. En definitiva, un placer.

A punto de finalizar la jornada surgió la frase de marras que da título al post: "Hay cosas que no se negocian". El asunto venía a cuento de una exposición de experiencias didácticas donde el alumnado participaba activamente de la toma de decisiones, pero decisiones "de verdad", tales como el propio sistema de evaluación del módulo o, incluso, cómo enfocar los contenidos definidos por el currículum. Reivindicando el papel importantísimo del profesorado -no sé de donde se infiere que la participación activa del alumnado resta peso al profesorado- algunos compañeros argumentaron, en aras del cumplimiento del temario, las dificultades derivadas de este tipo de metodologías más participativas y el menoscabo que éstas pueden suponer para el papel del profesorado así como para la preparación final del alumnado.

No entraré a valorar ahora, quizá otro día, los beneficios o no de la participación del alumnado en la toma de decisiones en el aula. No obstante, la frase me dejó con la mosca detrás de la oreja. "Hay cosas que no se negocian". Realmente, ¿es así?, ¿hay cosas que, didácticamente hablando, por supuesto, no deberían negociarse en el aula? Estuve lento (cosa habitual, por otra parte) y no profundicé en el tema. Debería haber preguntado cuáles son esas cosas que parecen estar por encima del bien y del mal, esas cosas que son tan evidentes y necesarias que son innegociables, esas cosas que los profesores tenemos tan claras y firmemente arraigadas que no podemos negociar con el alumnado. Que alguien me las diga, por favor, porque estoy en ascuas.

Salí del encuentro con dudas, muchas. Porque yo sí que negocio, y cada vez más. Y creo que no me genera problemas, al revés. Me genera trabajo (y más dudas), pero no problemas. Porque, si no impongo mis opiniones o criterios a amigos, familia o compañeros, ¿por qué sí hacerlo con mi alumnado? Si dialogo, pacto, acuerdo y negocio con todo mi entorno, ¿por qué no hacerlo también en el aula?, ¿Acaso si alumnos y profesores tomamos decisiones conjuntamente los segundos perdemos autoridad o nuestro papel como profesionales se ve minusvalorado? No sé, no lo veo. Y que conste que no me pongo en plan "moderno", que en mi centro estamos muy lejos del desempoderamiento del profesorado que promueven algunos y que, por otra parte, todo sea dicho, me suena tan bien y tan potente.

En fin, que una vez más queda claro que cada maestrillo tiene su librillo y que, al final, todo es cuestión de puntos de vista y de filosofías de trabajo (¿o de vida?). No obstante, continuaba dándole vueltas a la cabeza, así que me acerqué a la RAE y en su cuarta acepción descubrí el siguiente significado para el término negociar: "tratar asuntos públicos o privados procurando su mejor logro". Visto lo visto y tal y como está el panorama, ¡cómo para no hacerlo!

PD. Por cierto, lo reconozo, es cierto: a veces no acabo el temario.

Para más entradas sobre profesorado clica en los siguientes enlaces:




domingo, 22 de febrero de 2015

Pim Pam Proyecto (II)

Hace unos día empezamos por aquí la crónica personal de las jornadas sobre aprendizaje basado en proyectos organizadas por el CEFIRE de Castellón que tuvieron lugar los días 13 y 14 de febrero. Seguimos, pues, con las reflexiones generadas a partir de escuchar a compañeros de centros de todas las etapas y especialidades. Y es que, contrariando la opinión de muchos, parece que no es necesario trabajar en infantil para desarrollar proyectos.

Espacio: está claro que los espacios condicionan el trabajo en el aula y la organización tradicional del espacio deja muy claro quién toma las decisiones y quién ejerce el liderazgo en los procesos de aprendizaje. ¿Cabe algún cambio al respecto? Por otra parte, no es lo mismo trabajar con un espacio rígido que con espacios multifuncionales, cómodos y variados. La cosa está difícil en mucho centros, claro. No obstante, siempre hay cierto margen para romper las barreras del espacio físico tradicional. Algún compañero proponía el pacto como alternativa. Pactar con el claustro modificaciones puntuales, pactar la gestión y uso del tiempo de cada espacio e, incluso, pactar la organización general del aula. En fin, más ideas.

Difusión: el trabajo por proyectos implica producir "cosas": un mural, una guía de viaje, una excavación arqueológica, un cortometraje... en definitiva, mil y una opciones. Una buena manera de poner en valor el trabajo del alumnado (y el nuestro, claro) es dando visibilidad a los trabajos realizados. Exposiciones, presentaciones al resto de grupos, visitas a la radio local, presencia en las redes sociales, etc. son algunas de las vías para dar visibilidad a los proyectos realizados en el centro y para hacer ver al alumnado que su trabajo puede tener impacto más allá de las paredes del aula.

Enlaza: cabe enlazar el trabajo con la realidad del alumnado, pero sin olvidar que detrás (o delante) hay un currículum y unos contenidos que cumplir. De todas maneras, contra lo que pudiera parecer, el propio currículum ofrece ventanas interesantes al trabajo o al desarrollo puntual de proyectos de aprendizaje. Colaborar, fabricar, dialogar o compartir son verbos que también aparecen en el currículum y que permiten (alientan incluso desde determinado punto de vista) el trabajo mediante proyectos.

¿Y las TIC?: pues bien, gracias. Está claro que las TIC han proporcionado un impulso brutal al trabajo por proyectos. No sólo en lo que se refiere a los procesos de trabajo y a los productos finales sino, sobre todo, en la facilidad para conectar a profesores y centros alejados físicamente pero con intereses comunes. No obstante, tampoco son imprescindibles para el desarrollo de proyectos de interés. Existen numerosos trabajos alejados de las nuevas tecnologías que aportan toneladas de aprendizaje para el alumnado y el profesorado que los ejecuta. Pues eso, se trata de no caer en la tiranía de las TIC porque sí. Aunque, en mi opinión, siempre que aporten significado y contenido bienvenidas sean.

Evalúa: tema importante, también, el de la evaluación. Si trabajamos de manera distinta, seguramente debamos de evaluar de manera distinta. Y es ahí donde entran en juego sistemas de evaluación alternativos: rúbricas, coevaluación, autoevaluación... Personalmente, todos me generan dudas en su aplicación (novato que es uno) pero una cosa sí me parece clara: si damos un papel protagonista al alumnado en el proceso de aprendizaje también debemos otorgárselo en los procesos de evaluación. En eso estamos.

Diviértete: y, por último, y para mí muy importante, se trata de divertirse trabajando (alumnado y profesorado, claro). A veces se pone en cuestión el trabajo de quien ríe, habla o comparte en el aula. Parece que sea más profesional quien tiene su aula bien ordenadita y trabajando en silencio que aquel que convive con el caos "(des)organizado" de un proyecto. No sé, hay gente para todo pero el trabajo colaborativo, la duda, el construir (acertando y equivocándonos) juntos me parece mucho más divertido que otros modelos en los que hemos crecido como alumnos y, lamentablemente según mi opinión, también como profesionales.

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lunes, 16 de febrero de 2015

Pim Pam Proyecto (I)

Como diría el compañero Toni Solano, jornadas de Tic Tac y de Pim Pam Proyecto. Y es que el pasado fin de semana tuve la oportunidad de asistir a las jornadas sobre Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) organizadas por el CEFIRE de Castellón (#CsABP). Además de desvirtualizar a un montón de compañeros (lo mejor de las jornadas, sin duda), aprendimos nuevos elementos e ideas sobre este enfoque pedagógico que, poco a poco, va abriéndose camino en cada vez más claustros. Hay quien dice que más que de una metodología, se trata de una filosofía educativa donde el papel del alumnado se erige como fundamental en el proceso de aprendizaje. En cualquier caso, es una propuesta en expansión que, en mi opinión, presenta opciones muy interesantes. Aquí van algunas de mis conclusiones (personales e intransferibles, por supuesto) sobre lo escuchado en las jornadas. Pido perdón anticipado por el desorden y por las libres interpretaciones en que pudiera incurrir. Además, como la cosa se va a alargar un poco, haremos un par de posts al respecto.

Investiga: se ha escrito largo y tendido sobre ABP. Hay profesionales que llevan mucho tiempo trabajando y generando materiales, proyectos e ideas muy interesantes sobre el tema. Echar un vistazo por la red puede ser clave para formarse y empezar a abrir brecha. El Symbaloo creado en el mooc sobre ABP del INTEF por Fernando Trujillo es una clara muestra de ello. En él vas a encontrar infinidad de recursos de interés para introducirte en el universo ABP. Aquí lo tienes y recuerda, no te agobies.

Prueba: no tengas prisa. Cambiar de filosofía de un día para otro no tiene sentido. De hecho, tampoco será viable. El trabajo por proyectos genera necesidades específicas que requieren de tiempo y dedicación. No volverse loco, racionalizar el trabajo e incorporar elementos de trabajo por proyectos de manera gradual puede ser una estrategia inteligente para empezar a "proyectar". Además, ¿no haces ya cosas que funcionan? No se trata de cambiar por cambiar, ni de ponerse en plan talibán a proyectar por proyectar. Diego Ojeda propone ir poco a poco siguiendo un itinerario de tres fases: diseña pero no apliques; aplica pero no evalúes; y, por último, diseña, aplica y evalúa. Pues eso, con la calma.

Dinamiza: el aprendizaje basado en proyectos permite cambiar totalmente la dinámica de las clases. El rol del alumnado es activo y variado, alejado del papel pasivo propio de metodologías más tradicionales. El ABP genera movimiento y precisamente de ese movimiento surge el aprendizaje. Lógicamente, todo ello tiene consecuencias evidentes en el ritmo de las sesiones y su propia estructura. Será habitual el trabajo en grupos, la discusión, el ruido, la incertidumbre... ¿Estás preparado?

Coopera: parece ser que si pretendes trabajar por proyectos necesitarás ayuda. Y si esa ayuda procede de tu claustro físico, mejor que mejor. Tal y como señala Jordi Domènech, el trabajo por proyectos compartido por el claustro va a generar un impacto mucho mayor que la suma de proyectos individuales. El ideal sería, pues, trabajar de manera colaborativa y transversal con el resto de compañeros. No obstante, si no es posible, no desfallezcas. Existen un montón de opciones de colaboración en la red. No te van a faltar bancos de proyectos y profesores dispuestos a compartir ideas e inquietudes. El claustro virtual puede ser, en ocasiones, igual o más potente que el físico. Es una lástima (o no). En cualquier caso,  es lo que hay.

Y, ultimo punto por hoy, socializa: el ABP implica colaboración y, por tanto, socializar nuestro trabajo. Colaborar con el alumnado, con el profesorado, con el entorno, el alumnado entre sí, también el claustro... Se trata, pues, de acercar el aprendizaje a la realidad del alumnado y de buscar nuevos "socios" con los que intercambiar experiencias e información. Aprovecha, pues, los recursos del entorno y aprovecha también para enlazar el aprendizaje con lo que le pasa e interesa a tu alumnado. Parece claro que los resultados van a ser mucho más enriquecedores y estimulantes.

jueves, 8 de enero de 2015

Abriendo el currículum

Empezamos, de nuevo. Nuevos módulos, nuevo alumnado y nuevos enfoques para tratar de acercar el currículum a la realidad y a los intereses del alumnado. Sobre la cuestión del currículum ya escribimos por aquí hace unos meses (véase El peso del currículum). Y es que el tema tiene miga, claro. Cómo desarrollar los contenidos definidos en el documento de marras de una manera atractiva, cercana y que genere interés e implicación por parte del alumno es uno de los grandes retos de todo docente que se precie. En ello estamos.

Varios profesores de mi centro nos hemos liado la manta la cabeza y estamos en proceso de "abrir el currículum" de varias de las propuestas didácticas desarrolladas durante este trimestre, concretamente en algunos módulos de graduado de educación secundaria para personas adultas. La propuesta es bien sencilla: durante estas primeras sesiones trabajaremos el currículum con el alumnado para, partiendo de su comprensión general, crear una serie de preguntas-guía que marcarán la evolución de los módulos en cuestión. Se trata de una adaptación de la propuesta de Azahara Casas explicada en su blog, Didàctium, que nos ha parecido enormemente atractiva por (entre otros) dos motivos. Primero, porque la propuesta de trabajo parte del propio alumnado, con lo cual facilitamos su implicación y participación en el proceso de aprendizaje. Y, segundo, porque contribuimos a fomentar un clima  ("realmente") democrático, donde el propio alumnado asume un rol activo en la toma de decisiones trascendentes en el aula.

Acabamos de empezar, pero ya hemos detectado los primeros "incovenientes". Quizá el más importante (o evidente) sea la inseguridad que nos genera el hecho de ceder la prerrogativa de decidir qué y cómo trabajar los contenidos de cada módulo. Fomentar una verdadera participación del alumnado nos va a sacar de nuestra zona de confort y, claro, eso genera dudas y miedos que tendremos que afrontar para no atascarnos en el desarrollo de las propuestas. Por otro lado, la planificación va a desarrollarse, por fuerza, sobre la marcha, hecho que contribuye al vértigo generado por el propio planteamiento de los módulos.

En cualquier caso, nos anima enormemente (al menos a mí) el hecho de ser varios los profesores implicados en el proceso de experimentación e innovación. Al final los resultados mejorarán notablemente si trabajamos en equipo sumando esfuerzos y compartiendo experiencias, dudas, alegrías (y seguro que también alguna que otra pequeña frustración). Pues eso, en ello estamos... Continuará, pues.

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domingo, 19 de octubre de 2014

El peso del currículum

El currículum pesa. El académico, no el laboral. El segundo también pesa lo suyo, claro, más aún en los tiempos que corren, pero me refiero al primero, al educativo. Son muchas las veces que he oído a compañeros y amigos docentes quejarse por no poder cumplir con las exigencias curriculares. Incluso recuerdo que, como estudiante, muchos profesores nos despachaban algunos temas con cuatro fotocopias para leer en casa sólo con el objetivo de cubrir todo el temario definido por el currículum.

Y es que la confusión es habitual. El currículum no es sólo el temario y, normalmente, el temario de una asignatura, se ponga uno como se ponga, no va a poder ser todo el que marca el currículum. Al menos hasta que no podamos insertar los contenidos en vena a nuestros alumnos.  Y tampoco es que haya necesidad, oiga. No obstante, con un punto de vista alternativo, quizás el currículum pueda ofrecernos otras vías de aproximación interesantes para ayudarnos a dinamizar el trabajo en el aula y a implicar al alumnado en el proceso general de enseñanza-aprendizaje.

Hace algunos meses tuve la suerte de compartir una interesante jornada con varios formadores del campo de la educación permanente. Entre ellos,  recuerdo especialmente a dos miembros del equipo directivo de un centro de adultos de la Comunidad Valenciana. Excelentes profesionales con una vastísima experiencia en el campo de la formación y la educación. Hablando sobre el documento de marras, ambos exponían su sorpresa ante la obsesión casi compulsiva de parte del profesorado de su centro por cubrir cada punto del currículum. Ellos, por contra, abogaban por una aproximación mucho más flexible, adaptándolo a las necesidades y requerimientos del grupo en cuestión. La cosa sonaba bien.

Últimamente he leído varios artículos al respecto que han confirmado esa visión del currículum como una herramienta flexible y útil para potenciar el aprendizaje en el aula. Así pues, el otro día descubría en Didàctium, el blog de Azahara Casas, una aproximación activa al currículo por parte del alumnado que llamó mucho mi atención. La idea es tan sencilla como repasar concienzudamente con el grupo el currículum de la materia en cuestión. Una vez analizado y debatido, es el propio alumnado quien elabora conjuntamente unas "preguntas-objetivo" que son las que determinarán el temario a tratar. Se acaba con la tiranía del libro de texto y, además, se crea una propuesta mucho más activa y sugerente basada en la investigación donde trabajar competencias y contenidos de una manera alternativa. Genial propuesta.

Es una opción. Seguro que hay muchas otras. La sensación es que, quizá en demasiadas ocasiones, por inercia, improvisación, urgencia u otros motivos más o menos justificados, hemos dejado de lado el currículum depositando nuestra confianza en el libro de texto o en el material de turno como guía absoluta de nuestra práctica en el aula. De hecho, ¿cuánto hace que no le echamos un vistazo al documento que define nuestro trabajo? Con un poco de imaginación (y de cariño), una aproximación al currículum distinta puede y debe ofrecer, de hecho, resultados distintos y seguramente más atractivos para el alumnado. No obstante, tampoco se trata de hacer excesiva alabanza de un documento, el currículum, que seguro merece una revisión a fondo con vistas a su simplificación y aproximación a la práctica docente. Es cierto, el currículum pesa, pero quizá tampoco sea para tanto.

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