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martes, 13 de julio de 2021

Dogmas y (no)debates educativos: cuatro obviedades para el diálogo constructivo.

Está tenso el (no) debate educativo en redes en los últimos tiempos. Lo categorizo de "(no) debate" porque, salvo contadas excepciones, no me parece que haya demasiado interés en escuchar las razones del otro y en comprender su punto de vista. Da igual lo que se (no) debata: el currículum del bachillerato, la estructura de la selectividad, la aplicación del trabajo por ámbitos, la evaluación por competencias, los procesos de formación y selección del profesorado, memoría sí o memoria no... Insisto, lo mismo da. El caso es cavar rápidamente la trinchera propia, cargar munición, buscar aliados y al lío.

Luego está la visión dogmática del asunto que impera en muchos docentes y profesionales del ámbito. A estas alturas de la película, negar que la educación es un mundo poliédrico donde tienen cabida distintos planteamientos, realidades y estrategias es acercarse a unos niveles de dogmatismo que considero que ningún profesional del ámbito se debería permitir. Cómo voy a cuestionar yo la profesionalidad de un/a director/a que lleva más de una década de trabajo en su centro con unos niveles de transparencia absolutos y con una mejora de resultados evidente. Cómo voy a cuestionar la labor de tantos centros con proyectos bien definidos y engrasados, aún en las antípodas de mis planteamientos profesionales, que están generando aprendizaje de calidad en su alumnado. Y es que de plantear dudas y/o cuestionar determinados planteamientos a echar por tierra el trabajo del "otro" va un trecho largo.

Servidor tiene la sensación de que nos empeñamos en hacernos fuertes en nuestra postura negándonos a escuchar las razones del otro. ¡Cómo si hubiera solo una senda hacia el aprendizaje! En nuestros centros, al menos en los que yo conozco, convivimos docentes de distinto pelaje y características. En mi propio departamento los perfiles docentes que habitamos somos tan dispares que cualquiera podría pensar que de esa escasa convergencia sería difícil generar situaciones de aprendizaje. Pues bien, obviamente se dan. Y lo mismo pasará en centros con departamentos más homogéneos y selección de personal "perfilada". El debate podría, debería a mi entender, extenderse hacia la política (de selección del personal, de formación del profesorado, de derechos laborales, de derechos del alumnado, de recursos asignados...) no hacia aspectos secundarios del mismo que lo único que hacen es reforzar las trincheras existentes y crear nuevas. Además de aburrir enormemente, dicho sea de paso.

Así pues, ¿cómo proponer alternativas para un diálogo constructivo? Viendo la deriva del debate en redes sociales se me antoja casi imposible pero, en cualquier caso, aquí van cuatro obviedades para conseguir destensar levemente el (no) diálogo:

  1. Asumir que el "otro" también enseña, ya sea competencial o magistralmente. Lo siento, amigo/a, no tienes el monopolio del aprendizaje.
  2. Restar agresividad al debate. Podemos tener puntos de vista distintos, incluso contrapuestos, pero no estaría de más exponer nuestras ideas de forma pacífica y constructiva. De hecho, deberíamos ser ejemplo de ello.
  3. Aceptar que mi experiencia personal es solo eso, MI experiencia. Más allá de ella está la de cientos de miles de profesionales que quizá, solo quizá, puede que también tenga algo de valor.
  4. Y, por último, poner el foco en lo importante, que en este caso diría que también es urgente, la POLÍTICA EDUCATIVA (recursos, plantillas, selección, formación, inversión... En definitiva, todo aquello que tiene que ver con la planificación estratégica).

Creo que con estas cuatro ideas básicas podría iniciarse un nuevo camino hacia un diálogo más interesante y, sobre todo, más productivo y enriquecedor para nuestro alumnado que el que impera en redes y foros educativos en la actualidad. Aunque me temo que quizá hoy me haya levantado demasiado optimista... 🙈


 

miércoles, 18 de marzo de 2020

Lo que pone de manifiesto la emergencia del coronavirus en educación (ministra a parte)

Perdón. Estoy pesadete. Pero el confinamiento da para mucho, qué os voy a contar. Hace poco me atrevía con un decálogo docente en tiempos de coronavirus y el artículo me daba para reflexionar sobre el panorama educativo que nos ha dejado el maldito bicho. En estas estábamos cuando la ministra publica esto en Twitter 👇...


... y mi cerebro cortocircuita de manera instantánea. Yo entiendo que un simple tuit no puede condensar la compleja visión estratégica de la política educativa de la ministra, que seguro que la tiene. Lo digo sin ironía, de verdad. Imagino que en este tuit simplemente realiza un comentario sobre lo que ella considera una necesidad fundamental del futuro educativo de nuestro país. Imagino, digo. Ahora bien, se me antoja que no soy el único que, cuando leo según qué comentarios y/o reflexiones sobre las "prioridades del sistema educativo", más todavia si provienen de la ministra del ramo, me echo a temblar. 

Porque, vamos a ver, ¿en serio esta crisis demuestra que necesitamos tener un sistema robusto de educación a distancia? ¿Debe ser esa la prioridad? Siendo una meta loable, que lo es (o no), creo que previamente deben resolverse infinidad de problemas que tenemos los trabajadores de la educación a diario y que, de estar solventados, hubieran permitido una gestión mucho más eficaz de la actual crisis. Vamos con algunos.

Sí, empezamos con un clásico, las ratios. Deberíamos conseguir disminuir la ratio en las aulas para poder realizar un trabajo mucho más profundo y coherente. Imaginad ser tutores de un grupo de 15 alumnos en un contexto de crisis como el actual. Las posibilidades de acompañamiento y de apoyo serían, sin duda, mucho mayores. Pues igual pasa en el día a día. Una tutoría con las ratios actuales se convierte en un ejercicio de supervivencia y de prestidigitación. Y esto es evidente que no debería de ser así.

Luego está el currículum, claro. Se me ocurre que habría que darle un buen meneo. En mi opinión tenemos un currículum extensísimo e inabarcable. Si bien es cierto que hay maneras y maneras de afrontar el currículum desde la labor docente, no lo es menos que una reordenación y simplificación del mismo quizás ayudaría al trabajo en el aula. Leo recientemente sobre la importancia de aprender en profundidad, no en amplitud. Investigadores como Héctor Ruiz Martín señalan que "las bases que unos conocimeintos bien consolidados proporcionan para construir nuevos conocimientos sobre ellos son más sólidas cuanto mejor conectados están estos conocimientos". Esto, por supuesto, requiere de más tiempo del que habitualmente le dedicamos. Y digamos que la estructura del actual currículum académico no contribuye demasiado a ello.

Absentismo y fracaso escolar (o como lo queráis llamar) son otros de los puntos negros de nuestro sistema educativo. Las cifras de alumnado no graduado o que abandona el sistema educativo son más que preocupantes. Según datos del INE, en el año 2018 la cifra de abandono temprano de la educación-formación en España para los hombres (21,7%) es la más alta de todos los países de la UE y casi duplica la cifra de la UE-28 (12,2%). En mujeres, la cifra de España (14,0%) para el año 2018 también es más alta que la cifra de la UE-28 (8,9%), correspondiendo también a España uno de los valores más altos de abandono temprano de la educación-formación, solo superado por Malta (15,5%) y Rumanía (16,1%).

Otro elemento que considero clave radica en el tamaño de los centros. Hay centros que me resultan, no diría ingobernables, pero sí instituciones muy difíciles de dotar de un proyecto y/o personalidad propia (y no hablo de la aplicación masiva de tal o cual metodología). Centros de 5 o 6 líneas, con cerca de mil alumnos y más de un centenar de profesores se convierten en monstruos que contribuyen a despersonalizar la educación implementada en ellos. Pero poco se habla de ello. Podríamos seguir con otros puntos: dotaciones de plantillas, equipamiento e infraestructuras, calendario escolar, selección del profesorado, (inexistencia de un) plan de carrera docente, equipos directivos (melonazo, este) En fin, no sé. Me dejo mil. 

Con esto quiero decir que no podemos permitir que lo impactante de la crisis actual aleje del foco mediático los asuntos verdaderamente importantes panorama educativo. No, la emergencia no pone de manifiesto que necesitemos un sistema robusto de educación a distancia como señala la ministra. Objetivo, insisto, que no es criticable per se. La emergencia pone de manifiesto, en mi opinión, que tenemos un sistema educativo que, mal que nos pese a muchos, se sujeta con pinzas en muchos aspectos, más de los que debería. Y que eso se solventa, no con más tecnología ni formación on line, si no con una buena visión estratégica y planes de trabajo a medio-largo plazo con prioridades y objetivos claros y concisos. Ah, y con inversión, claro. Se dice, pronto, ya lo sé. Pero al menos que no nos la cuelen a las primeras de cambio.


lunes, 29 de julio de 2019

Banca, business y educación: ¿el signo de los tiempos?

Escribo estas líneas con muchas dudas y sin ninguna respuesta absoluta, pero hace tiempo que me llama la atención la actitud, en mi opinión, acrítica de muchos profesionales de la educación para con el papel que pretenden jugar la banca y otras grandes empresas multinacionales en el sistema educativo. Obviamente, cada cual es libre de reirle las gracias a quien más le interese o convenga pero me parece que las personas que nos dedicamos a esto de la educación deberíamos tener una perspectiva más amplia y coherente del asunto. Me explico.

No son solo las tortas para ganar "los Goya de la educación" (sic), los mil y un retuits de los vídeos molones del banco de turno entrevistando a las stars del panorama mediático o el hecho de abrir sin cortapisas las puertas de los centros a los programas formativos del sector. Ahora (bueno, hace un tiempo ya) también se da la promoción directa de determinadas campañas de bancos y/o otros negocios, en principio bastante alejados del ámbito educativo, por parte de profesionales de la educación, en su mayoría, por supuesto, con amplia ascendencia en redes sociales.

Insisto en que cada uno puede promocionar los productos y empresas que quiera y ganarse unos euros extras (o repercusión mediática, o encargos varios, o pago en especies, o lo que sea) como le dé la gana, faltaría más. Pero me da que deberíamos ser un poco más coherentes con todo esto. Me chirría enormemente que haya profesionales que durante nueve meses al año se presenten como adalides del sistema de educación público e inclusivo y luego se dediquen a promocionar a instituciones que favorecen de manera innegable la existencia de desigualdades sociales, desequilibrios mediambientales y situaciones de explotación de diversa índole.

Recuerdo que hace años, cuando este blog llegó a tener cierto volumen de lectores, una de las grandes distribuidoras editoriales del país contactó conmigo para proponerme publicitar su servicio de venta de libros de texto. Supongo que no habían leído algún que otro post publicado por aquí ("¿Cuántos libros de texto comprarías con 100.000 euros?, por ejemplo") y no tenían ni idea de mi postura respecto al uso de estos materiales. La verdad es que no me habría venido nada mal un dinerillo extra, pero decliné la oferta amablemente. La empresa insistió en que si me lo pensaba volviera a contactar con ellos y así quedó el asunto. 

Cada uno tendrá sus propias contradicciones (un servidor no se libra, por supuesto), pero en este sentido me parece que debemos ser muy coherentes con lo que decimos pero, sobre todo, con lo que hacemos. No puedo trabajar con mi alumnado conceptos de responsabilidad, coherencia, justicia social, cooperación, igualdad y demás para luego promocionar o reirle las gracias a instituciones que no están precisamente del lado de los valores que preconizamos a diario. Me parece que normalizar este tipo de situaciones contribuye a resquebrajar algunos diques que (todavía, mal que bien) sostienen a la educación pública. Y cuando quien contribuye a derribarlos es la propia acción del profesorado pues ya ni te cuento. Aunque me temo que se trate del signo de los tiempos...

En fin, lo dicho, que estamos "de vuelta" con el asunto. 

PD: ¡Había ganas! 😉


lunes, 2 de julio de 2018

Astronautas, la escuela pública y la luna

Se me ocurren pocas profesiones más apasionantes que la de astronauta. Cúantos chiquillos y chiquillas no habrán soñado con poder viajar al espacio en un cohete supersónico. La sensación de ver la tierra desde el exterior debe ser alucinante y, sin duda, es, ha sido y será una de las fantasías más recurrentes de pequeños y grandes a lo largo de multitud de generaciones.

Hace unas semanas recibimos la noticia de que nuestro astronauta más internacional, el señor Pedro Duque, era nombrado ministro de Ciencia, Innovación y Universidades de España. Muchos acogimos el nombramiento con cierta alegría, junto con la dosis habitual de escepticismo entre aquellos que ya peinamos alguna que otra cana, todo sea dicho. En principio, qué mejor que un profesional de la ciencia para ejercer el ministerio de la misma. No pintaba mal el asunto.

Pues bueno, hace un par de días me desayunaba con el siguiente vídeo rescatado por el amigo @rafadelcastillo:


Veo el vídeo y me vienen a la cabeza las siguientes preguntas. Pido perdón por adelantado por la demagogía que intuyo pueda haber detrás de cada una de ellas:
  •  ¿En qué datos se basa  el ministro para realizar estas afirmaciones? No son los datos que un servidor maneja, la verdad.
  • ¿Puede un ministro socialista hacer estas afirmaciones que perjudican la imagen del sistema de educación público sin ninguna consecuencia y/o rectificación pública?
  • ¿No existe una evidente contradicción entre la (supuesta) defensa de lo público y las decisiones personales explicadas por el señor Duque?
  • ¿Qué pensará la ministra de educación de las afirmaciones realizadas por el ministro?, ¿responderá al mismo con la contundencia que a mi juicio merecen sus declaraciones?
  • ¿Velan las escuelas privadas, en mayor medida que las públicas, por difundir el conocimiento "real" tal y como afirma el señor Duque?
  •  ¿Un ministro que reconoce que "no tiene ni idea" sobre las líneas de trabajo de una determinada asociación puede permitirse esas alabanzas gratuitas que acaban desprestigiando a la educación pública? 
No sé, me parecen unas declaraciones fuera de lugar, aunque lo mismo estoy exagerando. Me temo que el ministro ha confundido el hecho de comparecer en mil y un compromisos como figura visible del nuevo gobierno con la necesidad de regalarle los oídos a la primera organización que se precie. Y todo ello degradando la imagen del sistema de educación público, que tan necesitado está de mimos y, sobre todo, de decisiones importantes.

En fin, cosas que pueden pasar cuando nombras ministro a un astronauta. Y es que puede que anden con la cabeza en la luna. Deformación profesional, imagino...


miércoles, 23 de mayo de 2018

Decir "No" no es suficiente

La semana pasada me ventilé "No is not enough" (Decir "No" no es suficiente), el último libro de la autora canadiense Naomi Klein. En él, Klein realiza un perfecto análisis de los factores que han favorecido el ascenso de Trump a la Casa Blanca y de los mecanismos que tenemos los ciudadanos para tratar de hacer frente a las políticas neoliberales impuestas desde gobiernos como el del multimillonario americano. Aunque bien, no solo eso...

La tesis del libro, como reza el título, va un poco más allá. Klein considera que la oposición frontal a las políticas impuestas por el sistema ultraliberal son necesarias pero no son suficientes para frenar su impacto. La autora argumenta que la simple oposición no acaba con el problema. Propone, pues, que desde la sociedad civil (también desde la esfera política) propongamos alternativas eficaces y realistas para abrir nuevas vías de desarrollo alejadas de los postulados netamente neoliberales. Pone como ejemplo, en este sentido, el "Leap Manifesto" elaborado por parte de la sociedad civil canadiense para tratar de hacer frente a los desmanes llevados a cabo en los distintos frentes social, mediambiental y económico a lo largo de los últimos años.

Leía yo a Klein y reflexionaba sobre nuestro posicionamiento como docentes ante EL SISTEMA educativo. Lo mismo me equivoco pero me temo que en nuestro día a día a menudo caemos en la crítica frontal (con mayor o menor fundamento) y nos alejamos de posicionamientos más constructivos y proactivos. Que nadie entienda esto como una defensa al sistema, ni mucho menos. Existen toda una serie de problemas estructurales que deben ser solventados lejos de nuestro ámbito de actuación profesional. No obstante, considero (coincidiendo con Klein) que la crítica por defecto (sin propuestas de actuación) no contribuye a salir de la parálisis en la que nos puede ubicar el sistema, mientras que la elaboración y el diseño de alternativas de trabajo, además de ofrecer nuevas vías de desarrollo, nos da aire para coger nuevas fuerzas y hacer frente a las imposiciones e injusticias del propio sistema. 

Así pues, hago míos los consejos de Klein para el ámbito social y, llevándolos al terreno educativo, propongo reforzar la relación entre los dististos agentes de la comunidad para ofrecer nuevos modelos de trabajo que permitan atender debidamente a nuestro alumnado en condiciones óptimas. Y es que en el fondo quizá tenemos más fuerza de la que creemos...

PD: Recomiendo totalmente la lectura del libro, aunque reconozco que soy muy fan de Klein. Por aquí tienes otra lectura (desde el punto de vista educativo) de su libro, ya clásico, La doctrina del shock


jueves, 14 de diciembre de 2017

Docentes para la inclusión: el sistema y sus muros

Hace unas semanas tuve la fortuna de asistir a la ponencia "La inclusión, una herramienta eficaz para combatir la exclusión social y la discriminación" presentada por Victoria Soriano, Directora adjunta de la Agencia europea para las necesidades educativas especiales y la inclusión educativa. En ella, Soriano desgranaba la situación del sistema educativo español en términos de inclusión, justicia social y acceso equitativo a la educación. Así pues, los allí presentes asistimos a una visión panorámica de lo más completa y, como cualquier conocedor de la realidad educativa española se puede imaginar, la lista de retos descritos no resultó baladí.

En cualquier caso, en un momento de la ponencia, Soriano enumeró cuatro características elementales que, desde su punto de vista, cualquier docente que quiera favorecer la inclusión en su aula debería tener en cuenta durante su desempeño profesional. A un servidor le llamaron la atención por la aparatosa evidencia de todas ellas. Vamos a verlas y a analizar algunas de sus claves.

En primer lugar, un docente que persigue la inclusión debe, por encima de todo, valorar la diversidad. Y ello implica, por supuesto considerarla una riqueza y en ningún caso un problema. La diversidad es un valor en sí misma y de ella se deriva un panorama de enormes posibilidades que un docente inclusivo sabe aprovechar y del cual es capaz de obtener un óptimo rendimiento.

Este concepto de la diversidad nos lleva a la segunda de las características enumeradas por Soriano en relación a los docentes inclusivos: apoyar a todo el alumnado. Se trata, pues, de no dejar a nadie atrás. Suena sencillo pero las condiciones de trabajo no siempre facilitan que algo tan sencillo como dar apoyo a todos y cada uno de los alumnos que se encuentran en una clase sea la tónica habitual en los centros educativos. Y, por supuesto, no precisamente por la actitud de la mayoría de los docentes que trabajan a lo largo y ancho del sistema educativo.

Como tercera característica elemental del docente inclusivo, Soriano señala el hecho de trabajar en equipo con el resto del claustro. Parece evidente que compartir información, objetivos y estrategias de trabajo en equipo puede ofrecer resultados de mucho mayor impacto que limitándonos al trabajo individual de cada docente en su parcela de conocimiento. Y es que la estrategia del forajido educativo no parece la opción más favorecedora para promover la inclusión del alumnado con necesidades educativas especiales.

Y, por último, Soriano señalaba la necesidad de favorecer el desarrollo profesional permanente del profesorado. Esto implica, por descontado, la formación continua de los docentes, el intercambio de información y de experiencias y el trabajo en red -en el claustro, pero también entre compañeros de distintos centros. Este enfoque lleva implícita la consolidación de un cuerpo docente actualizado, formado y bien preparado para atender el exigente trabajo que conlleva la inclusión en los centros educativos.

Pero claro, ¿cómo cumplir con las características señaladas desde las actuales condiciones de trabajo?, ¿cómo aprovechar las posibilidades que genera la diversidad y atender debidamente a todo el alumnado con las actuales ratios?, ¿cómo promover el trabajo en red con claustros tan inestables y con cuotas de interinos tan elevadas?, ¿cómo favorecer el desarrollo profesional permanente cuando no existe un plan de carrera docente y cuando los planes de formación son tan vagos y menguantes? 

Así pues, quizá primero cabe pensar en qué y cómo debemos modificar el sistema para que los centros educativos y, en consecuencia, los docentes puedan desarrollar un trabajo inclusivo en las aulas. Para ello debería atacarse una reforma integral del modelo para ubicar la inclusión como uno de los objetivos clave del trabajo en los centros. Es decir, saber qué le pedimos en términos de inclusión a la escuela y cómo nos dotamos de recursos para conseguirlo. Quizá de este modo los profesionales de la educación podamos implementar en condiciones óptimas las características del docente inclusivo señaladas por Soriano para, de este modo, tirar abajo algunos muros que hoy en día dificultan enormemente nuestro trabajo.

Puedes leer más artículos para INED21 pinchando aquí.

lunes, 21 de noviembre de 2016

De sorpresas y supervivientes educativos

El otro día tuvimos una nueva incursión de Salvados en el tema de la educación. Por un lado, como han dicho muchos, se agradece que se hable de la cuestión educativa un domingo por la noche en prime time. Mal no nos va a hacer, la verdad. Todo lo que sea abrir el debate sobre el sistema y los roles y papeles de unos y otros me parece que no está de más. No obstante, son programas que me dejan un poco frío. Me pasó lo mismo con la excursión finlandesa de temporadas anteriores. Todo me parece demasiado superficial, simple, sesgado... No sé, quizá sea un tema personal, pero creo que la cuestión es mucho más compleja y que, claro está, seguramente un programa comercial de poco menos de una hora de duración no sería el espacio más adecuado para dirimir estas cuestiones en profundidad. Y que conste que soy un gran fan de Salvados.

Eso sí, me sorprendió ver en las redes sociales determinadas reacciones, sobre todo por parte de docentes de secundaria, ante los comentarios y reacciones del alumnado entrevistado. La mayoría de chicos planteaban su deseo de conseguir un trabajo estable, formar una familia y tener hijos, incluso pasando por encima de sus deseos y motivaciones personales. Así pues, según pude entender, la mayoría planteaba sus estudios desde una perspectiva utilitarista y pragmática: ¿qué opciones me pueden ofrecer un futuro lo más estable posible?, ¿qué estudios pueden garantizarme un trabajo con unos ingresos más o menos fijos? La idea parecía clara: "estudiamos para sobrevivir", "sabemos que con estudios nuestro futuro puede ser algo mejor, así que a por ello". Todo esto, parece, sorprendió a muchos espectadores.

No diré que me parezca la situación ideal, en absoluto. La idea de una juventud soñadora y luchadora que persigue con ahínco y perseverancia sus sueños me parece fantástica, por supuesto, pero creo que, en líneas generales, se encuentra bastante lejos de la realidad (al menos de la de los jóvenes con los que trabajo a diario). Y no les culpo por ello, que conste. De hecho, me parece injusto exigir a esta generación de jóvenes toda una serie de valores y responsabilidades que muchos de nosotros no hemos afrontado, especialmente en los últimos tiempos. Como adultos hemos aceptado pasar por el aro ante toda una serie de injusticias sociales impensables décadas atrás.  La lista de derechos que han sido pisoteados por las administraciones de turno en las últimas legislaturas es tan amplia y evidente que no voy a enumerar ni uno solo. Me temo que nuestra actitud ante ello, en general, ha sido la de la mera supervivencia. Así pues, no entiendo como alguien se puede sorprender de que nuestros adolescente opten por esa misma actitud. Objetivo, sobrevivir. 

Lo dicho, me cuesta entender este doble rasero para con esta generación de adolescentes. Solo puedo comprenderlo desde dos supuestos. Primero, desde la ausencia total de empatía para con ellos, lo cual me parece especialmente triste cuando esta viene por parte del colectivo docente. Y segundo, quizá más grave, desde el habitual complejo de superioridad que tiene toda generación adulta para con sus jóvenes. Y, no sé por qué, pero me temo que los tiros van por aquí...

lunes, 5 de septiembre de 2016

El shock educativo

Leo "La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre" de Naomi Klein y alucino. Y no porque lo explicado allí le pille a uno de nuevo. Quien más quien menos conoce los excesos del sistema, especialmente en las últimas décadas. No se trata de caernos del guindo y descubrir a estas alturas el empleo sistemático de la violencia económica, política y militar por parte de un capitalismo (cada vez más) salvaje a lo largo y ancho del planeta. No, no es eso lo que llama mi atención. Sí, en cambio, las enormes tragaderas que continuamos teniendo, especialmente las sociedades occidentales, para someternos a la voluntad del sistema (léase los mercados) y dejar en sus manos la toma de decisiones de auténtica importancia. Y esto también en lo educativo. Me explico.

La tesis de Klein es sencilla: la historia reciente está plagada de ejemplos que demuestran que el capitalismo ha aprovechado -y aprovecha- cualquier crisis para introducir impopulares medidas de choque económico, político y militar. Desde las dictaduras del cono sur en los setenta hasta el actual Irak, pasando por Rusia, Europa del Este o el sudeste asiático, contextos de crisis diversos han sido aprovechados por el neoliberalismo para imponer una visión única del modelo económico. Visión, por otra parte, sencilla de resumir: reducción a la mínima expresión del gasto social y libertad absoluta para los mercados. A río revuelto, ganancia de pescadores, vamos.

Creo que esta historia nos suena. Llevamos dos legislaturas con la misma cantinela. Gobiernos de uno y otro signo, socialistas y populares -pero también nacionalistas, aquí no se salva nadie-, han usado el comodín de la crisis para justificar recortes injustificables en todos los ámbitos, especialmente en educación. Reflexionaba Vicenç Navarro el otro día en "El ataque a la educación pública española", artículo publicado en Nueva Tribuna, sobre los recortes en la educación pública aplicados en los últimos años. Planteaba (y comparto su opinión) que si estos recortes los hubiera impuesto un ejército invasor quizá hubieran topado con mayor resistencia que la que se han encontrado unos gobernantes los cuales los han aplicado como "la única alternativa posible". Y es que nos hemos cansado de oir el maldito latiguillo en los últimos años.

Se pregunta Navarro cómo es posible que a pesar de la intensidad de los recortes y de su carácter impositivo (en ningún caso venían recogidos en los respectivos programas electorales) la resistencia social no haya tenido la fuerza suficiente para frenarlos. Y quizá la respuesta se encuentre en la polarización existente en nuestro sistema educativo, un sistema que no destaca precisamente por ser un modelo ejemplar de cohesión social. Entiendo que esta última afirmación da para plantear un debate en profundidad, cierto. No obstante, si os parece fuerte podemos rebajarla diciendo que, como mínimo, existe una clara diferenciación entre las escuelas de "élite" donde ahora mismo están formándose los futuros dirigentes de este país -sean del territorio y del signo político que sean- y el resto de los mortales. Y es que parece evidente que estos recortes no han afectado en la misma medida al sector público -ya mermado por tasas de inversión muy por debajo de la media europea- que a un sector privado que continúa beneficiado por subsidios públicos.

En definitiva, llegó la crisis a nuestro país y con ella la toma de decisiones "ineludibles", entre ellas la de reducir el gasto educativo. No sé qué pensaría Naomi Klein al respecto, pero a mí me parece que vivimos un shock educativo en toda regla. Quizá (parte de) nuestro trabajo sea proponer alternativas a todos esos oscuros portavoces del mercado y luchar y resistir con la tribu para fortalecer lo público. Uno tiene la sensación de que nos va mucho en juego.



jueves, 18 de agosto de 2016

El acabose educativo

Después de un mes de desconexión y retomando alguna que otra lectura educativa (el verano ha sido territorio [casi] exclusivo para la ficción) recupero una sensación ya vivida a final de curso pasado. Y no demasiado agradable, que digamos. Leyendo a unos y a otros, servidor tiene la sensación de estar viviendo algo parecido al "acabose educativo", un momento en el que todo está perdido o a punto de estarlo. Una época de toma de decisiones cruciales que, bien nos permitirá llegar al paraíso educativo (por supuesto en modo innovador), bien nos asentará en las tinieblas del tradicionalismo docente (por los siglos de los siglos, amén). Y es que me parece que en los últimos tiempos se ha recrudecido el debate entre innovadores y -como no sé cómo llamarlos diré- los otros.

Los primeros, los innovadores, presentan la necesidad de apretar el acelerador de la innovación. Digo presentan porque en muchas ocasiones el argumentario va poco más allá de la puesta en evidencia del propio discurso docente. Vamos, lo que se conoce como postureo educativo. Y no es que me parezca mal la visibilización del trabajo realizado (bien o mal, casi prefiero esto último), al contrario. Pero, en mi opinión, a veces se leen y escuchan demasiadas generalidades y topicazos con voluntad de alcance universal que no aportan demasiado al debate educativo. He leido por ahí, incluso, hablar de últimas oportunidades en la educación. Me da la impresión de que en educación existen las oportunidades aprovechadas y/o perdidas, pero hablar de la última oportunidad del sistema me parece excesivo.

Y los otros, los guardianes de las esencias docentes, critican a las primeras de cambio cualquier atisbo de innovación, hablando de métodos poco fundamentados y estudiados (olvidando, por supuesto, cuánto fracaso han generado las llamadas metodologías tradicionales), señalando modas y prácticas vacías de contenido, denunciando un uso descontrolado de las TIC... En definitiva, crítica y más crítica en muchas ocasiones carente de ningún tipo de propuesta alternativa.

Por otra parte, tampoco es que se trate de un debate de nueva generación. Añadiendo, eso sí, nuevos aparejos tecnológicos y demás moderneces, me parece que siempre ha existido esta tensión entre distintas concepciones de la profesión. No obstante, sí que existe un nuevo elemento diferenciador respecto épocas pasadas: el ruido que unos y otros generamos en las redes sociales.

Por suerte (y como siempre), creo que existe un gran número de docentes al margen de este ruido mediático, los cuales ponen al servicio de su alumnado los recursos y conocimientos de que disponen de una manera realista y sin florituras. Desde el sentido común, vamos. Intentaremos, a lo largo de este nuevo curso, acercarnos a este ejemplo y evitar contribuir al estéril ruido presente  a menudo en twitters, facebooks y plataformas varias. Pues eso, ¡empezamos el nuevo curso!


miércoles, 18 de mayo de 2016

Y tú, ¿qué puedes hacer por la educación?

A menudo nos quejamos de los numerosos problemas que nos encontramos día a día en nuestro desempeño como profesionales de la educación. Ratios imposibles, urgencias varias, burocracia creciente, recursos menguantes, exceso de trabajo, poca implicación de las familias o desmotivación del alumnado son algunos de los motivos de queja más habituales. Muchas veces esta queja la verbalizamos así, a lo grande, contra el Sistema Educativo (con mayúsculas). Y no es que nos falte razón, en absoluto. De hecho, nos sobran motivos para la queja. Tenemos un sistema educativo que, por decirlo de manera suave, no siempre se ajusta a las necesidades de nuestro alumnado y de los centros educativos. Eso es así.

El día de su investidura como presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy pronunció uno de los grandes discursos de la historia. En él, exhortaba a los ciudadanos americanos a preguntarse no qué podían hacer los Estados Unidos por ellos, sino qué podían hacer ellos por los Estados Unidos. En su proclama, pues, el presidente norteamericano instaba al pueblo a tomar un papel protagonista en los años que estaban por venir. Más allá de la retórica política de turno, creo que podríamos establecer un paralelismo claro en relación al panorama educativo. Me parece que resultaría una postura inteligente y, sobre todo, constructiva. ¿Qué podemos hacer nosotros por mejorar el sistema? Dentro de los márgenes, más o menos limitados que podamos tener, ¿cómo organizarnos mejor para ser más eficientes?, ¿cómo atender mejor a nuestro alumnado?

Y esto no significa abandonar la crítica, ni mucho menos. Debemos continuar presionando a la administración para hacer llegar nuestras quejas, necesidades y propuestas de mejora. No obstante, considero que no podemos quedarnos paralizados por la crítica y que las debilidades y déficits del sistema no pueden servirnos como excusa para no afrontar la parte de responsabilidad que nos pertoca en este tinglado. De hecho, considero que ésta es la tónica en la gran mayoría de centros, donde miles de profesionales se esfuerzan por sacar adelante sus proyectos y en generar aprendizaje en su alumnado a pesar de las dificultades diarias.

Pienso todo esto a raíz del éxito de mis compañeros del CEPA Pitïuses de Ibiza, flamantes ganadores del premio Edublogs Espiral con su blog colaborativo Trencadís. Aunque lo de menos es el premio, claro. En mi opinión, el auténtico éxito radica en, a pesar de estas dificultades, perseverar en el trabajo y mantener la ilusión para generar nuevos retos y proyectos. Ellos son un claro ejemplo de ello. Muchas felicidades a todos.

Pues eso. Propongo que la próxima vez, después del desahogo que genera la crítica en mayúsculas (me temo que no sirve para mucho más), nos preguntemos qué podemos hacer nosotros por la educación. Intuyo que tenemos respuestas de muchísimo valor.

lunes, 22 de febrero de 2016

15 riesgos de ser docente y usar las redes sociales

En los últimos tiempos proliferan cursos y formaciones de todo tipo dirigidas a potenciar la competencia digital del profesorado y a fomentar el uso de redes sociales como herramientas de dinamización, presentación y creación de contenidos en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Desde mi (por otra parte, discutible) experiencia personal, te aviso que si eres docente y decides usar las redes sociales en tu desempeño profesional puede pasar que...
  1. Tu jornada de trabajo salte por los aires. Esto significa que te puedes ver un viernes a la una de la madrugada haciendo RT del último mapa publicado por esa cuenta tan molona que sigues o redactando un post sobre tu última lectura pedagógica. ¿37,5 horas semanales? Al loro...
  2. Descubras a docentes "extraños" que usen palabras "extrañas". Quizá incluso se dirijan a ti y quieran dialogar y compartir propuestas contigo. Vigila, son gentes peligrosas e imprevisibles.
  3. Te veas más enganchado al móvil de lo que quisieras reconocer. Sí, en el fondo sabes que estás todo el día consultando tus inbox varios (cosa que, por cierto, ya no recriminas tanto a tu alumnado).
  4. Corres el riesgo de descubrir nuevas metodologías y propuestas didácticas. Esto, de por sí, no es malo, siempre que no te dejes contaminar por las innovaciones del gurú de turno. 
  5. Tengas la sensación de que la batería de tu tablet no dura lo mismo que antes. Aunque, bien pensado, ¿no será que estás todo el día conectado?
  6. Te descubras diciendo cosas como "a @profeTIC lo desvirtualicé en el VII encuentro de metodologías innovadoras de didáctica de las ciencias sociales para equipos docentes". Sí, que lo sepas: "desvirtualizar", para la gente normal, es un palabro raro.
  7. Si, a pesar de todo, sucumbes a la tentación de las redes sociales puedes acabar convirtiendo tu muro (y/o TL y/o tablero y/o cuenta de instagram y/o blog) en un espacio de autobombo digno del telediario de TVE. 
  8. Tus alumnos te miren raro y murmuren cuando les propongas crear un grupo privado en facebook, whatsapp, moxtra o cualquier otra red social. 
  9. Te descubras creando "cápsulas formativas", participando en "laboratorios metodológicos virtuales" y compartiendo tus logros y descubrimientos mediante hashtags como #eduhackers, #edulab o #eduinnovation (siempre en inglés, claro, que es más molón).
  10. Te apuntes a mil y un saraos educativos sobre innovación pedagógica. De aquellos a los que no pudieras asistir seguirás las sesiones en streaming, leerás las actas y/o conclusiones y te harás recopilaciones con los hashtags empleados en el evento. Además, te autocastigarás usando el libro de texto en la siguiente unidad prometiéndote no volver a ausentarte nunca jamás a unas jornadas didácticas.
  11. Tu lector RSS te facilite a diario más contenidos de los que serían capaces de leer todos los miembros de tu departamento dedicando su jornada completa a ello. Parece que estás condenado a tener siempre una lectura pendiente...
  12. Un día suene el teléfono o recibas un mail invitándote a explicar aquel proyecto que publicaste en tu blog hace semanas o meses. No te vengas arriba y sospecha de quien te invite, piensa que seguramente también es un profesor que usa las redes sociales en su trabajo.
  13. Escribas posts divertidísimos y superingeniosos a 4 manos (e incluso a 6; cabe la posibilidad que a 8) con otros docentes igual de divertidos e ingeniosos que tú y colapséis los muros (y/o TLs y/o tableros y/o cuentas de instagram y/o blogs) de vuestros seguidores.
  14. Te ofrezcas a gestionar las redes sociales de tu escuela diseñando un plan de comunicación detallado y exhaustivo que nunca nadie leerá ni tendrá en cuenta pero que tu ejecutarás con precisión quirúrgica.
  15. A menudo se haga un silencio incómodo cuando entres a la sala de profesores. Se acabó, eso es que ya te han descubierto. Que sepas que te has convertido en el freak oficial del claustro. 
Creo que encontrarás algunos riesgos (o ideas) más por aquí: #Tprofes. Que conste que yo te he avisado...

martes, 16 de febrero de 2016

Optimismo pedagógico

Frente al desánimo fatalista del:
  • "Esto cada vez va peor",
  • "No hay nada que hacer",
  • "No estudian, no trabajan, no hacen nada...",
  • "No tienen respeto",
  • "Estoy solo/a",
  • "Estoy harto/a y aburrido/a de hacer siempre lo mismo",
  • "No aguanto a las familias",
  • "Estoy cansado/a de papeles y de reuniones inútiles",
Algunas respuestas basadas en el optimismo pedagógico:
  • Mentira, esto no va cada vez peor. Si bien es cierto que la situación es (manifiestamente) mejorable, una comparativa general de los resultados y del panorama  general de nuestro sistema educativo respecto a décadas atrás pone de manifiesto que esto no es así. Avanzamos. Lentos y a trancas y barrancas, puede ser, pero avanzamos.
  • ¿Que no hay nada que hacer? Falso, también. Tenemos innumerables cosas por hacer. Existe mucho trabajo por delante y, por lo tanto, muchas opciones de cambio. Revisar metodologías, potenciar la atención y el trabajo emocional, fortalecer el trabajo en equipo, mejorar la coordinación docente... Quedan muchas teclas por tocar todavía, no nos demos por vencidos tan pronto.
  • ¿No estudian, no trabajan, no hacen nada? Pensemos por qué esto es así. Quizá nos hemos alejado enormemente de sus intereses. Quizá no planteamos de manera sugerente nuestras sesiones de trabajo. Seguramente no podamos cambiar solos determinados comportamientos e inercias pero no es menos cierto que también en este ámbito tenemos una notable responsabilidad y, por tanto, muchas cosas por decir y, sobre todo, por hacer.
  • Pues si no se muestra respeto, habrá que trabajarlo. De hecho, este debería ser uno de los ejes fundamentales de nuestra actuación en las aulas. Así pues, quedan abolidas expresiones como "yo no vengo aquí a enseñar educación", "que vengan educados de casa" y similares (frecuentes especialmente de secundaria en adelante). Las generalizaciones indiscriminadas tampoco resultan de demasiada ayuda. ¿No tienen respeto?, ¿Quién?, ¿La humanidad, así, en general? Sabemos, perfectamente, que esto no es cierto. Detectemos a quienes puedan mostrar faltas de respeto y planifiquemos un trabajo específico y coordinado para corregir este tipo de situaciones.
  • En los tiempos que corren, la soledad en el mundo de la educación se me antoja una decisión personal. Uno puede tener mala suerte y topar con un claustro de criminales y maleantes que le hagan la vida imposible y le aislen del resto de la comunidad educativa. Cierto. Pero estaremos de acuerdo en que no es lo habitual. Siempre hay gente dispuesta a compartir, a escuchar, a echar un cable y a trabajar de manera conjunta y coordinada. Y si, desgraciadamente, esto no es así, para eso están las redes sociales donde miles de docentes abren sus proyectos, ideas y recursos al resto de la comunidad educativa. ¿Soledad? No cuela.
  • ¿Te aburres? Pues cambia. ¡Será por opciones! Proyectos, problemas, clase invertida, gamificación, robótica... No tienes excusa para repetir siempre la misma cantinela. Existen numerosas modalidades y propuestas para dinamizar tu práctica docente. Prueba, investiga, aplica, rectifica... En definitiva, aprovecha todas las posibilidades que te ofrece tu profesión.
  • El trabajo coordinado con las familias es vital para fortalecer y potenciar las actuaciones desarrolladas en el aula con el alumnado. Así pues, si no las aguantas, ¡háztelo mirar! Revisa tus prejuicios y etiquetas y analiza tus actuaciones para con ellas. Seguro que tienes margen de mejora. Quizá no consigas relaciones idílicas con muchas de ellas pero seguro que tienes mucho margen de mejora también en este ámbito.
  • ¿Harto de burocracia y de reuniones inútiles? Pues coméntalo, claro. Pero no a la brava y en plan talibán. Al contrario, propón alternativas y muestra tus argumentos de manera clara y educada a quien pertoque. Hay equipos directivos que pueden llegar a apreciar un feedback constructivo. Lo digo por experiencia. Si no es el caso, pues nada, no te quemes. Plantea una política de mínimos y céntrate en batallas que puedas ganar.
En fin, llamémosle optimismo, llamémosle fe. En cualquier caso, me parece una actitud mucho más positiva para hacer frente a los numerosos obstaculos que nos encontramos día a día en nuestros centros educativos. Porque, uno será optimista, pero ciego todavía no. Así que, ¡timón del optimismo bien firme y adelante!

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martes, 9 de febrero de 2016

Innovación y competición en educación

Leo con sumo interés el artículo de Enric Prats, Els cants de sirena de les innovacions educatives, publicado en El Diari de l'educació. En él, Prats plantea un escenario donde el creciente interés de los centros educativos por la innovación metodológica está generando una cierta competitividad entre centros por conseguir una mayor visibilidad y por generar proyectos únicos y singulares. Todo ello en un contexto donde las administraciones educativas se ponen de perfil y donde el profesorado (o parte de él) y algunos equipos directivos se lanzan, con mayor o menor fundamento, sentido y gracia, a  la ardua tarea de renovar el tinglado y de hacer las cosas de otra manera. De esta manera, afirma el autor, "el sistema educativo ha caído en el juego neoliberal de la competitivitad entre escuelas obligadas a situar un producto singular y necesariamente novedoso en el mercado de la educación".

Pues seguramente no le falte razón a Prats. No dudo que habrá centros que miren de reojo los proyectos de sus vecinos, que estén al caso de la matrícula de unos y otros, que se esfuercen por visibilizar su trabajo y por presentarse a la comunidad como espacios educativos singulares. Seguro que entre estos habrá proyectos de cartón-piedra; proyectos que no resistirán el paso del tiempo y que puede que estén orientados más al objetivo cortoplacista de asegurar un volumen de matrícula determinado que a afianzar un nuevo proyecto educativo sólido y eficaz. No digo yo que no, por supuesto. Pero me parece que la realidad general es otra bien distinta.

Yo interpreto que el profesorado, los equipos directivos y los  centros, en general, tienden a compartir más que a competir. Al menos esa es mi experiencia personal desde que inicié mi andadura como director. Recuerdo con gran gratitud el tour que me autoplanifiqué por varios centros de adultos cuando asumí la dirección de mi escuela. Allí iba yo con mis tablas de preguntas bajo el brazo y muchos compañeros y compañeras sacaron tiempo, seguramente de donde no lo tenían, para echar un cable al novato de turno. Igual hemos hecho nosotros en no pocas ocasiones en las que se nos ha visitado o invitado a contar nuestra experiencia como centro o a presentar alguno de los proyectos de innovación (o lo que sea) que hemos implementado. Ésta es nuestra realidad, cierto, pero se trata de una dinámica que aprecio también en otras instituciones, de mayor relevancia o más humildes, siempre dispuestas a compartir y a enseñar su trabajo. Por supuesto que de todo hay en la viña del señor, pero si tuviera que conjugar un verbo que se ajustara a la realidad me atrevería a usar compartir por encima de competir.

Diré más, esto que aprecio a nivel de dirección lo traslado también al ámbito docente. No son pocos los proyectos y/o actividades ideados por otros compañeros que hemos llevado a cabo con mis alumnos. Proyectos de profesionales innovadores que deciden  compartirlos de manera totalmente desinteresada. Redes de profesionales que amplían el espacio del claustro y lo extienden fuera del centro, contribuyendo a generar nuevos modelos más ricos y variados, en mi opinión.

No obstante, haremos bien en prevenirnos de esta competición que apunta Prats. El ámbito educativo debe ser un espacio donde compartir experiencias y aprendizaje, no solo entre la propia comunidad sino también entre centros. No podemos caer en el error de convertirnos en competidores, de ninguna manera. Debemos complementarnos, colaborar, compartir experiencias, pero para ello necesitamos una administración que se ponga las pilas, que genere espacios de intercambio, que dote de recursos a los centros, que acabe con desigualdades que son lastres para algunas instituciones educativas. En definitiva, creo que debemos poner el foco y, sobre todo, la lucha en presionar a quien puede tomar decisiones para mejorar la situación y no en competir por las migajas de un pastel que, a fin de cuentas, se acaban zampando los mismos de siempre. 

jueves, 21 de enero de 2016

Reproducir, transformar (o acabar el temario)

Dicen que la escuela es un mecanismo reproductor de los modelos sociales que deben ser perpetuados. Que la escuela debe garantizar la continuidad del orden social establecido. Que los centros educativos deben ser, en primer lugar, espacios para la socialización de nuestra muchachada para, más tarde, en etapas superiores, convertirse en espacios formativos de calidad para preparar a los profesionales del mañana. Dicen, también, que cualquier discurso alternativo no solo no es realista, sino que no es posible. Que lo importante es aprender bien y prepararse para acceder con garantías de éxito al mercado laboral.

Otros dicen, por contra, que la escuela debe contribuir a formar ciudadanos críticos. Que el espacio educativo debe ser un espacio para la transformación social y para la liberación democrática. Que nuestras aulas, ya desde etapas iniciales, deben formar en la autonomía y el espíritu crítico huyendo de cualquier tipo de utilitarismo académico. Que en la escuela se debe reflexionar, descubrir, investigar, comprender... En definitiva, huir del acriticismo educativo que nos quieren imponer "los otros". Vaya, que el cambio de modelo, de sociedad, pasa de manera inevitable por la escuela.

Leo a Angel Santamaría en Heducación se escribe sin h que "esa radical oposición en la definición de la escuela como esencialmente reproductora o fundamentalmente transformadora en reacción a los mecanismos reproductores que trata de imponer, es el eterno debate sociológico sobre el fin mismo de la educación". Dos modelos, dos ideas, claramente contrapuestas sobre lo que debería ser la escuela. Uno, actual dominador en el panorama internacional; el otro, eterno aspirante a iniciar el cambio que parece estar preparado pero que, por uno u otro motivo, no acaba de arrancar.  Es una lástima que, mientras tanto, la mayoría de docentes no tengamos tiempo para dedicarnos a estos interesantes debates. Y es que, ya se sabe, ¡uno tiene que acabar el temario! 


viernes, 28 de agosto de 2015

#betacamp: "la calle es nuestra"

Hoy hemos empezado a trabajar en el nodo "La calle es nuestra", una de las diferentes propuestas que se pueden encontrar en el betacamp. Esta propuesta de trabajo gira en torno a la necesidad de "socializar" las enseñanzas de ciencias sociales y de cualquier otra materia para establecer una vinculación entre los contenidos curriculares y la realidad y el día a día de los alumnos. Por otra parte, otros objetivos del nodo son conocer prácticas y experiencias de trabajo que relacionen el currículo con el entorno social y cultural de los centros educativos y establecer espacios de cooperación y de trabajo colaborativo entre los profesionales del ámbito.

Hemos empezado la sesión poniendo en común diferentes experiencias desarrolladas en nuestros centros. Tras plantearnos varias propuestas y alternativas, hemos decidido responder dos grandes preguntas para asentar las bases de posibles actuaciones dirigidas a romper los muros del aula y del centro y de abrir el aprendizaje en el entorno. Estas preguntas son las siguientes: ¿Por qué hay que socializar el aprendizaje? y ¿Cómo se puede acercar las aulas y los centros al entorno?

Respondiendo a la primera pregunta, hemos pensado que socializar el aprendizaje puede ser interesante por los siguientes motivos:
  • Porque el trabajo y el aprendizaje se convierten en significativos.
  • Porque nos permite romper las barreras y las limitaciones físicas (y psicológicas) del aula.
  • Porque podemos atender mejor la diversidad.
  • Porque se fomenta la cohesión de grupo y la vinculación entre el alumnado y el profesorado.
  • Porque puede fomentar la transversalidad.
  • Porque convierte el centro en un espacio dinamizador del entorno.
  • Porque es divertido! 
Por otra parte, ¿cómo podemos hacer para acercar realidad / día a día y aprendizaje? En definitiva, como podemos "callejear"? 
  • Abriendo el aula a testimonios del entorno.
  • Continuando con la programación de salidas y actividades fuera del aula.
  • Rompiendo el tiempo y el espacio tradicionales de aprendizaje (las TIC nos pueden ayudar).
  • Investigando y aplicando estrategias y recursos de Realidad Aumentada.
  • Generando experiencias de aprendizaje basadas en la creación de productos y en su presentación en diferentes espacios (incluso fuera del centro).Colaborando con entidades y organizaciones del entorno en el desarrollo de proyectos de distinto tipo.
También hemos aprovechado para conocer diferentes herramientas y aplicaciones que pueden ayudar a esta tarea. Puede consultar la información listado con algunas de ellas:
  • Remind i Moxtra: dos aplicaciones para enviar mensajes SMS de forma confidencial.
  • Kahoot: herramienta para generar juegos en línea en tiempo real en formato cuestionario.
  • Geo Aumentaty: herramienta para trabajar contenidos mediante la geolocalización de espacios y realidad aumentada.
  • Edpuzzle: herramienta que permite la creación de vídeos de forma comprensiva introduciendo cuestionarios entre secuencias.
Seguro que hay muchas propuestas, ideas y recursos más que nos pueden ayudar a "ocupar la calle". Nos ayudas y nos envías tus propuestas?


sábado, 2 de mayo de 2015

La escuela contra el mundo

Luri, G, (2008) L' escola contra el món. L' optimisme és possible. La campana. (Disponible en versión en castellano)

Acabo de leer con mucho interés La escuela contra el mundo, de Gregorio Luri. Escrito en 2008, el libro refleja con bastante acierto (a mi entender) la situación que atraviesa el sistema educativo de nuestro país aún hoy, siete años después de su publicación inicial. Son muchos los frentes abordados por el autor, aunque quizá quepa destacar su crítica a la pedagogía moderna y a los planteamientos que alejan al profesorado de la posición central en los procesos de enseñanza-aprendizaje. 

Y es que en un contexto como el actual, en el que somos bombardeados (y bombardeamos, de hecho) con conceptos como innovación, nuevas tecnologías, gamificación o aprendizaje basado en proyectos, Luri plantea la puesta en valor de ideas que generalmente asociamos a la escuela tradicional y que las nuevas tendencias pedagógicas parecen arrinconar por su "escaso glamour" y por ser consideradas, en muchos casos, como planteamientos anacrónicos e incluso reaccionarios. Así pues, Luri rescata conceptos como el esfuerzo, la autoridad, la transmisión de conocimientos o la voluntad de trabajo otorgándoles un papel destacado en el proceso de aprendizaje. 

Me ha interesado especialmente la reflexión sobre el concepto de escuela como institución mediadora entre familias y sociedad. De hecho, Luri realiza una crítica abierta a los nuevos relatos pedagógicos basados en modelos líquidos, donde el cambio es constante y omnipresente. Si lo entendí bien, Luri critica el esfuerzo de muchas instituciones educativas por estar a la última, por innovar y adaptarse al cambio constante, dejando de lado la reflexión sobre su contexto y realidad inmediatos y sobre las necesidades reales de conocimiento de su alumnado. El autor destaca, además, el valor del profesorado como recurso pedagógico en sí mismo, haciendo una crítica de la incorporación sin reflexión previa de las nuevas tecnologías o de las modas metodológicas de turno.

Otros temas ocupan también el análisis de Luri. El contraste entre la moral del trabajo y la moral del consumo (o moral fashion como él la llama) presente en nuestros días, el papel de la autoridad menguante del profesor o la confianza como elemento clave de los procesos de aprendizaje constituyen algunos de los temas desarrollados en el ensayo.

Por último, Luri hace un alegato en contra del escepticismo docente y a favor del optimismo en la educación. Y es que, según él, no podemos trabajar en un entorno donde están presentes el escepticismo y la incredulidad hacia nuestra propia labor. Debemos ser optimistas porque, primero, existen motivos para ello y, segundo y quizá más importante, porque es nuestro deber como docentes.

Quizá me parece excesivamente dura la crítica hacia las nuevas pedagogías y, a veces, excesivamente rígida la defensa del tradicionalismo pedagógico antes mencionado. Como el propio Luri apunta, el maestro puede constituirse como un recurso pedagógico en sí mismo. Así pues, en mi opinión, tanto modelos metodológicos más innovadores como aquellos que podrían ser calificados de tradicionales pueden generar aprendizaje o constituir un absoluto fracaso. Es más, no creo que la autoridad docente desaparezca en las llamadas metodologías modernas. De hecho, me parece necesaria mucha autoridad para llevar a cabo proyectos de éxito, aunque quizá el debate esté en el propio concepto de autoridad. Es por esto por lo que me parece que algún planteamiento resulta un tanto rígido. No obstante, me parece una obra muy interesante, la lectura de la cual recomiendo sin duda, aun discrepando de muchas de sus propuestas y análisis. En definitiva, un texto del que aprender mucho.



sábado, 25 de abril de 2015

Los hombres de Porlock, el opio y la educación

El otro día leí en Les incerteses, genial ensayo de Jaume Cabré, una historia preciosa pero muy triste a la vez. Se trata de la historia de una obra maestra de la literatura que nunca llegó a escribirse. Un relato abortado por una trivialidad, por un acto tan banal como la entrega de la correspondencia diaria. Y es que no sabemos el impacto que puede tener el acto más cotidiano de nuestro día a día.

Su protagonista es el pensador, filósofo y poeta inglés Samuel Taylor Coleridge y el marco el pequeño pueblo de Porlock, ubicado al suroeste de Inglaterra. Cuenta Coleridge que una noche de otoño de 1797, después de un notable atracón de opio, se quedó dormido leyendo la biografia del Gran Khan del imperio mongol. Tuvo tal impacto el texto en el subconsciente del poeta  que, profundamente dormido, soñó que escribía un precioso poema dedicado a narrar los bellos y espectaculares paisajes orientales. Ese poema iba a ser, sin lugar a dudas, su gran obra maestra; la obra que le daría el reconocimiento como poeta que, más tarde, conseguiría como pensador y como filósofo.

Así pues, recién despierto y con el recuerdo del poema bien nítido en su cabeza, Coleridge se dispuso a plasmar sobre el papel verso a verso el texto que había soñado. El trabajo fluía sin problemas hasta que sonó la llamada del cartero a la puerta. Despachado el asunto, cuestión de minutos, el autor intentó ponerse de nuevo manos a la obra para finalizar el poema. Imposible. El texto se había desvanecido de su cabeza completamente. El cartero dejó la correspondencia pero se llevó algo mucho más valioso: la concentración con la que Coleridge se estaba ganando un lugar entre los grandes poetas de todos los tiempos. El resultado fue Kubla Khan, a vision in a dream, poema inacabado que acabaría por convertirse en una de las grandes frustraciones literarias del autor pero que, por contra, ha contado con la admiración de grandes figuras de la literatura universal.

Claro que cabe la posibilidad, estoy de acuerdo con Cabré, que todo sea una débil excusa por parte de Coleridge para justificar su incapacidad para crear una obra maestra. No obstante, se trata de una historia que muestra muy a las claras del impacto de lo que Cabré llama los "hombres de Porlock": gentes (yo añado situaciones, contextos, realidades...) que torpedean nuestro día a día y que impiden que saquemos lo mejor de nosotros mismos. Situaciones u obligaciones muchas veces sin demasiado sentido que condicionan enormemente nuestro trabajo y sus resultados.

Y es que me da la sensación que los profesores tenemos nuestros particulares "hombres de Porlock". Recursos menguantes, ratios elevadas, claustros complicados, equipos directivos ausentes (o excesivamente presentes), problemáticas varias en las aulas, familias complejas o burocracias salvajes (véase Hiperdocumentados) son solo algunos ejemplos de cómo los hombres de Porlock se interponen entre nosotros y nuestro objetivo fundamental: el aprendizaje y la educación de nuestro alumnado. Todo ello sin mencionar nuestras propias incapacidades, claro. Pero también creo que los centros y el sistema educativo, así en general, tienen sus propios hombres de Porlock. En relación al sistema, sería fácil incluso ponerle nombres y apellidos. Bastaría con revisar los autores de las múltiples ocurrencias y leyes educativas de los últimos años.

Se trata, en mi opinión, de no ceder ante el empeño de los hombres de Porlock. La lucha en el fango de lo cotidiano no debería alejarnos de nuestros grandes objetivos educativos. Es cierto que no podemos controlarlo todo, por supuesto. Pero sí que podemos estar preparados para limitar el impacto de lo urgente y centrarnos en lo verdaderamente importante. Eso y tener cuidado con los opiáceos, claro.

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martes, 21 de abril de 2015

Equidad, ascensores y otras historias

El pasado mes de febrero la Fundación Jaume Bofill publicaba el informe Equidad y resultados educativos en Cataluña dirigido por Xavier Bonal. Mediante un análisis de los resultados PISA de 2012, el documento cuestiona dos premisas fuertemente consolidadas en el debate público respecto el sistema educativo catalán. La primera, que los resultados generales de Cataluña son mediocres respecto otros países y regiones de su entorno. Y, la segunda, que Cataluña ofrece niveles de equidad relativamente elevados. Y es que, según sus autores, lo que verdaderamente distingue al sistema educativo catalán no son tanto sus resultados como las desigualdades sociales existentes en los centros catalanes, tanto a nivel de género, de clase social como de procedencia.


El informe apunta, además, otras conclusiones importantes. En primer lugar, que aquellos países que han mejorado sus puntuaciones entre los años 2003 y 2012 (casos de Alemania, Suiza o Italia) han conseguido reducir las desigualdades de rendimiento en base a los niveles socioeducativos de su alumnado. Es decir, que el incremento de la equidad en su funcionamiento, organización y composición ha permitido una mejora de resultados. No sería el caso de Cataluña, donde el riesgo de fracaso escolar es seis veces superior en el caso del alumnado de niveles socioeconómicos bajos. También resulta especialmente significativa la diferencia de resultados entre el alumnado autóctono y el de origen inmigrado, así como entre chicos y chicas. En definitiva, que tenemos mucho trabajo por delante en términos de equidad y de justicia social.



Más allá de informes, datos y de diferentes porcentajes y resultados de uno u otro territorio, mi sensación personal es que se está abriendo una brecha importante en el sistema educativo. O quizá que se está agrandando la ya existente y resquebrajándose en nuevas fracturas. Y es que, en mi opinión, no es de recibo que centros de la red pública presenten diferencias tan abismales entre ellos en cuanto a recursos, composición de su alumnado, instalaciones, etc. Claro que la realidad del sistema educativo público es diversa y variada, por supuesto. No obstante, a mi entender, debería ser el propio sistema el que proporcionase elementos para equilibrar situaciones de desigualdad derivadas de una determinada estructura socioeconómica del territorio. Y eso no se arregla únicamente con unos cuantos profesores más en nómina.

Una de las funciones tradicionalmente asignadas a la educación es la de ascensor social para los miembros de las clases más desfavorecidas. No obstante, quizá se trate de una metáfora apta para otros tiempos. Si bien las tasas de paro se mantienen más bajas en niveles de formación y educación superiores, parece claro que hoy en día no son garantía suficiente para acceder a modelos de ocupación dignos. Y ello, en gran parte, no es responsabilidad tanto de un sistema educativo que trabaja a marchas forzadas como de un mercado laboral raquítico y menguante en cuanto a derechos, salarios y condiciones laborales de sus trabajadores.

Así pues, debemos trabajar en reducir las desigualdades sociales presentes en el tejido educativo. No obstante, creo que se trata de un esfuerzo que deberían impulsar las administraciones educativas de turno con políticas y recursos a tal efecto. Solo después desde los centros educativos podremos plantearnos actuaciones eficaces de gran calado en favor de la justicia social y la equidad. Y la sensación es que, hoy en día, el funcionamiento está siendo totalmente el contrario: mientras que los centros proponen alternativas, las instituciones se ponen de perfil. Además, el problema seguramente no sea solo educativo, sino de modelo social. En fin, que el ascensor se despeña... El tema es: ¿nos salvamos juntos o sálvese quien pueda?

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miércoles, 29 de octubre de 2014

La casta educativa

La casta está de moda. En estos tiempos de crisis y de cambios socioeconómicos, la casta está en boca de todo el mundo. Entendida como un grupo de personas o grandes grupos empresariales que, de acuerdo a sus propios intereses y de espaldas al bien colectivo, manejan los hilos políticos y económicos del país, el concepto ha hecho fortuna desde un punto de vista político.

Aunque, bien mirado, casta hay en todos los ámbitos profesionales. En el fútbol, en los medios de comunicación o el mundo de la empresa, en general, no es infrecuente ver como unas pocas personas o instituciones ejercen un control casi absoluto sobre su campo profesional valiéndose de su posición de fuerza, de un contexto propicio o de las desigualdades existentes con otros agentes de su entorno. Partiendo de este punto de vista, ¿quién forma la casta en la educación? O, mejor dicho, ¿qué materias forman la "casta curricular" de nuestro sistema educativo?

Una cosa está clara: no es casta la educación musical, una de las principales víctimas de la nueva ley educativa. Tampoco parece que sea casta la educación visual y plástica ni, en general, las disciplinas artísticas, eternas olvidadas de los planes de estudios de la gran mayoría de nuestros centros.  Las ciencias sociales, antaño clase media-alta, parece que están perdiendo su "poder adquisitivo" y viéndose relegadas a jugar un papel secundario en la formación de nuestro alumnado.

Por contra, las áreas de ciencias y de lenguas, especialmente el inglés en los últimos tiempos, ocupan horas y horas lectivas en todas las etapas educativas. Lo del inglés con el auge de los proyectos de centro bilingües está siendo de escándalo. Uno tiene la sensación de que muchos centros educativos quieren "subirse a la ola" del bilingüismo y, quizá en algunas ocasiones de prisa y corriendo, han otorgado una presencia predominante a este ámbito curricular que se le está negando a las disciplinas artísticas en sus diversas manifestaciones: teatro, literatura o música, por poner algunos ejemplos.

Por otro lado está la casta de los profesores que mandan deberes. Una casta alimentada por algunos padres y docentes, supuestamente, para mejorar las competencias de nuestros hijos y alumnos. Si no mandas deberes no perteneces a esa casta de profesores exigentes que demanda nuestra sociedad hipercompetitiva. Fuera de la casta, algo desprestigiados, tildados como frikis o progres, están los profesores que prefieren exprimir el tiempo en el aula y que entienden que no son necesarias tareas repetitivas o simplemente memorísticas. Profesores que prefieren avanzar por otras áreas o materias fuera de la “casta curricular”.

También tenemos la casta de los que alumnos que buscan sólo aprobar. Una casta que el sistema ha perpetuado y acrecentado con el paso del tiempo. Un sistema educativo que sigue “haciendo casta” al priorizar el aprobado y los títulos sobre el placer de aprender. Aquello de “aprobar no es aprender” parece no haber calado lo suficiente entre unos docentes que no han sabido transformar el aprendizaje-enseñanza bulímico. Revolucionar la educación exige minimizar esta casta de los buscadores de aprobados.

Por último, se está conformando la casta de los docentes frikis y enredados que pululan por blogs y otras redes sociales, mayoritariamente en Twitter. Una casta en evolución permanente y que parece haber llegado para compartir y visibilizar su trabajo en el aula. Una casta que apuesta por una enseñanza a través de diferentes metodologías. Una casta a la que se accede por contagio del entusiasmo de sus miembros. Y tú, ¿de qué casta formas parte?

PD: El presente artículo ha sido "perpetrado" a cuatro manos con @oscarboluda, autor de eFePeando. La idea surge de una conversación tuitera sobre la situación de sumisión de una parte del currículum educativo. Nos animamos y nada... ¡habemus post! Para leer más posts de Oscar Boluda haz clic aquí (#recomiendo, #recomiendo).
 
@monparaiso@oscarboluda