martes, 15 de marzo de 2016

Profesores, mentores, grandes palabras y tal

Recupero unas notas que tenía por ahí de cuando leí El elemento de Ken Robinson. En ellas apuntaba el papel que Robinson asigna a los mentores, a aquellos profesores (o no) memorables con los que, con un poco de suerte, uno topa en su camino y te ayudan a dar un giro al asunto cuando más lo necesitas. El autor británico destaca, por encima de todo, cuatro grandes características que, sí o sí, reúnen los mentores de manual. Vamos a ellas.

En primer lugar, los mentores son reconocedores. Es decir, reconocen tus verdaderas aptitudes y talentos individuales. Detectan tus puntos fuertes y reconocen la chispa que activa tu interés y tu capacidad. Es por ello que su apoyo puede resultar clave para conectar tus habilidades y capacidades con los componentes específicos de la disciplina que constituye tu pasión.

Una segunda característica es que son motivadores, estimuladores. Esta capacidad permite que los verdaderos mentores nos lleven a creer que podemos conseguir logros que sencillamente considerábamos imposibles. Su consejo y su apoyo nos aportan, pues, una dosis extra de confianza en nuestras habilidades. Confianza que, sin duda, nos hace crecer y nos permite afrontar nuevos retos y adversidades.

En tercer lugar, los mentores son facilitadores que pueden ayudarnos a llegar a conseguir nuestros logros y objetivos, también a descubrir nuestras verdaderas pasiones. Su apoyo es incondicional, pero esto no significa que simplemente nos allanen el camino, al contrario. A veces pueden sumirnos en la duda y la vacilación para hacernos crecer y a aprender de nuestros errores.

Y, por último y a pesar de todo lo señalado anteriormente, son exigentes. Señala Robinson que los mentores eficaces nos empujan más allá de lo que nosotros consideramos posible. Por un lado, no nos dejan sucumbir a la falta de confianza en nosotros mismos mientras que, por otro, nos impiden que hagamos menos de lo que podemos. En fin, palabra de Robinson.

Leo todo esto y pienso que los mentores robinsonianos no lo tienen nada fácil en el sistema educativo español. Tampoco es que crea que los profesores de los centros educativos deban cumplir este rol, ni mucho menos. No obstante, me parecen características que conviene tener presentes en nuestra práctica profesional. La verdad es que no estaría nada mal que, así, como quien no quiere la cosa (es un decir, claro), reconociéramos por sistema el talento de nuestro alumnado, estimuláramos sus capacidades y facilitáramos su progreso siendo, a la vez, exigentes con el cumplimiento del trabajo y de las obligaciones que corresponda. Vamos, creo que firmaríamos todos.
  
Sin embargo, digamos que no desarrollamos nuestra labor en las mejores condiciones para cumplir con estos requisitos. Ni las ratios, ni la burocracia inabarcable, ni la (cuestionable) formación y preparación del profesorado, ni la rigidez organizativa de todo el tinglado parece que sean grandes aliados para transformarnos y dar el salto propuesto por Robinson. Mientras tanto, creo que no nos irá mal si nos esforzamos por estar cerca de nuestro alumnado, atentos a sus necesidades e intereses y abiertos a colaborar con las familias y el resto de compañeros. Me parece que no es poca cosa. Y ya, si eso, nos ponemos con los elementos y tal...


martes, 8 de marzo de 2016

Sobre motivación y tiempo en educación

Hablaba el otro día con el compañero Jordi Font y me explicaba que, en los últimos meses, dos conceptos se han convertido en sus principales preocupaciones como docente: la motivación y el tiempo. ¡Cuánta razón!

Motivación para sacar lo mejor de nosotros mismos como docentes y, sobre todo, para generar motivación e implicación en nuestro alumnado. Motivación para fomentar el trabajo activo, el aprendizaje real y contextualizado, para dar respuesta a las necesidades e intereses verdaderos del grupo  y, por qué no, también nuestros. Motivación para generar cambio e interés renovado, para no estancarnos ni estancarlos, para no hacer siempre lo mismo, para innovar. ¡Qué rápido se dice y qué difícil resulta! No obstante, escuchando a Jordi hablar de su Laboratorio Matemático (las mayúsculas son intencionadas)  no me queda duda alguna de que por esas aulas de mates corre a chorro motivación de la buena. Quién la hubiera pillado en mis años de secundaria, por otra parte.

Y tiempo, claro. Tiempo para no hacer actividades a medias, para no correr siempre, para no tener la sensación de abarcar demasiado y no apretar nada. Tiempo para poder detenerte en la noticia del día sin tantos remordimientos, para trabajar aspectos más allá de lo puramente curricular, para establecer otro tipo de relación con nuestro alumnado (y de paso con nuestros compañeros, oiga, que tampoco estaría nada mal). Tiempo para pensar y desarrollar proyectos, para detectar necesidades reales. Tiempo para la reflexión, para el análisis. En fin, paro ya que me deprimo.

Y es precisamente lo contrario de lo que debería. Porque es un lujo escuchar experiencias y descubrir actitudes así, que le contagian a uno las ganas de ponerse a trabajar con ese entusiasmo. Y lo mejor es que no se trata de casos excepcionales. La batalla de la motivación, de hecho, creo que la tenemos ganada. Ahora, lo del tiempo me temo yo que nos va a costar algo más. Pero bueno, ¡algo se nos ocurrirá!

Para todo lo demás, #betacamp!


sábado, 5 de marzo de 2016

SOMOS Escuela de Personas Adultas

Advertencia: artículo escrito desde el subidón. Si piensas que la educación de adultos es como el Vietnam para los americanos, un infierno sin salida, no vale la pena que leas las siguientes líneas porque te vas a enfadar. Conclusiones más sosegadas y tal, ya si eso la semana que viene...

Vengo de la I Trobada d'Educació de Persones Adultes celebrada en la Universidad Autònoma de Barcelona y organizada bajo el paraguas del Institut de Ciències de l'Educació de la citada universidad. Seguramente no se trate del primer encuentro de este tipo (compañeros veteranos así lo afirmaban), ni el programa contaba con grandes gurús educativos ni proyectos mediáticos. El que los busque los encontrará sin problema en otros foros, dicho sea de paso. No obstante, el encuentro de hoy, en mi opinión, ha tenido un inmenso valor para los profesionales de la educación para personas adultas por varios motivos.

Primero, por la necesidad de vernos, de tocarnos (ya se me entiende), de poner caras y voces a compañeros con nuestros mismos problemas, necesidades e inquietudes. Gentes muy diversas procedentes de contextos y de centros totalmente distintos pero con una conexión fortísima  que parte de un concepto de la profesión muy particular y específico, seguramente condicionado por una situación administrativa (digamos, siendo generosos) peculiar.

Segundo, porque se detecta entre el profesorado necesidad y muchas ganas de cambio. Hay ganas de caña, de trabajar en red, de visibilizar nuestro trabajo y eso (al menos así lo espero) puede abrir una vía interesante a un nuevo paradigma en nuestra relación como profesionales, pero también como centros. Interdependencia, trabajo en red, compartir han sido palabras que hemos escuchado y repetido insistentemente a lo largo de la jornada.

Y tercero, porque hay gente muy válida, proyectos muy interesantes (ejecutados y por ejecutar), ganas de trabajar y savia nueva (y no tanto). En definitiva, grandes profesionales que a pesar de las dificultades intrínsecas de la etapa educativa y de los cambios sociales vividos en los últimos años se dejan la piel para buscar soluciones y los mejores recursos y oportunidades para nuestro alumnado. Y de ahí solo pueden salir cosas buenas. 

Decía Joan Subirats en la conferencia inaugural de las jornadas que en los últimos años muchos movimientos sociales han dado el salto de la crítica hacia la acción, del "salvemos" al "somos". Y quizá por ahí van los tiros, quizá ése sea el paso que debamos dar. No dejemos de criticar y de presionar a la administración, por supuesto, faltaría más. Alcemos nuestra voz para que se recojan nuestras propuestas e ideas, pero hagámoslas. Constituyamos un movimiento cohesionado y fuerte, trabajemos juntos, creemos foros de cooperación, de creación de materiales, de plataforma para visibilizar nuestro trabajo. Pero hagámoslo juntos. Tengo la sensación que en breve podremos decir bien alto: SOMOS Escuela de Personas Adultas.

PD: Muchas gracias al equipo impulsor por el trabajazo de organización. Desde aquí uno se ofrece para echar un cable en lo que haga falta para las II jornadas. Y muchas gracias a los compañeros Quim, Javier, Josep Miquel, Jaume y Ángel por compartir un día fantástico. N'aprenc molt de vosaltres, freaks! Ens veiem aviat!

Para leer más artículos sobre formación de personas adultas haz clic aquí.


martes, 1 de marzo de 2016

Zascas educativos (I)

"La escuela es una institución construida sobre el axioma de que el aprendizaje es el resultado de la enseñanza. Y la sabiduría institucional continúa aceptando este axioma, pese a las pruebas abrumadoras en sentido contrario. Todos hemos aprendido la mayor parte de lo que sabemos fuera de la escuela. Los alumnos hacen la mayor parte de su aprendizaje sin sus maestros y, a menudo, a pesar de estos".

Illich, I., La sociedad desescolarizada. Barcelona: Barral (1974)

#NoHaseFaltaDesirNadaMas




lunes, 22 de febrero de 2016

15 riesgos de ser docente y usar las redes sociales

En los últimos tiempos proliferan cursos y formaciones de todo tipo dirigidas a potenciar la competencia digital del profesorado y a fomentar el uso de redes sociales como herramientas de dinamización, presentación y creación de contenidos en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Desde mi (por otra parte, discutible) experiencia personal, te aviso que si eres docente y decides usar las redes sociales en tu desempeño profesional puede pasar que...
  1. Tu jornada de trabajo salte por los aires. Esto significa que te puedes ver un viernes a la una de la madrugada haciendo RT del último mapa publicado por esa cuenta tan molona que sigues o redactando un post sobre tu última lectura pedagógica. ¿37,5 horas semanales? Al loro...
  2. Descubras a docentes "extraños" que usen palabras "extrañas". Quizá incluso se dirijan a ti y quieran dialogar y compartir propuestas contigo. Vigila, son gentes peligrosas e imprevisibles.
  3. Te veas más enganchado al móvil de lo que quisieras reconocer. Sí, en el fondo sabes que estás todo el día consultando tus inbox varios (cosa que, por cierto, ya no recriminas tanto a tu alumnado).
  4. Corres el riesgo de descubrir nuevas metodologías y propuestas didácticas. Esto, de por sí, no es malo, siempre que no te dejes contaminar por las innovaciones del gurú de turno. 
  5. Tengas la sensación de que la batería de tu tablet no dura lo mismo que antes. Aunque, bien pensado, ¿no será que estás todo el día conectado?
  6. Te descubras diciendo cosas como "a @profeTIC lo desvirtualicé en el VII encuentro de metodologías innovadoras de didáctica de las ciencias sociales para equipos docentes". Sí, que lo sepas: "desvirtualizar", para la gente normal, es un palabro raro.
  7. Si, a pesar de todo, sucumbes a la tentación de las redes sociales puedes acabar convirtiendo tu muro (y/o TL y/o tablero y/o cuenta de instagram y/o blog) en un espacio de autobombo digno del telediario de TVE. 
  8. Tus alumnos te miren raro y murmuren cuando les propongas crear un grupo privado en facebook, whatsapp, moxtra o cualquier otra red social. 
  9. Te descubras creando "cápsulas formativas", participando en "laboratorios metodológicos virtuales" y compartiendo tus logros y descubrimientos mediante hashtags como #eduhackers, #edulab o #eduinnovation (siempre en inglés, claro, que es más molón).
  10. Te apuntes a mil y un saraos educativos sobre innovación pedagógica. De aquellos a los que no pudieras asistir seguirás las sesiones en streaming, leerás las actas y/o conclusiones y te harás recopilaciones con los hashtags empleados en el evento. Además, te autocastigarás usando el libro de texto en la siguiente unidad prometiéndote no volver a ausentarte nunca jamás a unas jornadas didácticas.
  11. Tu lector RSS te facilite a diario más contenidos de los que serían capaces de leer todos los miembros de tu departamento dedicando su jornada completa a ello. Parece que estás condenado a tener siempre una lectura pendiente...
  12. Un día suene el teléfono o recibas un mail invitándote a explicar aquel proyecto que publicaste en tu blog hace semanas o meses. No te vengas arriba y sospecha de quien te invite, piensa que seguramente también es un profesor que usa las redes sociales en su trabajo.
  13. Escribas posts divertidísimos y superingeniosos a 4 manos (e incluso a 6; cabe la posibilidad que a 8) con otros docentes igual de divertidos e ingeniosos que tú y colapséis los muros (y/o TLs y/o tableros y/o cuentas de instagram y/o blogs) de vuestros seguidores.
  14. Te ofrezcas a gestionar las redes sociales de tu escuela diseñando un plan de comunicación detallado y exhaustivo que nunca nadie leerá ni tendrá en cuenta pero que tu ejecutarás con precisión quirúrgica.
  15. A menudo se haga un silencio incómodo cuando entres a la sala de profesores. Se acabó, eso es que ya te han descubierto. Que sepas que te has convertido en el freak oficial del claustro. 
Creo que encontrarás algunos riesgos (o ideas) más por aquí: #Tprofes. Que conste que yo te he avisado...

martes, 16 de febrero de 2016

Optimismo pedagógico

Frente al desánimo fatalista del:
  • "Esto cada vez va peor",
  • "No hay nada que hacer",
  • "No estudian, no trabajan, no hacen nada...",
  • "No tienen respeto",
  • "Estoy solo/a",
  • "Estoy harto/a y aburrido/a de hacer siempre lo mismo",
  • "No aguanto a las familias",
  • "Estoy cansado/a de papeles y de reuniones inútiles",
Algunas respuestas basadas en el optimismo pedagógico:
  • Mentira, esto no va cada vez peor. Si bien es cierto que la situación es (manifiestamente) mejorable, una comparativa general de los resultados y del panorama  general de nuestro sistema educativo respecto a décadas atrás pone de manifiesto que esto no es así. Avanzamos. Lentos y a trancas y barrancas, puede ser, pero avanzamos.
  • ¿Que no hay nada que hacer? Falso, también. Tenemos innumerables cosas por hacer. Existe mucho trabajo por delante y, por lo tanto, muchas opciones de cambio. Revisar metodologías, potenciar la atención y el trabajo emocional, fortalecer el trabajo en equipo, mejorar la coordinación docente... Quedan muchas teclas por tocar todavía, no nos demos por vencidos tan pronto.
  • ¿No estudian, no trabajan, no hacen nada? Pensemos por qué esto es así. Quizá nos hemos alejado enormemente de sus intereses. Quizá no planteamos de manera sugerente nuestras sesiones de trabajo. Seguramente no podamos cambiar solos determinados comportamientos e inercias pero no es menos cierto que también en este ámbito tenemos una notable responsabilidad y, por tanto, muchas cosas por decir y, sobre todo, por hacer.
  • Pues si no se muestra respeto, habrá que trabajarlo. De hecho, este debería ser uno de los ejes fundamentales de nuestra actuación en las aulas. Así pues, quedan abolidas expresiones como "yo no vengo aquí a enseñar educación", "que vengan educados de casa" y similares (frecuentes especialmente de secundaria en adelante). Las generalizaciones indiscriminadas tampoco resultan de demasiada ayuda. ¿No tienen respeto?, ¿Quién?, ¿La humanidad, así, en general? Sabemos, perfectamente, que esto no es cierto. Detectemos a quienes puedan mostrar faltas de respeto y planifiquemos un trabajo específico y coordinado para corregir este tipo de situaciones.
  • En los tiempos que corren, la soledad en el mundo de la educación se me antoja una decisión personal. Uno puede tener mala suerte y topar con un claustro de criminales y maleantes que le hagan la vida imposible y le aislen del resto de la comunidad educativa. Cierto. Pero estaremos de acuerdo en que no es lo habitual. Siempre hay gente dispuesta a compartir, a escuchar, a echar un cable y a trabajar de manera conjunta y coordinada. Y si, desgraciadamente, esto no es así, para eso están las redes sociales donde miles de docentes abren sus proyectos, ideas y recursos al resto de la comunidad educativa. ¿Soledad? No cuela.
  • ¿Te aburres? Pues cambia. ¡Será por opciones! Proyectos, problemas, clase invertida, gamificación, robótica... No tienes excusa para repetir siempre la misma cantinela. Existen numerosas modalidades y propuestas para dinamizar tu práctica docente. Prueba, investiga, aplica, rectifica... En definitiva, aprovecha todas las posibilidades que te ofrece tu profesión.
  • El trabajo coordinado con las familias es vital para fortalecer y potenciar las actuaciones desarrolladas en el aula con el alumnado. Así pues, si no las aguantas, ¡háztelo mirar! Revisa tus prejuicios y etiquetas y analiza tus actuaciones para con ellas. Seguro que tienes margen de mejora. Quizá no consigas relaciones idílicas con muchas de ellas pero seguro que tienes mucho margen de mejora también en este ámbito.
  • ¿Harto de burocracia y de reuniones inútiles? Pues coméntalo, claro. Pero no a la brava y en plan talibán. Al contrario, propón alternativas y muestra tus argumentos de manera clara y educada a quien pertoque. Hay equipos directivos que pueden llegar a apreciar un feedback constructivo. Lo digo por experiencia. Si no es el caso, pues nada, no te quemes. Plantea una política de mínimos y céntrate en batallas que puedas ganar.
En fin, llamémosle optimismo, llamémosle fe. En cualquier caso, me parece una actitud mucho más positiva para hacer frente a los numerosos obstaculos que nos encontramos día a día en nuestros centros educativos. Porque, uno será optimista, pero ciego todavía no. Así que, ¡timón del optimismo bien firme y adelante!

Para leer más colaboraciones con INED 21 haz clic aquí.


martes, 9 de febrero de 2016

Innovación y competición en educación

Leo con sumo interés el artículo de Enric Prats, Els cants de sirena de les innovacions educatives, publicado en El Diari de l'educació. En él, Prats plantea un escenario donde el creciente interés de los centros educativos por la innovación metodológica está generando una cierta competitividad entre centros por conseguir una mayor visibilidad y por generar proyectos únicos y singulares. Todo ello en un contexto donde las administraciones educativas se ponen de perfil y donde el profesorado (o parte de él) y algunos equipos directivos se lanzan, con mayor o menor fundamento, sentido y gracia, a  la ardua tarea de renovar el tinglado y de hacer las cosas de otra manera. De esta manera, afirma el autor, "el sistema educativo ha caído en el juego neoliberal de la competitivitad entre escuelas obligadas a situar un producto singular y necesariamente novedoso en el mercado de la educación".

Pues seguramente no le falte razón a Prats. No dudo que habrá centros que miren de reojo los proyectos de sus vecinos, que estén al caso de la matrícula de unos y otros, que se esfuercen por visibilizar su trabajo y por presentarse a la comunidad como espacios educativos singulares. Seguro que entre estos habrá proyectos de cartón-piedra; proyectos que no resistirán el paso del tiempo y que puede que estén orientados más al objetivo cortoplacista de asegurar un volumen de matrícula determinado que a afianzar un nuevo proyecto educativo sólido y eficaz. No digo yo que no, por supuesto. Pero me parece que la realidad general es otra bien distinta.

Yo interpreto que el profesorado, los equipos directivos y los  centros, en general, tienden a compartir más que a competir. Al menos esa es mi experiencia personal desde que inicié mi andadura como director. Recuerdo con gran gratitud el tour que me autoplanifiqué por varios centros de adultos cuando asumí la dirección de mi escuela. Allí iba yo con mis tablas de preguntas bajo el brazo y muchos compañeros y compañeras sacaron tiempo, seguramente de donde no lo tenían, para echar un cable al novato de turno. Igual hemos hecho nosotros en no pocas ocasiones en las que se nos ha visitado o invitado a contar nuestra experiencia como centro o a presentar alguno de los proyectos de innovación (o lo que sea) que hemos implementado. Ésta es nuestra realidad, cierto, pero se trata de una dinámica que aprecio también en otras instituciones, de mayor relevancia o más humildes, siempre dispuestas a compartir y a enseñar su trabajo. Por supuesto que de todo hay en la viña del señor, pero si tuviera que conjugar un verbo que se ajustara a la realidad me atrevería a usar compartir por encima de competir.

Diré más, esto que aprecio a nivel de dirección lo traslado también al ámbito docente. No son pocos los proyectos y/o actividades ideados por otros compañeros que hemos llevado a cabo con mis alumnos. Proyectos de profesionales innovadores que deciden  compartirlos de manera totalmente desinteresada. Redes de profesionales que amplían el espacio del claustro y lo extienden fuera del centro, contribuyendo a generar nuevos modelos más ricos y variados, en mi opinión.

No obstante, haremos bien en prevenirnos de esta competición que apunta Prats. El ámbito educativo debe ser un espacio donde compartir experiencias y aprendizaje, no solo entre la propia comunidad sino también entre centros. No podemos caer en el error de convertirnos en competidores, de ninguna manera. Debemos complementarnos, colaborar, compartir experiencias, pero para ello necesitamos una administración que se ponga las pilas, que genere espacios de intercambio, que dote de recursos a los centros, que acabe con desigualdades que son lastres para algunas instituciones educativas. En definitiva, creo que debemos poner el foco y, sobre todo, la lucha en presionar a quien puede tomar decisiones para mejorar la situación y no en competir por las migajas de un pastel que, a fin de cuentas, se acaban zampando los mismos de siempre. 

sábado, 6 de febrero de 2016

Aniversario

Hoy hace dos años del primer post en DE VUELTA. Desde entonces, este sitio que empezó (y sigue, de hecho) un poco al tuntún ha generado miles de visitas, centenares de comentarios y, sobre todo, un montón de aprendizaje en su autor. De aquí han salido los proyectos profesionales más interesantes en los cuales he participado en los últimos tiempos. 

Además, el trabajo en DE VUELTA me ha permitido conocer a excelentes profesionales y centros desde donde ampliar mi visión de la profesión. Pues eso, que muchas gracias a todos. No sé cuánto tiempo más estaremos por aquí pero de momento lo seguiremos disfrutando.

¡Un abrazo!


miércoles, 3 de febrero de 2016

Mi método

Debo reconocer que cuando escucho a un compañero hablar de las bondades y beneficios de su método didáctico una gota de sudor frío recorre mi espalda. Y no porque no crea en los beneficios de sistematizar nuestra práctica docente. Al contrario, no me parece en absoluto negativo tener una línea de trabajo más o menos definida y  reconocible. Lo que me inquieta es esa supuesta superioridad del método sobre las personas, de la práctica sobre el grupo. Hace no mucho, en unas jornadas de trabajo, un compañero me comentaba atropelladamente que él, con su método de alfabetización, en un año tenía a su alumnado extranjero leyendo y escribiendo. ¡Bien por él! 

Y es que se trata de una situación que me he encontrado en otras ocasiones. No es lo común, cierto, pero tampoco es que sea demasiado infrecuente. Se trata, perdón por la generalización y el simplismo, de docentes de método arraigado. Docentes de unidad didáctica de manual, de planificación rígida y quinquenal. También pudieran ser docentes cegados por la última maravilla metodológica de turno, la cual abrazan con fervor cuasi religioso. En cualquier caso, son docentes que, a mi modo de ver y seguro que de manera inconsciente, ponen el foco en su práctica perdiendo la perspectiva general del asunto. De hecho, me temo que en no pocas ocasiones un servidor a hecho lo mismo. Así que me aplico el cuento.

Creo que una buena planificación y el establecimiento de rutinas de trabajo eficaces resulta enormemente útil para favorecer el aprendizaje. En mi opinión, reflexionar y tomar decisiones acerca de metodologías, agrupamientos, sistemas de evaluación y demás enriquece nuestra práctica docente. Ahora bien, cada vez me resulta más necesario conocer al alumnado para determinar esas rutinas y establecer las líneas de trabajo generales. Para entendernos, puedo preveer muchos aspectos pero hasta no conocer mínimamente al grupo me resulta muy difícil concretar (lo que podríamos llamar) mi método. En este sentido, cada vez más, pido ayuda a mi alumnado y no tengo problemas en pactar tal o cual aspecto aunque, me dicen por ahí, haya Cosas que no se negocian. Y aun así, se me siguen escapando muchas cosas, por supuesto.

Los futboleros recordarán el Dream Team de Cruyff (nos hacemos mayores). Aquel equipo jugaba un fútbol preciosista empleando una disposición táctica novedosa. El gran éxito de aquel equipo fue adaptar un método rompedor por aquel entonces a una plantilla de calidad a la cual el planteamiento táctico se ajustaba como un guante. Por contra, creo que el gran error del técnico holandés fue intentar aplicar su método independientemente de las características de su plantilla. Cruyff no se preocupó cuando los grandes jugadores de aquel equipo fueron desapareciendo. Él confiaba ciegamente en su método, independientemente de la calidad técnica de los hombres que tuviera a su disposición. Aquello no podía acabar bien y, de hecho, el final de aquel equipo de leyenda fue muy triste.

Supongo que, al final, todo tiene que ver con las dudas (véase Dudas docentes o Preguntas que debes hacerte como docente) y las certezas de muchos de nosotros. Está muy bien confiar en nuestro trabajo y en nuestras ideas, faltaría más. Pero me parece igual de importante cuestionar nuestros métodos y, sobre todo, poner el foco en lo realmente importante en nuestro trabajo: las personas y sus necesidades e intereses. Y es que me parece que es importante no olvidar que muchos estudiantes aprenden, en muchas ocasiones, a pesar nuestro.

Para más entradas sobre profesorado clica en los siguientes enlaces:
 

viernes, 29 de enero de 2016

Buenas prácticas (también) en educación de adultos

Los compañeros de etapa educativa de Madrid celebran el próximo día 10 de febrero la I Jornada de buenas prácticas en educación de adultos, un encuentro donde visibilizar y poner en común toda una serie de prácticas y proyectos educativos desarrollados durante el curso pasado para trabajar y mejorar el rendimiento del alumnado. Una jornada interesante donde descubrir proyectos de todos los ámbitos curriculares dirigidos al alumnado adulto, clara muestra de que la educación permanente también se mueve y está atenta a las necesidades y demandas de sus estudiantes.

Se trata de un evento que me ilusiona por dos motivos. Primero, por la visibilidad que ofrece a una etapa educativa que no siempre encuentra presencia en este tipo de foros. El profesorado de la educación de adultos sabe de lo que hablo. Por otro lado, porque los compañeros del CEPA Sierra Norte presentarán mapaTIC, uno de los proyectos en los que nuestro centro ha colaborado a lo largo del 2015. Una experiencia fantástica de la que ya hemos hablado por aquí en alguna ocasión en Colaborando sabe mejor... o en Profesores en red, centros en red. 

En fin, una lástima no poder asistir, aunque me dicen que quizá se retransmita en streaming. Si finalmente es así, sin duda que estaremos atentos a las propuestas presentadas. Además, seguro que muchos profesores de adultos del resto del país estaremos tomando nota para, quién sabe, quizá reproducir el modelo de jornadas en nuestras comunidades y contribuir así a la visibilización de las buenas propuestas existentes en la educación permanente.¡Que no son pocas!

jueves, 21 de enero de 2016

Reproducir, transformar (o acabar el temario)

Dicen que la escuela es un mecanismo reproductor de los modelos sociales que deben ser perpetuados. Que la escuela debe garantizar la continuidad del orden social establecido. Que los centros educativos deben ser, en primer lugar, espacios para la socialización de nuestra muchachada para, más tarde, en etapas superiores, convertirse en espacios formativos de calidad para preparar a los profesionales del mañana. Dicen, también, que cualquier discurso alternativo no solo no es realista, sino que no es posible. Que lo importante es aprender bien y prepararse para acceder con garantías de éxito al mercado laboral.

Otros dicen, por contra, que la escuela debe contribuir a formar ciudadanos críticos. Que el espacio educativo debe ser un espacio para la transformación social y para la liberación democrática. Que nuestras aulas, ya desde etapas iniciales, deben formar en la autonomía y el espíritu crítico huyendo de cualquier tipo de utilitarismo académico. Que en la escuela se debe reflexionar, descubrir, investigar, comprender... En definitiva, huir del acriticismo educativo que nos quieren imponer "los otros". Vaya, que el cambio de modelo, de sociedad, pasa de manera inevitable por la escuela.

Leo a Angel Santamaría en Heducación se escribe sin h que "esa radical oposición en la definición de la escuela como esencialmente reproductora o fundamentalmente transformadora en reacción a los mecanismos reproductores que trata de imponer, es el eterno debate sociológico sobre el fin mismo de la educación". Dos modelos, dos ideas, claramente contrapuestas sobre lo que debería ser la escuela. Uno, actual dominador en el panorama internacional; el otro, eterno aspirante a iniciar el cambio que parece estar preparado pero que, por uno u otro motivo, no acaba de arrancar.  Es una lástima que, mientras tanto, la mayoría de docentes no tengamos tiempo para dedicarnos a estos interesantes debates. Y es que, ya se sabe, ¡uno tiene que acabar el temario! 


martes, 19 de enero de 2016

Maestros con los niños de Siria

Hace unos días recibí una invitación de Manu Velasco para contribuir con un texto al blog colaborativo "Maestros con los niños de Siria", plataforma que tiene como objetivo visibilizar el drama de miles y miles de personas, muchas de ellas niños y niñas, que han tenido que abandonar su país como consecuencia de la guerra civil. 

Como historiador que uno es, me vino a la cabeza lo rápido que olvidamos nuestro pasado. Supongo que responde a un mecanismo lógico que, por otra parte, seguramente sea de lo más humano. No obstante, no deja de parecerme triste que, cargando la mochila que llevamos sobre nuestras espaldas, podamos obviar realidades como las que aquí bien cerca y en este preciso instante están viviendo miles de personas.

En fin, a pesar de ser consciente de que su alcance es totalmente insuficiente, reconforta ver a centenares de compañeros de profesión dedicados a visibilizar y, sobre todo, a trabajar con su alumnado este tipo de realidades para plantificárnoslas en los morros. Pues eso, no olvidemos y no obviemos que hay mucha gente que sufre, que se juega la vida -perdiéndola en muchas ocasiones, la suya o la de sus seres queridos- para huir de la barbarie. Qué menos que un esfuerzo para tenerlos bien presentes.

Aquí va mi pequeña contribución: Correspondencias.

NOTA: Para participar en el blog "Maestros con los niños de Siria" o para estar informado de las iniciativas que surjan en torno al proyecto puedes dirigirte a @SolidaryTeacher.

miércoles, 13 de enero de 2016

Alumnado alumnizado

Recupero un concepto que leí a Jordi Domènech citando a Débora Kozak (siendo amigos, me perdonarán si la cita no fuera correcta) para explicar un hecho que se me presenta en los últimos tiempos cada inicio de trimestre. Se trata del concepto o idea de "alumnado alumnizado". Entiéndase por alumno o alumna alumnizado, en el género que corresponda, (al menos ésa fue mi interpretación) aquel que, metodológicamente hablando, no se anda con demasiadas historias. Me explico. Se trata, en líneas generales, de un tipo de alumnado de libro de texto, apuntes y examen final, con su recuperación y tal. Al alumnado alumnizado no le marees con proyectos ni problemas cercanos a su realidad cotidiana. Tampoco es demasiado amante de las rúbricas ni de la autoevaluación ("pon la nota tú, profe, que para eso te pagan"). Huye, también, de los trabajos en grupo y del rol central del aprendiz en el proceso de enseñanza-aprendizaje. En definitiva, al alumnado alumnizado ofrécele una buena explicación del tema, plantifícale a final de trimestre un buen examen final -ristra de actividades preparatorias mediante- y aquí paz y después gloria.

En Cataluña, el curso de graduado en educación secundaria para personas adultas  se organiza mediante módulos trimestrales. Ello permite que, cada tres meses, nuevos alumnos se incorporen a nuestros centros para cursar esta formación. Así pues, estos primeros días de clase nos dedicamos, como es lógico, a presentar los contenidos, metodologías y sistemas de evaluación que vamos a poner en práctica durante los próximos meses. En los últimos tiempos venimos ensayando nuevas maneras de trabajar con estos grupos. Ya hemos dicho por aquí en más de una ocasión que determinadas formaciones de los centros de adultos están siendo copadas por alumnado expulsado -literalmente, en muchos casos-, de manera más o menos reciente, de los centros de educación secundaria. Decidimos pues, hace unos años, optar por metodologías más o menos activas que favoreciesen otra relación del alumnado con el aprendizaje. En ello seguimos.

¿Cuál es la respuesta general de un alumnado acostumbrado a años y años de apuntes, resúmenes, lecturas obligatorias y exámenes finales cuando, de repente, se encuentra con la desaparición del libro de texto, con el encargo de desarrollar una audioguía literaria, diseñar una guía de viaje, crear su propio medio de comunicación, realizar un anuncio televisivo o crear una obra artística? Pues, en general, la primera reacción es de sorpresa, claro. Y la segunda, normalmente, es la de preguntar por el examen. La gran mayoría, a pesar de las reticencias iniciales, acaba entrando al trapo y disfrutando del proceso de trabajo (y, huelga decirlo, aprendiendo muchísimo). En líneas generales, pues, estamos contentos. Muchísimas cosas a mejorar pero buenas sensaciones. Además, el número de graduados en los últimos años ha crecido notablemente, aunque no se trata tan solo de cifras. Lo más interesante es apreciar las dinámicas colaborativas que se generan en el aula y, sobre todo, la recuperación de la confianza perdida a lo largo de años y años de ostracismo académico de muchos de nuestros estudiantes. No obstante, siempre queda quien recela y pide una vuelta a estrategias y metodologías, digámoslo así, más tradicionales.

Y es más que lógica, y lícita, esta demanda, por supuesto. Se trata de dinámicas de trabajo interiorizadas intensamente por la fuerza del tiempo. De tal manera, con tal intensidad, de hecho, que nos resulta de lo más normal que el principal mecanismo de evaluación presente en los centros educativos, cada vez en etapas más tempranas, dicho sea de paso, sea responder con bolígrafo -azul o negro- sobre un papel cuestiones de distinta índole. Exámenes, le llamamos, y al parecer su superación resulta una prueba inequívoca de conocimiento y capacidades varias. 

En fin, que no se me ocurre mayor agente "alumnizador" de nuestros alumnos que el propio profesorado ("profesorizado", añadiría). Quizá sea el momento de mirarnos al espejo y buscar nuevas vías de trabajo que permitan "desalumnizar" a nuestro alumnado y, de paso, "desprofesorizarnos" un pelín, nosotros también. "Palabros" al margen, no me parece ninguna tontería, la verdad.

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viernes, 8 de enero de 2016

Sobre lo realmente importante en educación

Empezamos el año hablando sobre lo realmente importante en educación. Empezamos también con una recomendación bloguera, cosa poco habitual en estas páginas. Y no será porque no hayan mil y un espacios de reflexión educativa de interés (véase el trabajazo de compilación realizado en este sentido por @xarxatic en el apartado Edublogs de su bitácora personal). Tantos, de hecho, que no damos abasto. En cualquier caso, quisiera presentar un blog que he descubierto hace muy poco y que me parece un gran hallazgo porque, en mi opinión, centra su punto de mira en (lo que debería ser) la clave de nuestra profesión: nuestro alumnado.

Recuerdo que antes de empezar a escribir en DE VUELTA traté de diseñar una estructura basada en varios ejes temáticos sobre los cuales reflexionar desde mi experiencia personal. Así pues, por un lado, me planteaba visibilizar el día a día de los centros de personas adultas, eternos olvidados del panorama educativo nacional. Las aventuras y desventuras del profesorado de los centros educativos era otra de las líneas de trabajo que pretendían abrirse. Lecturas educativas y temas de actualidad debían, también, tener una presencia importante en DE VUELTA. Y así, poco a poco, fue apareciendo una especie de prototipo con el que empezar a trabajar. Ésta era la idea inicial, claro, después salió lo que salió...

Otro de esos ejes temáticos era, como no podía ser de otra manera, el alumnado. La idea era reflexionar (empatizar, comprender, descubrir, conocer...) sobre/con/a esas personas que dan sentido a nuestros centros educativos y que, en muchas (quizá demasiadas) ocasiones son, paradojas de la vida, los grandes olvidados del tinglado.  Pensé, incluso, en dar voz a algunos de esos alumnos en mi blog para dar a conocer experiencias de éxito (y no me refiero solo a resultados académicos) para, también de esta manera, dar a conocer la importancia del trabajo desarrollado en los centros de adultos.  Pensé, de hecho, en varios formatos posibles: historias de vida, entrevistas... El caso es que 130 publicaciones más tarde no ha aparecido ni un solo testimonio de mi alumnado por aquí...

Y en estas que descubrí "Vislumbramos", el fantástico blog de Max Alcañiz, entusiasta profesor de un centro de adultos con amplísima experiencia en distintas etapas y realidades educativas. La idea es sencilla y, como suele ocurrir en estos casos, genial a la vez. Se trata de poner en relación escuela y vida mediante la narración de la experiencia concreta de exalumnos con los que el autor ha coincidido a lo largo de los casi veinticinco años que lleva desarrollando la docencia. ¿Qué fue de aquel alumno revoltoso?, ¿Dónde andará aquella señora que con tanto entusiasmo venía a la escuela? Pero en Vislumbramos no encontramos simplemente historias de vida, ni mucho menos. Aparecen también reflexiones sobre la profesión realizadas después de (re)establecer el contacto con exalumnos, en algunos casos muchos años después de haber abandonado las aulas. Así pues, son textos que tienen la fuerza del contacto directo entre personas, más allá de la jerarquía que, queriendo o no, establecemos profesores y alumnos en nuestro contacto en los centros educativos.

En definitiva, me parece una manera muy inteligente y sincera de reflexionar sobre nuestra profesión. Creo que Vislumbramos le otorga al alumnado la importancia que realmente merece, ubicándolo en el centro del proceso y recordándonos el lujo que tenemos de poder compartir durante meses, años a menudo,  fragmentos de la vida de tanta y tanta gente. Démosle, pues, la importancia que se merece.

Para leer más artículos sobre alumnado haz clic aquí.


jueves, 24 de diciembre de 2015

Out of the office

Ahora sí que sí, desconectamos unas semanas. ¡Nos vemos a partir del 11 enero! Disfrutad mucho estos días de vacaciones, ¡que en breve estamos DE VUELTA!


martes, 22 de diciembre de 2015

En resumen (año II)...

Menudo año. Extenuante pero ha cundido lo suyo. Ya es tradición hacer un poco de resumen por aquí del trabajo desarrollado durante el año que cerramos en unos días. Ha sido una auténtica locura, la verdad, así que a ver cómo conseguimos sintetizar todo el trabajo realizado a lo largo de los últimos doce meses.

A nivel de centro, el 2015 ha sido un bombazo. Hemos conseguido cerrar nuestro plan estratégico para los próximos 5 años con la participación de todo el equipo. No solo eso, sino que ya hemos iniciado su implementación durante el primer trimestre de este curso y de momento los resultados han sido muy positivos. Muchas cosas a mejorar, cierto, pero es un placer ver a todo el equipo trabajando de manera organizada y en la misma onda. ¡Así da gusto! Hemos escrito de ello por aquí. Por otro lado, el 2015 ha sido "año mapaTIC" en la escuela. Un proyectazo caído del cielo que nos ha permitido darnos un buen revolcón metodológico y organizativo. Un proyecto que parecía no llegar en el mejor momento pero que decidimos asumir y tirar hacia adelante y que nos ha proporcionado un impulso espectacular poniéndonos en contacto con otros centros de adultos. También hemos escrito alguna entrada al respecto (ver aquí).

En relación con "de vuelta", sin novedad en el frente. Cada vez más actividad, eso sí, pero la tónica habitual desde su creación: temas del día a día de los centros de adultos y reflexiones sobre educación, así en general. Ha sido un placer colaborar con compañeros de etapa educativa, especialmente con Josep Miquel Arroyo, en la elaboración de posts específicos sobre los centros de formación de personas adultas (léase Carta abierta al alumnado de los centros de adultos). Estamos en "negociaciones" para cerrar una colaboración periódica. Creo que finalmente nos pondremos de acuerdo, somos "chicos fáciles. También publicamos por aquí un post con Maria José Chordá, profesora de lengua y literatura que durante el curso pasado trabajó en un CEPA de la comunidad valenciana. Así pues, en Nunca es tarde...  reflexionábamos sobre determinados perfiles presentes en los centros de adultos. Muy comentada y celebrada en las redes fue también la colaboración realizada con Óscar Boluda y Jaume Sans en El profesor blandengue, nuestro particular homenaje docente al universo Fary. Por otro lado, mantengo las colaboraciones puntuales con INED 21. Siempre es un placer publicar en uno de los magazines de referencia del ámbito educativo. Puedes ver las publicaciones del 2015 aquí.

También ha sido un año de formación intenso. En nuestro centro hemos implementado alguna formación grupal, entre las que cabe destacar el curso introductorio en Aprendizaje basado en proyectos y problemas y el curso de Geolocalización y realidad aumentada desarrollado en el marco del proyecto mapaTIC. Por otro lado, en el diseño y elaboración de nuestro plan estratégico resultó clave el curso de Liderazgo y autonomía escolar para el éxito educativo de todo el alumnado (Cursos de verano del Ministerio y la UIMP) y acabé el año con otro curso del INTEF, el de Tutores para la formación en red. Aunque, sin duda, la experiencia formativa más interesante del año (y de siempre, añadiría) ha sido el #betacamp. Un encuentro horizontal de personas interesadas en la educación que consolidó muchas ideas que rondaban por mi cabeza de manera dispersa. En el post #betacamp comprimidos creo que queda bastante clara mi percepción sobre el encuentro. Una experiencia fabulosa.

2015 ha sido también un año de numerosas colaboraciones donde compartir algunas de las experiencias desarrolladas en nuestro centro educativo. En febrero estuvimos en las jornadas sobre ABP organizadas por el CEFIRE de Castellón presentando mapaTIC. En Pim Pam Proyecto resumo algunas de las ideas al respecto de lo oído en aquellas interesantes sesiones. En mayo estuvimos en las jornadas sobre innovación educativa Open Girona explicando también el proyecto mapaTIC y aprendiendo de experiencias interesantísimas en distintas etapas educativas. Desde aquí quisiera agradecer que en ambas jornadas se acordaran de los centros de adultos, eternos desaparecidos en este tipo de eventos. En junio colaboré con la Escola d'Estiu de Persones Adultes dirigida por Angel Marzo y participé en el Webinar del curso #ABP_MoocINTEF con otros compañeros de la edición anterior. Otra experiencia fantástica. Por último, he cerrado el año compartiendo nuestra experiencia de gestión de centro con el CEPA Pitiüses de Ibiza, una colaboración que me ha hecho enorme ilusión por lo que conlleva de reconocimiento al trabajo que estamos desarrollando en nuestro centro.

En fin, que lo dicho: ¡una auténtica liada! Ahora bien, lo mejor, sin duda, ha sido el trabajo con el alumnado y conocer y poner cara (o foto de perfil) a un sinfín de personas de las que he aprendido un montón. Solo quiero agradeceros a todos el buen rollo, la sintonía y el aprendizaje que aportáis en este espacio. A mi equipo del CFA Dolors Paul deciros que sóis muy grandes y que hacéis un trabajo excelente. Y a mi pequeña family que us estimo molt i molt i molt!

¡Felices fiestas!


jueves, 17 de diciembre de 2015

Hay plan en Ibiza

El pasado martes tuve ocasión de presentar nuestro modelo de escuela a los compañeros del CEPA Pitiüses de Ibiza. La jornada se enmarcó dentro de un plan de formación establecido por el propio centro y el CEP de Ibiza para definir su proyecto educativo y los objetivos que deben guiar su práctica y gestión durante los próximos años. No hace falta decir que fue todo un honor que pensaran en el CFA Dolors Paul como experiencia de interés para abordar este trabajazo que tienen por delante. De hecho, nosotros este año estamos aplicando el plan estratégico que elaboramos a lo largo del curso pasado, así que nuestra experiencia -a pesar de nuestros muchos errores de principiantes- podía resultar, en este sentido, muy interesante para el CEPA Pitiüses.

Así pues, presentamos por un lado los aspectos más destacables de nuestro centro y, sobre todo, incidimos en el proceso de definición de nuestros objetivos estratégicos y de las estrategias y principales actividades planificadas para el presente curso escolar. No obstante, como siempre, lo más interesante de este tipo de encuentros surge del diálogo con el resto de compañeros, de las discrepancias y de los acuerdos que se producen, del contraste entre diferentes puntos de vista. En mi opinión, algunos de los aspectos e ideas más destacados de la jornada serían los siguientes (perdón por el desorden y los descuidos):
  • Es importante, en primer lugar, definir claramente nuestro planteamiento institucional. Es decir, responder a toda una serie de preguntas relacionadas con nuestra actividad como centro educativo: para quién trabajamos, en qué nos diferenciamos, cómo queremos ser en el futuro... Se trata de poner en común las visiones del centro y del entorno que tienen todos los miembros del equipo. En este sentido, puede llegar a sorprendernos lo variados y distintos que pueden ser los puntos de vista de un mismo equipo. Conocerlos y valorarlos por igual sólo puede contribuir a enriquecer el proyecto.
  • Hay que analizar bien nuestro contexto para detectar nuestras prioridades y necesidades, así como los recursos de los que disponemos. A partir de aquí podremos definir nuestros objetivos estratégicos.
  • Cabe hacer un esfuerzo por implicar al conjunto del equipo, cada uno en la medida de sus posibilidades. Cuanta más gente se implique en la elaboración del plan estratégico mejores, sin duda, van a ser los resultados. Un proyecto elaborado desde dirección sin el apoyo del equipo docente tiene muy pocas posibilidades de tirar hacia delante. De igual modo, un proyecto surgido del claustro sin el apoyo del equipo directivo no lo tiene demasiado mejor.
  • Hay que huir de la burocracia. Si la elaboración de un proyecto educativo cae en brazos del "burocratismo administrativo" estamos perdidos. A lo máximo que podremos aspirar es a que el documento final calce cualquier mesa coja que haya por el centro. Se trata, en mi opinión, de elaborar documentos prácticos, útiles, que sean fuentes de consulta a lo largo del curso. Mi teoría es que un documento de centro que no se consulta con frecuencia no sirve absolutamente para nada.
  • Deberíamos hacer un esfuerzo por concretar la teoría (las palabras bonitas) en actuaciones prácticas. Decir que somos un centro progresista y vinculado al entorno está muy bien, pero lo que hay que hacer es explicitar qué vamos a hacer para demostrarlo en nuestro día a día.
  • Hay que establecer indicadores que nos permitan medir nuestro trabajo y responsables de su ejecución. Durante la jornada comentábamos casos de proyectos y/o actividades bien planificados e interesantes que habían desaparecido (sic) por no tener asignados personas responsables que los ejecutaran.
  • Es igual de importante ser ambicioso que realista, quizá mejor lo segundo. Saber exactamente dónde estamos y qué podemos afrontar nos da un punto de realidad que nos va a ser muy útil en nuestra planificación.
  • Debemos hacer un esfuerzo por trabajar con el entorno. Los centros educativos somos parte importante de la comunidad y es clave que estemos abiertos a sus demandas y a los recursos que ésta nos ofrece. 
  • Hay que ser flexible en el proceso de trabajo. Nuestro día a día está lleno de imprevistos que pueden hacer saltar por los aires nuestros planes. Planificar con flexibilidad nos permitirá adaptarnos a los imprevistos y no frustrarnos cuando se produzcan retrasos que, sí o sí, van a terminar apareciendo. 
  • Y, quizá lo más importante, hay que ponerle mucha ilusión y ganas. En los centros de adultos (y en cualquier otra etapa educativa) tenemos un fantástico y motivador trabajo por delante. Pongámosle ilusión y ganas y los resultados van a ser, sin duda, mucho mejores.
De ilusión y ganas, precisamente, van sobrados muchos compañeros del CEPA Pitiüses. Ilusión, ganas y una amplia experiencia y profesionalidad que seguro que van  a permitir que superen el contexto complicado que tienen delante y que acaben desarrollando y aplicando las muchísimas ideas y propuestas que tienen en mente. ¡Y entonces les invitaremos a que vengan a contárnoslo!

PD: Muchas gracias a Anna Tur por pensar en el CFA Dolors Paul para esta jornada de trabajo, a Iñaki Monge por la confianza y a Max Alcañiz por ejercer de perfectísimo y pacientísimo anfitrión y por cometer el error de invitarnos de vuelta a la isla. ¡Somos muy gorrones, así que te tomaremos la palabra! ¡Besos y abrazos por triplicado!


sábado, 12 de diciembre de 2015

Profes en red, centros en red: ¿por qué colaborar con otros centros?

Apunto de cerrar el proyecto mapaTIC, el cual nos ha ocupado todo el 2015, la semana pasada hicimos un último encuentro con el profesorado del resto de centros participantes. En total han sido cuatro encuentros sumando reuniones de equipos directivos y de profesorado, más dos encuentros masivos con el alumnado de las tres escuelas de adultos. Esta dinámica para algunos centros ya es la tónica habitual. De hecho, nosotros llevamos algunos años trabajando y reuniéndonos puntualmente (mínimo un par de veces al año) con otros centros de adultos de la zona. Reuniones puntuales de trabajo sobre temas específicos que cada uno plantea y resuelve a su manera pero que sirven para intercambiar ideas, propuestas, soluciones y, por qué no decirlo, para hacer un poco de terapia de choque, lo cual no viene nada mal.

Me comentaba Joan Padrós, director del CFA Palau de Mar y compañero del proyecto mapaTIC, la importancia de hacer el salto del profesorado en red hacia un modelo de escuelas en red. Y estoy de acuerdo. Es cierto que todavía queda mucho trabajo por hacer, pero muchos docentes ya están dando ese paso que supone abrir el aula. Miles de docentes de todas las etapas educativas ya comparten sus propuestas en blogs, páginas web y redes sociales, asisten a jornadas y eventos educativos y, en definitiva, hacen ese trabajo de conexión con otros profesores para mejorar sus prestaciones profesionales. Insisto, queda mucho trabajo por hacer, cierto, pero me parece que se trata de una deriva imparable. Será que me he despertado optimista.

Otra cosa es la conexión de centros, claro. Y es que una cosa es que los docentes den el salto y otra bien distinta que organizaciones donde muchos no se reconocen o no reconocen su filosofía de trabajo sean capaces de colaborar con otras de manera efectiva y eficaz. A pesar de la escasa experiencia que me avala en estos temas, me atrevo a afirmar que si una mayoría de docentes no reconoce el centro como propio, no comparte su filosofía de trabajo o, por otra parte, ésta no está claramente definida entre todo el equipo el impacto de este trabajo en red va a resultar irrisorio. En "El punto de partida" escribía hace meses al respecto de esta cuestión.

Pero, ¿por qué hacerlo?, se preguntarán muchos. ¿Por qué esa necesidad de trabajar conjuntamente con otros centros?, ¿qué provecho podemos sacar como centro y como profesionales de tamaño esfuerzo y desgaste? Leo en Red Consultoría Social unas notas que, en base a nuestra experiencia a lo largo de los últimos años, podríamos adaptar al ámbito de la cooperación entre instituciones educativas.

En primer lugar, porque aprendemos juntos. Todos aportamos, compartimos contenidos, experiencias, ideas, éxitos y fracasos y de ese compartir surgen propuestas que debidamente adaptadas a nuestra realidad pueden generar soluciones y/o proyectos muy interesantes.

En segundo lugar, porque el trabajo en red nos pone las pilas. El trabajo en red refuerza el trabajo colaborativo en el propio centro, abre nuevas vías de investigación y de práctica metodológica y nos anima a salir de nuestra zona de confort, lo cual ya me parece una gran victoria.

Por otro lado, porque nos sentimos acompañados y, por tanto, sentimos el apoyo del otro. Esto es especialmente importante en procesos de cambio o en el inicio de proyectos en los cuales no tenemos demasiada experiencia. Poder contar con el asesoramiento de otros centros que ya han transitado el camino que vamos a iniciar es un lujo que no podemos desaprovechar. Esto nos permite, además, compartir herramientas, documentación, en definitiva, resultados del trabajo real que pueden ahorrarnos horas y horas de trabajo y muchos quebraderos de cabeza.

En cuarto lugar, porque nos da una perspectiva enriquecida de nuestra realidad. Salir y conocer otros centros nos muestra nuestras debilidades, cierto, pero también nuestras fortalezas. Así pues, por un lado, nos puede marcar el camino hacia la mejora de determinados aspectos mientras que, por otro, puede llevarnos a valorar positivamente aspectos de nuestro centro a los que no prestábamos atención y que, una vez comparados en el exterior, resulta que no están nada mal.

Y quinto, por último, porque el trabajo en red nos hace visibles y transparentes y eso, en mi opinión, nos mejora como centros educativos por dos temas. Uno, porque esa visibilidad se traduce en presencia en nuestro entorno inmediato y me parece que ese debe ser un objetivo clave de cualquier centro educativo. Y, dos, porque esa necesidad de transparencia implica un cuidado y un rigor en todos los ámbitos de trabajo del centro que acaban generando mejoras importantes.

En definitiva, es cierto que el trabajo en red genera desgaste y mucho esfuerzo pero, en mi opinión, son inconvenientes que vale la pena afrontar ya que las ventajas y el margen de crecimiento que representa para el centro colaborar con otras instituciones educativas compensa con creces estas dificultades. Así pues, ¿qué, nos animamos a trabajar en red?

NOTA: Para conocer nuestra experiencia concreta en el proyecto mapaTIC puedes acceder al blog de la agregación de centros haciendo clic aquí.

Para leer más colaboraciones con INED 21 haz clic aquí.



sábado, 5 de diciembre de 2015

El clima de aula: del polo norte al trópico

En el polo norte hace un frío que te pelas, claro. Temperaturas bajo cero durante prácticamente todo el año. Las precipitaciones son escasas, eso sí, y la gran mayoría de veces en forma de nieve. Todo ello origina una desierto de hielo donde apenas se encuentra un atisbo de vida (absténganse de puntualizaciones los biólogos, por favor). Un sitio curioso de ver, sin duda, pero, seamos realistas, un clima que resulta un infierno para la vida humana. 

El trópico es otra cosa, por supuesto. Las temperaturas cálidas y, sobre todo, las precipitaciones abundantes dan lugar a una flora y una fauna exhuberantes. Puede hacer mucho calor, cierto. Las precipitaciones pueden ser torrenciales, cierto también. Las tormentas tropicales la pueden liar parda a menudo, también es verdad. Pero, convendréis conmigo que se trata, sin duda, de un lugar mucho más apacible y agradable para la vida.

Y es que en cuestiones climatológicas estamos vendidos, eso es así. Y que conste que yo no me quejo, que en mi zona no estamos nada mal, la verdad. No obstante, si en relación al clima poco o nada podemos hacer (más que agenciarnos un buen aparato de aire acondicionado o una buena calefacción y rezar para que el recibo de la luz no nos trastoque demasiado el mes), en lo que se refiere al clima de aula creo que sí que podemos tener alguna incidencia.

Porque todos hemos tenido aulas que han sido una especie de polo norte, ¿no? Clases donde el ambiente de trabajo era, por decirlo de alguna manera, gélido. Aulas donde, por una cosa o por otra, no pasaba nada o, al contrario, donde pasaban demasiadas cosas. Clases donde, en definitiva, hacía mucho frío (del metafórico, que es el peor). Por otro lado, seguro que también hemos trabajado en el trópico: con calorcito, con riqueza y variedad, con alguna que otra tormenta tropical, cierto, pero en general con unas condiciones más que aceptables para el desarrollo de nuestro trabajo.

¿Cómo incidir en el clima de nuestra aula? Se dice pronto, claro. Leo en Cómo dar clase a los que no quieren, de Joan Vaello Orts, que el clima del aula viene determinado por tres grandes variables: el control del aula, las relaciones personales que en ella se dan y el rendimiento del alumnado. Se trata, pues, de favorecer la generación de un contexto donde las relaciones entre los miembros del aula sean de respeto y comprensión, donde cada alumno puede rendir de manera acorde a sus posibilidades y donde existan unas normas de convivencia reconocidas y aceptadas por todos. 

Porque sí que podemos esforzarnos por acercarnos a nuestros estudiantes e intentar ponernos en su lugar para comprender algunos de sus comportamientos que, a priori, nos puedan parecer extravagantes. Porque sí que podemos tratar de acordar (y no imponer) maneras de hacer y normas de actuar en el aula. Porque también podemos, y debemos, favorecer que cada estudiante avance y progrese a su ritmo teniendo en cuenta sus capacidades y habilidades. 

No es fácil, por supuesto, pero una parte importante del clima que tengamos en el aula recae bajo nuestra responsabilidad y, dificultades y trabas al margen, creo que debemos esforzarnos en fundir los polos que tengamos en nuestras aulas y tratar de acercarnos al trópico. Porque el calorcito, y más en estas fechas, se agradece un montón.


viernes, 27 de noviembre de 2015

Formación interna: ¡sí, se puede!

La semana pasada iniciamos las microsesiones de formación interna que hemos programado para este curso. La idea es bien sencilla: aprovechar la experiencia de los miembros del equipo para hacer pequeñas demostraciones de determinados aspectos aplicados en el aula por cada docente. Hemos colgado un calendario en blanco en la sala de profes y la idea es que, periódicamente, cada uno de nosotros realice una breve presentación (no más de 20-30 minutos) de aquel aspecto que, por diversos motivos, quiera destacar de su práctica en el aula: una herramienta nueva, una estrategia de evaluación novedosa, un trabajo específico... En definitiva, se trata de compartir nuestros aciertos y errores para crecer con la experiencia de los compañeros.

Y es que, ya lo hemos dicho por aquí, a menudo nos empeñamos en encerrarnos en nuestra cueva. Demasiadas veces nos cuesta compartir nuestro trabajo y ese, en mi opinión, es un gran error. Con la idea de romper esta tendencia al aislamiento, el año pasado acordamos crear un espacio para forzarnos a abrir nuestra dinámica de trabajo y compartir nuestra práctica en el aula. Le llamamos, exageradamente quizá, Com innovem? (¿cómo innovamos?) con la idea de romper el miedo a probar nuevas herramientas y metodologías y de hacer cambios para generar dinámicas más favorables al aprendizaje por parte de nuestro alumnado. Así pues, cada tantos viernes nos vamos a sentar un rato a escuchar al compañero de turno para que nos explique sus (exitosas o frustradas) "innovaciones".

Y digo exitosas o frustradas porque no todo va a ser perfecto, claro. Si son casos de éxito, estas sesiones nos servirán para coger ideas y propuestas y llevárnoslas a nuestro terreno, además de realizar un reconocimiento colectivo a las compañeras que se rompen la cabeza en buscar alternativas y soluciones a los problemas existentes en el aula. Y es que siempre se agradece el aliento del equipo. Por contra, si son experiencias frustradas, seguro que van a generar grandes dosis de aprendizaje en el grupo. 

Ya lo dicen por ahí: unas veces se gana y otras se aprende. Pues eso, que cuando ganemos merece la pena explicarlo y cuando perdamos resulta imprescindible compartir nuestro aprendizaje con los compañeros de nuestro centro. Al final, el trabajo codo con codo es el que nos va a permitir resolver situaciones difíciles y generar unas condiciones de aprendizaje óptimas para un alumnado, el de los centros de adultos, cada vez más complejo y difícil, al menos en nuestro entorno. Abrir las puertas de nuestra aula y crear espacios donde compartir nuestras experiencias puede ser un buen primer paso para ello. Seguro que en muchos de vuestros centros ya lleváis tiempo trabajando en esta idea. ¿Compartes por aquí vuestra experiencia?

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